Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 6
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CAPITULO 6

Sam se queda observando cómo su madre se aleja y sale del supermercado, mientras que Agata se encuentra de espaldas a él, leyendo el contenido de una lata de pasta de tomate.

«Es ahora o nunca… no tendré otra oportunidad de estar a solas con ella hoy.»

Sam suspira, suelta el carrito de compra, da dos pasos hacia Agata y pone sutilmente la mano sobre su espalda, ella voltea de inmediato y levanta la mirada buscando sus ojos. En el instante en el que hacen contacto visual, una pequeña sonrisa se dibuja en la cara de ambos.

—Gatita —dice él en un susurro, causando que la piel de ella se erice, ya que hace tanto que ya no la llama de esa manera—. Gatita… te necesito, te necesito tanto —reitera, con el tono más dulce que ella alguna vez haya escuchado salir de sus labios.

Agata se encuentra frente a él, escuchándolo, pero no le responde, ya que mentalmente, está ahogada en un mar de emociones.

Sam al no obtener una respuesta por parte de ella, decide arriesgarse un poco más, sabe que ya ha esperado demasiado tiempo.

Por lo que se arma de valor, toma una bocanada de aire y se acerca más a su rostro.

—Me encantas —murmura él, cerca de los labios de ella, al mismo tiempo que le acaricia la mejilla.

Agata se queda helada y en shock. Ella no puede creer lo que acaba de escuchar, siente como se derrite frente al chico que ama, el corazón le late tan rápido, que el sonido le impide oír sus propios pensamientos.

—Gatita… —dice él, acariciándole los labios con suavidad.

En ese instante, las piernas de ella tiemblan, cierra los ojos en un intento de controlarse por las sensaciones que la embargan, no entiende cómo logra mantenerse en pie, hasta que un destello de ápice de sentido común vuelve a ella.

—No… no —murmura  Agata, abriendo los ojos y mirándolo fijamente.

—¿No qué? Dime.

—No me toques así —responde ella, soltando un suspiro.

—¿Es que no te gusta?

—Sí… ese es el problema —afirma ella, frustrada consigo misma.

—Eso no es un problema. Lo siento Kitty... yo me muero por besarte —confiesa él, inclinándose más hacia ella.

Agata ve como Sam se abalanza sobre su boca, sin necesidad de que ella se mueva ni un centímetro, la besa apasionadamente, de la misma manera que hace unas horas atrás. Es como la continuación de ese beso, como si no los hubiesen interrumpido.

Él se siente extasiado mientras que ella se derrite en sus brazos, ambos se siguen besando con tanta intensidad, como si el tiempo se detuviera y el mundo entero dejara de girar, solo se enfocan en ese beso, nada más importa, hasta que unos minutos más tarde, Sam recupera un poco el sentido común, se preocupa y de pronto se separa de ella, para mirar hacia un costado.

—¡No! ¡No! —exclama ella, apretando los brazos de él.

—Gatita —suspira él con una sonrisa, al escuchar el reclamo de ella por la separación—. Espera… yo solo veía si mi mamá seguía afuera. Vamos.

Él toma con una mano el carrito de compras y con la otra entrelaza los dedos con Agata, ellos caminan hasta otro pasillo, para mantenerse alejados de donde los dejó su madre.

Por su parte, Agata se muere de amor al ver como él sostiene su mano, está tan encantada con todo lo que sucede, que sus pensamientos son un torbellino, por lo que toma una respiración profunda y decide apagar el ruido mental para dejarse llevar por el momento, siguiendo lo que le indica su corazón.

—Dudo que mamá venga a buscar productos de bebé, acá estamos bien —bromea él, acercándose de nuevo a la cara de ella—.

Hey… tenemos que hablar, no me evadas más en casa, pero…

ahora yo solo quiero besarte antes de que vuelva mi madre.

Dime… ¿Quieres que lo haga? —inquiere acariciándole el rostro de nuevo.

Agata asiente a la vez que se aferra de nuevo a los brazos de Sam poniéndose de puntillas, él sonríe al notar el movimiento, la toma con fuerza de la cintura y la vuelve a besar, como si no hubiera un mañana, como si la vida de ambos dependiera de eso, hasta que son interrumpidos por el sonido de un teléfono.

Él mete la mano al bolsillo de su pantalón, ve la pantalla de su móvil, pero antes de atender, vuelve a darle un rápido y corto beso en los labios.

—Lo siento, es mi mamá —comenta separándose de ella y responde la llamada.

Por su parte, Agata se cruza de brazos sintiéndose nerviosa y algo sonrojada.

—Hola mamá, ¿en qué parte estás? No te consigo —dice él, prensando los labios para no reírse—. Okey… espéranos allí —afirma finalizando la llamada.

—¿Qué te dijo? —cuestiona Agata, sonriendo.

—Vamos, que ella está cerca de los vegetales. Kitty… me encantas—murmura él, inclinándose hacia ella—. ¡Por Dios! ¡Me encantas tanto! Eres tan especial para mí, y te adoro —añade dándole dos besos rápidos en la boca, a la vez que Agata le sonríe tontamente.

Los chicos se reencuentran con Lucy y vuelven a tomar distancia entre ellos, actuando con normalidad mientras que culminan las compras, pero cuando hacen el viaje de regreso a casa, durante todo el trayecto comparten miradas y sonrisas discretas, llenas de complicidad.

Al cabo de un rato, los tres ingresan a casa de los Lambert con todas las bolsas de las compras.

