CAPITULO 3
Luego de todo lo que ocurrió en la fiesta, la relación de Tyler y Sam con Agata se fractura por completo, la dinámica entre ellos no vuelve a ser la misma.
Los chicos se mantienen unidos, mientras que afrontan el castigo que se les impone luego de la conversación con Jhon y Charlie.
Meses atrás, ambos pensaban que por estar cerca de cumplir los dieciocho años, las normas se flexibilizarían o que inclusive se iban a acabar, pero ahora, se enfrentan a una realidad completamente inesperada, con la imposición de una interminable cantidad de nuevas reglas.
—¡Tiene que ser una broma! —exclama Tyler, indignado—. ¿Por qué mejor no nos encierran en un convento y ya? Sam… ¿esos lugares aceptan hombres? Sin duda estaríamos más libres allí.
—Chicos, nos han demostrado que no son lo suficientes maduros aun —replica Jhon, en tono serio.
—Yo no hubiese viajado para hablar con ustedes si no creyera que todo esto es serio —añade Charlie.
—Papá pero… tampoco es justo que nos arrebaten toda la confianza por solo una acción —comenta Sam—. Cuando siempre hemos hecho los que nos piden.
—Aclaremos algo, si solo hubiesen ido a una fiesta como invitados y estando allí se descontrolan un poco, pues hasta cierto punto podemos entenderlo, nosotros también fuimos jóvenes.
En ese caso, solo los reprenderíamos, les daríamos consejos y listo —afirma Charlie—.
El problema mayor es que ustedes estaban trabajando, sé que aún no saben mucho del mundo del espectáculo, pero yo sí lo conozco bien y si no están preparados, ese negocio se los va a devorar vivos.
Razón por la cual, ante esa posibilidad nosotros como sus padres elegiremos el bienestar de ambos, y no los apoyaremos si eso significa que entraran a entregarse a las fauces del lobo.
—¡Qué! —replican los chicos sorprendidos, al mismo tiempo que comparten una mirada.
—¿No nos apoyarán más? —inquiere Tyler, desconcertado.
—En estas condiciones, después de todo lo que hicieron en esa fiesta… la respuesta es no —declara Jhon.
Los chicos se llevan las manos a la cara, ambos se sienten molestos e indignados por toda la situación.
—¡Todo es por culpa de Agata! —exclama Tyler.
—No, los únicos culpables son ustedes —replica Charlie—. Ahora no se dan cuenta, pero al final agradecerán que ella haya contado todo. Aún están a tiempo de corregir lo necesario, si es que en realidad desean continuar con sus carreras artísticas.
—Pero papá… —añade Sam, hasta que Charlie lo interrumpe.
—Chicos… esa fue su primera presentación después de publicar una canción, y miren el desmadre que hicieron.
¿No creen que esa es una señal de alarma?
¿Es que no la ven? Porque para mí está muy clara, y si ustedes no se dan cuenta, entonces son más inmaduros de lo que yo creía.
No respetaron el escenario, ni a su público, y por sobre todo, no se respetaron a ustedes mismos, ni como individuos y mucho menos como artistas.
¡Estaban trabajando! —recalca molesto—. ¡No en una cita en el jardín de su casa!
Sam y Tyler de inmediato bajan la mirada, sintiéndose avergonzados, entendiendo que sus padres tienen razón.
—Entonces… vamos con lo obvio por si su repentina fama les nubló el sentido común y olvidaron lo básico —interviene Jhon—. Está prohibido el consumo de drogas y estupefacientes de cualquier tipo, ni ingerido, inhalado o inyectado.
—¡Obvio! ¡Nosotros nunca hemos hecho eso! —responde Tyler alarmado, mientras que Sam asiente.
—Solo quiero aclararlo por si las dudas —dice Jhon, en tono serio—. Continúo… ustedes no fumarán ningún tipo de tabaco, hierbas, ni vaporizadores electrónicos. Es decir… no se llevarán nada que emita humo a la boca y tampoco tomarán nada de alcohol...
—¡Qué! —interrumpen ambos chicos, al mismo tiempo.
—¡Déjenlo terminar! —ordena Charlie, mirándolos con autoridad.
—No van a consumir alcohol en ninguna presentación, no importa si es grande o pequeña, mientras ustedes estén trabajando, jamás tomarán ninguna bebida —insiste Jhon—. Podrán hacerlo con moderación en casa o en alguna fiesta a la que asistan de invitados, como ya se lo habíamos permitido antes.
Tyler y Sam comparten miradas nuevamente, sintiéndose indignados y un poco frustrados.
—Con respecto al tema de las chicas, la realidad es que es iluso tanto para Charlie como para mí, prohibirles estar con ellas, en este caso, solo podemos aconsejarlos —comenta Jhon—.
Aunque sí van a existir algunas normas, entre las cuales, están el cero contacto con ellas mientras estén trabajando, bien sea sobre el escenario, al lado de este o una vez que se bajen de la tarima —añade enfáticamente fijándolos con la mirada.
Ambos chicos se cruzan de brazos pero se mantienen en completo silencio.
—Oigan… tienen que estar consciente que al volverse personas públicas, habrá muchas chicas interesadas en ustedes, por lo que no pueden volverse locos con toda esa nueva atención.
No significa que se tienen que ir a acostar, con cada seguidora que les escriba por las redes, o que les pida una foto.
