CAPITULO 13
Desde el porche, sus padres los ven acercarse, Agata trae en sus manos, el teclado, mientras que Sam, lleva la base para colocarlo.
—¿Es que nos piensas tocar? No paraste de decirme que te quieras acostar —bromea Charlie, causando que los demás se rían disimuladamente.
—No, yo lo único que pienso tocar es mi cama —responde Sam, entre risas—. La verdad es que estoy trasnochado, la ansiedad no me dejó dormir nada anoche.
—¿Cariño, entonces para que traes tu teclado?
—¡Ese no es el suyo mamá Lucy! ¡Es mío! —exclama Agata, emocionada—. ¡Me lo regaló! ¿Acaso no es lindo?
—¡¿Tuyo?! ¿Le compraste un teclado? —pregunta Lauren, sorprendida.
—Sí… ¿no está mal que le regale algo o sí? —inquiere Sam nervioso, a la vez que piensa.
«¿Será que hay algo de malo en eso? ¿No debí hacerlo?»
—No cariño —aclara Lauren, tocándole el brazo—. Puedes regalarle lo que quieras, es solo que me sorprende.
—Sí... ¿por qué no un peluche o algo lindo? —indaga Jhon—. No se… otra cosa.
—¿Más lindo que esto? —cuestiona Agata, levantando un poco el teclado—. ¡No papá! ¡Yo amo su teclado! Así que es el regalo perfecto para mí. ¡Vamos Sami! —añade volteando a verlo con una enorme sonrisa—. Ayúdame a conectarlo, y luego te vas a dormir.
Todos entran en la casa, mientras que ambos chicos suben las escaleras hacia la habitación de Agata, los demás se trasladan a la cocina para seguir conversando.
—Pensándolo bien… la verdad es que no me extraña tanto lo del teclado —comenta Lucy, a la vez que sirve café en varias tazas.
—¿Por qué lo dices? —inquiere Jhon.
—Es que la Gata desde chiquita siempre se metía al garaje a tocar el teclado, pasaba mucho rato jugando con él, yo no la veía, pero sabía lo que estaba haciendo, porque lo que tocaba se escucha realmente mal —confiesa Lucy, riéndose—. Estaba segura de que no era Sam.
Mientras tanto, Sam y Agata están terminando de instalar el teclado.
—Bueno… ya está listo —dice Sam, acariciándole el cabello—. ¿No te enojas si me voy tan temprano, verdad? Kitty, te juro que me estoy cayendo del sueño.
—Lo sé, tienes los ojos cansados —responde ella, poniéndose de puntillas y depositándole un pequeño beso en los labios—.
—No… —murmura él sonriéndole, para luego tomarla de los hombros y apartarla un poco hacia atrás—. Acá no
—Okey… ya sé —replica ella, poniendo los ojos en blanco—. Solo era un besito de buenas noches.
—Mi vida… gracias por acompañarme hoy. Me encantó que estuvieras ahí, verte en primera fila fue lo mejor del día.
—Gracias por invitarme, por cantarme y sobre todo, gracias por cambiar la letra de una canción para mí. Nadie ha hecho nada tan lindo por mí, de verdad amé eso y amo todo de ti.
Sam prensa los labios y le sonríe tontamente, mientras que piensa.
«Ay Kitty… no cambié la canción, esa siempre ha sido completamente tuya.»
—Descansa Kitty —susurra él, inclinándose hacia ella y le besa la frente—. Te adoro con toda mi alma —añade abrazándola, para luego salir de la habitación.
Todos los adultos seguían conversando en la cocina, pero se quedan en silencio en cuanto escuchan pasos.
—Hasta mañana —dice Sam bajando las escaleras—. Gracias por acompañarnos hoy, fue increíble tenerlos a todos allí.
En cuanto él sale de casa de los Lambert, cruza el jardín y va directo a su habitación, se siente tan cansado, que en cuanto toca su cama, cae rendido.
Por su parte, los adultos se quedan conversando en la cocina, tomando café y comiendo galletas.
