Ganar nunca fue el plan 28
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Es Carter

Jordan

De camino a su casa la vuelvo a llamar, pero Elly no me coge el teléfono.

Dios, qué cabezota es.

Casi tengo un accidente por saltarme un semáforo en rojo.

Al llegar a su edificio, por supuesto no hay donde aparcar. Es que no me puede salir nada bien... Doy la vuelta y vuelvo hasta el mío para dejarlo en mi garaje. Recorro las dos manzanas que nos separan pensando qué decirle, y nada parece correcto.

Cuando por fin estoy delante de su edificio, noto cómo el corazón se me acelera. Estoy a punto de cruzar las puertas cuando veo al portero mirándome con mala cara.

Joder, se me había olvidado el puto portero.

Doy media vuelta y saco el móvil del bolsillo. Vuelvo a llamar a Elly, sigue sin cogerlo. Le mando un mensaje.

Yo

Estoy en la puerta de tu edificio, o bajas o paso por encima de tu portero. No pienso irme de aquí hasta que hables conmigo.

Pasan unos minutos y Elly no contesta ni baja.

A la mierda. Abro la puerta y voy derecho al portero dispuesto a pasarle por encima, pero no me da tiempo:

—Buenos días, la señorita Evans le está esperando.

Me guardo mi amenaza que ya tenía en la punta de la lengua y me obligo a retroceder y caminar con calma hasta el ascensor.

Me miro en el reflejo del espejo: tengo ojeras y estoy pálido. La verdad que no es mi mejor momento para impresionar a una chica.

Las puertas se abren y camino hasta la casa de Elly. Tengo el corazón a tres cientos cuando llamo al timbre.

Elly tarda tanto en abrirme que, por un momento, creo que se lo ha pensado mejor y no va a hacerlo.

Estoy a punto de volver a llamar cuando la puerta se abre y aparece con una camiseta negra y unas mallas. Aunque está preciosa —porque es preciosa—, puedo ver que no tiene mucho mejor aspecto que yo. Tampoco ha debido de dormir mucho.

Siento un pinchazo de culpabilidad en el pecho al pensar que es todo por mi culpa.

Se planta en la puerta con los brazos cruzados sin intención de dejarme entrar.

—¿Qué haces aquí, Jordan?

Su voz ya ni siquiera suena cabreada, solo cansada. Y sé que eso es mucho peor.

—Tenemos que hablar.

—Deberías estar entrenando.

—Primero tenemos que hablar.

—Yo creo que no.

—Yo creo que sí.

Va a responder algo, pero no le dejo.

—Le he dicho a Maya que no quiero volver con ella.

Lo digo en un torbellino antes de que me cierre la puerta en las narices. Veo que algo cambia en sus ojos durante unos momentos antes de que lo enmascare con su coraza, para después contestar con indiferencia. Pero a mí ya no me engaña.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —me dice.

—Espero que mucho.

Doy un paso hacia ella y ella retrocede, no porque me ofrezca entrar en su casa, sino para mantener la distancia entre nosotros. Suspiro.

—Le he dicho que no podía volver con ella porque me he dado cuenta de que con quien de verdad quiero estar es con otra chica.

—Ayer tuve una cita.

Suelta de repente cortando mi discurso.

Casi sonrío, está nerviosa y eso sí que es algo que no es fácil de ver en Elly.

—Me importa una mierda el tal Connor.

Mi comentario suena mucho más rudo de lo que pretendía.

No estoy enfadado con Elly por salir con alguien.

Al contrario, estoy enfadado conmigo por no haberme dado cuenta de que Elly sentía algo por mí y por haberla hecho sufrir en el lago.

Y lo que es peor aún, por ser tan cafre de no haber visto lo que estaba pasando entre nosotros.

Doy otro paso y cierro la puerta detrás de mí.Me quedo apoyado en ella, no sé muy bien cómo seguir.

—¿Se puede saber qué haces? No te he invitado a entrar. Y es Carter, no Connor.

—He hablado con Mike —le digo en un tono mucho más suave—. Lo siento mucho. Por todo. He debido de hacerte pasar el peor fin de semana de tu vida.

Elly da media vuelta y va hasta la encimera de la cocina, otra vez alejándose de mí. La alcanzo en dos zancadas y, cuando se gira para responderme, se choca contra mi pecho.

