Epílogo
Jordan
El entrenador termina su charla y es momento de salir al campo. Cojo el casco y siento el corazón a mil, como cada vez que salgo a un estadio lleno de gente. Esta vez es incluso peor: nos jugamos la final.
Una vez fuera, miro al banquillo y a la rubia preciosa que está al lado de Jake. Me dedica una sonrisa de esas que me hacen desear estar solos en mi cama y no en medio de un estadio lleno de gente.
Le devuelvo la sonrisa mientras me pongo el casco y solo puedo pensar en que ya no usa mi camiseta del equipo para dormir; ahora la lleva puesta en los partidos y sé que da igual lo que pase en el campo: yo ya he ganado.
Elly
—¿En serio estás nerviosa? —me pregunta Jordan sonriendo.
—Cállate —le digo. Jordan se ríe bajito—. ¿Tú por qué no estás nervioso?
—Porque ahora sé que todo lo que quiero está en este coche mirándome enfurruñada sin poder ser más adorable.
—No me hagas la pelota.
—No lo hago.
Sigo sin moverme.
—Elle...
—¿Qué?
—Sabes que estoy loco por ti y que no tienes que preocuparte por Maya, ¿verdad?
—No es eso, es solo que me siento tonta. Volver aquí después de haber mentido a todo el mundo...
—Todos están encantados de verte de nuevo, de que estemos juntos de verdad. Mira, hacemos una cosa: si te agobias, déjame hablar a mí, ¿te parece?
—Muy gracioso...
Abro la puerta y, al salir, me encuentro de frente con Dan.
—Ni una palabra.
Dan levanta las manos.
—Solo iba a decir que me alegro de verte. Y que estoy deseando verte en bikini.
Jordan sale del coche y viene hasta mí, me coge por la cintura y apoya su barbilla en mi hombro antes de responder a su amigo.
—Ni se te ocurra mirar a mi chica.
El resto sale a recibirnos. Cat es la primera en saludarme, me da un abrazo y lo mismo hace Son. Luego me acerco hasta Lisa, Jess, Maya y su nuevo novio, que tiene pinta de expresidiario, aunque hay que reconocer que está bastante bueno, si te va ese rollo.
Jordan se acerca y los saluda también, y el novio de Maya parece querer asesinarlo cuando se abrazan. Vuelve hasta mí y me coge de la cintura.
—¿Tomamos una cerveza en el porche?
No sé quién lo dice, pero todos asentimos y entramos. Jordan se sienta en una de las sillas y tira de mí para que me siente encima.
—Solo te falta el disfraz de animadora —me susurra al oído.
—Lo llevo en la maleta —le digo yo también al oído.
—¿En serio?
Asiento.
—¿Y el pintalabios negro?
Vuelvo a asentir.
Suelta un bufido y ahora soy yo la que se ríe.
—Feliz 4 de julio —dice Son a modo de brindis y
todos alzamos nuestras cervezas.
Jordan me abraza y acerca su boca a mi oído:
—Te quiero, pija.
—Y yo a ti, estrellita.