CAPITULO 9
Adentro del camerino, todos se abrazan una última vez emocionados por subir al escenario. Tyler sale y al ver a su madre, le da un abrazo fuerte, luego se inclina hacia Agata, la abraza rápidamente y la despeina un poco para molestarla causando que ambos sonrían.
Segundos más tarde, Sam sale detrás de él, Lauren se acerca para abrazarlo, mientras que él y Agata hacen contacto visual, luego él da un paso hacia ella, se inclina y la envuelve entre sus brazos con fuerza.
—Kitty… te adoro con toda mi alma —susurra él con dulzura, en el oído de ella-
El corazón de Agata colapsa de amor al escucharlo, a la vez que se aferra con fuerza al cuello de Sam, sin querer soltarlo. Lo cierto es que, ella está contrariada, en solo un instante, pasó de sentir rabia y tristeza, a felicidad y amor.
—Vamos chicos —interviene Charlie, para disimular la duración del abrazo de ellos.
En cuanto Agata escucha, lo suelta de inmediato, mientras que Sam le toma la mano y la coloca sobre la pulsera que su madre le colocó, ella se da cuenta y le sonríe tontamente.
—Gracias Kitty —susurra Sam, inclinándose para darle un beso en la frente—. Hace un año estabas regalando cupcakes allá afuera y mira a donde nos trajiste. Gracias por creer en mí.
El resto de la familia, escuchan las palabras de Sam, y se quedan totalmente conmovidos, mientras que Tyler y Sam, caminan por el pasillo, alejándose en compañía de uno de los organizadores del festival.
—¡Ay por Dios! Voy a llorar… —añade Lauren, agarrándose del brazo de Jhon—. Ahora sí estoy nerviosa.
—¡Vamos! ¡Vamos! —exclama Agata, entusiasmada—. Quiero estar en frente, antes de que salgan.
—Cariño —comenta Charlie, tomándola de la mano y se la coloca sobre el brazo de Lucy—. No la sueltes Gata, ustedes van juntas, cuídala, que yo tengo que ir con los chicos.
—Okey, tranquilo — responde ella, sonriéndole.
—Nos vemos en media hora, no estés nerviosa amor. Todo saldrá bien, te amo —dice Charlie, dándole un beso en los labios a Lucy y luego se aleja rápidamente para alcanzar a Sam y a Tyler.
Por su parte, tanto Agata como Lauren, se quedan boquiabiertas y sin parpadear, mirando fijo a Lucy.
—¡Sí! ¡Justo esa fue la misma cara que yo hice hace unos momentos! —replica Jhon, riéndose—. Bueno… mientras que ustedes reaccionan, caminemos, tenemos que llegar al frente antes de que salgan los chicos.
Él avanza tomando a su esposa con una mano, y con la otra a Agata, mientras que los tres no dejan de ver a Lucy, quien se encuentra sonrojada como una adolescente, salen de bastidores, rodean el escenario hasta llegar a sus lugares.
—¡Ya cuéntame! ¿Qué demonios fue eso? —cuestiona Lauren con fuerza, en el momento que se detienen frente a la tarima
—Pues… es que ya volvimos, oficialmente —responde Lucy encogiéndose de hombros, con una sonrisa en el rostro, mientras que Lauren comienza a dar pequeños saltos, emocionada.
—¿Oficialmente? ¿Eso qué quiere decir? ¿Es que ahora son novios? —pregunta Agata, confundida—. No lo entiendo.
Jhon se queda viendo hacia el escenario, pero no puede evitar reírse al escuchar a su hija.
—No cariño… nosotros no somos novios porque estamos casados, así que, somos esposos —aclara Lucy.
—¿Pero cuándo se casaron? Sami no me contó nada, él me hubiese dicho, porque estuvo tan triste y lloró mucho. Yo sé que él me diría si ustedes se volvieron a casar.
—No —murmura Lucy, secándose las lágrimas—. Cariño, es que Charlie y yo nunca nos divorciamos, así que siempre estuvimos casados.
—¡No entiendo! —replica Agata, frunciendo el ceño—. Es que Sam me dijo que se separaron, él no me mentiría con eso.
—No lo hizo, Charlie y yo sí nos separamos por un tiempo, pero eso y divorciarse son cosas diferentes. Nosotros seguimos estando casados, el tiempo separados no significó que nos dejáramos de amar, solo que teníamos que conversar mejor las cosas y arreglar algunos asuntos.
—¿Resolver malos entendidos? —inquiere Agata.
—Exacto cariño —responde Lucy, acariciándole el cabello.
—¿Y si los pudieron arreglar? —insiste Agata, a la vez que se le salen las lágrimas.
—Sí cariño, claro, es que cuando dos personas se aman, los malos entendidos se hablan y se resuelven. ¿Y sabes qué? Ahora nos amamos más que antes de que nos separáramos —confiesa Lucy.
Agata se siente tan conmovida, que no puede contenerse más y se desborda en llanto, a la vez que se lleva las manos a la cara, mientras que Lauren y Jhon la miran
—Ya cariño, no llores —murmura Lucy, abrazándola—. Todo está bien.
—Es que Sami va a estar tan feliz —replica ella con la voz entrecortada—.
Él se ponía a llorar cada vez que se iba para Florida, porque le daba mucho miedo irse y dejarte solita.
A mí me angustiaba que estuvieras sola o que necesitaras algo en la noche y que no hubiese nadie contigo, por eso es que te di mi walkie talkie de princesas.
—Ay Dios —susurra Lauren, compartiendo una mirada con su esposo.
