Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 12
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CAPITULO 12

Mientras que los chicos conversan dentro del camerino, Agata, Lucy y Lauren aguardan en el pasillo, cada una se siente angustiada y preocupada por razones completamente diferentes.

—Mamá… no quiero que papá se enoje con Sami. ¡Todo esto es mi culpa! —exclama Agata, llorando.

—Mi vida, no te pongas así —comenta Lauren, acariciándole el cabello—. No es tu culpa, no hiciste nada malo.

—Sí cariño, respira y no pienses así. Ya verás que todo va a estar bien —añade Lucy con voz suave.

—Es que... ¡sí es mi culpa! —replica entre sollozos—. Mamá… yo besé a Sami. Fui yo… el año pasado, lo hice varias veces.

Tanto Lauren como Lucy se quedan atónitas con la confesión y comparten una mirada llena de preocupación.

—¡Pero él nunca me quiso besar! —aclara Agata, mortificada—. Mami… él no me besó ni una vez.

—Espera…. No entiendo. ¿Se besaron o no? —cuestiona Lauren, confundida—. Hija… explícame.

—Es que… ¡Dios! ¡Fui una estúpida! —dice Agata, entre lágrimas—. ¡Todo esto es mi culpa!

—Oye, cariño… cálmate —agrega Lucy acariciándole la espalda—. No eres estúpida, todo lo contrario, mejor cuéntanos qué fue lo que pasó.

—Bueno, es que… yo siempre he amado a Sami.

—¿Lo amas? —inquieren Lauren y Lucy al unísono.

—Sí… siempre lo he amado. Y sé muy bien que nunca lo dejaré de amar —declara Agata, con seriedad—.

Mami… yo desde chiquita quería que Sami me besara, yo soñaba con que eso pasara algún día pero…

no sucedía. Para mí fue horrible, ver que de repente los chicos tenían permiso para salir en citas, que ahora había un puñado de chicas intentando quitarme a Sami, y yo no podía hacer nada, porque yo nunca tendría permiso para salir como ellos.

En cambio... tenía que quedarme de brazos cruzados, esperando que apareciera una maldita idiota que lo enamorara, y justo pasó, cuando llegó esa gemela hija de puta, que me volvió la vida añicos, mi corazón se rompió a pedazos.

—Un momento... ¿estás hablando de aquella fiesta de las gemelas? —pregunta Lauren, frunciendo el ceño.

—Sí, es que… ese día temprano, yo besé a Sami, mamá… lo hice varias veces —confiesa Agata, angustiada—. Luego en la noche, vi como él se besaba con una de las gemelas —explica con la voz entrecortada.

Lauren y Lucy se llevan las manos a la cabeza, a la vez que se miran en silencio, ahora ambas comprenden la razón por la cual Agata se fue de la fiesta, y de la furia con la que atacó a los chicos después.

—Okey, pero… ¿en qué momento se besaron? —cuestiona Lauren—. Es que de verdad, no me imagino a Sam yéndose a besar con otra chica el mismo día que lo hizo contigo.

—Mami, es que… Sami no me besó —aclara Agata—. Bueno… yo creía que sí, porque estaba embobada en ese momento, pero… luego no. La verdad es que… fui yo quien le robó los besos.

—¿Tú se los robaste? —replica Lauren, sorprendida.

—Sí pero… entiéndeme, yo tenía muchas ganas de que él me besara, por eso debía hacer algo para que se fijara en mí, antes de que se fuera a esa fiesta.

Yo no tenía buen presentimiento con las gemelas idiotas, así que…

sí, le robé un par de besos —reitera Agata, en voz baja—.

Aunque mamá Lucy… Sami no me quiso besar.

—Cariño… ¿qué quieres decir exactamente? ¿Él se enojó o te dijo que no? —cuestiona Lucy confundida, mientras que mira a su amiga.

—Yo se lo robé, pero él, no me los devolvió.

Es decir… solo fue un pico, pero para mí…

fue el mejor beso del mundo. ¡Ay por Dios chicas!

¡Les juro que nunca me había latido el corazón tan rápido!

¡Fue increíble! —exclama Agata, emocionada al recordar—.

Estaba tan feliz que no pude evitarlo, así que, mientras Sami me estaba ayudando a decorar un pastel, yo no podía dejar de pensar que necesitaba volver a sentir eso y bueno…

le robé otro beso, fue rápido, y él no me dijo nada, solo siguió tranquilamente.

Aunque eso no me importó, yo me sentía como la chica más feliz del mundo, estaba que gritaba de emoción. No olvidaré ese día tan fantástico.

Lucy y Lauren sonríen al escucharla contarles tan entusiasmada, ninguna es capaz de decir nada que le rompa esa felicidad.

—Luego estuvimos haciendo las entregas, logré que papá me diera permiso de quedarme en la fiesta, estaba tan emocionada porque, podría ver a los chicos tocar por primera vez “Quizás juntos”, frente a un público.

Apenas me bajé de la camioneta, yo solo imaginaba lo genial que sería la noche, de hecho en mi mente, ya visualizaba la escena.

Sami se iba a sorprender al verme llegar, se acercaría abriéndose paso entre la gente, y me abrazaría con fuerza para luego besarme.

Aunque eso no fue lo ocurrió —reitera Agata, con tristeza—.

En cambio, solo vi a la maldita gemela manoseando, y besando en la boca, al chico que yo amaba, al que le…

había dado mi primer beso —confiesa con la voz entrecortada.

Tanto Lauren como Lucy comparten una mirada de comprensión, ahora entienden la razón de la actitud de Agata el año pasado. Justo en ese momento, las tres observan como Tyler sale furioso del camerino, pasando frente a ellas sin mirarlas, avanzando hasta el final del pasillo.

