Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 16 #2
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CAPITULO 16 #2

—¡Qué mentirosa eres! Deja de exagerar, alguna vez lo hice.

—¡Claro! ¡Cuando me doblé el pie al caerme de la bicicleta y me llevaron al hospital! —replica Agata riéndose, a la vez que se sienta y él cierra la puerta para rodear el coche y subirse.

—Entonces... ¿prefieres que no lo haga? —inquiere Sam, tontamente.

—No, sin duda esto es algo a lo que me puedo acostumbrar, aunque… luego me sentiré mal, si lo dejas de hacer —añade ella, haciendo pucheros.

—¡Ay! ¡Se puso triste la Gatita! —comenta él, haciendo voz de bebé causando que ella lo mire riéndose.

En ese momento, Sam se inclina hacia Agata, toma un mechón de su cabello y lo desplaza hacia un costado, para verla fijamente, quedando de inmediato, cautivo en sus ojos de gata.

Esto no es algo nuevo para él, lo único diferente, es que ahora puede besarla, sin ningún miedo, por lo que sonríe enormemente, posando ambas manos detrás del cuello de ella.

Agata se derrite al instante, al mismo tiempo que observa como él se acerca sin necesidad que ella se mueva ni un centímetro, eso es algo que le fascina.

Aunque está feliz, no puede dejar de recordar todo lo que sufrió al no ver la reciprocidad, ni el interés por parte de Sam en los besos que ella le dio el año pasado, son pensamientos que pasan a toda prisa por su mente, los cuales son interrumpidos, al sentir los suaves y húmedos labios de Sam besándola, por fin ella está viviendo su sueño.

Después de unos segundos, Sam comienza a separarse de ella, pero Agata se aferra a su pecho.

—¡Mas! ¡Más! ¡No pares! —murmura ella, buscando acercarse nuevamente a sus labios, por lo que Sam le da otro pequeño beso.

—Kitty luego… ¿acaso no viste que tu papá estaba limpiando el arma?

—bromea él—. Ya sabe que estamos en el auto, si no arranco ya mismo, sospechará, no quiero que lo haga.

Oye… estoy en una posición difícil, ¿o es que quieres que me mate?

Te imaginas... ¿que venga y no veas besándonos?

¡Ay por Dios! ¡Es que si no me mata, me muero del susto!

—No seas bobo, papá te quiere.

—Sí, pero como un amigo o vecino, no como el idiota que está besando a su única hija.

—No le tengas miedo, él sabe que tú me cuidas. Sami, tú siempre me has cuidado.

—Eso es cierto —afirma él, tomándola del mentón—. Y siempre te cuidaré, pero también lo entiendo. Si yo tuviera una hija… seguro seria horrible ver a cualquier idiota besándola, aunque ese idiota sea el mejor amigo de su hijo, que conoce desde que nació...

—¡No eres idiota! ¡No digas eso! —replica ella, sonriéndole—. Eres el chico más dulce, amable y listo que existe.

—Ahhh gracias, eso fue lindo —murmura él, tomándole la mano—.

Ahora… cuídame tú un poquito, porque él no es nada tonto, lo contrario, es muy astuto.

Obviamente, debe estar suponiendo, que quiero besarte, y mucho…

Y aunque eso es verdad, porque es lo que más deseo hacer, cada vez que te veo, pues, no lo haré delante de tu familia.

Yo respeto mucho a Jhon y no quiero hacer nada que cambie el concepto que tiene de mí, por otro lado…

sé que estás enojada con Tyler, lo entiendo, ese es otro dolor de cabeza que tengo ahora, si él fuera solo mi amigo, esperaría que se le pasara su rabieta y que en algún momento se dignara a aceptar que estoy saliendo contigo, pero…

¡Qué demonios! ¡Es mi compañero de banda!

¿Cómo se supone que podamos trabajar si me está odiando por meterme con su hermanita? —cuestiona frustrado.

—Hey… tranquilo, no te angusties —susurra Agata, acariciándole el brazo—.

Tyler es un idiota, ya te lo dije. Sami, tú siempre me cuidaste más que él, así que ahora, que no venga a sacar la carta de “la hermanita” o la del “hermano celoso y protector” —replica haciendo comillas con las manos—.

¡Yo no me creo ese cuento! —declara enojada.

—¡Es una mierda! No te mentiré —comenta Sam con un suspiro, para luego soltarle la mano a ella y encender el automóvil.

—Sami, pero… ¿no te enojaste conmigo porque pienso así, verdad? —inquiere ella, con evidente duda.

—No mi vida, claro que no —afirma él, en tono suave al mismo tiempo que comienza a conducir—.

Kitty, yo estuve ahí, crecimos juntos, yo más que nadie se cómo es Tyler, obviamente no es malo, es un buen chico, pero no se la da bien lo de ser el mejor hermano.

Yo… siempre le decía sus mierdas cuando te trataba mal.

—¿Si? —cuestiona ella, sorprendida.

—Claro mi vida, pero cuando tú ya te habías ido, no quería ponerte más triste.

—Gracias... no sabía que lo hacías, siempre pensé que solo te quedabas callado y ya... como ignorando esos momentos de mierda.

—No Gatita. ¿Cómo iba a ignorar que él te hiciera sentir mal?

Cuando Tyler lo hacía, yo le reclamaba y me ponía de tu lado, siempre.

Pero aun así… entiende que es mi amigo y compañero de banda, yo lo quiero.

Aunque te aclaro, que no apoyo, ni justifico sus arrebatos de mierda contigo, eso me hacía hervir la sangre.

No te mentiré… estoy estresado con esta mierda —resopla él, mientras conduce—.

Fíjate hoy, se supone que los fines de semana siempre ensayamos, que teníamos que acomodar los arreglos del demo que nos trajo papá de Florida, íbamos a hacer tantas cosas, ¿y ahora?

¿Cómo demonios puedo trabajar con él? Si ni siquiera quiere verme…

¿te diste cuenta? Seguía encerrado en su habitación a esta hora, y es mentira que estaba durmiendo, Tyler siempre se levanta temprano, no porque quiera, sino porque el hambre lo despierta, las tripas le retumban con tanta fuerza que no lo dejan dormir.

Así que eso es evidencia de que sin dudas debe estar furioso y odiándome...

si ni siquiera bajo a comer para no ver a tus papás, significa que menos me querrá verme a mí —comenta, a la vez que se detiene en un semáforo en rojo.

—Sami... —murmura ella.

—Dime —responde él con suavidad, volteando a verla.

—Es que… dices que siempre te pusiste de mi lado.

Sam escucha atento y le asiente con la cabeza.

—¿Siempre te pondrás de mi lado, verdad? —inquiere ella, mordiéndose el labio.

—Yo siempre estuve de tu lado... ¿a qué te refieres? —cuestiona él, acariciándole la mano.

—Pues... si tuvieras que elegir entre Tyler y yo... ¿me elegirás a mí? ¿Cierto? —indaga ella, con evidente nerviosismo.

—Eres todo lo que siempre quise, nada, ni nadie hará que no te elija a ti —declara él en tono seguro, apretando el agarre en su mano y sin apartar la mirada de sus ojos, notando como una sonrisa enorme se forma en el rostro de ella.

«¡Carajo! ¡Estoy en el medio de esta puta mierda!

¿Por qué no puedo ser feliz y ya? ¿Ahora cómo demonios haré para hacer malabares entre Kitty y Tyler?

¡Es que no puedo separarlos! ¡Viven en la misma casa y yo al lado!

¿Cómo se supone que no se crucen, cuando ambos tienen que estar conmigo y yo quiero estar con ambos? » .