Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 5 #3
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CAPITULO 5 #3

—No le gusta lo agridulce, tampoco la salsa de soya, lo que es extraño, ya que sí le gusta la soya entera, la piña le gusta en jugo o en trozos, pero no en dulce.

Adora el queso, pero solo sí está bien derretido.

Prefiere el maní salado antes que el dulce, no le gusta el repollo crudo pero si cocido.

No le importa que se le congele el cerebro por comer un helado rápidamente, antes que se ponga blando, odia que se le derrita un poco, si le pasa…

se frustra como un niño pequeño —comenta ella, con una sonrisa tonta.

«¡Ay carajo! Ella sí está enamorada… Entonces… ¡ambos están enamorados!» Piensa Lucy conmovida al confirmar sus sospechas.

—¡Kitty! ¡Basta! ¡No me dejes mal parado! —bromea Sam, mirándola con ternura—. Parezco caprichoso.

—Lo siento —murmura Agata, viéndolo a los ojos.

—Okey, sin duda sabía lo del repollo, pero… ¿por qué yo no sabía lo de la piña, el maní y lo del helado? —cuestiona Lucy riéndose, para disimular su sorpresa.

—No sé mamá —susurra Sam, apenado entre risas.

—¿Chicos será que pueden ir a buscar el maíz y las demás cosas que faltan? Es que por la hora que es necesito hacer un par de llamadas del trabajo, yo regreso en unos minutos, no me tardo mucho —asegura ella dándose la vuelta, para luego avanzar hacia la salida del supermercado.

Una vez afuera, Lucy saca su teléfono y marca el número de Charlie.

—Hola, cariño.

—Hola... oye... ¿no estás ocupado o sí?

—Pues estoy trabajando en el estudio, pero dime, ¿pasó algo?

—Sí y no... Es que no sé, realmente no sé qué pensar y solo puedo hablarlo contigo. Cariño… esto no lo debe saber nadie más.

—Okey —murmura él, confundido—. ¿Pero tú y Sam están bien? ¿Tengo que preocuparme?

—Tranquilo, nosotros estamos bien —afirma ella, soltando un suspiro—. Lo siento, no quería preocuparte, pero es que… acabo de descubrir algo de Sam. Bueno... es que estoy casi cien por ciento segura de que está enamorado.

—¿Enamorado? ¿Estás bromeando? —inquiere él, riéndose sorprendido y algo aliviado.

—Te juro que no bromeo, incluso no solo yo me di cuenta, sino que Lauren también notó que está enamorado, es que hasta Tyler lo confirmó.

—¡Ay por Dios! —exclama él, entre risas—. Oye… sabes que te adoro y eres muy lista, pero… nuestro hijo es un galán, sin hablar de lo talentoso. Así que… tú sabias que tarde o temprano eso pasaría, ¿no? No estés celosa.

—¡Charlie! —replica ella, indignada.

—¡Ay pobrecito! Déjalo tranquilo, te prometo que yo hablaré con él para recordarle que se cuide como debe ser y todo eso.

—¡Pero yo no estoy celosa! ¡Además de que no te llamé por eso! Solo estoy preocupada, tú no entiendes...

—Entiendo —afirma él, interrumpiéndola—, pues no te preocupes, Sam es un chico listo, y está más maduro si lo comparamos con el año pasado.

—¡Cariño! ¡El problema no es Sam, es la chica! —aclara ella, frustrada.

—¡Ay! ¡No me digas que es una fanática! —refuta él, preocupado—. ¿La conoció en una presentación?

—Es peor que eso… ¡Sam está enamorado de la Gata!

—¿De la Gata? —cuestiona confundido.

—¡Sí! ¡De Agata! ¿Ahora entiendes mi preocupación?

—¿Otra vez? —pregunta incrédulo.

—¿Otra vez qué? —dice ella, frunciendo el ceño—. No te entiendo.

—Me refiero es, ¿a qué si él está enamorado de Agata otra vez?

—¡¿Cómo que otra vez?! ¡Sigo sin entender! ¿Es que acaso él ya estuvo enamorado de ella? ¿De qué me perdí? —pregunta ella, desesperada.

—Pues… eso es lo que yo siempre pensé, para mí era evidente que le gustaba —comenta Charlie.

—Pero… ¿por qué lo dices? No me digas que es porque pasan tiempo juntos, porque los tres se ven a diario desde que nacieron.

—Es lo que a mí me pareció por la reacción que tuvo Sam el año pasado cuando ella hizo los cupcakes y se fue con ustedes al Festival Zona Cero a repartirlos…

—explica él, sonriendo al recordar—. Él acá estaba completamente desbordado, se le notaba demasiado que la quiere y te digo que eso no era un simple amor de hermanos, porque Tyler también estaba acá y lo vi emocionarse, pero nada comparado con el nivel de angustia y la crisis que tenía Sam.

—¿Y por qué no me contaste nada de esto? ¡Ay por Dios! —exclama Lucy, poniéndose una mano en la cabeza.

—Solo me pareció más un amor juvenil de esos pasajeros que duran un verano, además… a los pocos días de eso, explotó el problema de la fiesta de las gemelas, y que yo sepa, se enemistaron, por lo que pensé que ese enamoramiento se había muerto.

—¡Carajo! ¡Carajo! —repite ella, preocupada.

—¿Estás muy segura de lo que dices?

—¡Te lo juro! Ahora mismo, estoy con ellos en el supermercado, y te digo que ella se nota muy enamorada, es que la sutilidad en cómo le responde, esa no es la Gata extrovertida que conocemos.

Se le nota más bien intimidada y Sam… él parece un cachorro perdido cuando la ve, le habla con tanta dulzura que empalagaría a una abeja —comenta Lucy, riéndose—.

Y se miran a los ojos mucho, como si estuvieran conectados.

—Bueno, entonces se volvió a enamorar o no dejó de estarlo nunca —añade él, entre risas—. Eso no lo sabemos.

—¿Y qué vamos a hacer?

—¿De qué hablas?

—¡Por Dios! Yo adoro a Jhon y a Lauren, pero… es su hija pequeña y yo no quiero que mi niño sufra —dice ella, preocupada.

—Cariño… yo lo siento mucho por Jhon, pero si no está de acuerdo, yo sí me pondré del lado de los chicos. Sam es un pan de Dios con Agata, ellos simplemente se adoran y todos siempre lo hemos sabido, siendo honesto, no me sorprende nada de esto.