CAPITULO 5
Sam se encuentra sentado en el sofá, no ve la hora en la que Tyler finalmente se calle, este se encuentra tan eufórico con la noticia de que se presentarán en el festival, que no ha parado de hablar desde que llegó, mientras que él solo puede pensar en Agata y en los besos que compartieron, no tiene cabeza para más nada.
—¿Puedes creerlo? ¡Tenemos que hacer un súper show! ¡La gente tiene que quedar impresionada! —exclama Tyler, emocionado—. Debemos coordinar que día podemos ir a ensayar en la tarima. ¡Ay carajo! Hay tantas cosas por hacer...
«¡Dios mío! ¡Kitty besa tan jodidamente bien! ¡Demonios! Podría pasar horas besándola… esto es mil veces mejor de lo que recordaba. ¡Maldición! ¡Es el mejor beso que he tenido! Pero… ¿cómo? No entiendo… ella no debería saber besar, o… ¿será que practicó?»
—¿Qué piensas? ¿Holaaaa? ¿Sam? —pregunta Tyler, haciéndole señas para llamar su atención.
—Sí.... dime.
—¡Mierda! ¡Estás pálido! ¿Es que acaso te vas a desmayar de la emoción? —bromea Tyler.
«¡Será del susto! ¿A quién demonios estuvo besando Agata? ¿Cómo fue que aprendió?» Piensa Sam, frunciendo el ceño.
—Ya cállate, es solo que… ahora tengo muchas cosas en la cabeza —replica Sam, riéndose.
—Pero dime… ¿qué piensas sobre el vestuario?
—Mmm… la verdad es que no sé nada de eso. Yo creo que Lauren tiene más estilo que nosotros, hay que preguntarle a ella, porque tuvo ideas geniales antes —comenta él levantándose y camina hacia la puerta de su casa—. ¡Muévela! ¡Vamos!
«¡Necesito ver a Kitty ya mismo!» Piensa Sam, acercándose a su amigo.
En cuanto Agata cruza el jardín de los Meyer, entra en su casa, sube directo a su habitación y se acuesta en la cama tratando de entender todo lo que sucedió con Sam. No puede dejar de pensar sobre el beso y el torbellino de emociones que la embargan.
—¡Ay por Dios! Por Dios… no puede ser —murmura ella, levantándose de golpe.
Se acerca a su armario, lo abre con premura, aparta unos bolsos y es ahí donde lo encuentra, sonríe enormemente al ver su peluche de gato negro, ese que tanto ama, y que estuvo castigado durante un año ahí adentro.
—¡Me besó! ¡Me besó! —exclama emocionada, con la vista fija en los ojos del gato—. ¡Sami me besó! —añade eufórica, y lo abraza con fuerza.
Los chicos entran en casa de los Lambert, Sam de inmediato se dirige hacia la cocina para buscar a Agata, pero se decepciona un poco al no encontrarla allí.
—¡Sam! ¿Estás emocionado? —pregunta Lauren, sonriéndole—. Te felicito cariño.
—¡Sí mucho! ¡Gracias! —replica él, con la vista fija en las escaleras.
—Mamá, contigo queríamos hablar —interviene Tyler, sacando una bebida del refrigerador—. Necesitamos tus súper habilidades fashionistas para que nos ayudes a elegir el vestuario para el concierto.
—¡Claro cariño! ¡Me encantaría! Ustedes saben que amé modificarles las chaquetas para las fotos de la revista. Tyler se sienta junto a ella.
—Bien danos algunas ideas —añade Tyler, sentándose junto a ella—. Inspíranos. ¡Hey Sam! ¡Ya siéntate! —exclama riéndose.
Sam lo escucha y a regañadientes, se acerca al comedor para unirse a la conversación.
Se mantiene escuchando las ideas de ambos por casi una hora, pero sin aportar nada.
De vez en cuando, él se abstrae viendo la pantalla de su teléfono, indeciso sobre si escribirle a Agata, o esperar para hablar con ella en persona.
