Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 7
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CAPITULO 7

Es sábado por la mañana, los chicos se levantan animados, dispuestos a ensayar hasta el cansancio, saben que necesitan dejar lista su presentación para el festival.

—¡Buen día mi hermano de luz! ¡Mi compañero de estrellato! ¡Mi media naranja dulce! —exclama Tyler, entrando al garaje.

—¡Hola! Te paraste con el pie derecho hoy, cualquiera cree que desayunaste un trozo de pie de limón y un vaso de té frío —responde Sam riéndose, mientras que está acostado.

—¿Qué comes que adivinas? —replica Tyler, entre risas.

—¡Ay por Dios! —exclama Sam, negando con la cabeza.

—Oye… gracias por lograr que hiciéramos las paces, ahora ya puedo comer todo el pie de limón que quiera, sin tener que pedirle a papá que agarre para él, y luego dármelo a escondidas. ¡Era una mierda!

—Pues, por nada —dice Sam, a la vez que piensa.

«Ojala se mantenga así de feliz cuando sepa el trasfondo de esa paz… ¡Maldición! ¡Odio esta mierda! ¡Tyler no puede enojarse conmigo porque salga con su hermana!»

—Sabes… le diré a Kitty que me prepare cupcakes de limón con menta. ¡Por Dios! ¡Tengo tanto antojo de esos malditos cupcakes! No sé porque no los ha vuelto a preparar —comenta poniendo los ojos en blanco.

—Supongo que por hacerte desear, ella obviamente sabe que son tus favoritos —acota Sam.

—Pues sí, tienes razón, de seguro fue una estrategia para torturarme —afirma Tyler—.

Es que hasta recuerdo los últimos que preparó, pienso en eso y se me hace agua la boca.

Se los hizo a Nicole en su cumpleaños, hace como seis meses.

Y lo peor de todo... ¡Es que no me dio ninguno!

Solo pude comerme los trocitos de los agujeros, y fue a escondidas cuando ella se descuidaba —explica indignado, mientras que toma su guitarra.

Sam lo escucha y se ríe, a la vez que muerde el lápiz en su boca, con la vista fija en la libreta en sus manos.

—No creo que pueda dormir sabiendo que mañana es nuestro gran día. Ya quiero que llegue Charlie, para ensayar con él en el escenario.

—Sí, mamá fue a buscarlo al aeropuerto —indica Sam, mientras que mueve el lápiz en su mano.

—Oye… ¿estás escribiendo? ¿No sería mejor que ensayáramos? Después de mañana, sí escribe todo lo que quieras.

—No Tyler, yo no puedo esperar —replica Sam, encogiéndose de hombros—. No funciona así.

—Mmm... ¿Es que estás muy inspirado? —inquiere con curiosidad.

Sam solo le asiente, manteniéndose en completo silencio, a la vez que se muerde el labio inferior.

—¡Ay por Dios! ¡En serio te ves enamorado! —añade Tyler, entre risas—. Bueno… entonces termina de componer las canciones de nuestro segundo álbum —añade tocando unas notas en su guitarra.

Por su parte, Sam baja la mirada y se concentra de nuevo en seguir escribiendo en su libreta.

—Pero… —interrumpe Tyler nuevamente, para luego decirle cantando—. “Ya dime quien es la idiota que te trae así.”

Sam levanta la mirada y niega con una pequeña mueca de desagrado.

«No lo entenderías… es que no puedes saber que es Kitty, porque te volverías loco. Yo necesito que esto siga siendo un secreto.»

—“Kitty, la hermosa Kitty. Allí estás, ahora ven y aliméntame” —improvisa Tyler al micrófono acompañado de unas notas en su guitarra.

Por su parte, Agata que va entrando al garaje, sonríe al escucharlo, mientras que se acerca con un plato lleno de dedos de queso, toma uno y lo mete en la boca de su hermano.

—“Deditos de queso, mejor que un beso” —canta Tyler masticando y tocando la guitarra, causando que los tres se rían de sus tonterías.

Agata toma otro dedo de queso y se lo mete en la boca a Tyler antes de irse a sentar al sofá, dejando el plato sobre la mesa que se encuentra cerca.

—Cómelos de una vez, ahora que el queso se encuentra bien derretido —murmura ella, mirando fijamente a Sam a los ojos.

—Están divinos —comenta él, después de tomar uno—. Gracias por traerlos, me gusta… siempre lo hiciste, y es lindo que vuelvas a hacerlo.

—“Sí Gata, no nos dejes morir de hambre otra vez” —interviene Tyler, cantando.

«¿Qué demonios? Si se lo dije casi murmurando… ¿será que tiene oídos biónicos o qué?» Piensa Sam frunciendo un poco el ceño.

—¡Aquí están mis muchachos! —exclama Charlie, entrando al garaje.

—¡Papá! —replica Sam saltando del sofá, y se acerca corriendo a abrazarlo.

—¡Ay por Dios! Hijo… estoy tan orgulloso de ti, es que no te imaginas —confiesa Charlie conmovido, apretando el agarre.

Por su parte, Tyler los ve, sonríe y no duda en acercarse a ellos para unirse al abrazo.

—Tú también eres increíble —añade Charlie, viéndolo—. Estoy tan feliz por ambos.

Los chicos pasan unos segundos abrazados, totalmente felices y emocionados, hasta que Charlie mira de reojo a Agata y le habla.

—Hey… ¿es que no me vendrás a saludar? Tú eres mi hermosa niña, ¿si sabes que te amo verdad?

Ella le sonríe asintiéndole para luego levantarse y acercarse a los brazos abiertos de él.