—Pues… ya tengo noticias para los chicos, pero con este giro inesperado de acontecimientos, pues no era el momento para hablar con ellos —comenta Charlie, tanteando el terreno con los Lambert, en un intento de ayudar a su hijo.
Lauren y Lucy se ríen mientras que vuelven a llenar las tazas, mientras que Jhon niega con la cabeza.
—¡Por Dios! ¡Es una mierda! ¡Tienes suerte! —exclama él mirando a Charlie, quien comparte una mirada con su esposa, a la vez que ambos tragan grueso—. Nunca sabrás lo que es, que tu bebé diga que quiere salir con un chico, y además… enterarte que ya ande a los besos —añade Jhon, resignado.
—Lamento tu sufrimiento —replica Charlie, sonriéndole—.
Aunque… seré honesto, amo a la Gata, la verdad es que se me retorcerían las tripas y estuviera preocupado si la viera salir con cualquier chico, pero ya conocen a Sam.
No le hará daño, así que estén tranquilos, él siempre la adoró, y no lo digo por ser mi hijo.
Jhon, tú lo has querido y criado como uno propio, sabes que se desvive por la Gata.
—Lo sé... no tienes que decirlo, yo confió en Sam —aclara Jhon.
—Bueno, si dependiera de mí, y pudiera elegir un chico para mi hija, sin duda sería a Sam, primero que a cualquier otro. Solo espero que ellos nunca se peleen, ni nada por el estilo, porque no quiero que eso afecte nuestra amistad —confiesa Lauren.
—No, yo tampoco quiero que la afecte —añade Lucy—. Son adolescentes, si en algún momento se molestan, pues se les pasará rápido, creo que lo mejor es no involucrarnos y que ellos se entiendan. Aunque, la realidad es que, nunca los he visto discutir ni pelearse por nada.
—Amor, ya que mencionas eso... —interrumpe Charlie—. Oigan, Tyler y Sam nunca se pelearon así antes, ¿qué vamos a hacer?
—No te preocupes, ya lo resolveremos. Solo hay que esperar primero que él se calme un poco —responde Jhon.
Los cuatro siguen conversando acerca de la situación, y luego de un rato, se despiden.
Unas horas más tarde, Tyler se encuentra acostado en su cama mirando televisión, cuando de pronto oye un sonido, por lo que toma el control remoto, silencia la película y cierra los ojos para escuchar atento. Unos segundos después, niega con la cabeza y toma su teléfono para ver la hora.
—¡Ya son más de las once de la noche! ¡¿Qué mierda hace Sam aquí?! —exclama enojado, a la vez que se levanta, sale de su habitación y camina rápidamente hacia la de Agata.
Una vez que está parado frente a la puerta, puede escuchar con más claridad a Sam tocando el teclado, confirmando sus sospechas, por lo que gira la manilla, pero se da cuenta que se encuentra cerrada con seguro, soltando un resoplido, completamente indignado, se da la vuelta y se dirige a la habitación de sus padres.
Tyler ve la puerta abierta y se asoma, notando de inmediato que su madre está dormida, en ese instante, Jhon voltea la mirada del televisor y ve a su hijo haciéndole señas para que salga, por lo que se levanta despacio de la cama y sale al pasillo.
—Hijo… ¿qué sucede? —pregunta Jhon, acariciándole el cabello suavemente—. ¿Estás bien?
—No… Claro que no lo estoy —murmura Tyler, enojado—. Cómo es eso que yo no puedo meter chicas a escondidas por la noche y menos subirlas a mi habitación, pero Agata sí puede. ¡Eso no es justo! ¿Por qué ella puede hacer todo lo que se le da la gana y no la regañas como a mí?
—¿De qué hablas? ¡Agata tampoco puede hacerlo! —recalca Jhon, con firmeza.
—Entonces… ¿cómo es que Sam esta encerrado con ella ahora mismo? ¡Sabrá Dios haciendo que!
—¡No! —exclama él incrédulo.