«Aunque… ella también me podría haber escrito. ¿Por qué no lo hace? ¿Será que no le gustó el beso? ¡Ay por Dios! ¡Claro que sí! Ella misma me pidió que no parara, casi me lo suplicó. Fue sublime… yo quería comérmela viva en ese momento. ¡Carajo! ¡Me encantó!»
—Sam elige... ¿Sam? —pregunta Lauren.
—¡Hey! —añade Tyler, golpeándole el brazo.
—¡Ay! —replica Sam, quejándose—. ¡Idiota!
—Bueno… entonces, responde —dice Tyler, frustrado.
—¿Qué responda qué? —inquiere Sam, confundido.
—¿Prefieres azul o gris? —interviene Lauren.
—Pero… ¿ese color es para qué? —pregunta Sam un poco avergonzado, al darse cuenta que no ha prestado tanta atención.
—Cariño… estamos hablando de las chaquetas —explica Lauren, riéndose—. ¿Prefieres el color azul o gris? La idea es que no se vistan iguales, pero sí que tengan más o menos el mismo estilo.
—Ahh… Okey mamá... Pues me gusta el azul.
—Hoy andas desconcentrado, estás así como ido. ¿Qué te sucede? —cuestiona Lauren, preocupada.
—¡No! ¿Otra vez? —comenta Tyler, entre risas—. Dime… ¿ya te perdimos? Mejor aún… solo contéstame esto, ¿cuál es el nombre de la idiota?
—¡Ya! ¡Cállate! —replica Sam, nervioso.
—¿De quién hablan?
—¿De quién va a ser mamá? Pues de la idiota dueña de nuestras próximas letras —explica Tyler, mientras que Sam solo sonríe tontamente.
—¿Cómo así? —indaga Lauren.
«¡Ay no! ¡Lo que me faltaba! Gracias Tyler… No puedes guardar secretos.» Piensa Sam ruborizándose.
—Y entonces…
El sonido de la puerta abriéndose, interrumpe lo que Lauren iba a decirle a Sam, causando que todos se queden en silencio.
—¡Chicos! ¡Hola! —saluda Lucy, acercándose a ellos—. ¿Qué les parece si hacemos pizzas hoy? Creo que sería buena idea para celebrar esa estupenda noticia.
—¿Cuál de las dos? ¿La del concierto o la de la enamorada de Sam? —bromea Lauren.
—¡Qué! ¿Enamorada? —cuestiona Lucy, sorprendida—. ¡Cuéntame!
Sam se queda en silencio, enrojecido, llevándose una mano a la cabeza, mientras que voltea a ver a su amigo con ganas de matarlo, para notar que este se encuentra privado de la risa disfrutando del momento.
—Bueno… no me presionen al muchacho, dejen a su musa en paz —añade Tyler, entre risas.
—¿Cuál musa? ¡Ay pero no sean malos! ¡Explíquenme! —comenta Lucy, con una sonrisa.
—Yo lo que escuché es que hay una idiota que lo tiene así abstraído y que esa personita en cuestión, es la dueña de sus próximas letras —explica jocosamente Lauren.
—¡Cariño! ¡Eso es muy romántico! Yo no me imaginé que le escribías a chicas de verdad —dice Lucy, conmovida.
Por su parte, Sam no encuentra donde meterse, se siente muy avergonzado con el tema, a diferencia de Tyler que no para de reírse a costa suya.
«¡Qué hijo de puta! Solo se ríe, mientras que a mí me masacran por su culpa. ¡Ay por Dios! ¡Necesito salir de aquí! ¿Cómo se supone que mire a Lauren cuando acabo de comerle toda la boca a su hija?»
—¿Pero es una fanática? —inquiere Lucy, con tono de preocupación.
