30 #2
Mi corazón sabe lo que siente por él, pero mi cabeza es más complicada y se mueve en un mundo de ciencia y verdades absolutas. Lo que pasa es que no hay absolutos en el amor.
No, eso es cosa del corazón.
En cuanto me subo a la camioneta, entusiasmada y decidida, suena el teléfono a través del sistema de bluethooth . Es Nadia. Pulso el botón, pensando que va a preguntarme sobre cómo cerrar la clínica por la noche.
Y me sorprende el pánico en su voz.
—¡Mira! ¡Hay un incendio en los establos de Cascade Acres!
Nunca había conducido de forma tan temeraria.
Conozco las carreteras secundarias del pueblo como la palma de mi mano, así que voy recta en todas las curvas e incumplo todos los límites de velocidad.
Nadia no ha podido darme mucha información: ha recibido una llamada del encargado de los establos y ha salido hacia allí.
Le he pedido a Vaughn que cierre la clínica y he regresado a Ruby Creek en un tiempo récord. El humo aparece ante mí como un mal presagio, y se me revuelve el estómago al ver esas nubes oscuras sobre la pintoresca propiedad de Stefan.
Inspiro hondo e intento mentalizarme para lo que me voy a encontrar. Los incendios no son algo raro porque, por desgracia, el heno y la madera son muy inflamables, pero el resultado nunca es bueno: quemaduras, inhalación de humo… Las consecuencias siempre son horribles y desgarradoras.
Sobre todo, teniendo en cuenta el tamaño de la humareda: no es un fuego pequeño.
Confirmo mis sospechas cuando atravieso el camino de entrada: los establos están rodeados de humo y las llamas lamen la parte posterior del edificio.
Las luces parpadean en la oscuridad de la noche y oigo los gritos de los bomberos cuando aparco y bajo de un salto de mi camioneta, directa hacia el incendio.
Encuentro a Leo, el encargado de los establos, contemplando la escena boquiabierto, con el resplandor de las llamas iluminándole el rostro.
—¿Han salido los caballos? —pregunto.
—No, no todos. Acabábamos de meterlos en los boxes para pasar la noche cuando ha sucedido.
Me da un vuelco el corazón. Loki, Farrah. Me dejo llevar por la ira.
—¿Y qué haces aquí parado?
—¿Y qué otra cosa puedo hacer?
Es un imbécil total.
—¿Estabas aquí cuando ha empezado?
Asiente con expresión solemne. El muy cobarde estaba aquí y no ha hecho una mierda; se ha quedado mirando las musarañas.
—¿Dónde está Stefan?
—Viene de camino.
—¿Dónde está Nadia?
—Ha entrado.
Un escalofrío me recorre la columna y me congela los huesos.
—¿Perdona?
Señala los establos.
—Hace un par de minutos.
—Joder, Leo. Eres un puto gallina. —Voy hacia los establos, furiosa, y me acerco a un bombero que está totalmente equipado—. ¿Saben que hay una persona dentro?
—Acabamos de llegar, señora. Estamos evaluando la situación.
No es suficiente . Nadia está ahí y Stefan no puede perderla. Eso acabaría con él.
Unos instantes después, Nadia aparece en las puertas del establo, con los ojos desorbitados, pero mi alivio apenas dura un segundo.
—¡Necesito unos guantes! —grita—. ¡No puedo abrir los boxes! Los cierres metálicos queman.
Se da la vuelta y regresa corriendo al interior del edificio. Un bombero corre hacia ella para tratar de detenerla antes de que desaparezca entre el humo.
Me da un vuelco el estómago y no puedo apartar la mirada del establo. Las llamas siguen creciendo y sus palabras me persiguen.
Todo por lo que Stefan ha trabajado tanto, la redención que buscaba, los caballos que ama en silencio, esas almas buenas que no pueden salvarse solas…
Su hermana.
Ni siquiera me paro a pensarlo: me pongo en marcha. Cojo un par de guantes del parachoques del camión de bomberos y corro hacia el establo antes de que alguien pueda detenerme. No voy a quedarme aquí planeando una estrategia mientras esos caballos y mi amiga mueren abrasados. No hay otra opción.
Oigo gritos a mis espaldas; me pongo los guantes y atravieso la puerta. Se me pasa por la cabeza que estoy cometiendo una estupidez monumental, pero ignoro esa idea. Si puedo salvar a unos cuantos caballos y salir, seré feliz.
Una densa humareda llena el establo oscuro. Oigo los relinchos por encima del crepitar del fuego, y juraría que hasta puedo saborear el pánico. Y entonces veo a Nadia: intenta agarrar un pestillo, pero se aparta bruscamente cuando chisporrotea contra su piel.
—¡Mira! —grita al verme, señalando hacia donde el humo es más denso, pasillo abajo—. ¡Loki está ahí! ¡Todos están ahí!
No hace falta ser médico para darse cuenta de que se ha quemado las manos en su intento fallido de abrir los boxes.
—Nadia, fuera. Necesitas un médico. Yo me encargo.
—¡Déjame ayudarte! —Está en estado de shock; las lágrimas se derraman por su rostro.
—No.
—Mira, no lo entiendes. Si pierde a Loki, no se lo perdonará jamás. Va a pensar que todo lo que toca se convierte en mierda. Tengo que sacarlo.
—¿Y si te pierde a ti, Nadia? —La agarro, la cobijo bajo mi brazo y la empujo hacia las puertas abiertas—. Ve. Yo me encargo de Loki.
Me mira suplicante cuando los equipos de emergencia llegan hasta ella, pero yo regreso a los establos antes de que me pillen.
Camino con rapidez, tapándome la nariz con el abrigo, y abro el primer box.
Entro, le doy una palmada al caballo en las ancas y él corre hacia las puertas.
Los caballos se escapan cuando están aterrados, así que espero que alguien tenga la sensatez de pararlos.
De cualquier manera, mejor eso a que se quemen.
Me abro paso con rapidez por el establo, dando gracias porque muchos de los animales de Stefan vivan en el hipódromo y el lugar no esté lleno.
El humo se vuelve más denso a medida que avanzo por el pasillo. Hace mucho calor, pero eso no me detiene. Por suerte, el fuego parece peor en el exterior del edificio. Creo que han salido todos los caballos excepto los que yo quería con desesperación.
—A la mierda con todo —murmuro contra la tela de mi chaquetón, y voy hacia el final del pasillo, donde se guarda a Loki y a Farrah.
Escogí específicamente que estuvieran al fondo porque hay menos corrientes de aire, y ahora me arrepiento. Farrah mueve las patas con nerviosismo cuando llego hasta ellos; Loki está acurrucado contra ella, y su valor se ha diluido en puro terror.
—Hola, chicos. Ya estoy aquí. —Abro la puerta.
Farrah no necesita ayuda. Corre hacia la seguridad de la puerta principal, con Loki a su grupa, galopando para seguirla.
Me doy la vuelta para ir tras ellos y me mareo.
Tengo que salir de aquí.
Ese es mi último pensamiento antes de que todo se funda en negro.