Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 12 #3
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CAPITULO 12 #3

—¡Ay por Dios! ¿Está tan molesto? —inquiere Lucy, acercándose al porche de los Lambert junto con Charlie después de bajar de su coche—. No me gusta verlo así.

—Pues… se mantuvo callado durante todo el trayecto de regreso a casa —agrega Lauren, preocupada.

—Oigan… puedo hablar con él si quieren —comenta Charlie—. Ya saben que conmigo siempre es bastante receptivo.

—A decir verdad… Creo que esta vez es más complicado —dice Jhon, soltando un resoplido—. No creo que logremos mucho.

—Pues yo lo entiendo, porque cuando mi hermana cumplió quince y empezó a interesarse en los chicos, yo estaba muriéndome de los celos —recuerda Charlie, con una sonrisa tonta.

—Bueno, es que… el problema no es ese. Él sí esta celoso, pero no de su hermana —aclara Lauren.

Justo en ese momento, ellos cuatro escuchan las risas de Sam y Agata, todos voltean para verlos entrar al garaje de los Meyer tomados de la mano.

—Entonces… ¿mi regalo está acá? ¿O solo es una excusa para ahora si besarme bien? —pregunta Agata, acariciándole los brazos.

—¡¿Qué?! ¿Cómo que para ahora si besarte bien? —reclama Sam, fingiendo estar indignado—. Kitty… ¿estás insinuando que lo hice mal?

Ambos se quedan viendo directo a los ojos, riéndose, a pocos centímetros del otro.

—Pues… es que ahora que sé lo increíblemente bien que me puedes besar, diré que los que me diste recién en el auto, fueron muy mezquinos —explica ella, haciendo puchero.

—¿Acaso esperabas que te besara con lengua estando a un metro de mis padres en el mismo auto? —cuestiona él, entre risas.

—Ya sé que no —susurra ella, poniéndose de puntillas y depositando un pequeño beso en sus labios—. Aunque ganas no me faltaban. Sami… yo te amo, en verdad lo hago. Siempre te he amado —confiesa tomándolo del cuello y viéndolo a los ojos completamente enamorada.

Por su parte, el corazón de Sam late deprisa, mientras que se encuentra sumido en el hechizo de la mirada de Agata, él está disfrutando de cada palabra que sale de sus labios, tanto que no puede contener su emoción.

—Escúchame y promete que jamás olvidaras esto —murmura él, tomándola de la barbilla con suavidad—. Te amo, eres mi Gatita y nunca dejaré de amarte.

Poco a poco, Sam se inclina más, hasta posar suavemente sus labios sobre los de Agata, comienzan a besarse desbordados de ternura, con un inmenso afecto y delicadeza, causando que a ambos se les erice la piel.

—Hey… no quiero abusar —murmura Sam, después de unos minutos—. Seguimos mañana ¿sí? —añade dándole dos besos más.

—¿De qué hablas? Tú has silencio y solo sigue besándome, yo aún no me canso —replica ella, riéndose.

Sam continúa besándola durante unos instantes, para luego detenerse y mirarla fijamente a los ojos.

—Sé que no estas cansada… Yo tampoco Kitty —afirma él, guiñándole un ojo—.

No es por eso que lo dije, yo me refería a tus padres.

No quiero abusar, se preocuparán y vendrán a buscarte.

Créeme que no está en mis planes hacer enojar a tu papá, dejará de confiar en mí si de pronto te desapareces largos ratos de tu casa para estar juntos, no podemos hacer eso, aunque ambos queramos.

Agata se queda en silencio, escuchándolo atenta mientras que Sam la toma por la cintura.

—Todavía estoy nervioso y sorprendido por su reacción, de verdad creí que estaría más renuente, así que… no tentemos al destino. Mejor seguimos como hasta ahora, no podemos abusar de su confianza, ¿me entiendes?

—Si pero… igual ya saben que estamos saliendo, no pasa nada, Ahora puedo besarte —declara ella, dándole un pequeño beso en los labios.

—Pues sí, ya sé que no pasa nada, pero Kitty… me da mucha vergüenza. Yo no te besaré jamás adelante o cerca de tus padres, es casi como una tortura, realmente no lo disfrutaría. Primero muerto antes que hacerlo.

—Okey… —susurra ella, haciendo pucheros.

—¡Ay! ¿Sigue triste la Gatita? —inquiere él haciendo voz de bebé, mientras que ella se ríe y él le da un beso—. Listo mi vida.

Sam la toma de la mano y camina con ella un par de pasos.

—¿Te gusta? —pregunta, señalando la caja que está sobre el sofá.

—¿El teclado? ¿Es para mí? ¿Ese es mi regalo? —replica ella sorprendida, intentando aguantar la emoción.

Sam asiente con la cabeza, al mismo tiempo que Agata, comienza a dar pequeños saltitos, para luego abrazarlo por el cuello.

—¡Sami gracias! ¡Claro que sí me gusta! Sabes que siempre amé tu teclado. ¡Ay por Dios! ¡Es tan lindo y es igual al tuyo!

—Lo sé, por eso me emocionaba regalártelo, aunque no es el mismo que el mío, es casi igual.

—Sami, pero mira… —replica ella, señalando entre los dos equipos—. Yo los veo idénticos.

Sam solo le sonríe mientras que saca el teclado nuevo de su caja y lo coloca sobre el sofá, en ese instante, la cara de Agata se ilumina con una enorme sonrisa.

—¡Aww! ¡Me encanta! —exclama ella, al notar que tiene un sticker de un corazón con la palabra “Kitty” escrito en el interior—. ¡Ahora lo amo más! —añade poniéndose de puntillas, para besarlo en los labios.

Sam le corresponde el beso durante unos minutos, mientras que la sostiene por la cintura.

—Te amo —susurra ella, viéndolo a los ojos—. Por Dios… te amo demasiado, gracias por quererme tanto.