CAPITULO 4
Los meses siguen transcurriendo, y lo que comenzó como un arduo objetivo, ahora se encuentra más que encaminado, la canción “Quizás juntos” no ha dejado de acumular reproducciones, y actualmente está en el top cien de las más escuchadas, debido a esto, la popularidad de los chicos no ha parado de crecer.
Por su parte, Sam ahora tiene su libreta llena de letras, y es él quien presiona a Tyler para que componga las melodías más rápido.
Ellos pasan las tardes haciendo arreglos y componiendo sus canciones, mientras que todos los fines de semana viajan sin falta a Florida, donde se encierran en el estudio de grabación con Charlie, ambos se mantienen comprometidos y enfocados en dar lo mejor de sí.
Esa dedicación de Sam en su música, crea un distanciamiento físico más evidente con Agata, quien ahora ya no ve a los chicos a cada instante, sino que mientras ella cocina y hace sus cosas del día a día, ellos se mantienen en la cochera practicando o creando nuevas canciones.
Cada que los chicos están fuera de la ciudad, ella encuentra algo de alivio, ya que la carga emocional de ver a Sam cada día, se aligera.
La convivencia diaria con él, le recuerda constantemente el amor que sentía, así como el sufrimiento que le causa que esos sentimientos no sean correspondidos, es horrible para ella, revivir el hecho de que él jugó con sus emociones.
Una vez que Sam y Tyler ya tienen un repertorio propio lo suficientemente grande, deciden tomar las mejores ocho canciones y finalmente culminar su primer álbum.
Ahora tienen más material para presentarse y gracias al éxito de “Quizás juntos” se les han abierto muchas puertas utilizándola como carta de presentación.
Con todo esto, Charlie logra organizar una pequeña gira promocional por los medios, por la cual los chicos están tan entusiasmados, ellos saben que es un gran paso para su carrera, y ambos disfrutan ese proceso de promocionarse y darse cuenta que de a poco más personas los conocen.
Se complacen al ver las caras de locutores de radio, productores y personas del medio musical, quienes al principio los miran como desconocidos pero luego de que cantan, los rostros de las personas cambian.
Reconocen la canción y a ellos, de esa manera, con el carisma que ambos tienen comienzan a conseguir más difusión y presencia en otros medios.
Charlie idea una estrategia para promocionar el álbum, planea varias presentaciones gratuitas, las cuales son difundidas ampliamente por las redes sociales.
Han pasado exactamente trece meses desde el lanzamiento de “Quizás juntos” y los chicos han pasado de tocar en un club de golf y pequeñas fiestas privadas, a presentarse en centros comerciales repletos de chicas eufóricas, quienes corean sus canciones y hacen filas para obtener una foto con ellos.
Sam se encuentra sentado en el comedor de su casa revisando unas fotos en la laptop, cuando escucha sonar su teléfono, al mirar la pantalla se da cuenta que es su padre y atiende de inmediato.
—Hola papá, ¿cómo estás?
—Hijo, pues... digamos que bien.
—Okey —murmura él confundido por esa respuesta.
—¿Cariño, Tyler está contigo?
—No, salió con Lauren, está en el dentista.
—En ese caso… te diré algo, pero por favor no le digas nada, deja que yo lo llame y hable con él.
—Está bien, pero… ¿por qué suenas extraño?
—Es que no sé si te va a gustar lo que tengo que decirte, pero necesito que me prestes atención. Hablaré de algo muy serio contigo.
—¡Papá! ¡Te juro que no he hecho nada! —replica Sam, angustiado—.
He estado juicioso, solo he salido con un par de chicas, pero nada fuera de lo común.
Ya sabes… para pasar el rato. Tyler sin duda ha estado más activo, pero tampoco tan descontrolado, ha sido muy discreto, nosotros entendemos lo del bajo perfil.
—Bien hijo, me gusta saber que están haciendo las cosas con inteligencia, pero no me refería a eso. Tengo que hablarte sobre otro asunto.
—Ah, Okey... Dime.
Sam se mantiene en silencio, mientras que escucha con atención a su padre.
—¡Qué! —exclama sobresaltado—. ¡No! ¡Papá por favor! ¿Es una broma? ¡No me hagas esto! ¿Lo dices en serio? —cuestiona levantándose de la silla y se lleva las manos a la cabeza.
Charlie continúa hablando durante unos minutos, mientras que los ojos de Sam se abren a más no poder, está boquiabierto y perplejo escuchando con atención.
—¡Ay por Dios! ¡Ay por Dios! ¡No puede ser! Sí… entiendo, entiendo. Está bien, no hablaré con Tyler. ¡Gracias papá! ¡Te amo!
—Yo también hijo, hablamos más tarde —dice Charlie, finalizando la llamada.
Sam se queda inmóvil, apoyado contra el mesón de la cocina, se mantiene ensimismado en sus pensamientos durante unos minutos, hasta que nota el celular de su madre, sin pensarlo mucho, lo toma y escribe un mensaje.
Hola cariño, ¿puedes venir a casa un momento?
Después de darle al botón de enviar, él regresa el teléfono a su lugar y se queda de pie esperando con la mirada ausente, cuando han pasado aproximadamente como cinco minutos, escucha como se abre la puerta de su casa y la observa entrar.