—¡Ay Dios! —exclama Agata preocupada, viendo a su madre.

Lauren y Lucy mantienen la vista en Tyler, mientras que Agata se da la vuelta y a toda prisa entra al camerino.

—¡Sami! ¿Estás bien? —inquiere ella saltando a sus brazos, con la voz temblorosa.

—Claro que sí —responde él suavemente, acariciándole el cabello—. Estoy bien, Kitty. ¿Tú cómo estás? ¿Viste a Brandon? ¡No me digas que te desmayaste allá afuera! —bromea tontamente.

Agata se separa de Sam, a la vez que se ríe y pone los ojos en blanco, mientras que Jhon se mantiene a un lado de ellos, sonriendo al verlos interactuar.

—¡No! ¡Claro que no me desmayé! —replica ella, indignada—. Él no es tan lindo, aunque sí lo vi de cerca y le dije hola, cuando pasó junto a nosotras. Te aseguro que Zoe se morirá de envidia.

—Me imagino —murmura Sam, sonriéndole de nuevo.

—Papi… ¿no estás enojado con Sami verdad?

—inquiere Agata volteando a ver a su padre, mientras que lo toma de las manos—.

Por favor no te enojes con él, es que...

todo esto es mi culpa, porque… yo fui quien lo besó —confiesa bajando la mirada—.

Sami no hizo nada, no es su culpa, es la mía.

A mí me daba miedo decirte que... que él me gustaba mucho.

Sam no puede evitar sentirse un poco apenado, por lo que también agacha la cabeza a medida que se ruboriza.

—Yo no quería que me prohibieras volver a verlo —agrega Agata angustiada, con los ojos aguados.

—Ay cariño —murmura Jhon—. No tienes que tener miedo de decirme nada —afirma besándole la cabeza.

En ese momento, Lucy y Lauren ingresan al camerino, ambas se quedan expectantes escuchando la conversación.

—Es que… yo quería decirte desde hace mucho, pero no pude, no me atreví a hacerlo y tampoco se lo dije a nadie más.

Por favor dime que no me prohibirás salir con él, porque de verdad es lo único que siempre he querido —declara ella, con lágrimas corriendo por sus mejillas—.

Papi… él me escucha, me quiere, se preocupa por mí, me cuida, ayuda y nos divertimos.

Además… míralo —añade señalándolo—, es más lindo que Brandon Jones.

Jhon prensa los labios al escucharla, ya que él aun la ve como su niña pequeña.

—Kitty… basta. Por Dios, me avergüenzas —murmura Sam, mirándola.

—¡Es la verdad! Aunque deberías ser menos lindo…. así tendrías menos chicas gritando por ti —confiesa Agata, celosa—. Es mejor que todas esas se vayan detrás de Tyler.

Lauren y Lucy intentan evitar reírse por ese comentario, les parece divertido ver ese lado de ella.

—Tú siempre defendiste a Sami —añade Agata, tomándole las manos a su padre—. ¿No te acuerdas todas las veces que me dijiste que él era un buen chico? ¿Qué no era como Zac? Y que tenía que confiar en lo que me decías.

Jhon se le queda viendo a su hija en completo silencio, sabe que tiene razón y no puede refutarle eso.

—Bueno papi, lo estoy haciendo. Estoy confiando en tu criterio, porque siempre tuviste razón, incluso cuando yo me enojaba con Sami. Estoy segura de que quiero salir con él. ¿Me dejarás?

Lauren se queda en silencio contemplando la escena, mientras que recuerda la confesión que le hizo su hija cuando estaban en el pasillo.

—¡Por favor! ¡No me digas que no! ¡Te ruego que esta vez no me digas que no! —suplica Agata, con lágrimas en los ojos.

—Cariño… —murmura Jhon, con el corazón arrugado—. Yo jamás te prohibiría ver a Sam.

—Entonces... ¿eso es un sí? ¡Papi! ¡Por favor! Creo que moriré de angustia. ¿Es un sí? —cuestiona ella, ansiosa.

Jhon le asiente sutilmente con la cabeza mientras que le regala una pequeña sonrisa.

—¡Gracias! ¡Gracias! —grita ella emocionada y de inmediato abraza a su padre—. ¡Me estás haciendo tan feliz! No tienes ni idea… jamás me he sentido así.

—Aunque aún tengo que hablar con tu mamá —aclara Jhon—. ¿Entiendes que necesitaremos nuevas reglas ahora que tienes casi dieciséis años?

—¡Sí! ¡Pon todas las reglas que quieras! —replica ella, sonriendo—. ¡Ponme mil o más! Nada me molestará mientras que no me prohíbas hornear o ver a Sami. Porque… eso es lo único que me hace feliz.

—Bien, me gusta que nos entendamos —añade Jhon, dándole un beso en la frente—. Mantente así feliz cariño y por ahora, quédate acá con los chicos mientras que yo iré a buscar a tu hermano. Espérenme aquí, ahora vuelvo —añade apretando uno de los hombros de Sam mientras que le sonríe.

—Okey —susurra Sam, con la vista fija en Agata.

—Vamos mi amor —indica Jhon, tomando la mano de su esposa para salir del camerino.

—¿Qué pasó? ¿Está todo bien? —cuestiona Lauren, confundida, mientras caminan tras bastidores—. ¿Tengo que preocuparme?

—Todo está bien cariño, no hay nada por lo qué preocuparse. Resulta que Sam está enamorado de nuestra pequeña desde que tenía diez años. ¿Puedes creerlo?