—No sé, pero… yo apoyo esa relación. Ustedes tienen mi bendición —interviene Tyler, con una carcajada—. En cuanto sigas escribiendo grandes temas, yo apoyaré por completo ese noviazgo. ¡Qué viva el amor! —exclama, tomando una camiseta de la mesa y se la tira en la cara a su amigo
«¡Ay por Dios! ¡Me están matando!»
—Basta… yo no tengo ninguna novia. No le presten atención a este idiota —aclara Sam, en tono serio.
—No puedes negar que te ves enamorado, estás muy distraído, todo pensativo y además… te sonrojaste —comenta Lauren.
Sam se siente tan avergonzado y un poco asustado, por lo que decide mantenerse en silencio para evitar decir algo que no deba y quedar en evidencia. Solo piensa en que necesita salir de allí cuanto antes, él no había querido irse sin ver a Agata, pero ya no aguanta más.
—¡Mamá! —replica él, poniéndose de pie—. Vamos a la tienda para comprar las cosas para la pizza. Yo te acompaño.
—Está bien hijo —responde ella, compadeciéndose al darse cuenta lo apenado que está—. Vamos, pero antes déjame ir a llamar a la Gata —añade antes de subir las escaleras.
En el instante que Sam escucha esas palabras, una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro, aunque por dentro se siente eufórico, ahora sabe que podrá pasar tiempo con ella y hablar sin que Tyler este cerca.
Una vez que Lucy llega arriba, toca la puerta de la habitación de Agata, quien se asusta por el sonido, ya que estaba tan concentrada pensando en Sam, que llega a pensar que es él.
—Cariño… soy yo.
Agata suelta un suspiro, se sienta en la cama, y luego se aclara la garganta, antes de responderle que puede pasar.
—Oye… ¿me acompañarías al supermercado? Quiero que hagamos pizzas.
—¡Claro! —responde entusiasmada, acercándose a ella.
«Necesito salir de acá, no puedo concentrarme por culpa de Sam. Soy un desastre»
Las chicas bajan las escaleras, Agata se despide de su madre y luego ambas atraviesan el jardín hacia el automóvil de Lucy.
«¡No puedo dejar de pensar en eso! ¡Por Dios! ¡Fue el mejor del mundo! ¿Cómo puede besar tan bien? Yo no recordaba eso… este fue muchísimo mejor. Cómo me agarraba… ¡Santo cielo! Es que Sami está tan jodidamente hermoso… ¡Me besó con tanta pasión que me dejó sin aliento!»
Ella va tan concentrada en sus pensamientos, que al abrir la puerta del copiloto, queda sorprendida cuando hace contacto visual con Sam, ambos se ven atrapados en sus miradas.
—Pensé que manejarías tú —comenta Lucy desde el asiento del piloto, interrumpiendo la conexión de los chicos
—¿Quieres que lo haga? —murmura él, volteando a verla.
—Sí cariño, si no te molesta… Sabes que me gusta que me ayudes.
—Está bien —responde Sam sonriendo, para luego volver la vista hacia Agata, quedando de nuevo atrapado en ella.
Al salir del automóvil, él roza con el dorso de su mano el brazo de ella, causando que le sonría mientras que le abre la puerta trasera para que se suba.
Por su parte, Agata está completamente descontrolada, ya que no logra entender tantas sensaciones que la embargan, se siente como en una montaña rusa de emociones.
—Kitty —susurra él, mirándola unos segundos a los ojos, ella de inmediato se sube.
Sam cierra la puerta y luego rodea el coche, una vez que todos se suben, él comienza a conducir, durante todo el camino hacia el supermercado, Sam se mantiene mirando constantemente a Agata por el retrovisor, pero ella se queda con la vista enfocada en otro lado, lo cual lo deja algo descolocado e intrigado.
Cuando entran al lugar, las chicas se mantienen juntas mientras que Sam queda rezagado detrás de ellas, después de haber agarrado uno de los carritos de compras, él siente que necesita aferrarse a algo, porque se siente contrariado por la indiferencia de Agata.