Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 16
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CAPITULO 16

Al cabo de media hora, Agata y Sam terminan de desayunar, atraviesan el jardín y entran en la casa de los Lambert.

—Buenos días —dice Sam, entrando en la cocina con un plato en la mano, mientras que Agata se mantiene en silencio, de pie junto a él.

—Hola cariño, ¿cómo estás?

—Bien, mamá Lauren.

—Entonces… ¿La adrenalina de la multitud de ayer si te dejo dormir? —inquiere Jhon sentado en el comedor.

Sam voltea, y se queda con la mirada fija, observando como este limpia y lubrica una de sus armas, a pesar de que es algo que tiene años viéndolo hacer, de alguna manera ahora se siente diferente.

—La verdad, es que… caí como piedra, porque la noche anterior no pude dormir de la ansiedad —explica Sam—. Oye Jhon, acá te mandó papá —añade señalando el plato.

—¡Genial! ¡Gracias! —exclama sonriendo—. Me encanta, en la tarde me lo como.

—Cariño dámelo, así lo guardo en el horno —añade Lauren.

—Ahí también hay otro omelette extra para Tyler —comenta Sam, entregándole el plato—. Por cierto... ¿cómo está? —inquiere preocupado.

—Bueno… él sigue durmiendo —indica Jhon—. ¿Qué te puedo decir? Dale tiempo.

Sam solo asiente, a la vez que se cruza de brazos.

—Cuando se despierte le caliento el omelette, de seguro se alegrará de que se lo hayas traído —afirma Lauren—. Él siempre dice que ama desayunar en el apartamento de Charlie.

—Okey —murmura Sam, con la voz llena de preocupación, mientras que Agata, extrañamente se queda en completo silencio e inmóvil, cosa que no pasa desapercibida por sus padres.

—Cariño, ¿cómo estuvo ese desayuno? —indaga Jhon, limpiando el arma.

—Bien papi, comimos huevos revueltos y panqueques con Charlie, porque Lucy aún sigue dormida —responde Agata con voz suave, para luego mirar a Sam, quien al notarla, traga grueso y suelta un suspiro largo.

—Jhon... ¿será que puedo llevar a Kitty al supermercado? —inquiere Sam, nervioso—. Es que necesita comprar unos ingredientes.

—¿Otra vez? —replica Jhon, extrañado.

—Pero, hace dos días, fuimos —interviene Lauren—. Cariño, pensé que ya tenías todo para los pedidos de mañana.

—Sí mami, yo compré todo, pero es que haré otro pastel y me faltan algunas cosas.

—¿Te surgió otro pedido? —pregunta Jhon.

—Bueno... no. Es que Charlie me contó recién que en la noche le tiene una sorpresa a Lucy, la llevará a cenar al mismo restaurante donde tuvieron su primera cita cuando eran novios, quiere celebrar que están casados.

Mejor dicho… que siguen casados y no separados, o lo que sea que hayan estado — explica Agata encogiéndose de hombros causando que los demás sonrían.

—¡Eso es tan lindo! —añade Lauren, emocionada—. Lucy no se lo espera, va enloquecer.

—Sí, mi mamá estará tan feliz —afirma Sam—.

Kitty hace un momento me dijo una gran idea que tuvo, por eso es que la quiero llevar al supermercado, yo le compraré los ingredientes.

Ella quiere hacer la réplica del pastel de boda de mis padres, y que se lo llevemos de sorpresa esta noche al restaurante.

—¡Ay por Dios! —exclaman Lauren y Jhon, al mismo tiempo.

—Mi vida… esa es una fantástica idea —agrega Lauren, viendo a Agata.

—Los apoyo completamente, ¿quieren que los lleve al supermercado? —pregunta Jhon.

—No es necesario, es que ya le pedí prestado el auto a mi padre, solo iremos a comprar los ingredientes y a cargar combustible. No creo que demoremos más de una o dos horas —indica Sam, mientras que se agarra el cabello nervioso.

—Okey —dice Jhon, a la vez que sigue limpiando su arma.

—Entonces… ¿eso es un sí? —cuestiona Agata sorprendida, con una sonrisa enorme en el rostro.

—Claro cariño. ¿Por qué te diría que no? —replica Jhon, mirándola fijamente.

—No sé... es que… no estoy acostumbrada a que me digan que sí tantas veces —confiesa Agata, encogiéndose de hombros—. Gracias papi. Sami ya vengo, voy a buscar mi bolso y a ponerme los zapatos, no tardo mucho.

—Ve tranquila, yo te espero —responde él, sonriéndole.

—¡Ay por Dios! ¡Tengo que buscar las fotos del pastel de bodas de Lucy! —comenta Agata en voz alta, mientras que sube las escaleras emocionada.

—Cariño… ven, siéntate. No te quedes ahí parado, no tienes por qué actuar tan raro —dice Lauren, riéndose, provocando que Sam suelte un suspiro.

—Sí… lo siento —murmura él acercándose al comedor, luego toma una silla y se sienta frente a Jhon.

—Entonces, ya cuéntame. ¿Cómo tomaste la noticia de lo de tus papás? —indaga Lauren.

—Es muy raro... en realidad, es casi surrealista para mí, pero obviamente estoy feliz.

—Oye Sami, te juro que yo no sabía que ellos “estaban saliendo” —bromea Lauren, haciendo comillas con las manos—. Sí sabía que Lucy y él eran como los mejores amigos, pero ella nunca me dijo que la cosa estaba yendo tan bien.

—Lo sé, bueno… es que papá me lo explicó.

La verdad es que sí estoy muy contento, por tenerlo a él en casa y ver a mamá feliz, eso es lo único que siempre quise.

