CAPITULO 10 #2
—¡No! ¡Ya deja de decir estupideces! ¡Solo me estás perjudicando! —replica Sam mirando a Tyler, al mismo tiempo que se acerca a Jhon—. Te lo juro por mi mamá… por Lauren, que yo no me acosté con Kitty —declara agarrándole la mano con fuerza.
—¡No te creo! —interviene Tyler furioso, desde el otro extremo del camerino.
—Jhon… consigue un detector de mentiras, hazme una prueba, lo que tú quieras —afirma Sam, desesperado—. Te juro que nunca la toqué. No soy así… ¿Cómo se les ocurre pensar eso? ¡Ella es una niña!
—Yo te creo hijo —interviene Charlie, poniéndole la mano sobre el hombro—. No tendrías por qué mentirnos, nunca lo has hecho.
—Gracias papá, yo solo… necesito que Jhon también me crea, porque a esta altura ya no me importa si Tyler lo hace —declara Sam en tono serio—.
Oye… —añade mirando fijamente a Jhon—. Busca uno de esos oficiales que usan para interrogar, de los que son psicólogos y analizan las conductas.
Llévame de una vez a la estación, yo jamás la toqué, ni le hice nada.
Jhon se le queda viendo a los ojos en completo silencio, él intenta buscar algún indicio de que le está mintiendo.
—¡Claro! ¡Tú juras que no la tocaste! —interrumpe Tyler, con sarcasmo—. Papá, cuando lo conectes al polígrafo, pregúntale también si nunca la besó.
Sam prensa los labios en el momento que lo escucha, suelta la mano de Jhon con un gran suspiro.
—Yo no dije eso… Si me permitieras hablar y no me culparas de cosas que no hice, entonces podría explicar —acota Sam.
—¡Allí está! ¡Sí la besaste! —exclama Tyler, indignado—. Y no necesite un polígrafo.
—Es que yo no tengo pensado mentirles, si quisiera hacerlo, negara todo y fin del asunto —replica Sam.
—¡Tyler! ¡Ya déjalo hablar! ¡No interrumpas más! —ordena Jhon, señalando a su hijo—. Sam… por favor, no lo entiendo. Explícame. ¿Qué es lo que ocurre? Se sincero, confío en ti, pero por favor no me mientas, ni me ocultes detalles.
—Está bien, yo te contaré todo —asiente Sam con un suspiro.
Por su parte, Charlie le acaricia la espalda, para demostrarle su apoyo.
—Bueno… yo siempre los quise a ambos, Tyler siempre ha sido como mi hermano.
—¡Era tu hermano! ¡Era! —interrumpe nuevamente Tyler enojado.
Sam baja la mirada sintiéndose triste por la respuesta de su mejor amigo.
—¡No te lo volveré a repetir! —dice Jhon, reprendiéndolo con seriedad—. Te sales de una vez o te sacaré yo a la próxima que lo interrumpas.
Tyler se sienta en el sofá, y se cruza de brazos quedándose en completo silencio.
—Sam… continúa hablando por favor.
—Okey... decía, que él siempre ha sido mi hermano, luego llegó Kitty y sí, en un principio también la sentí como mi hermana, no es un secreto que siempre la adoré, incluso más de lo que lo hacía Tyler.
Yo amaba estar con ella, ya lo tenía a él —dice señalando hacia donde está su amigo—, pero…
tener una pequeña buscándote y queriéndote tanto, eso era novedoso y genial para mí.
Aunque no pasó mucho tiempo cuando me di cuenta que para Tyler eso siempre fue una molestia.
Jhon no puede evitar prensar los labios al escuchar las palabras de Sam, a la vez que sube la mirada, mientras que los demás se quedan oyendo atentos.
—A mí me encantaba pasar tiempo con ella, que me buscara para jugar o contarme cosas.
En fin… cuando ella cumplió como seis, ya era muy astuta, sabía que yo no la rechazaba, sino que en cambio, me encantaba hablarle, pero Kitty no quería molestar a Tyler con sus interrupciones, por lo que empezó a ingeniarse mil maneras de pasar tiempo conmigo sin que él supiera —confiesa Sam mirando a su amigo.
Tyler no puede evitar soltar un resoplido y poner los ojos en blanco.
—Yo siempre la vi como a una niña, una hermana, pero…
no mentiré. Siempre amé sus ojos, pero no por ser hermosos, ya eso lo sabemos todos, sino por la manera en la que ella me miraba.
