Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 8 #2
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CAPITULO 8 #2

Ella le toma la mano y le quita uno de los brazaletes de colores que lleva puestos, mientras que Agata se queda observando inmóvil, sin decir nada.

—Chicas… díganme loca pero yo detesté a esa tal Gia. Es una arpía y no la quiero cerca de mi hijo —comenta Lucy, sonriéndole a Agata.

Ella al ver su mirada, se siente un poco más tranquila, es como si quisiera hablarle a través de sus ojos, aunque también le generó muchas dudas.

—Sí, yo te apoyo, la verdad es que ella a mí tampoco me gustó —afirma Lauren—. Viste como también le coqueteaba a Tyler, diciéndole que estaba hermoso y mandando a que se quitara la camiseta.

—Exacto. Bueno… ya vuelvo, iré por un par de botellas de agua y luego nos vamos para nuestros increíbles lugares VIP frente a la tarima —indica Lucy, guiñándole el ojo a Agata, le acaricia la mejilla y se regresa al camerino.

En el momento en el que entra, ella nota que Sam aún está sentado solo en el sofá con la mirada gacha y evidentemente triste, verlo así le rompe el corazón y no puede evitar soltar un suspiro largo.

—Amor… él está mal y ya los van llamar —murmura Charlie, al acercarse a ella—. ¿Qué demonios hago? Nos preparamos para todo lo técnico, pero… no para esto. Sami quedó destrozado cuando la Gata se salió —añade angustiado.

—Tranquilo, yo lo resuelvo, déjame hablar con el —afirma Lucy, apretándole el brazo—. Cariño, tú solo no te preocupes, ya verás cómo todo saldrá bien —añade dándole un pequeño beso en los labios.

Charlie le toma la mano y le dedica una sonrisa enorme mientras que se miran a los ojos.

—Tranquilo… todo estará bien —repite ella, asintiéndole y avanza hacia donde se encuentra su hijo, para sentarse a su lado y abrazarlo.

—No mamá, ahora no. Perdón —susurra Sam, tratando de apartarse de ella.

—Sí hijo, ahora sí, me vas a escuchar —ordena Lucy, tomándole la mano derecha con fuerza, se la aprieta cada vez más, tratando de que él salga del bucle mental donde está sumergido.

—¡Mamá! ¡Basta! ¡Me duele! —se queja él suavemente, viéndola confundido.

—Perfecto cariño. Ahora que tengo toda tu atención… necesitas esto —dice ella, colocándole el brazalete que le quitó a Agata.

Sam baja la mirada, y en el instante en que lo nota, se dibuja una sonrisa en su rostro, aunque él de inmediato trata de disimularlo, la verdad es que se encuentra muy confundido.

«¿Por qué demonios me da una pulsera de Kitty? ¿De dónde la sacó? No lo entiendo… ¿por qué hace esto?»

—Me encanta… me parece que te queda hermoso —agrega Lucy tocando el brazalete de colores—.

Sami, yo estoy muy orgullosa de ti, pero no lo digo solo por tu carrera musical, ni porque estés a punto de dar hasta ahora el mejor concierto de tu vida, sino porque eres un gran hijo, responsable, colaborador, atento, y agradecido.

Esto no lo digo por ser tu mamá, pero eres el chico con el corazón más grande que conozco, eres muy pasional, listo y… ella también lo es.

Sam escucha atento a Lucy mientras que la ve fijamente a los ojos, conmovido por todas sus palabras.

—Eso me hace muy, pero muy feliz, así que no tengas miedo hijo, tienes que saber que yo siempre te voy a apoyar —añade ella sonriéndole y le acaricia el brazo sobre el brazalete.

Él se mantiene en silencio pero no puede evitar todos los sentimientos que lo embargan y que provocan que sus ojos se llenen de lágrimas.

—Está todo bien… no te angusties, ella está allí, afuera de la puerta, esperando que salgas —murmura Lucy—.

Cariño… las niñas somos celosas, no podías esperar que ella no se saliera luego de lo que pasó.

Tú solo ve y haz algo que le demuestre que esa asiática no te importa —murmura con una pequeña sonrisa de complicidad.

Sam siente un alivio enorme al escuchar las palabras de su madre, por lo que finalmente sonríe, a la vez que se pasa las manos por el rostro y suelta un suspiro viendo la pulsera en su mano.

—Gracias mamá, te amo —replica él, abrazándola—. Te amo tanto, en serio me estás salvando porque sentí que me moría.

Por su parte, Charlie los estaba observando preocupado desde un costado del camerino, pero al notar la reacción de Sam, finalmente puede respirar tranquilo y se acerca a ellos.

—¿Estás bien? —pregunta agachándose frente a él—. Dime que estás bien —insiste, colocándole las manos sobre las rodillas.

—Sí —susurra Sam, sonriéndole.

—¡Ay por Dios! —exclama Charlie emocionado y se voltea para ver a Lucy, ambos hacen contacto visual—. ¡Eres un ángel! ¡Mi hermoso ángel! Yo estaría perdido sin ti —declara tomándole la mano y depositando un suave beso.

Lucy le sonríe y le acaricia el cabello con ternura, mientras que Sam se queda confundido viéndolos a ambos en silencio.

Unos segundos después, Charlie se levanta un poco, se acerca a ella, le da un beso en los labios y luego le da uno en la frente a Sam, quien se queda en shock, sin comprender nada.