Nosotros también tuvimos su edad y sabemos que ustedes lo verán como posibilidades que no querrán dejar pasar, pero la realidad no es esa, tienen que tener la madurez necesaria para saber que el sexo también es una adicción —explica Charlie.
—Exacto, ustedes no pueden estar acostándose con cada chica que se les aproxime, porque no solo se arriesgan a tantas enfermedades sino también a embarazos no deseados —agrega Jhon.
—Si deciden ser artistas y alcanzan el éxito que esperan, tienen que pensar que en el futuro, pueden encontrarse con chicas dispuestas a quedar embarazadas de ustedes, solo porque son famosos.
—Papá… no soy idiota, claro que eso lo sé.
Yo no quiero tener una carrera musical porque esa sea una vía para acostarme con chicas, la verdad es que yo solo pienso en la música.
Me entusiasmó tanto escuchar a todos cantando nuestra canción, fue increíble y eso es lo que quiero volver a sentir, no me interesa acostarme con nadie y tampoco busco tener ninguna relación.
Mi único interés es tocar, esa es mi prioridad —declara Sam, viendo a su padre a los ojos.
—Siendo así… entonces pónganse a trabajar y dejen de hacer idioteces o perder el tiempo. Yo no puedo conseguirles presentaciones, cuando solo tienen una canción propia, necesitan más —puntualiza Charlie.
—Entonces… ¿si nos van a apoyar? —inquiere Tyler, esperanzado.
—Solo si cumplen las reglas, de lo contrario no —responde Jhon.
—Gracias papá, y tranquilo, tú confía en mí. Yo no haré ninguna estupidez, no perderemos esto que tanto nos ha costado —afirma Tyler.
—Eso esperamos chicos —comenta Charlie.
Una vez que Jhon termina de hablar con los chicos, los deja en la cochera con Charlie y regresa a su casa, en cuanto entra, sube directo a la habitación de Agata para conversar con ella
—Cariño… ¿por qué sigues aquí? ¿No piensas bajar?
Agata niega con la cabeza, mientras que se mantiene en silencio abrazada a una almohada.
—Tienes que comer —añade Jhon.
Ella una vez más niega con la cabeza, sin emitir ninguna palabra.
—¿Es que no me piensas responder? —inquiere él, cruzándose de brazos con tono serio.
Agata lo escucha pero decide seguir en la misma posición y callada.
—En ese caso, ya todo está dicho. Cuando termines con esta actitud infantil de mierda, me avisas —acota él molesto, caminando hacia la puerta.
—¿Y qué esperas que diga? Cuando ustedes le dan la razón a Sam.
—No es así —replica él, volteándose para verla.
—¡Claro que sí! ¿O es que acaso no me dijeron que básicamente tengo que hacer lo que dice Sam que haga? —pregunta ella, sentada en su cama llorando.
—No cariño… no es lo que dice él. Es porque soy yo el que te lo ordena —responde Jhon—. No puedes acercarte a Zac.
—¡Papi! ¡Pero eso es lo que Sam quiere! —replica ella, frustrada—. Eso fue exactamente lo que me gritó ayer.
Jhon suelta un resoplido para luego prensar los labios, mientras que piensa unos segundos como responderle a su hija.
—Cariño… sé que eso fue lo que dijo, pero… escúchame. Yo te estoy pidiendo que me hagas caso, Zac no es una buena influencia para ti —comenta él, sentándose en la cama junto a ella.
—¿Y Sam sí lo es? ¿Cuándo él es el que anda propiciando peleas?
—cuestiona Agata, frunciendo el ceño—. Tú lo viste, si no lo detenías se le lanzaba a Zac como una bestia.
Es que parecía que lo quería matar. Claro…
él hace eso, luego viene mintiéndome y hablando mal de las personas, para que yo crea que él es el bueno y Zac el malo.
¿Eso es manipularme o no? —inquiere furiosa.
—Cariño, Sam es bueno, no malo —replica Jhon, cruzándose de brazos.
—¡Papi! ¡Escúchate! ¿Aún lo defiendes después de todo lo que pasó?
—Agata, yo entiendo que estés molesta, pero Sam es un buen chico, no es una mala influencia, él solo te protege.
—¿Me protege? Pues vaya forma de hacerlo, con mentiras y haciéndose la víctima —replica ella, sarcásticamente.
—¡Bueno ya basta! No vamos a llegar a nada si seguimos discutiendo lo mismo —puntualiza Jhon—.
Ya sé que estás enojada y también sabes cuales son mis reglas.
¡No debiste decirme qué harías una cosa y luego hacer algo diferente!
Estoy molesto por eso, porque yo confiaba en ti.
No pensé que tenía que llevarte de la mano hasta los chicos, para que no te desaparecieras luego.
—Entonces… ¿debí subirme a la tarima mientras las zorras los manoseaban?
—¡Sí! ¡No importa que estuviese ocurriendo! —exclama Jhon, frustrado—. Debiste ir con los chicos para que ellos supieran que tú estabas en la fiesta, porque eso era lo que habíamos acordado. ¿Cómo se supone que se iban a cuidar entre sí, cuando ellos no sabían de tu presencia?
—Pero…
—¡Entiende Agata! ¡Casi me muero cuando vi que no regresaste con ellos a casa! —interrumpe él furioso, levantándose de la cama—. ¡No me vuelvas a hacer eso nunca más! —ordena saliendo de la habitación.