La manera en como su corazón se acelera solo con verla y la forma en la que su piel se eriza, es una reacción inevitable para él sentirlo, ya que nunca dejó de quererla y su cuerpo no hace más que enviarle todas las señales posibles de que la necesita cerca.
—Acá estoy —dice Agata en voz baja, al cruzar la puerta.
En el instante en el que ella mira hacia la cocina y nota a Sam allí de pie, su pulso se acelera, por lo que baja la mirada evitando cualquier contacto visual, en un intento de controlar a su traicionero corazón, quien aún late desbocado por el mismo chico que se lo hizo añicos.
«Tranquilízate… solo ignóralo. Enfócate en algo más. Pero… ¡Es que está tan lindo! ¡Amo como le queda el cabello así más largo! ¡No seas tonta! ¡Sam te destrozó! ¡Ya piensa en otra cosa estúpido y traicionero cerebro! ¡Él no nos quiere! ¡Solo nos usa! ¡Es un idiota como todos los chicos!»
Sam suspira profundo y sonríe en cuanto la ve, pero frunce el ceño en el instante en el que ella baja la mirada.
«¡Ya basta! ¡Mírame! No puedo continuar con esto Kitty… Me estás matando y sin piedad. ¿Cuánto más me vas a hacer sufrir? Es que ya no fue suficiente. ¿No me perdonarás nunca?»
Agata se cruza de brazos mientras que camina hacia las escaleras.
—No… aguarda, por favor —dice Sam, con voz suave.
Ella se detiene en el instante que lo escucha pero no le devuelve la mirada.
—No subas… tenemos que hablar.
—Lucy me espera —murmura ella aun con la mirada gacha, mientras que sube un par de escalones.
—No Kitty, mi mamá no te escribió, lo hice yo —aclara Sam, nervioso—. Ella está en la ducha.
—¿Por qué? —cuestiona Agata, volteándose a verlo—. ¿Por qué me haces esto? Ya basta.
Ella baja las escaleras y camina con paso firme de regreso a la puerta, Sam la sigue y se interpone en su camino.
—Tenemos que hablar.
—No… yo no tengo nada que hablar contigo —responde ella angustiada, viéndolo a los ojos.
—Okey, lo entiendo, pero… yo sí. Así que solo escúchame.
Agata niega con la cabeza y vuelve a bajar la mirada, ella está completamente cerrada a la idea
—Kitty… por favor —suplica él, tomándola suave del brazo.
Para ella es imposible no conmoverse, escucharlo así le remueve todos los sentimientos, tomando una respiración profunda, levanta la vista y después de tanto tiempo, siente que vuelven a hacer contacto visual como antes.
Ambos se miran fijamente en silencio, el corazón de Sam se detiene mientras que sucumbe por completo, no puede evitar perderse en los ojos de ella, se queda atrapado e indefenso, para él es casi como un gusto culposo extraviarse en la mirada de Agata.
«¡Por Dios! ¡Solo reacciona! ¡Di algo! ¡Ella está mirándote! ¡Actúa ya!» Sam piensa, mientras que siente que por fin hay una oportunidad para acabar con el suplicio de su indiferencia.
—Tengo una pregunta —murmura él, llevándola hacia la cocina sin soltarla—. Pero como dijiste que no tienes nada que decir, entonces quizás no contestes. Aunque… quiero creer que sí lo harás.
Agata se le queda viendo atenta pero en completo silencio mientras que él le sonríe.
—Kitty… el año pasado te prometí algo, espero que lo recuerdes porque teníamos un acuerdo, o eso creo.
Ella prensa los labios y frunce un poco el ceño.
«Claro… ¿Cómo lo voy a olvidar? Se suponía que me llevarías a mi primer concierto y nunca lo hiciste. La verdad es que solo era un chantaje para que yo no me acercará a Zac.»
—Solo por si las dudas… te lo recordaré.
Yo te prometí que te llevaría a tu primer concierto, y tú estabas preocupada pensando que no te darían el permiso.
Bueno, ahora que te refresqué la memoria, quiero decirte que te escribí para que vinieras, porque necesitaba decirte que llegó el momento de pagar mi promesa.
«¿Qué? ¡No entiendo! ¿Por qué demonios quiere seguir jugando conmigo?» Piensa Agata angustiada a la vez que sigue mirándolo.
—Sabes… no quiero que pienses que yo me había olvidado de eso, aunque seguramente pensaste que lo hice —aclara Sam al notar la confusión en el rostro de ella—. Solo quería que fuera un concierto especial, y no uno cualquiera en un auditorio ni nada pequeño.
«¿Para qué me dice eso? Solo me ilusiona. ¿Qué gana con todo esto?»
Agata se cruza de brazos pero se mantiene en silencio, ella no quiere demostrar sus sentimientos delante de él.
—Así que te contaré algo, pero es un secreto. Recién me acaba de llamar mi papá, y tú fuiste la primera persona en la que pensé, porque… todo esto es tú culpa. Tú eres la responsable, así que eres quien debe saberlo de primero, ni siquiera Tyler lo sabe.
Agata entrecierra los ojos al escucharlo pero se niega a responderle.
—Estás confundida, lo sé. Ahora bien, Kitty… ¿quiero saber si te gustaría ir conmigo...? No, corrijo, no puedo ir contigo...
«¿Qué demonios le ocurre? ¿Me ilusiona y me desilusiona en la misma frase? ¿Qué clase de juego macabro es este? ¡Para de burlarte de mi!»