—Cariño… gracias. Eres un sol, pero tranquila, que ya no tienen que preocuparse por mí, no de esa manera —afirma Lucy, levantándole la cara para secarle las lágrimas—. Oye… ¿dices que Sam se ponía a llorar cuando se iba?
—Sí
—Pero… ¿te refieres a cuando él tenía once años?
—No —murmura Agata, sorbiendo por la nariz.
—¿No? —insiste Lucy, confundida.
—No —reitera Agata.
—No comprendo —acota Lucy.
—A que lo hizo siempre —responde Agata, limpiándose las lágrimas con la mano.
—Te refieres a… ¿ya de grande?
—Sí mamá Lucy, siempre lo hizo… desde la primera vez que él se fue a Florida, hasta hace un mes que viajó —aclara Agata—.
No hubo una vez que Sami no me pidiera que estuviera pendiente de ti.
A mí me daba mucha tristeza, porque él lloraba y se angustiaba tanto, la verdad es que le daba mucho pánico dejarte sola —confiesa llorando—.
Pero… no le digas nada, porque él me hizo prometerle que no te mortificaría por su angustia.
—Tranquila cariño, de verdad… gracias —dice Lucy, con lágrimas corriéndole por el rostro.
—No me agradezcas, sabes que te amo y que para eres como mi otra mamá.
—Lo sé preciosa, yo también te amo, pero no te agradecía por estar pendiente de mí, sino por estar para Sam.
Yo no sabía, no me había percatado de esa preocupación, o de lo mucho que le afectaba dejarme sola.
Lo hago porque lo contuviste y le diste tranquilidad en medio de su angustia, y eso te lo voy a agradecer siempre —agrega Lucy, abrazándola con fuerza.
Mientras tanto, Jhon hace lo mismo con Lauren para reconfortarla, ya que ella no ha parado de llorar.
—Oigan… ustedes tampoco pueden decir nada. Yo solo me emocioné pero no debí contarles, es que… ese era nuestro secreto, yo no quiero que Sami se moleste conmigo —comenta Agata, preocupada.
—Tranquila cariño, por supuesto que nosotros no vamos a decir nada —afirma Jhon, dándole un beso en la frente.
—Mamá Lucy, en verdad, estoy muy feliz por ti y Charlie, me muero por ver la cara de Sami. ¡Por Dios! ¡Él debe de estar tan emocionado! —añade Agata, sonriendo.
Por su parte, los chicos se encuentran detrás del escenario preparando todo para su show.
—¡Ay carajo! ¡Esto es como recibir una inyección de adrenalina! —exclama Tyler, emocionado—. No quería estar aquí con nadie más Sami, eres mi mejor amigo.
—Tú eres más que eso, eres mi hermano, solo prométeme nunca odiarme. Yo no soy perfecto, pero… no soy tan malo.
—¿Estás loco? Yo jamás te odiaré, si eres el único que parece soportarme. —bromea Tyler.
—Bien… quédate con ese pensamiento —insiste Sam, un poco nervioso.
—La única manera de que te odie, es que comiences a escribir baladas —aclara Tyler y ambos se ríen.
—¡Chicos! ¡A sus lugares! —los chicos escuchan al sonidista, a través de sus auriculares.
Ambos se dan un beso en la mejilla, sonríen y caminan hacia el centro del escenario, donde cada uno se detiene en sus marcas, escuchando de inmediato el rugido del público.
La piel de ellos se eriza, con los gritos de la cantidad de personas concentradas, las cuales están esperando para oírlos tocar sus canciones.
Sam baja la cabeza, cierra los ojos, mientras que inhala y exhala pausadamente, después de unos segundos, fija la vista en su guitarra eléctrica y en la pajuela entre sus dedos, luego su mirada se desvía hacia las cuerdas para terminar enfocándose en la pulsera de Agata, esa que su madre con tanto amor le colocó.
«Todos escucharán mis canciones… esas que no son mías, sino tuyas Kitty.» Piensa él, con una enorme sonrisa en el rostro, mientras que escucha el conteo para comenzar la presentación.
Tyler arranca con su intro demoledor, desatando la algarabía del público, diez segundos más tarde, Sam comienza a tocar su guitarra, finalmente mirando hacia el frente, dándose cuenta de la multitud, al instante sus emociones se desbordan, el frenesí que recorre su cuerpo, le impulsa a cantar, como si toda su vida dependiera de ello.
Toda la familia, se encuentra en primera fila, gritando, saltando y llorando a más no poder, están emocionados de ver a los chicos en la tarima disfrutando.
—¡Acá estabas! ¡Te vengo buscando desde el otro extremo de la tarima! —exclama Zoe, acercándose a Agata para abrazarla.
—¡Hola! —replica ella y ambas empiezan a saltar y gritar emocionadas.
Los chicos van cantando sus canciones una tras otra, el ánimo del público los mantiene exaltados, con el corazón acelerado al máximo durante la presentación.
—Esta quizás les gustará, o quizás… les encantará. Y puede que hasta quizás… la canten con nosotros —dice Sam al micrófono, con una sonrisa en el rostro.
—Esos sonaron como muchos quizás juntos —bromea Tyler, arrancando con los acordes principales de la canción, causando que las personas griten emocionadas.
— Quizás me besas porque sea viernes, me beses y no quieras verme.
Quizás solo era curiosidad, quizás era eso y ya no puedo dejar de pensar.
Quizás sea un recuerdo que no tienes y yo el idiota que lo siente.
Es viernes, vas y te diviertes.
Es viernes, me besas y me vuelves un demente.
Es vienes y la noche se enciende.
Es viernes y te dejas llevar.