—¡Allí está mi otro muchacho! —exclama Jhon acercándose a Sam y lo abraza—. ¡Te felicito! Ustedes no tienen ni idea de lo feliz que estoy por ambos, en verdad, sé que se han esforzado tanto este último año. Estoy sumamente orgulloso porque no he parado de verlos trabajar.

Lucy lo escucha y no puede evitar prensar lo labios y cruzarse de brazos, preocupada.

«Yo sé que Jhon lo adora, pero… ¿lo adorará igual cuando sepa que pretende a su bebé? ¡Ay por Dios! ¡Esto es una pesadilla!»

—¡Mi vida! Hey, ¿haremos pizzas? —cuestiona Jhon, abrazando a Agata—. Que buena manera de celebrar con los chicos, gracias, eso es muy lindo de tu parte.

—Bueno papi, agradécele a Lucy, porque ella fue la de la idea.

—Gracias Lucy —comenta él, mirándola con una sonrisa para luego regresar la vista a su hija—. Pero gracias a ti también, porque eres mi chef favorita. Te adoro, mi princesa hermosa.

«¡Mierda! ¡Mierda! Sam la puede adorar pero de nada vale cuando sé que Jhon la sobreprotege demasiado… ¡En verdad que esta es una maldita pesadilla!» Lucy piensa, a la vez que se lleva una mano a la frente preocupada.

—¡Llegaron! —exclama Tyler, bajando las escaleras—. Tengo hambre, hay que ponerse a cocinar porque tenemos que mantener bien alimentadas a las estrellas —bromea riéndose.

—Tienes razón, pero ni las estrellas, los planetas, el universo, ni nadie comerá hasta tanto Kitty y tú no se abracen —declara Sam, causando que todos se le queden viendo.

Agata sorprendida fija la vista en los ojos de él mientras que sus pensamientos se desbocan.

«¿Por qué Sami me hace esto? ¡Por Dios! ¡Yo no quiero nada con Tyler! ¿Por qué lo abrazaría? Es un completo idiota.»

Sam de manera discreta, le sonríe asintiéndole con un ligero movimiento de cabeza, para motivarla.

«Solo espero no arrepentirme de esto.» Piensa ella resignada, aceptando hacerlo solo para complacerlo.

—¡Claro! ¡Yo estoy tan feliz que no me importa abrazar a una soplona! —replica Tyler entre risas causando que Agata baje la mirada.

—¡Tyler! —interviene Sam, reprendiéndolo con seriedad y viéndolo con cara de poco amigos.

—Hey… yo solo bromeaba —aclara Tyler—. Ven acá, tú eres mi hermanita y te amo, aunque nos odiemos a veces.

Tyler se acerca y la envuelve en un abrazo, pero Agata se queda petrificada sin moverse, manteniendo la mirada gacha.

—Oye… no soy idiota. Aunque no te lo diga… te agradezco porque sé que moviste cielo y tierra, e hiciste todo lo que estaba a tu alcance y te la ingeniaste para ayudarnos. Así que nuestra presentación en el festival, también es gracias a ti. Te adoro aunque seas una pequeña soplona.

—¡Tyler! —gritan todos en coro, reprendiéndolo de nuevo.

—¡Basta! ¡Solo estoy bromeando! —replica él riéndose, mientras que busca la mirada de su hermana.

—Pues… seré una soplona, pero al menos yo no soy idiota como tú —añade ella viéndolo a los ojos, con una pequeña sonrisa.

—¡Agata! —exclaman Lauren y Jhon regañándola.

—¡Solo estoy jugando! —aclara ella y ambos hermanos se ríen.

Durante el resto de la noche, las chicas se concentran en preparar las pizzas mientras que los chicos se quedan en el comedor planificando todo el show y eligiendo el repertorio con el que se presentarán, a través de una video llamada con Charlie.

—Bueno chicos… tenemos solo tres días, los quiero bien enfocados trabajando en el repertorio.

El sábado en la mañana es el ensayo en tarima, y tenemos que aprovecharlo al máximo porque tenemos solo treinta minutos —indica Charlie—.

Yo llegaré en dos días, recuerden no trasnocharse, manténganse relajados y cuiden la voz.

Estén entusiasmados pero tranquilos, no entren en pánico.

—Gracias papá, estoy muy emocionado de que vengas. En verdad necesito que estés acá —comenta Sam.

—Lo sé cariño, ahí estaré, no me lo perdería por nada del mundo. Estoy tan feliz que creo que no podré dormir —agrega Charlie, entre risas.

—Entonces nosotros mañana vamos a finiquitar el vestuario y todos los detalles del show, para poder ensayar completo contigo pasado mañana —añade Tyler.

—Sí, perfecto. Ese es un buen plan. Entonces nos vemos pronto, saludos a todos —se despide Charlie, finalizando la llamada.

Los chicos se mantienen unos minutos más hablando en el comedor, soltando algunas ideas sobre lo que quieren hacer en el festival y sus expectativas con la presentación.

—¡Sami! ¡Ven que ya está lista tu pizza! —dice Agata, desde la cocina.

Él voltea a mirarla con una enorme sonrisa en el rostro, mientras que Lucy se mantiene atenta a cada interacción entre ellos.

—¿Cómo que tú pizza? —cuestiona Tyler, observando a Sam—. ¿Por qué es solo suya? ¿Es que le hiciste una para él solo?  —añade viendo a su hermana.

—Sí Tyler, porque es solo de queso y maíz —aclara Agata—. Y a ti te gusta con todo, así que puedes comer de las otras.