CAPITULO 12 #2
—¡Qué! ¡Ay por Dios! —exclama ella, sorprendida—. No me di cuenta, pero… ¿si lo dice en serio?
—Sí, totalmente, no hay una mínima parte de Sam que me haga dudar de lo que me dice, me confesó todo —afirma Jhon en tono serio, mientras que avanzan por el pasillo—. ¿Tú llegaste a pensar alguna vez que ellos se gustaran?
—Honestamente… no. Ni siquiera llegué a contemplar la idea que Sam pudiera prestarle atención a Agata, porque es más pequeña, y mucho menos cuando ya ellos salían con chicas de su misma edad.
—Te recuerdas… cuando nosotros nos conocimos. ¿Aquella fiesta de fin de año?
—Claro —responde Lauren, riéndose—. ¿Por qué me preguntas eso? ¿Empezamos con los retos? ¿Tienes ganas de que me robe algo de acá? —inquiere y él se ríe, tontamente.
—Pues… dudo que hayan pepinillos para robar, pero sin duda, deben haber limones en algún lado, tu revisas ese camerino de allá y yo registro el de Brandon Jones —bromea Jhon, y ambos se ríen.
—Bueno, ahora sí, ya dime… ¿por qué me preguntaste por lo de la fiesta de fin de año?
—Es que creo que tu hija heredó algo de ti, ya sabes… eso de andar robándole besos a chicos apuestos —replica Jhon y ambos se ríen—. Resulta que fue ella fue quien lo buscó y lo besó —añade incrédulo.
—Sí… ella me lo contó recién, mientras estábamos afuera.
La verdad es que no me lo imaginé. Aunque…
pensándolo bien, la Gata siempre se esmera en obtener lo que quiere —puntualiza Lauren—.
Amor… ella me dijo que besaba a Sam, pero que él no le correspondía, así que, creo que ella tenía miedo de no gustarle lo suficiente.
—Ay… pobrecita —dice Jhon conmovido, mirando a su esposa a los ojos—. Sam me contó que no la besaba por temor a que yo me molestara con él, pero que esos pequeños besos que se dieron, al final solo lo enamoraron más.
—Mira, allá esta Tyler —comenta Lauren señalando y ambos avanzan rápido para acercarse a él.
—Hijo… ¿estás bien? —pregunta Jhon, acariciándole la espalda.
—¡No sé! —replica Tyler, respirando agitado—. Depende... ¿vas a dejar que salgan juntos o no?
—Oye… estamos hablando de Sam, nuestro Sam… tú mejor amigo —reitera Jhon—. No puedo prohibirle que lo vea.
—¡¿Pero si puedes prohibirle ver a Zac?! ¡¿Cuál es la diferencia?! Al final ambos quieren los mismo —declara Tyler, cruzándose de brazos.
—Hijo… hay muchas diferencias, pero no nos enfoquemos en ellos.
La principal es que Agata está enamorada de Sam.
Créeme, si ella estuviera enamorada de Zac, y yo le prohibiese verlo, simplemente ella se revelaría en nuestra contra, se escaparía, y haría lo que fuera por ir detrás de él, pero tenemos la suerte que no tiene tan mal gusto y que tiene sentido común.
Prefiero mil veces que esté enamorada de Sam, a quien conozco desde que nació y que su familia es como la nuestra, a que lo haga de algún idiota que no conozco y la lleve por un mal camino, exponiéndola a peligros o influenciándola a tomar malas decisiones.
—¡No estoy de acuerdo! —declara Tyler, aun enojado.
—Cariño… no estés celoso —comenta Lauren, acariciándole el brazo—. ¿Si sabes que tú hermana crecería tarde o temprano? Es normal que esto suceda, así como tú también te enamorarás y ella no puede tomar esta misma actitud.
—¡No! ¡¿Qué me importa que se enamore?! ¡Qué haga lo que quiera! —exclama enfadado—. ¡Yo no la celo!
—Entonces... ¿cuál es el problema? —inquiere Jhon confundido, compartiendo una mirada con Lauren.
—¡Papá! ¡Qué hay miles de chicos! ¡¿Por qué demonios no se va con Zac o con cualquier otro idiota?! —resopla Tyler, frustrado—. ¡Siempre tiene que arruinarlo todo! ¡¿Por qué carajos tiene que meterse con mi Sam?!
Lauren y Jhon mantienen la vista en el otro, ahora se sienten más preocupados que antes, debido al comentario de su hijo.
—Mi vida, no te angusties, porque… —dice Lauren, pero es interrumpida por Tyler.
—Perdón mamá, solo quiero estar solo. ¡Ya vámonos! ¡No quiero hablar con nadie! —acota él, dándose la vuelta y alejándose.
DESPUES DE UNOS MINUTOS, ambas familias van de regreso a casa, Tyler va en la camioneta con sus padres, mientras que Agata y Sam van conversando y tonteando en el asiento trasero del auto con Charlie conduciendo.
Por su parte, Lucy desde el asiento de copiloto, voltea y los observa por un momento, sonríe y luego fija la vista en su esposo, quien al sentirla le acaricia la pierna devolviéndole la sonrisa.
—Sabes… tengo un regalo para ti —susurra Sam, en el oído de Agata después de rodearle los hombros con su brazo.
—¿Para mí? ¿Por qué? —inquiere ella, sorprendida.
—Pues… porque es algo que sé que te gustará, y me hizo mucha ilusión comprártelo. Además, te mereces un regalo luego de mi primera gran presentación y también porque me encantas. ¿Necesitas más justificaciones o esas son suficientes?
—Son más que suficientes —responde ella, a la vez que ambos se sonríen tontamente—. Ya dámelo… me muero por verlo.
—No, aun no.
—¿Por qué? —cuestiona ella, haciendo pucheros—. No seas malo Sami… me haces desear algo y luego me lo niegas.
—Ay mírala… está triste, pobrecita —dice Sam, con voz de bebé.
Agata se le queda viendo completamente enamorada durante unos segundos, mientras que Sam se acerca lentamente a su rostro y le deposita varios pequeños besos en los labios.
Charlie de inmediato los mira a través del retrovisor y no puede evitar sonreír y sentirse feliz por ellos, de manera disimulada le hace señas a Lucy, quien voltea para observarlos con ternura.
—No lo cargo conmigo —explica Sam, en medio de los besos que le da.
—Okey… entonces espero.
Ambos se quedan durante todo el trayecto, atrapados en la mirada del otro, mientras que se acarician las manos con suavidad.
Ambos se quedan durante todo el trayecto, atrapados en los ojos del otro, mientras que se acarician las manos con suavidad.
Entre tanto, en la camioneta de los Lambert, el silencio es ensordecedor, Jhon y Lauren comparten miradas de preocupación, mientras que Tyler, se encuentra sentado en el asiento trasero, evidentemente triste, con la vista perdida y por completo absorto en sus pensamientos.
En el momento en el que Jhon estaciona la camioneta frente a su casa, Tyler se baja deprisa, y sin voltear a verlos, entra y sube directo para encerrarse en su habitación.