—No sé qué te ha dicho Mike, pero...

—Elle. —Pongo mi mano derecha en su cintura y siento cómo tiembla. Espero que eso sea una buena señal. Digo de una vez lo que he venido a decir—: Quiero estar contigo, solo contigo.

Ella parpadea sorprendida como si no se esperase mis palabras.

Joder. ¿Tan mal lo he hecho para que le sorprenda? Si me perdona me prometo compensarla.

Me inclino hasta que nuestras bocas están a unos pocos centímetros, pero me quedo ahí, a la espera de que sea ella la que decida lo que quiere que pase a partir de ahora entre nosotros.

Pasan unos segundos y, al final, Elly habla, aunque no para decir lo que yo quiero escuchar.

—Ayer besé a Carter.

Quiero matar a Carter y ni siquiera lo conozco. Cojo aire e intento tranquilizarme.

—Pero tú no quieres estar con Carter.

No puede querer estar con él, solo es demasiado cabezota y está demasiado enfadada conmigo y tiene todo el derecho a sentirse así porque he sido un gilipollas con ella. Sin embargo, no pienso rendirme.

—Tampoco quiero estar con alguien que me haga daño —dice en un susurro.

Sus palabras se me clavan directas en el corazón.

—Joder, Elle, lo siento muchísimo. No sé cómo he podido cagarla tanto. Soy gilipollas, por favor, no me digas que esto se ha acabado antes siquiera de empezar.

Elly permanece callada. Nos quedamos mirándonos en silencio. Empiezo a pensar que no me va a perdonar, por lo menos no de momento, y tampoco es que pueda culparla. Hablo de nuevo, otra vez atropellado, sin siquiera pensar lo que digo:

—Te echo de menos, echo de menos salir a correr contigo por las noches y que te pongas mi ropa cuando tengas frío, que me tomes el pelo y me llames estrellita.

Quiero poder venir a tu casa siempre que quiera y que tu portero no pueda decirme nada, porque, joder, cómo le odio.

Y poder cogerte de la mano y dormir contigo y, sobre todo, quiero saber que todo es real.

Elly se muerde el labio inferior y suspira. Su mirada se dirige por un segundo a mis labios. Me muero de ganas por besarla, pero sigo esperando a que sea ella la que decida, más aún después de lo que me ha dicho. Sin embargo, no me besa. En su lugar vuelve a hablar:

—Si vuelves a salir corriendo, te prometo que voy a patearte el culo.

El alivio me recorre todo el cuerpo. Me río bajito.

—No volverá a pasar. Te lo prometo.

Seguimos mirándonos durante lo que me parece una eternidad.

—Tienes un aspecto lamentable, no te salva ni la barbita de cuatro días —me dice con el amago de una sonrisa.

Y sé que me ha perdonado. Dios, no me la merezco.

—Demasiadas noches sin dormir —le respondo, e intento besarla porque ya no puedo aguantar más.

Ella me lo impide:

—¿No habrás venido hasta aquí para dormir?

—Espero no dormir nada —le digo con la voz ronca.

Y por fin recorre la distancia que quedaba entre nosotros y me besa. Y yo, por supuesto, le devuelvo el beso. Esta vez no me contengo, voy con todo, y ella hace lo mismo. Enreda sus manos en mi pelo y se me escapa un gruñido.

Dios, ¿cómo he podido tener alguna duda sobre esto?

La cojo en brazos y la siento en la encimera de la cocina. Elly enreda sus piernas en mis caderas y se aprieta contra mí.

Joder, qué delicia.

Tiro de ella y la llevo hasta su habitación. Nos dejó caer en la cama, con mi peso sobre su cuerpo.Nos separamos un momento y mis ojos registran algo en un rincón: mi camiseta del equipo.

—Llevabas puesta mi camiseta, ¿por eso has tardado en abrir? Siempre ha sido mi camiseta —digo entendiéndolo por fin.

—Eres un bobo que no se entera de nada. Pues claro que era tu camiseta —me dice enfadada.

—Lo siento mucho, Elle, de verdad. Pienso compensarte.

—Anda, cállate y bésame.

Y yo lo hago. Y entonces comprendo que no era ni por la lluvia ni por las ganas que tenía, sino simplemente porque besar a Elly Evans es una puta pasada.