29 #2
—No te digo lo que tienes que decirle, solo que debes hablar con ella.
Los dos necesitáis pasar página, si es eso lo que quieres.
Mira es un hueso duro de roer, y muy reservada, pero tiene buen corazón, y he visto cómo saltaba en tu defensa en más de una ocasión.
No dudes ni por un momento de que le importas.
La vida es demasiado corta. —Mira hacia el lago, pensativo, y añade—: Voy a charlar con tu madre.
Y, con un último apretón en mi hombro, se va, como si llevara toda la vida dándome consejos paternales.
Al pasar llama la atención de Mira, que se levanta bruscamente para seguirlo con la vista antes de girarse para buscarme en el camino.
Y cuando nuestras miradas se cruzan, la tensión se palpa en el ambiente, como siempre entre nosotros.
Eso es algo que no ha disminuido lo más mínimo a pesar de lo que sucedió anoche.
Creo que incluso es más fuerte, como si nos uniera una goma elástica que yo he tensado demasiado tirando hacia mí. Me pregunto si, cuanto más tire, más fuerte chocaremos cuando la suelte.
Me pregunto si sobreviviremos a la colisión.
—Hola —dice con timidez cuando me acerco.
—Hola —respondo con voz ronca, y me detengo a un par de metros.
No confío en mí mismo si me acerco más, pero estar cerca de ella alivia el dolor que me constriñe el pecho. Pero no puedo perderme en sus ojos, esos grandes ojos de color ónice que últimamente me dejan ver todas sus inseguridades.
Hoy parecen tristes. Devastados, incluso.
Nos miramos incómodos, como dos tontos. Dos adultos inteligentes que han compartido sus secretos más recónditos y que no saben qué decir.
—Tienes que escucharme. No hace falta que respondas, y ni siquiera espero que lo entiendas, pero quiero tener la oportunidad de explicarte mis motivos. Y entonces me iré, lo prometo.
Solo puedo ofrecerle un breve asentimiento.
Suspira profundamente y acaricia con suavidad a Farrah entre las orejas.
—No pensé que Hank fuera tu padre hasta la noche que volvimos de casa de mis padres, cuando me contaste lo que te había dicho tu madre y que lo único que sabías era que había sido camarero en el pueblo.
Y yo sabía que Hank había sido camarero antes de trabajar en el rancho, pero, Stefan —hace una pausa y me mira, suplicante—, ha habido un montón de camareros en el pueblo a lo largo de los años.
—Sé que tiene razón, pero no digo nada—.
Ni siquiera sabía si en esa época había más bares o restaurantes en el pueblo.
No tenía por qué ser el Neighbor’s. Tenía mis sospechas, pero ¿qué más podía hacer?
¿Dejar que te hicieras ilusiones cuando podía estar equivocada?
¿Decirle a Hank, que es como de mi familia, lo que sospechaba?
—Sí, Mira. Cualquiera de esas opciones habría sido preferible.
Pone los brazos en jarras y su expresión se inunda de tristeza.
—¿Y a quién debería habérselo dicho primero? ¿A quién tendría que haber expuesto mis teorías infundadas? Te pedí más información sobre tu madre, aunque solo fuera su nombre, y anoche mi intención era preguntarle a Hank si la conocía.
—Vaya, lo tenías todo planeado —digo, cortante. Detesto saber que había tramado todo eso a mis espaldas.
Ella ignora la pulla, pero las lágrimas brotan de sus ojos.
—No era asunto mío. Intentaba reunir la máxima información posible para tomar una decisión lógica.
No soy de las que van por ahí soltando teorías sin pruebas fehacientes.
No es así como funciona mi cerebro. Y no sabía lo rápido que iban a evolucionar las cosas entre nosotros, no lo vi venir, Stefan.
No así —suspira, y mira las nubes algodonosas—.
No podía decírselo a Hank porque no quería traicionar tu confianza.
Y no podía decírtelo a ti porque tenía miedo de hacerte daño si me equivocaba.
—Su voz se quiebra y aparta la vista, taconeando con un pie, nerviosa—.
Tienes que creerme cuando te digo que solo quería protegerte.
—Y de todos modos, me has hecho daño.
Acaba de esfumarse cualquier atisbo de felicidad que hubiera podido albergar y me siento profundamente deprimido. Tendría que ser idiota para no ver la lógica en lo que me ha contado, pero eso no cambia nada: me mintió, me ocultó un secreto, y no puedo superarlo.
Su expresión es agónica y solo quiero estrecharla entre mis brazos y curar sus heridas, pero mi orgullo no me lo permite. El niño perdido que llevo dentro no me lo permite.
—Yo… Necesito tiempo —dice ese niño cuando respondo en tono seco. Ella parpadea para detener las lágrimas que inundan sus ojos—. Gracias por explicármelo.
Inspira como si le costara llevar aire a sus pulmones.
Veo lo mucho que le duele, y aborrezco pensar que es por mi culpa.
No quiero hacerle daño, pero no tengo fuerzas para salvarnos a los dos.
Me gustaría olvidarme de todo, pero la traición de mi madre todavía es una herida abierta.
La verdad es que no puedo tomar ninguna decisión importante ahora mismo, y Mira podría ser la más importante que he tenido que tomar en mi vida.
—Gracias por escucharme. —Su voz temblorosa es como un puñal en mi corazón, pero ignoro la sensación. No puedo permitírmela ahora mismo—. Ya no hace falta que venga a ver a Loki con tanta frecuencia, así que no tendrás que preocuparte por si nos encontramos.
—Perfecto —respondo con rapidez. Y con la misma rapidez, deseo retractarme.
Quería decir que es perfecto que esté mejor, no que no vaya a verla. Eso me escuece de un modo que no esperaba.
Hace unos minutos me ha pedido que la escuche, y he visto cómo la esperanza ha brotado de sus ojos.
Ahora, gracias a mí, se derrama por sus mejillas.