—¡Por Dios Gata! —exclama Charlie, detallándola—. Tenía como seis meses sin verte, pero mírate, ya eres toda una jovencita. Estás tan linda y grande, incluso te ves más alta que tu mamá.

—Sí, papá ya duerme con la pistola cargada, el primer idiota que se acerque a la casa, saldrá herido de bala —comenta Tyler.

Sam se queda petrificado al escuchar esas palabras de su amigo y se le queda viendo en shock, mientras que Charlie observa atento la reacción de ambos.

—¡Ya cállate! ¡No inventes! —añade Agata, riéndose.

—Entonces vayan aprontando los instrumentos, mientras que yo dejo mis cosas en la casa, luego yo vengo a terminar de ayudarlos y así nos vamos—indica Charlie, viendo a los chicos—. Cariño… ¿irás con nosotros verdad? —pregunta acariciándole el hombro a Agata.

—Sí, me hace mucha ilusión —responde ella, entusiasmada—. Casi no duermo de la emoción.

—Entonces somos dos —agrega Charlie, a la vez que toma sus maletas y entra a la casa.

Él avanza acercándose a Lucy, quien se encuentra en la cocina organizando unas cosas.

—¡Lucy! ¡Por Dios! —exclama él sorprendido—. ¿Puedes culpar a Sam por enamorarse de la Gata? ¡Es que está tan alta! Y más preciosa que antes, cualquier chico estaría bobo detrás de ella.

—Lo sé… siempre ha sido hermosa —afirma ella asintiendo—. Pero… ya no es una niña, aunque para John y Lauren aún es un bebé.

Transcurre la tarde, y en las instalaciones del festival, se encuentran Sam y Tyler sobre la tarima, listos para dar inicio a la prueba de sonido previa al concierto.

—Entonces chicos, lo más importante ahora, es que ustedes se sientan cómodos y a gusto con cada aspecto técnico sobre el escenario —comenta Charlie—. Esto es emocionante chicos. ¡Es nuestra primera prueba de sonido en un festival! —exclama abrazándolos a ambos.

—¡Sí papá! —replica Sam, entusiasmado.

—¡Comencemos! —añade Tyler, caminando con su guitarra hacia el centro del escenario.

En ese momento, Sam se voltea, busca a Agata con la mirada, nota que está de pie a un par de metros, le sonríe, se inclina, toma su guitarra y camina hacia ella.

—Kitty —susurra él, sonriéndole—. Gracias por acompañarme, es lindo verte acá sobre el escenario.

—De nada —responde ella, tomándole de manera discreta el dedo meñique y le devuelve la sonrisa.

«¡Ay carajo! Lucy tenía razón, no exageraba, ellos se miran demasiado conectados, es como si hablaran con los ojos... la Gata le agarró un dedo, eso es demasiado tierno… ¡Rayos! ¡En verdad se la ve que está enamorada!» Piensa Charlie observándolos.

Después de unos segundos, Sam se dirige hacia el centro del escenario, le asiente a su padre, luego voltea para mirar a Tyler, quien hace el conteo y ambos comienzan a tocar.

Por su parte, Agata sonríe enormemente al verlos, mientras que Charlie se le acerca, y le rodea los hombros con su brazo para disfrutar del ensayo de los chicos.

—Todo esto es genial, es como un sueño. Gata… nunca te agradecí, lo mucho que apoyaste a los chicos —dice Charlie, apretando su agarre en ella—. Sé que quieres a tu hermano, y pase lo que pase entre ustedes, siempre se querrán, pero no sabes cuánto te agradezco que quieras a Sam...

Agata al escuchar eso, levanta la cabeza de inmediato y lo mira directo a los ojos con una enorme sonrisa en el rostro.

—Mejor dicho… te agradezco que lo ames, porque sé que siempre se han querido y protegido desde pequeños, eso es algo que no tiene precio. Ustedes tienen un lazo increíble y esa conexión es hermosa de ver.

—Gracias... Sami siempre me amado, eso lo sé —responde ella, volteando a ver al escenario con los ojos aguados—. Es… lindo que te des cuenta —añade viendo a los chicos tocar.

La prueba de sonido continúa mientras ajustan todos los detalles para el show. Al cabo de un rato, Agata se sienta en el piso de escenario mientras que Charlie se desplaza hacia donde se encuentran los chicos para darle unas indicaciones.

—Asegúrense que los amplificadores no estén demasiado altos, ni bajos, y que ambos puedan escuchar los micrófonos.

Tanto Sam como Tyler le asienten, para luego continuar tocando un par de canciones más del repertorio.

—Entonces, mantendremos nuestras posiciones como en todas las presentaciones, pero cuando venga mis solos de guitarra, me paro allí en el frente del  escenario —comenta Tyler.

—Sí… también tenemos que decirle algo al público —agrega Sam—. Hay que hablarle de pequeñas cosas mientras que hacemos la transición entre canciones.

En el momento que los chicos finalizan la prueba de sonido, Agata les aplaude desde el costado donde se ha mantenido y ellos sonríen al escucharla.

—Vamos a recoger para irnos a casa, ustedes tienen que estar muy descansados, comer bien y acostarse temprano porque hay que cuidar esas voces —dice Charlie, desconectando un amplificador—.Yo creo que fue una buena prueba de sonido, estoy seguro de que mañana todo saldrá genial.

—¡Claro que sí! —añade Tyler, dándole unas palmadas en la espalda a Charlie.

Por su parte, Sam se quita la guitarra y la apoya sobre un amplificador, para luego caminar unos metros hacia donde está Agata, sentándose en el piso a su lado, cruzado de piernas como lo hace ella.