—¿Ustedes se acaban de besar? —cuestiona Tyler, tomando el brazo de Jhon—. ¿Yo vi bien? Papá… ¿viste lo mismo?

—No quería ser indiscreto, pero… sí —responde Jhon, riéndose confundido.

—¡Ay por Dios! ¿Esto está pasando en serio? —inquiere Sam contrariado, mirando a sus padres.

—Sí cariño —responde Lucy—. Perdón… no te desconcentres, pensábamos decirte después del concierto, pero… bueno, ahora ya lo sabes —añade encogiéndose de hombros.

—No me pueden hacer eso… no otra vez —comenta Sam, llevándose las manos a la cabeza mientras que mira a ambos padres.

—¿Hacer qué? —pregunta Charlie, preocupado.

—Eso de estar bien, que todo sea perfecto y después… un día de pronto se separaron. ¡Todo eso fue una mierda! —exclama Sam, angustiado—. Papá... tú no entiendes,  para mí fue una mierda no tenerte.

—Claro que lo entiendo cariño… yo tampoco te tenia, ni a tu mamá, yo sé que fue una mierda, pero eso no volverá a pasar —afirma Charlie, compartiendo una mirada con Lucy.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? —cuestiona Sam, con la voz entrecortada.

—Porque yo amo estar con ustedes, y ese amor nunca cambio hijo, solo creció con la distancia.

Además, de que no hay nada que amé más en la vida que a ustedes dos, incluso por encima de mi carrera, de mi trabajo.

Yo no los pienso perder y no estaré nunca más lejos de Lucy, porque yo la amo, al igual que a ti —declara Charlie, con lágrimas en los ojos—.

Ya le pedí perdón a tu mamá, y ahora te lo te pido a ti hijo, nada de esto fue tu culpa sino que nosotros teníamos problemas de comunicación.

Yo sé que suena loco pero con la distancia los resolvimos, nunca dejamos de ser mejores amigos, es que no hubo ni un día en que no nos llamáramos hasta tres y cuatro veces, para cada cosa estábamos el uno para el otro.

Sam se queda en completo silencio mientras que escucha atento a cada palabra, mientras que el resto de la familia se encuentra un poco sorprendidos con las noticias.

—Te pido por favor que no desconfíes de mí, no los haré pasar nunca más por algo así, porque eso es dañarme a mí mismo —confiesa Charlie.

—Pero… ¿tú estudio y trabajo? —insiste Sam.

—Nos la ingeniaremos, quizás vaya con tu mamá unos días a Florida, estemos una semana allá y otra acá —explica Charlie—. No lo sé cariño, pero ya lo veremos sobre la marcha.

—¿Y tú trabajo en la agencia? —inquiere Sam, viendo a su madre.

—Yo puedo hacerlo remoto, muy poco de lo que hago es presencial, mientras que tenga mi computadora puedo diseñar en cualquier sitio —responde Lucy, encogiéndose de hombros.

—Mamá… estás sonriendo. ¿Estás feliz? Porque… te ves contenta —comenta Sam, con los ojos aguados.

—Sí cariño, claro que estoy feliz, porque tengo a los dos chicos que tanto amo a mi lado.

—¿Por qué no me dijiste nada? ¿Desde cuándo están juntos?

—Cariño… lo que pasa es que tu papá y yo nunca nos divorciamos —aclara Lucy—.

Nosotros nunca nos dejamos de amar y siempre estuvimos juntos, aunque viviéramos en ciudades diferentes.

Y bueno, ya desde hace varios años las cosas comenzaron a mejorar mucho para nosotros, pero si quería esperar a que el estudio se encaminara bien, porque sé que él dedicó mucho esfuerzo, dinero y tiempo, yo no lo obligaría a regresar y a dejar tirado lo que tanto quiere.

—¡Por Dios! —exclama Sam, secándose las lágrimas—.

Es genial, estoy tan feliz. Mamá… yo me ponía triste al pensar que cada vez que viajaba te quedabas solita, incluso yo le decía a Kitty que se la pasara en la casa contigo, o que te llamara para que comieras con ellos, porque a mí me daba angustia cada vez que tenía que irme —confiesa con la voz entrecortada.

—Cariño… eres un sol. Gracias por preocuparte tanto —agrega Lucy abrazándolo, y luego de unos segundos Charlie se les une.

—Oigan… ya paren que me van a hacer llorar. Es que no tienen ni idea de lo que lloré el día que Sam me dijo que ustedes se separaron, así que… dejen esas infantilidades y no nos hagan sufrir más —bromea Tyler.

—Creo que hoy solo hay buenas noticias. Tenemos varios motivos para celebrar, este día solo se pone mejor —añade Jhon, sonriendo.

Justo en ese momento se abre la puerta del camerino, asomándose uno de los organizadores del festival.

—Chicos acompáñenme, ya es momento de subirse a la tarima.

Tyler y Sam se miran a la distancia, ambos de inmediato se aproximan y se funden en un abrazo.

—Te amo, te amo con toda mi alma, ¿si lo sabes verdad? —murmura Tyler.

—Lo sé… yo también te amo, eres mi hermano —declara Sam, con los ojos llenos de lágrimas.

«Solo espero que me sigas amando al bajar del escenario.» Piensa él dejando escapar un suspiro.