CAPITULO 15 #2
—No Gata, no me agradezcas, sabes que me encanta pasar tiempo contigo —comenta Charlie, y ella le sonríe.
—Kitty, ¿quieres jugo de manzana o pera? —pregunta Sam, abriendo el refrigerador.
—De pera —dice ella, sonriéndole—. Oye Charlie... ¿hiciste solo panqueques o también omelette? —inquiere mientras observa como él vierte más mezcla en la plancha.
—Hice huevos revueltos y panqueques, ¿por qué? ¿Ya no te gustan los huevos revueltos? —cuestiona Charlie, mientras que Sam escucha atento al mismo tiempo que sirve el jugo en los vasos.
—Claro que me gustan, es que antes de venir, papá me dijo que le llevara un trozo de tu omelette. Creo que el creyó que habías preparado eso —comenta ella.
—Sí, es que Jhon ama todo lo que tenga queso —afirma Charlie riéndose, a la vez que saca otro panqueque de la plancha y lo coloca en el plato de Agata—. Ve comiendo cariño.
—¿Papá cuántos huevos saco del refrigerador?
Charlie se voltea para ver a su hijo, notando que este lo observa con los ojos bien abiertos.
—No dejaré perder esos puntos —murmura Sam, sonriéndole—. ¿Qué tipo de queso necesitas?
—Sami, no lo saques, no hagan omelette, tranquilos. Yo le llevo un panqueque y listo —comenta Agata, comiendo un bocado.
—No Kitty, no dejaré que regreses sin ese omelette —declara Sam.
—Es que papá lo dijo solo por decir. De hecho, mi mamá ya estaba preparando el desayuno, no es como si él no fuera a comer nada —explica Agata.
—Tranquila cariño, no me cuesta nada prepararlo. Además, a Tyler también le gusta el omelette de queso, haré uno extra para él.
—¡Ay por Dios! ¡Peor aún! Mejor ni se molesten, yo ya no puedo más, está más insoportable que nunca. ¡No quiero saber nada de él! —exclama ella, frustrada.
—¿Por qué? —cuestionan Sam y Charlie al unísono, ambos se quedan inmóviles aguardando la respuesta.
Por su parte, Agata se mantiene en silencio mientras que toma un sorbo de su jugo.
—Kitty… ¿qué te dijo? ¿Te molestó hoy? —pregunta Sam, dejando el queso sobre el mesón.
—No, hoy no lo vi, supongo que debe estar durmiendo, pero hizo un escándalo horrible a la media noche. Me asusté demasiado, incluso pensé que alguien se había metido a robar a la casa, casi me muero del susto —comenta ella, comiendo un trozo de panqueque.
—Espera… ¿de qué hablas? —inquiere Charlie confundido, a la vez que comparte una mirada con su hijo.
—Es que anoche yo estaba tocando el teclado… Por cierto Sami, que no te lo he dicho, pero mientras estabas en Florida, aprendí a tocar el coro de “Ojos de hada.”
—¿En serio? ¿Tú sola? —dice Sam, asombrado—. ¡¿Sin que yo te lo enseñara?!
—Sí —murmura ella, sonrojándose.
—¡Ay por Dios! ¡Estoy orgulloso! ¿Cómo hiciste para sacar los acordes? —indaga Sam, sentándose a su lado.
—No sé... solo me puse a oír la canción unas cuatrocientos millones de veces mientras que iba probando en tu teclado. Por suerte a Lucy no le importó escuchar como tu pobre teclado agonizaba, cuando yo intentaba lograr sacar la melodía —acota Agata, provocando que los chicos se rían.
—Entonces… ¿qué tiene que ver eso con lo de Tyler? —pregunta Sam, apoyando sus brazos en el mesón.
—Bueno, es que yo estaba concentrada tocando en mi nuevo y fantástico teclado —comenta ella sonriendo, a la vez que comparte una mirada con Sam—.
Entonces al rato, y de la nada, tocan mi puerta, cuando abro, era papá, pero no había terminado de verlo, cuando Tyler empujó mi puerta a lo bestia y se metió a mi habitación.
