Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 15
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CAPITULO 15

En casa de los Lambert, Agata se despierta al escuchar notificaciones en su teléfono, gira su cuerpo hacia la mesa de noche y toma su celular, en cuanto revisa los mensajes, una enorme sonrisa ilumina su rostro, se sienta de golpe y responde apresuradamente.

Luego se levanta de un salto, va al baño, se cambia de ropa, se peina y se pinta los labios, para luego bajar las escaleras a toda velocidad.

—Buenos días —dice pasando frente a la cocina, enrumbada hacia la puerta de la casa.

—Hola cariño —añade Lauren, mientras que prepara el café.

—¡Mi vida! ¡Alto! ¡Alto! —comenta Jhon sentado en el comedor, revisando su laptop.

Agata se frena de inmediato, pone los ojos en blanco, se voltea y camina de regreso a la cocina, pensando. «¡Carajo! No quiero hablar más del tema.»

—Sí, papi —murmura ella, aferrando las manos al respaldar de una de las sillas.

—¿A dónde vas tan temprano? —inquiere Lauren mirándola, con algo de picardía al deducir, que irá a ver a Sam.

—A ningún lado —responde Agata, manteniendo un tono tranquilo.

—¿Cómo que a ningún lado? —cuestiona Jhon, mirándola a los ojos y tomando un sorbo de su café—.  Si ya estabas abriendo la puerta.

—Bueno... voy a casa de Lucy, pero eso no cuenta cómo salir. No iré a ningún lado, solo estaré allí.

—¿Vestida así? —pregunta Jhon.

—Sí… ¿qué tiene? ¡Ay por Dios! ¿Me veo muy fea? —replica Agata, dándose la vuelta y camina hacia la cocina para verse en el reflejo del horno, mientras que Jhon y Lauren intentan no reírse—. Mami… ¿estoy fea?

—No cariño, para nada, todo lo contrario. Tu papá lo dice porque nunca te cambias de ropa, ni te pintas los labios, para solo ir a ver a Lucy en las mañanas.

—¡Oh! —exclama ella, cruzándose de brazos—. Bueno... solo no quiero verme mal.

—Mi vida, tú nunca te ves mal. Eres hermosa, aun sin labial puesto —afirma Jhon, sonriéndole.

—Gracias papi.

—Ven, acompáñanos a desayunar —agrega él, señalando la silla.

—No, es que… no puedo, porque desayunaré con ellos. Sami me dijo que fuera, es que Charlie hizo panqueques y le pidió que me invitara. No me demoro mucho, ¿si puedo ir, verdad? —inquiere preocupada.

—¡Ay cariño! Claro que puedes —responde Lauren, sonriéndole.

—Okey… —murmura Agata, sonriendo a más no poder—. Vuelvo en un ratito, no me tardo —añade volteándose rápidamente.

—¡Oye! ¡Con una condición! —exclama Jhon, provocando que ella se frene.

—¿Condición? ¿Cuál? —inquiere ella mirándolo, y es ahí cuando Lauren y Jhon, ven desaparecer la sonrisa de su rostro.

—Pues... que si Charlie hizo su clásico omelette con queso, me traigas un poco —comenta Jhon, sonriéndole.

—¡Claro que te traeré! —replica Agata, con la sonrisa de nuevo en el rostro y entusiasmada, para luego darse la vuelta y salir de casa.

Por su parte, Jhon y Lauren se quedan viéndola marcharse con complicidad.

—¡Ay por Dios! Cariño… es que yo nunca la había visto así, tan feliz —comenta él, tomando un sorbo de su café.

—Sí, lo sé, en verdad está muy ilusionada.

Amor… lo estuve pensando, creo que a final de cuentas, que se haya enamorado de Sami es algo bueno —afirma ella, sonriendo—.

En realidad, me aterraba la idea de que se fijara en Zac, y que ese idiota no solo intentaría aprovecharse de ella, sino que seguramente iba a subirla a la moto.

¡Es que hasta le querría enseñar a conducirla!

—exclama preocupada cruzándose de brazos, a la vez que Jhon niega.

—Eso sería una batalla campal, de nosotros contra la Gata y también contra los Hill, quienes ya sabes que piensan muy diferente y son extremadamente permisivos con sus hijos —acota Jhon—.

Cariño… ahora que sabemos que Sam está enamorado de nuestra hija, pues...

déjame decirte que en ese hipotético escenario, la guerra entre Sam y Zac solo se volvería aun peor.

Honestamente, si la Gata se fijara en MotoHill, no sé quién de los dos enloquecería más, si Sami o yo, es que ni siquiera, podemos verla cerca de él y su maldita moto.

Mientras tanto en casa de los Meyer, Charlie se encuentra en la cocina, preparando los panqueques.

—Hijo, ¿le preguntaste? ¿Qué te dijo?

—Sí, me respondió que se levantaba y venía —dice Sam, mientras que toma varios vasos y los coloca sobre el mesón de la cocina—. Papá, gracias por pedirme que la invitara, le hizo mucha ilusión, está muy contenta.

—Cariño, sabes que adoro a la Gata, obviamente haré cualquier cosa para que sumes puntos —acota Charlie sonriendo, a la vez que  Sam se ríe y niega con la cabeza—.

¿Qué? ¿Es que no lo sabes? Ahora todo se trata de sumar puntos, tienes que acumular todos los que puedas, y no solo de la Gata, sino también con Lauren y Jhon.

—¿Lo dices en serio? —inquiere Sam, sentándose en una de las sillas, en la isla de la cocina.

—Claro, estás en una etapa crucial, donde quieres que te conozcan —responde Charlie, colocando más mezcla de panqueques en la plancha.