Por eso me hace ilusión regalarles la réplica de su pastel, porque aunque no haya ceremonia, sé que será como una renovación de votos, o como si se volvieran a casar oficialmente, aunque no se hayan divorciado —explica Sam, evidentemente emocionado.

—Concuerdo con eso hijo, es que es un gran gesto. Y tienes razón, será como si renovaran los votos de matrimonio —afirma Jhon.

Sam asiente mientras que suelta un suspiro, a la vez que gira la vista por un instante hacia la escalera, para luego volver a mirarlos a ambos, con la pierna derecha temblándole sin parar.

—Oigan... les quiero decir algo rápido, antes de que regrese Kitty —murmura Sam.

Lauren y Jhon comparten una breve mirada, sintiéndose confundidos.

—Sé que ella se ilusiona con facilidad, eso no me lo tienen que explicar, porque la conozco bien.

Es por eso que no quiero hacer, o decirle cosas, sobre las que no sé si tendrá permiso de ustedes.

Entonces… cuando crean conveniente y ella no esté en casa, avísenme, para que me digan cuáles serán las reglas que quieren que yo siga.

Porque honestamente… me encantó la idea de la réplica del pastel y de llevárselas a mis padres de sorpresa, pero me contenía de reaccionar y de decirle mi verdadera opinión, por el hecho de que no sabía si me permitirían que la llevara al supermercado —confiesa Sam, nervioso—.

Así como tampoco sabía si la dejarían ir conmigo al restaurante, yo no quiero ponerla triste, y si le digo que sí, pero luego ustedes no lo creen conveniente, entonces sé que se pondrá mal y no quiero verla llorando nunca más —añade, para luego volver a fijar la mirada en las escaleras.

—Sam, hijo… esto no es un régimen militar, obviamente puedes llevarla a donde quieras, como siempre lo hicieron, esas reglas no cambiaron, sabes que mientras no sea un lugar peligroso, ni a horarios inapropiados para una menor de edad, y mientras ninguno este consumiendo alcohol, pueden ir.

De todas maneras, si tienes dudas sobre algún sitio y no la quieres ilusionar, tú solo mándame un mensaje y cuéntame de que se trata el plan —aclara Jhon, en voz baja—.

Ahora bien, si me dices que la llevarás a acampar, a un festival de nuevas bandas, o a otro plan alocado, obviamente te diré que no, y no porque no confíe en ti, sino por la cantidad de peligros que eso involucra.

—Sí, eso es cierto cariño, de hecho, a ese tipo de eventos, no te dejaríamos ir, ni a ti, ni a Tyler, así que mucho menos a ella —añade Lauren, y Sam asiente con la cabeza.

—Ahora bien —agrega Jhon mirando a su esposa, y luego comienza a murmurar—.

Sabes que cuando tenías la edad de la Gata, les puse reglas a Tyler y a ti, obviamente con ella son diferentes, porque es niña.

Y no lo digo porque sea mi hija, si tú tuvieras una hermana yo creería lo mismo, es más, te conozco y sé que tú pensarías igual, no la dejarías, que anduviera manoseándose y mucho menos acostándose, con cuanto chico muestre algún interés en ella.

Y es por eso, que en unos días, cuando Agata cumpla dieciséis, yo no le voy a decir lo mismo que a ustedes a esa edad.

Sami… confío que la vas a respetar y que la vez como la niña que aún es, sé que no harás nada que no quisieras que otro chico le hiciera.

—¡Ay por Dios mamá! ¡Ya conseguí el álbum con las fotos de la boda de Lucy! ¡El pastel es súper retro! ¡Arriba tiene figuritas de dos novios! ¡Es genial! Sin lugar a duda, este es Charlie. ¡Es que míralo, tiene una guitarra! —exclama Agata riéndose, mientras que baja rápidamente las escaleras.

Por su parte, Sam traga grueso a la vez que Jhon continúa limpiando el arma.

—¡Déjame verlo cariño! —dice Lauren, disimulando la tensión del momento.

—Mamá… ¿dónde rayos se supone que consiga la figuritas esas de los novios besándose? —inquiere Agata, caminando hacia el comedor—. Ya eso no se estila.

—Lo sé cariño, pero sí, en los noventa, estaban muy de moda esas figuras temáticas de novios.

—Yo no las he visto. ¡No sé dónde voy a encontrarlas! ¡Y mucho menos una que tenga un novio con una guitarra! —replica Agata, frustrada.

—Oye Kitty, tranquila. Mi mamá tiene guardada esas figuritas de novios, las he visto antes —informa Sam.

—¡¿Si?! —cuestiona ella, emocionada.

—¡Ay por Dios chicos! ¡Eso sería mucho mejor! ¡Tienen que usar esas figuras! —afirma Lauren—. ¿Se imaginan la cara de Lucy cuando vea ese pastel?

—¡Sí! ¿Y dónde están, Sami?

—En su habitación, en una de las gavetas del joyero que está en la peinadora.

—Chicos, entonces ustedes vayan por los ingredientes y así hacen el pastel, cuando ella se vaya con Charlie al restaurante, toman las figuras para que no se dé cuenta —comenta Jhon.

Los chicos se despiden y salen de la casa, cuando van caminando hacia el automóvil de Lucy, Agata observa como Sam se apresura para llegar antes que ella.

—¡Espera! —exclama ella, asombrada—. ¿Me abrirás la puerta?

—Sí, claro. ¿Por qué no lo haría?

—No lo sé, es que… nunca lo has hecho.

Sam finge estar indignado, mientras que termina de abrirle la puerta, y luego le hace señas con la mano para que ella se suba.