Yo no entendía que pasaba, de repente él empezó a buscar por cada rincón, hasta debajo de la cama, luego abrió la ventana, miró hacia afuera y dijo: “Papá yo lo lo escuché.” Yo entendí que él había oído a un ladrón dentro de la casa, y pensé que lo estaban buscando, por eso me asusté y abracé a mi papá.
—¡Qué rayos! —exclama Sam extrañado, mirando por un instante a su padre.
—Sí Sami, a esta altura, creo que él está mal de la cabeza.
Resulta que no había entrado nadie a la casa, papá dijo que me quedara tranquila, pero Tyler empezó a preguntar que donde estabas tú, que él te había escuchado, yo le respondí que debías estar durmiendo en tu casa, incluso le comenté que a lo mejor lo había soñado y se había confundido, pero él insistía que estabas conmigo en la habitación, porque te había escuchado tocando “la maldita canción esa.” —explica Agata, haciendo comillas con las manos.
—¿Ojos de Hada? —cuestiona Sam, frunciendo el ceño.
—Sí… Yo le dije que tú no estabas conmigo, pero se puso como un ogro, me replicó que no le viera la cara de idiota, que él veía tu teclado.
Sami, yo de inmediato le respondí que no, que ese era mío, incluso le señalé el sticker que le colocaste, pero eso solo hizo que se enojara, comenzó a decirme que como era posible que tú te hubieses atrevido a regalármelo, que eso era de ustedes dos.
Charlie se mantiene escuchando atentamente, a la vez que se cruza de brazos mientras que Sam se agarra la frente, angustiado.
—Yo le dije que no se preocupara, que ese era otro teclado y que tú no me habías regalado el tuyo —aclara Agata—.
Bueno, en fin, él no hizo más que seguir enojado y continuaba jurando que tú estabas en mi habitación.
Tyler es un idiota, estoy segura de que él fue a decirle eso a mi papá, y lo hizo levantarse a esa hora para que te buscara.
«¡¿Qué rayos le ocurre?! Eso quiere decir que… ¿él era capaz de delatarme con Jhon si yo hubiera estado con Kitty? ¿Por qué carajos me haría eso a mí? ¡Yo jamás lo traicionaría de esa manera!»
—Yo no tengo porque esconderte en mi habitación Sami, tú eres libre de ir y entrar como siempre lo hiciste, pero no, Tyler actuaba como si yo estuviera con Zac o sabrá Dios con quien —recalca Agata, soltando un resoplido—.
Es que se armó toda una novela en su cabeza, como que se olvidó las cientos de veces que has dormido en casa. Es un melodramático.
Charlie voltea a ver a su hijo, ambos compartiendo una mirada llena de preocupación.
—Para que me dejara en paz, comencé a tocar la canción frente a él, y Tyler se quedó perplejo unos segundos, luego me tomó ambos brazos y me los apartó del teclado. Yo me quedé atónita —confiesa ella—. En serio, ese chico está mal. ¿Cómo se le ocurre ser tan rudo y apartarme así?
—Lo hizo para ver si realmente estabas tocando —comenta Charlie.
—Claro papá, de seguro pensó que era una grabación y que ella solo tocaba teclas al azar —agrega Sam.
—Por cierto, Sami… tienes que saber que Tyler está “indignadísimo” —acota Agata, haciendo comillas con las manos—.
Porque no es correcto que me hayas enseñado a tocar el piano a “escondidas” —reitera nuevamente el gesto de las comillas—.
Y que además, se lo mantuvieras en secreto todo este tiempo, que eso no puede ser posible, yo traté de explicarle, pero él estaba reacio a escuchar cualquier cosa que yo dijera.
Honestamente, me cansé de oír sus gritos, el no concibe el hecho de que tú siempre hayas tenido esta relación conmigo, que somos muy cercanos.
Sí, es verdad que lo tuvimos que hacer a escondidas, pero es porque él siempre fue un imbécil conmigo, no me dejaba compartir tiempo contigo.
A este punto, pienso que él cree que es tu dueño —añade encogiéndose hombros, a la vez que toma un sorbo de su jugo—.
Sami… si no fuera porque sé que anda con cuanta ramera se le lanza a los brazos, diría que está enamorado de ti.
En ese momento, Sam se queda estupefacto, a la vez que voltea a ver a su padre, para nuevamente compartir una mirada de preocupación con él.