Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 14
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CAPITULO 14

Amanece en casa de los Meyer, Sam dormido, escucha su alarma a lo lejos, por lo que se despierta poco a poco.

—¿Para qué demonios dejé programada una alarma? Estoy tan cansado —refunfuña, a la vez que estira su brazo hacia la mesa de noche para tomar su teléfono.

Aun con los ojos a medio abrir, la apaga, y cuando está por cerrar los ojos de nuevo, su mirada se queda fija en la foto que tiene como fondo de pantalla de su celular, es la que se tomó con Agata en el camerino, antes de salir al concierto.

—Ay por Dios, Kitty… eres mía —murmura sonriendo, mientras que sigue detallando la imagen—. ¡No puedo creerlo! Eres mía.

Él se cubre la cabeza con la sabana, al mismo tiempo que se acurruca abrazando una almohada con fuerza, mientras que revive en su mente, todos los besos de la noche anterior. Después de pasar unos minutos perdido en sus pensamientos, aparta con vehemencia la cobija de su cara.

—¡Mierda! No puedo creer que se lo haya dicho a Jhon. ¿No sé cómo demonios hice eso? ¡Maldición! ¡Eso fue horrible! Es que… aun me da miedo verlo a la cara —añade sentándose contra el respaldar de la cama.

En ese momento, la vista de Sam se enfoca en su guitarra acústica, que está apoyada en la pared junto a la cama, él se inclina, y luego estira su brazo hasta alcanzarla, para empezar a tocar notas mientras que continúa hablando solo.

—¿Por qué Tyler tiene que ser tan idiota?

¡Carajo! ¿Qué clase de amigo le dice al papá de la chica con la que estás saliendo que te acuestas con ella?

—inquiere él frunciendo el ceño, a la vez que sigue tocando—.

Casi me muero, es que… si no me mataba el susto, seguro lo haría Jhon.

Pude ver su cara de ira y terror al mismo tiempo.

¡Mierda! Menos mal que me creyó —suspira angustiado.

Mientras tanto, en la habitación principal, Charlie se despierta cuando escucha a lo lejos, unos acordes de una guitarra, en cuanto abre los ojos, ve a Lucy a su lado con las piernas fuera de la cobija y sonríe enormemente.

Con cuidado para no despertarla, él se sienta en la cama, acomoda la manta para cubrirla de nuevo, luego se levanta y sale de la habitación descalzo.

Camina en silencio por el pasillo, hasta detenerse frente a la puerta de Sam, la abre despacio y se queda en el umbral, observándolo tocar mientras que tararea la letra de Ojos de hada.

—Me encanta esa versión unplugged —murmura Charlie, sonriendo.

—¡Mierda! —exclama Sam asustado, volteando de inmediato hacia la puerta—. ¡Papá! ¡Qué susto me diste! Me olvidé de tu oído biónico.

—Tranquilo hijo —dice Charlie acercándose, y se sienta en la cama—. No pasa nada.

—Oye... en realidad, olvidé que estabas acá. Es que mamá no se despierta con el sonido de la guitarra acústica, por eso toco en las mañanas y ella ni se da de cuenta. Perdón por despertarte.

—Está bien cariño, amo que toques, no me molesta despertarme temprano —afirma Charlie—.

Aunque no mentiré, me sorprendió un poco, pensé que dormirías hasta el mediodía, sé que estabas trasnochado por los nervios y luego cansado con todo el ajetreo de ayer.

Es que hasta yo lo estaba, y eso que no me presenté.

—Pues sí, la verdad es que sino sonaba mi jodida alarma, hubiese seguido durmiendo hasta la noche —bromea Sam—. Pero no sé, es que… mi cabeza se puso a pensar y ya no me pude volver a dormir.

—Entiendo… —murmura Charlie, tomando una de las almohadas y se recuesta en la cama—. ¿Y puedo adivinar qué es lo que tanto piensas? —inquiere sonriéndole—. ¿Será sobre el concierto o sobre la Gata?

Sam le sonríe, a la vez que pone los ojos en blanco, pero no le responde.

—¡Ya dime! —insiste Charlie, empujándolo un poco en la pierna.

—Pues sí, sobre lo que sucedió ayer. Es que…

fueron muchas cosas pasando, una detrás de la otra.

En un momento todo iba increíble y luego…

fue un caos, después se puso más genial y nuevamente fue una mierda, para finalmente volver a ser genial otra vez —explica Sam incrédulo, tapándose con el rostro.

—Tienes razón. Oye cariño… en verdad estoy orgulloso de todo lo que hiciste ayer, no me refiero solo a la presentación, ni al nivel de profesionalismo que tuviste dentro y fuera del escenario, sino a todo.

Sabes… por primera vez te vi actuando maduramente, imagino lo difícil que fue tener que decirle a la Gata que se saliera para poder hablar con Jhon y Tyler.

—¡Ay Papá! Eso sin duda fue una mierda —afirma Sam, soltando un suspiro—.

No sé cómo pude mantener el control, creí que me desmayaría, tenía tanto miedo, pero me aterraba más la reacción de Kitty.

Ella es muy sensible, sabía que se asustaría y se pondría a llorar al verse sobrepasada con la situación, y apenas eso pasara, Tyler la atacaría por su manera de reaccionar, lo que ocasionaría que ella se desbordara y, todo se volvería un infierno.