—¿Qué me conozcan? —replica Sam, frunciendo el ceño—. Debes decirlo en broma. ¡Ellos me conocen desde que nací! ¡Incluso desde que estaba en la barriga de mamá! —exclama riéndose.

—Bueno sí, eso es cierto, pero… quieres que te conozcan cómo pretendiente, porque hasta ahora no saben cómo actuarás en esta nueva situación, ellos solo te conocen como amigo.

Me refiero a que ahora es diferente, y por eso son los puntos que debes ganar —aclara Charlie—.

Aunque déjame decirte algo, empezaste muy bien comprándole ese teclado —añade señalándolo con la espátula—.

Ese fue un lindo gesto, que sin duda te sumó muchos puntos, y más ahora que tu mamá me contó que estuviste enseñándole desde hace años.

Eso demuestra que ella te importa, porque otro chico solo le regalaría chocolates o cosa así.

En ese instante, ambos se quedan en silencio cuando escuchan que tocan la puerta de la casa.

—Ve hijo, debe ser Agata —comenta Charlie, sonriendo.

—No creo… porque ella siempre entra de una vez, nunca toca la puerta —dice Sam levantándose y camina hacia la puerta, en cuanto ve por la mirilla, confirma que es ella—. ¡Gatita! ¡Ay por Dios! ¡Estás hermosa! —exclama al instante en el que abre y la ve.

Por su parte, Agata sonríe sonrojándose mientras que Sam se inclina para abrazarla, y ella se aferra con fuerza a su cintura.

—¿Por qué no solo entraste? —inquiere él, en voz baja aun abrazándola—. Nosotros nunca tocamos las puertas de nuestras casas, siempre hemos entrado.

—No sé… es que me da pena —murmura ella, a la vez que se alejan un poco para verse a los ojos—.

Sami… es que no quiero que piensen que soy necia o que molesto muy temprano.

Ahora que está tu papá ahí, pues… es que él no debe saber que siempre vengo en las mañanas, para saludar a Lucy y ver como está.

Sam escucha atento, mientras que le toma una de las manos y comienza a jugar entrelazando sus dedos con los de ella.

—Ay por Dios… —susurra Agata, bajando la mirada—. No puedo con esto.

—¡¿Qué?! ¿Qué pasó? ¿Cómo que no puedes?

—cuestiona Sam, angustiado—. Gatita por favor…

no me digas eso. No te preocupes, que tú no eres ninguna molestia, y por papá no te mortifiques, él te adora y claro que sabe que siempre vienes, yo se lo dije.

Es más, justo le acababa de comentar, que de seguro no eras tú la que había tocado, porque tú siempre entras.

Eres parte de mi familia, siempre lo has sido y ahora más.

Así que, no me digas que no puedes, porque me estás destrozando.

¿Es que ya no quieres estar conmigo? —inquiere eso ultimo con la voz entrecortada.

—¡No Sami! ¡Claro que sí! —explica Agata, rápidamente—.

¡Eso es lo que siempre he querido! Me refiero a que casi acabas de matarme, porque nunca me tomaste la mano así, y tampoco entrelazaste los dedos conmigo.

Eso es lo más lindo que me ha pasado, no tienes ni idea del tiempo que soñé con eso.

Es que... es como si en verdad estuviéramos saliendo, debe ser una jodida broma, no puedo creer que esto me esté pasando.

En ese instante, Sam siente como una bocanada de oxígeno recorre sus pulmones, y sonríe emocionada al escucharla.

—¡Por Dios! ¡Casi me matas! —acota él, tomándole la otra mano—. Te adoro Gatita… con toda mi alma.

Agata ve como Sam se inclina, y se queda en shock, sin poder creerlo mientras que piensa. «Es mi Sami… se está acercando para besarme. Ay Dios… nunca creí que esto me iba a suceder.»

Ella cierra los ojos, cuando de pronto siente como sus labios se juntan con los de él, nuevamente lo deja tomar el control del beso, después de unos segundos, Agata finalmente se dispone a tomar la iniciativa, pero Sam se aparta.

—¿Ya? ¿Qué? ¡No! —murmura ella indignada, aferrándose a los brazos de él.

—Sí boba, es que estamos en el porche. Estoy completamente seguro, de que en estos momentos, están tus papás, viéndonos desde la ventana, y eso es espantoso. No puedo besarte así, es como si tuviera a la parca respirándome en la nuca —explica él, mirando hacia la casa de los Lambert.

—¡Pero ni siquiera sentí tu lengua! —refuta ella, haciendo pucheros.

—Shhhh —replica él, riéndose—. Te escuchará mi papá, que está ahí en la cocina —añade y ambos se ríen tontamente.

—Sami, pero… eso fue casi solo un pico —agrega ella, aun indignada.

—Lo sé mi vida, más tarde seguimos besándonos —afirma él, tomándole de nuevo las manos.

—¡Pero bien! ¡No solo picos! —exige ella suavemente, haciendo pucheros de nuevo.

—¡Sí Kitty! ¡Lo haremos bien! Así como deseas, porque yo también lo quiero. Me gusta sentir tu lengua —confiesa él, inclinándose hacia su oreja.

—¿Si? —murmura ella, viéndolo a los ojos.

—Obvio Gatita. Eso me encanta —comenta él, con su tono normal de voz, a la vez que ambos sonríen con complicidad mientras que entran y caminan hacia la cocina.

—Hola cariño, ¿dormiste bien? —pregunta Charlie, en cuanto los ve.

—¡Sí! La verdad es que caí rendida, si no suena el teléfono, seguiría dormida —responde Agata, riéndose—. Gracias por invitarme a desayunar —añade sentándose en la isla de la cocina.