CAPITULO 2 #3
—Era un asco, ¿cómo puedes ser así de fácil?
Te juro que si lo de Tyler fue difícil de ver, lo tuyo creo que le gana.
Una cosa es que la chica por estar ebria y ustedes por fáciles se dejen desvestir, pero…
que tú en el escenario la tomaras por la cintura, le quitaras la falda y le manosearas el trasero… ¡Fue una mierda! —grita Agata, molesta.
—¡Yo no la manosee, Kitty! ¡Eso no fue así! —replica Sam, en un intento de justificarse.
—¡Ah claro! ¡Es que habló el artista! —comenta ella, sarcásticamente —.
Perdón… corrijo, tú solo hacías una obra de arte.
Embadurnarte las manos con pintura para luego plasmarlas en los glúteos de la zorra, después tomarla de la cintura y lanzarte sobre ella a comerle la boca, como si de eso dependiera tu existencia.
¡Un asco! Yo los escuché hablando antes, ustedes solo conocían a la tal Kelly, no a sus hermanas.
Entonces… ¿cómo es que te besas de esa manera con alguien que acabas de conocer hace cinco segundos?
—inquiere con los ojos aguados—. ¡Es que no lo entiendo! —grita angustiada.
Sam vuelve a bajar la mirada, se siente completamente avergonzado, pero lo que más le mortifica es ver el dolor que le ha causado a ella.
—Sam… ¿por qué me mentiste? ¿Por qué me has mentido todo este tiempo? —Agata exclama molesta y completamente fuera de sí.
—¿De qué hablas? —pregunta Jhon, confundido.
En ese instante, todo el color se drena del rostro de Sam, empalidece a la vez que se cruza de brazos, él siente que se le viene la noche encima.
—Él me mintió y todos ustedes también lo hicieron —declara Agata, señalando primero a Tyler y luego a su padre.
Todos en el comedor se quedan desconcertados con ese señalamiento, ninguno entiendo a qué se está refiriendo.
«¿De qué está hablando Kitty? Entonces no es de nuestros besos.» Piensa Sam angustiado, clavando su mirada confundida en ella.
—¡Agata! ¡Cálmate! ¡¿De qué demonios hablas?! —cuestiona Jhon.
—Zac me dijo la verdad, él fue bueno conmigo, me vio en la fiesta toda mojada, buscando como secar mi teléfono y me ayudó.
Me ofreció traerme a casa y sabía cómo desarmar mi teléfono pero necesitaba las herramientas.
Yo le dije que me daba miedo subirme a una moto y que además tú no me dejarías —explica ella, señalando a Jhon—.
Zac me dijo que podíamos venir caminando, que él no dejaría que me regresara sola, pero estábamos muy lejos y yo no quería perder toda la información de mi teléfono, porque tengo todo lo de mis pedidos allí.
Así que por eso accedí, él me aseguró que vendría muy despacio para que yo no me asustara, y eso fue lo que hizo.
Tardamos mucho tiempo en llegar porque venía lento, en cuanto llegamos a su casa se puso a trabajar para desarmarlo y secarlo.
—Okey… —murmura Jhon.
—Siempre lo vi como un idiota, porque eso es lo que tú me hiciste creer —aclara Agata, señalando a Sam—. ¡Pero al final el idiota eras tú!
—¡No sabes lo que dices! ¡Zac es un maldito idiota! —replica Sam, gritándole—. ¡Te prohíbo que te le acerques! ¡No hablaras con él nunca más! ¡Te lo digo muy en serio Agata! —añade molesto.
—¡No me puedes prohibir nada! ¿Con qué cara me vienes a decir eso cuando no haces más que mentirme? —dice ella, furiosa.
—¡Yo no te mentí! Todos acá sabemos que Zac en un hijo de puta, a excepción de ti —responde Sam, enojado.
—¿Entonces él me mintió cuando me contó que tú fuiste quien lo atacó en su casa en la pelea que tuvieron hace años?
¿Es falso que él estaba reparando su moto y que tú llegaste a formarle problemas y que iniciaste la pelea?
¿Eso es mentira? —cuestiona Agata, viéndolo a los ojos—.
No… claro que no lo es, porque yo hoy vi con mis propios ojos como llegaste directo a golpearlo, si no fuera por papá que te detuvo, lo hubieses vuelto a atacar, solo porque sí.
—¡No! ¡No es solo porque sí! ¡Tú no entiendes nada! —grita Sam frustrado, llevándose las manos a la cabeza.
—¡Tú eres el agresivo! —declara ella, señalándolo—. ¡Tú siempre fuiste el problema, no él!
—¡Zac es el idiota! ¡Pero tú no lo entiendes! —replica Sam, soltando un resoplido.
—¡Claro! ¡Cómo yo soy tan estúpida! Tanto que de nosotros tres, la única que no arrastró, ni humilló el apellido de sus padres hoy, fui yo.
Los tres adultos se miran entre sí, completamente anonadados, es común para ellos ver a Agata y Tyler discutir y pelear, pero esta es la primera vez que la observan a ella y Sam a los gritos, ambos están tan enojados, y aunque Sam actuó indebidamente en la fiesta, también comprenden que su reacción por lo de Zac está justificada.
Él está en lo correcto y solo intenta protegerla, aunque nadie le explique los motivos reales a Agata.
Entre gritos y más drama, la reunión finaliza, Lucy se marcha con Sam, mientras que lo va reprendiendo, decepcionada, a la vez que los Lambert hacen lo mismo con Tyler.
Por su parte, Agata entra en su habitación, desbordada entre la rabia y la tristeza, ella se siente destrozada, por lo que se acuesta en su cama llorando, pero en cuanto ve el peluche de gato a su lado, lo toma y lo arroja furiosa hacia la pared.
—¡Te odio! —exclama entre sollozos.