Iba a ser un caos cada vez más difícil de explicarle a Jhon.

Charlie no puede evitar sonreír al escucharlo.

—No te rías —replica Sam, empujándolo—. Fue una mierda.

—Ay cariño… no me estoy riendo —aclara Charlie, apretándole la pierna—.

Es solo que estoy jodidamente orgulloso, porque fuiste muy listo y analítico.

Aun cuando estabas en una situación difícil, te antepusiste a un posible escenario, que hubiese convertido ese momento complicado, en una verdadera situación de mierda imposible de explicar.

—Gracias Pá, por apoyarme ayer, la verdad es que estaba con mucho miedo, pero me sentí mejor cuando me respaldaste.

—No lo dudes hijo, yo siempre te respaldaré. Pondría las manos al fuego con los ojos cerrados solo por ti.

—Gracias... —repite Sam soltando un suspiro, y levantando la mirada hacia el techo unos segundos, para luego volver a mirar a su padre—.

También quiero agradecerte por no tomar a mal mi situación con Kitty, sé que ustedes también la quieren como a una hija, no creo que estuviera en sus planes nada de esto.

Es que... no sé porque tengo una maldita sensación de que estoy haciendo algo malo.

¡Pero Papá! ¡Yo no le hecho nada malo y jamás lo haré!

—Lo sé hijo, eso no tienes que decírmelo.

—¿Entonces por qué demonios me siento así?

Mi cabeza está hecha un caos... estoy jodidamente feliz, papá en verdad, como nunca antes lo estuve.

Este último año fue una mierda, no tuve paz mental, me carcomía el dolor de la indiferencia de Kitty, pero ahora eso es pasado y  me hace tan feliz.

No puedo creer que ahora puedo salir con ella, que ahora ella sí me hable, y mucho menos creer que sí me quiera.

Charlie se mantiene escuchando atentamente a su hijo, a la vez que le sigue acariciando la pierna.

—Aunque… a pesar de sentirme así, hay algo en el fondo que se siente mal.

No sé… es como una sensación amarga. No es solo el puto miedo que sentí ayer, ni el terror que aún tengo de que Jhon crea cosas malas y cambie de opinión, es algo más.

Siento como si robara algo… ¿cómo te explico?

Es como si yo fuese la oveja negra, y estuviera vandalizando algo sagrado, como si fuera el malo de la película, que no tiene perdón lo que estoy haciendo —explica frustrado, mientras se acuesta en la cama, colocándose una almohada sobre su cabeza—.

Es una mierda… no quiero sentirme así. Debería poder ser solo feliz de tener a la niña que siempre quise, sin toda la mierda extra.

—Oye cariño tranquilo, no te angusties. Hijo, te prometo que esa sensación es pasajera, es solo que en estos momentos, estás en una montaña rusas emocional, ya verás que en poco tiempo la tormenta pasará y las aguas volverán a su lugar.

Sam se quita la almohada de la cara y se le queda viendo fijamente.

—Papá… ¿solo lo dices por decir? Es que creo que apenas me desperté, perdí la cordura. Anoche estaba tan feliz con Kitty, pensé que hoy amanecería así, pero no. ¿Qué mierda me pasa? Solo quiero estar con ella, es lo que siempre quise, sin todo lo demás que estoy sintiendo.

—No lo digo solo por decir, ni intento consolarte. Escúchame bien, yo te entiendo, y lo hago muy bien, porque también me he sentido así, sé que es una mierda.

—¿Pero cómo puedes saberlo? —inquiere Sam, soltando un suspiro—.

Tú nunca te enamoraste de tu vecina, esa con la que te criaron y que todos los veían como hermanos, y que encima de eso, su padre es el jefe de la policía, el cual la sobreprotege.

Y por si eso fuera poco, es la jodida hermanita menor de tu único y mejor amigo, quien también es tu compañero de banda —recalca casi sin respirar.

—Pues… obviamente no estuve en esa situación exacta, pero si estuve montado en otra montaña rusa, donde el amor por mi esposa y por mi hijo, la pasión por mi trabajo, la idea de ir detrás de un sueño.

Buscando alcanzar un futuro mejor y en el camino dudar de mi talento, dudar de las decisiones, tener terror de perderlo todo, todas esas cosas, convergieron en un punto donde, una mañana simplemente me desperté completamente solo en otra ciudad, sin mi familia.

La soledad no fue que tocó a mi puerta, simplemente fue un puñetazo de mierda que recibí apenas abrí los ojos al día siguiente de irme de acá —confiesa Charlie, con la voz quebrada—.

Hijo, créeme cuando te digo que te entiendo, y también que todo mejora, te prometo que a partir de ahora lo hará.

Sam se mantiene en silencio después de escuchar a su padre, a la vez que se limpia las lágrimas que corren libremente por su cara.

—Ya no llores… me harás llorar a mí. Solo confía que lo peor ya pasó.

—Es que... es que nunca... —reitera Sam, sollozando—. Yo nunca me imaginé que te sintieras así. No pensé que la habías pasado mal papá, yo creí que la única triste era mamá, y bueno... yo.