Totalmente furioso y con el ceño fruncido, Jhon camina de inmediato hacia la puerta de la habitación de su hija, con Tyler siguiéndolo. En cuanto intenta abrirla, se da cuenta que tiene el seguro puesto, así que toca con premura y escucha como las notas del piano se detienen.
Por su parte, Tyler se mantiene a un lado de su padre, con los brazos cruzados y una mirada inquisidora en el rostro, mientras observa como su hermana abre la puerta despacio.
—Hola papi —murmura ella, por una rendija sin terminar de abrir por completo.
Como Tyler no puede observar hacia adentro, termina empujando la puerta con su mano para que quede abierta por completo.
—¿Cuál es tu violencia? ¿Por qué empujas así? —cuestiona Agata, confundida.
Desde el umbral, Jhon mira al interior de la habitación pero es Tyler quien entra enseguida, pasando por un lado de ambos. Agata se mantiene en silencio, mientras que observa como su hermano revisa su armario, luego lo ve agacharse y revisar bajo su cama.
—¿Qué carajo buscas? ¿Acaso estás sonámbulo? ¡Papá! —exclama Agata, volteando a ver a su padre—. ¿Qué le pasa a Tyler? ¿Por qué está así? Eso no es normal.
—Tyler… ya ven —indica Jhon.
—¡No! —responde este molesto, a la vez que camina hacia la ventana, la abre y asoma la cabeza fuera.
—Hijo, ven —reitera Jhon.
—¡No! ¡Claro que no! Es que no estoy loco, yo sé lo que oí — dice llevándose las manos a la cabeza.
—¡Por Dios! ¿Qué oíste? ¡No me asustes! ¿Es que alguien se metió a la casa? —replica Agata angustiada, agarrando el brazo de su padre.
—Tranquila cariño, no pasa nada —dice Jhon—. Tyler, vamos hijo.
—¡¿Dónde está Sam?! —exclama Tyler mientras se acerca a su hermana—. ¡Ya dime donde está!
—Pues en su casa durmiendo... supongo —responde Agata, encogiéndose de hombros—. ¿Por qué? ¿Qué pasó? No entiendo nada.
—¡Deja de mentir! ¡No te hagas la boba! —insiste Tyler—. ¡Yo lo escuché!
—¿A Sami?
—¡Sí!
—No Tyler, de seguro tuviste un sueño, él no está aquí —afirma Agata confundida, cruzándose de brazos.
—¡No! ¡No lo soñé! ¡No me veas la cara de imbécil! Además, ahí está su teclado —dice Tyler, señalando.
—Bueno... —murmura Agata, pasando su dedo sobre el sticker que tiene el instrumento—. Pues… este teclado me lo regaló Sami, pero no te enojes conmigo... por favor.
—¿Te regaló su teclado? ¿Nuestro teclado? —inquiere Tyler, sorprendido—. ¡¿Qué demonios?! ¿Cómo ensayaremos? ¡Es un idiota!
—No, este no es el suyo, él me compró uno igual —aclara Agata—. No te preocupes que él no está acá, yo no lo veo desde que llegamos a la casa —añade en voz baja acercándose a Tyler y le acaricia el brazo—.Oye… sí lo soñaste, tranquilo.
—¡Qué no lo soñé! ¡Agata por Dios! —replica él, moviendo el brazo hacia atrás, para que ella no lo siga tocando—. Escuché con estos mismos oídos que tengo pegados a la cabeza, cómo te tocaba la maldita canción esa.
—¿Ojos de hada? —pregunta ella, sintiéndose nerviosa.
—¡Sí! ¡No soy sordo! ¡Yo la escuché! —insiste él, poniendo los ojos en blanco.
Agata se coloca frente a su teclado, con la vista fija en su hermano, luego extiende sus manos y comienza a tocar un extracto de la melodía.
Por su parte, Tyler la mira confundido, se encuentra perplejo e intenta encontrarle algún sentido a todo lo que está pasando, pero para él no tiene ninguna lógica lo que sus ojos ven y sus oídos escuchan.
