Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 5 #2
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CAPITULO 5 #2

«¿Por qué no me mira? ¿Será que sigue molesta? Pero… si el beso le gustó, incluso me suplicó que no parara de besarla. ¿O estará asustada? ¿Pueden ser nervios? ¡Ay por Dios! Para mí fue el mejor puto beso que di en la vida. ¡Maldición! ¡Fue tan bueno!»

—Gata… ¿te parece si llevamos champiñones? —pregunta Lucy, tomándola del brazo—. Sabes que amo los champiñones.

—¡Lo sé! —replica ella, con una sonrisa—. Estoy segura que te comerías una pizza solo con champiñones y queso.

—¿Me la harías? —bromea Lucy y ambas se ríen.

Sam no puede evitar sonreír en el momento en el que escucha su risa.

«No debe estar molesta… porque se le ve feliz y hasta riéndose.»

—Kitty... ¿me harías una pizza con mucho, pero mucho maíz y mozzarella?

Agata lo escucha y lentamente gira su rostro hacia él, haciendo contacto visual.

—¿Me la harías por favor? —insiste él, con un tono combinado entre súplica y amor.

Lucy al oírlo se queda sorprendida y fija la vista en él manteniéndose en completo silencio.

«¡Ay por Dios! Me estás matando Sami… ¿por qué me miras y me hablas así? ¡Qué alguien me ayude! ¡Me estoy muriendo!»

Agata piensa, a la vez que lo sigue viendo sin responderle nada, ya que se siente imposibilitada de actuar o decir algo porque en su interior, sus sentimientos están a punto de hacerla colapsar.

Por su parte, Lucy observa en primera fila la manera en como ninguno de ellos desvía la mirada del otro, pareciera como si un hilo invisible los estuviera atando impidiéndoles registrar algo más.

—¿Me la harías? —insiste él, con un susurro.

Agata sutilmente le asiente con una sonrisa en el rostro, mientras que Sam articula unas gracias en silencio.

En ese instante, el corazón de Lucy se acelera, mientras que un montón de pensamientos y recuerdos pasan por su cabeza, ella se sujeta del borde del carrito de compras, causando un movimiento que regresa a Sam a la realidad después de que estuvo perdido en los ojos de Agata, él voltea a ver a su madre, y traga grueso cuando nota que ella lo observa fijamente.

—Vamos... Te compraré todos los champiñones que quieras, hoy es un gran día —comenta Sam sonriéndole, intentando descifrar la mirada de su madre

—Y el maíz —añade Lucy, dándose la vuelta y tomando a Agata nuevamente por el brazo.

Las chicas siguen caminando por los pasillos en busca de todos los ingredientes, mientras que Sam se mantiene nuevamente detrás de ellas, sin parar de pensar.

«No puedo acercármele tanto con mamá presente… ¿Cómo se supone que hable con ella si no se separan? ¡Ay Kitty! ¡Por Dios! Necesito besarte de nuevo… me estoy volviendo loco.»

«¡Concéntrate Agata! No seas idiota… Aguanta, ya sabes que él está allí atrás, no tienes que voltear a verlo cada vez. ¡Solo enfócate en los ingredientes y en Lucy! ¡Dios mío! ¡Me estoy volviendo loca!»

«No puedo creerlo… mi hijo está enamorado es de la Gata.

¡Claro! ¡Por eso es que él se ruborizó cuando Lauren lo estaba molestando!

¿Cómo no me di cuenta antes? Pero… ¿desde cuándo le gusta?

¿Y ella también gustará de él? ¿Acaso ellos no están peleados?

Yo creí que aún se odiaban… ¡Me van a volver loca!

» Piensa Lucy disimulando una sonrisa mientras caminan por los pasillos de los enlatados.

—¿Cuántas latas de champiñones llevamos? ¿Serán que dan descuento por grandes cantidades? —bromea Agata, mirando a Lucy.

—Dos de las grandes —responde ella tomándolas, y las mete al carrito—. Allí está el maíz. ¿De cuál quieres cariño? —inquiere volteando a ver a su hijo.

—A Sami le gusta más el natural, no le gustan mucho las pizzas con el enlatado —responde Agata viéndolo con una pequeña sonrisa, antes de que él pueda decir algo.

«¡Me dijo Sami! ¡Ay por Dios! ¿Desde cuándo no me llamaba así? Además… ella sabe cuál es el maíz que me gusta.» Piensa Sam viéndola a los ojos.

Lucy se da cuenta que nuevamente se quedaron perdidos en la mirada del otro y sus pensamientos van a toda velocidad.

«¡Ay por Dios! ¡Es que ambos se ven tan enamorados! ¿Cuándo pasó esto? No estoy entendiendo nada.»

—¿De verdad te gusta más el natural? —inquiere Lucy, intentando sacar algo de información de la situación, para ver si obtiene alguna respuesta que la ayude a aclarar sus conjeturas.

—Sí... —responde él, asintiendo tontamente—. Es que el maíz enlatado me parece muy dulce.

—Por Dios… No tenía idea de eso. Gata, cariño… ¿cómo lo sabías?

—Pues… conozco todos sus gustos culinarios —comenta ella encogiéndose de hombros y bajando la mirada, mientras que Sam sonríe al escucharla.

—¿Todos?  —cuestiona Lucy, sorprendida.

—Creo que sí... —murmura ella algo intimidada, causando que Sam se ría en silencio.

—A ver… dime algo muy raro de sus gustos, uno que creas que yo no pueda saber, algo difícil como lo del maíz —insiste Lucy.

—Bueno… —dice Agata, levantando la mirada para observarlo a él durante un segundo y luego regresa la vista hacia ella—. ¿Solo cosas difíciles?

—Sí —reitera Lucy.