Ganar siempre (Gold Rush Ranch 4) 23 #3
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—Me da igual. —Se encoge de hombros, arranca un trozo de pan y le pone encima una loncha de queso que coge del plato que tiene sobre el regazo—.

Me casaría con Vaughn mañana mismo, aquí mismo, en este prado.

Y él lo sabe, pero es más cumplido que yo.

Y para mi madre es un sueño hecho realidad.

Cuando los oigo hablar desearía haberme enamorado de alguien que fuera una decepción para ella.

—Violet resopla y Billie le dedica una sonrisa—.

De cualquier modo, él puede aguantarla y yo no, así que puede ocuparse de probar la tarta y de elegir la tipografía de las invitaciones. Yo prefiero venir aquí con vosotras.

—Brindo por eso. —Levanto la botella de vino tinto y se la paso a Violet, que se limita a negar con la cabeza, sonriente. Antes de mirarla enarcando una ceja, me aseguro de que las demás están entretenidas con la comida. Ella asiente y aparta la vista, con las mejillas y el pecho sonrojados.

Vaya. Otro bebé Harding está en camino.

Le doy un rápido apretón en la rodilla a Violet.

—Me alegro mucho por ti —susurro.

La sonrisa casi le parte la cara en dos. Ahora entiendo por qué Cole se ha molestado en encender fuego y traer sillas. Papá Oso se siente protector.

Le devuelvo el vino a Billie y no digo nada: está claro que Violet no quiere dar la noticia aún.

—¿Y qué tal tú, Nadia? ¿Cómo te va la vida en Ruby Creek ahora que te hemos quitado de encima al pesado del director?

Cruza conmigo una mirada de complicidad. Con el cabello dorado recogido en un moño flojo parece más joven que cuando deja esos rizos salvajes sueltos sobre sus hombros.

—Fue divertido.

—Lo fue.

—¿Qué habéis hecho? —pregunta Violet, acurrucada bajo la manta; se echa hacia delante con los ojos muy abiertos y una mirada inocente.

—Nosotras… —Miro a Nadia y ella se encoge de hombros. Si fuéramos a meternos en un lío, ya habría pasado—. Le tiramos huevos al coche del director.

Violet jadea y Billie suelta una carcajada.

—¿Por qué? —pregunta.

—Porque es un cerdo machista —suelta Nadia, a todas luces mosqueada por la humillante experiencia por la que tuvo que pasar.

—¡Sí! Sabía que me gustabas, Nadia —dice Billie, y sostiene la botella de vino sobre el fuego para brindar con ella.

—Por acabar con todos los cerdos machistas. —Nadia levanta su refresco a modo de respuesta.

—¡Eso, eso! —exclamo, y todas estallamos en risas.

Se hace el silencio mientras comemos. Beber vino con el estómago vacío es para novatos, y todas somos lo bastante mayores como para no cometer esa estupidez.

—Hablando de cerdos machistas, anoche estuve en la recaudación de fondos de Next Chapter Thoroughbred Rescue —les cuento—. Y arrestaron a Patrick Cassel.

—¿Qué? —Billie deja caer la comida en el plato y me mira, boquiabierta—. ¿Por qué?

—Por dopar caballos sin el consentimiento o el conocimiento de su propietario, supongo. Entre otras cosas.

Un largo silbido escapa de los labios de Billie.

—Maldita sea. Sabía que ese tío era un mierda, pero esto es la gota que colma el vaso, ¿no?

—Sí. Mi hermano lleva meses trabajando como un esclavo para acabar con él —murmura Nadia con la boca llena.

Abro los ojos de par en par y Billie se vuelve hacia ella como un rayo.

—¿Stefan?

Asiente.

—Lo haces parecer mucho peor de lo que es, B —dice Violet—. Tu capacidad para guardar rencor es increíble.

Solo puedo oír los latidos de mi corazón porque estoy muy cerca de desvelar mis secretos. Con un escalofrío, me pregunto qué habría de malo en desahogarme, en soltarlo de una vez y sacarlo a la luz.

—Odio a ese puto tío —refunfuña Billie, atacando el pan de nuevo.

—Oye, oye, oye, que es mi hermano mayor del que estás hablando —interviene Nadia.

—¡Billie! —la regaña Violet al mismo tiempo, con un susurro que suena como un grito.

Doy un trago de vino, pensativa. Uno muy grande.

—Te das cuenta de que ha salvado a tu potro, ¿verdad?

Resopla y se remueve, nerviosa. Billie es una rencorosa de campeonato. Solo hay que preguntarles a sus padres. Entiendo que tiene su bagaje, sus motivos, pero me siento protectora hacia Stefan. El Stefan que yo conozco no se merece esto.

—Habríamos encontrado otra manera —dice—. Ese tío es una serpiente de cascabel.

—No. El potro habría muerto —la contradigo, con las mejillas encendidas por la indignación.

Pone los ojos en blanco y se ríe para intentar aligerar el ambiente.

—Vale, Mira: cuando termines de lamerle el culo a Dalca por hacernos un pequeño favor, me avisas.

Doy otro gran trago y apoyo la cabeza en el respaldo de la silla, mirando hacia el cielo cada vez más oscuro; el fuego me calienta los huesos.

—He hecho mucho más que lamerle el culo.

Violet se escupe el agua encima.

Nadia gime y sacude la cabeza con una sonrisita.

—Qué asco, joder… Lo sabía.

Billie me mira fijamente, con la sorpresa dibujada en sus bonitas facciones.

—Por favor, dime que estás bromeando.

—Lo siento, B, no es ninguna broma.

—Vale… —Se acomoda en la silla, frunciendo los labios.

Debe de estar pensando qué decir. Se lleva las manos a la cara y se da unos golpecitos con los dedos en la nariz—.

¿Eres una agente encubierta? ¿Como cuando una agente de la cia se tira al malo para descubrir los secretos del enemigo? Porque admiraría tu compromiso.

Ladeo la cabeza y esbozo una sonrisa triste. Sé que esto no va a gustarle, pero ¿cuándo he hecho lo que los demás esperaban de mí?

—No, B. Es… —Me muerdo el labio inferior, buscando la etiqueta adecuada para definirnos a Stefan y a mí—. Es en serio.