«Es que… No... Pero quizás… quizás la melodía está grabada.» Piensa él acercándose a ella, toma uno de sus brazos y lo aparta del teclado.
En ese instante, Agata aparta sus manos de las teclas y las notas se dejan de escuchar, por lo que Tyler confirma que realmente era ella quien estaba tocando.
—No entiendo —murmura él, para sí mismo, evidentemente confundido—. No puedes tocar… ¿cómo es que puedes si tú no sabes hacerlo? —cuestiona viéndola fijamente.
Mientras tanto, Jhon se mantiene escuchando todo atentamente desde el umbral de la puerta,
—Bueno… —susurra Agata, soltando un suspiro con la vista fija en el teclado, luego de unos segundos, levanta la cabeza para mirar a su hermano—.
La verdad es que si sé tocar, aunque no soy tan buena.
Yo solo me sé de memoria las de ustedes, pero si me pones a tocar otra canción, leyendo una partitura, lo hago realmente mal.
—¿Sabes tocar todas nuestras canciones? —inquiere Tyler, sorprendido.
—Casi todas… —afirma Agata—. Es que como estaba peleada con Sami, pues las más nuevas aun no me las sé. De Ojos de Hada, solo me aprendí el coro.
—¡Pero qué carajos! ¡¿Cómo puedes tocar si tú no sabías?! ¡Nunca tocaste! ¿Cómo puedes si jamás tomaste clases? Ni siquiera teníamos un teclado en la casa —comenta Tyler, frustrado—. ¿Es que un día te despertaste sabiendo tocar piano o qué demonios? ¡Explícamelo!
—Es que... Sami me enseñó.
—¡Qué! ¡¿Cuándo?! Si tú nos estabas aplicando la ley del hielo hace un montón de meses.
—No, es que… él me enseñó desde que estaba pequeña, no es de ahora —aclara Agata.
—¿Cuándo fue eso cariño? —interviene Jhon, sorprendido.
—No sé con exactitud papi, pero recién le habían regalado su teclado, desde ahí me empezó a enseñar.
—No, pero… en ese entonces nosotros ensayábamos siempre, y tú no ibas al garaje. Yo nunca vi que Sam te enseñara nada —replica Tyler, negando con la cabeza.
—Eso es porque… tú no estabas ahí cuando él me daba las clases —explica ella, bajando la mirada—. Sami me dijo que me enseñaría, entonces yo iba cuando tú estabas en las prácticas de lucha o en competencias.
—Ay por Dios… ¿Entonces si sabes tocar?
—Sí papi. Aunque… ahora creo que voy a poder practicar más —responde Agata emocionada, señalando su teclado.
—Cariño pero… ¿por qué no me dijiste que sabias tocar o que querías hacerlo? Yo te hubiese comprado uno desde hace tiempo
—No… es que, yo no quería molestar.
«Y que Tyler me odiara más… la música es lo suyo.» Piensa ella, mientras que niega con la cabeza.
—¿Ibas a escondidas para que te enseñara? —cuestiona Tyler, frunciendo el ceño.
—Sí, pero no era a escondidas, no lo digas así, yo no hice nada malo —acota Agata.
—¡Él nunca me dijo nada y tú tampoco! —exclama Tyler, indignado—. ¿No te parece que yo debía saber que tú siendo mi hermana, estabas aprendiendo a tocar?
—Esto no es culpa de Sami, yo fui quien le dije que no te contara, porque sabía que te enojarías conmigo si me veías en el garaje “molestando” —dice ella, haciendo comillas con los dedos.
—¡Claro que me molesta! —declara Tyler enojado, caminando hacia la puerta—. ¿Cómo no me van a decir algo como esto? ¿Se suponía que nunca sabría qué tocas el piano? ¿Que más me has estado ocultando?
—No te oculté nada más. Ty perdón… yo solo no quería que te enojaras.
—¡No nada más! ¡Solo el hecho de que estabas obsesionada con Sami! —exclama Tyler furioso, saliendo rápidamente a encerrarse en su habitación.