No olvidaré la primera vez que lo hizo… yo estaba cumpliendo diez años y ella espero todo el día hasta que Tyler se fue a una práctica de lucha, se apareció en la puerta de mi casa, con un pequeño cupcake y una vela de cumpleaños —recuerda Sam con los ojos aguados—.
Ese ha sido el gesto más dulce y tierno que alguien ha tenido conmigo hasta el día de hoy, y aunque era el cupcake más feo y peor decorado de la historia, yo lo amé, simplemente porque ella lo hizo para mí —explica secándose las lágrimas.
Charlie le aprieta el hombro para reconfortarlo un poco, a la vez que él y Jhon comparten una mirada, ambos se sienten conmovidos.
—Ese día mí corazón se volvió loco, no sé cómo explicarlo pero…
algo dentro de mí me hizo sentir que la amaba.
Aunque les aclaro, no era nada sexual, yo no soy un enfermo —puntualiza volteando a ver a Tyler—.
Solo tenía diez años, era un niño al igual que ella, y perdón pero… no es mi culpa haberme sentido así.
Sam se toma unos segundos para respirar profundamente y controlar sus sentimientos, mientras se limpia el rostro para continuar.
—Ese día, después de darme el cupcake, ella se dio la vuelta y regresaba por el jardín, cuando le dije que la amaba, pero…
no como una declaración romántica, sino como se lo puedo decir a mi mamá, o a Lauren.
Kitty al escucharme, solo se volteó, me miró y dijo que ella ya lo sabía.
Tenía solo siete años y sabía que yo la amaba, incluso antes de que yo mismo lo supiera, aunque en retrospectiva, no me sorprende, ella siempre fue muy sensible e intuitiva —murmura con la vista fija en la pulsera que tiene en su mano.
—Entiendo que te gustara a esa edad, ambos eran solo unos niños, pero… ¿te gustó luego cuando creciste? —inquiere Jhon.
—Jhon es que... Kitty nunca me dejó de gustar, pero no te preocupes, yo nunca se lo dije, ni hice nada porque siempre pensé que estaba mal —confiesa Sam nervioso, negando con la cabeza—.
Cuando cumplí los trece, me empezaron a interesar más las chicas, y obviamente no la miraba a ella de esa manera, porque era muy pequeña.
¿La amaba? Obvio que sí, pero ya saben...
quería besar chicas, experimentar, necesitaba saber qué era eso de tener citas —explica angustiado, y Charlie lo nota.
—Hey cariño… tranquilo, solo respira, ¿sí? —agrega Charlie, en tono suave.
Sam asiente, a la vez que se toma el cuello con una mano y toma una bocanada de aire.
—A medida que iba creciendo, lidie con este dilema en mi cabeza.
Yo era bueno con Kitty, pero no porque me gustara, sino porque me nacía, realmente disfrutaba de nuestros momentos y me preocupaba por ella.
No la protegía porque me interesara para mí, lo hacía porque no puedo lidiar con la idea de que alguien la hiera, sin importar mis sentimientos, yo solo quería que no la lastimaran.
Tyler resopla, a la vez que Jhon voltea para increparlo con la mirada, por lo que este, prácticamente debe morderse la lengua, para evitar decir lo que realmente piensa.
—Todo iba bien, o eso creía… yo me mantuve alejado sentimentalmente de ella, nunca le insinué nada —afirma Sam—.
La única vez que le dije que la amaba fue esa vez a los diez años cuando se lo grité, cosa que no estoy seguro que ella recuerde —añade sonriendo tontamente—.
Jhon… te pido que por favor no la regañes por esto que te voy a contar.
No quiero que Kitty desconfié de mí, porque sé que no le gustará saber que te dije.
—Tranquilo Sam, no pienso decirle nada de lo que hablemos. Puedes confiar en mí.
—Bien... Pues, un día, el año pasado tú me estabas llevando al aeropuerto, yo estaba sentado detrás, estábamos hablando mientras que yo miraba mi celular y… ella de la nada me dio un beso.
—¡¿En la boca?! —cuestiona Tyler sorprendido, y de inmediato voltea a ver a su padre—. Perdón, no interrumpo más.
—¿Te besó en la boca? —pregunta Jhon, nervioso.
Sam fija la mirada en él y asiente con la cabeza sintiéndose nervioso e intimidado.