Ganar nunca fue el plan 27
90%

27

Un récord de dudoso mérito

Jordan

Por un momento he pensado que Elly le había contado a Jake lo que había pasado entre nosotros y Jake iba a partirme la cara.

Quizá lo ha hecho, porque la situación ha sido muy rara, sin embargo, no me da tiempo a pensar mucho en ello porque, cuando he ido a hablar con Elly y me he dado la vuelta para mirar lo que miraba ella, me he encontrado con Maya.

¿Qué diablos hace aquí?

Me giro de nuevo para disculparme con Elly porque, una vez más, voy a tener que salir corriendo, pero ella ya se ha ido. Mierda.

Bajo la cabeza y voy hasta Maya.

—Hola, Maya.

Se retuerce las manos como cuando está nerviosa.

—Hola, siento aparecer sin avisar.

—No pasa nada. Vamos, ya estábamos terminando.

Mis compañeros nos ven y empiezan a hacer ruido y a silbar. Miro a todos lados esperando que Elly no esté cerca.

Llevo a Maya hasta el aparcamiento y le pido que me espere en mi coche, no tengo las llaves porque están en el vestuario, así que va a tener que quedarse aquí fuera. Escaneo el aparcamiento para ver que el coche de Elly ya no está.

—Dame un momento, me ducho rápido y salgo, ¿vale?

Maya asiente y yo voy hasta las duchas. Ahí está Mike, mirándome con cara de reproche.

—No sabía que iba a venir —me justifico.

Ni siquiera sé por qué le estoy dando explicaciones.

Mike asiente sin decir nada. Eso es nuevo.

Al salir de la ducha vuelvo hasta mi coche, veo que Maya está mirando al frente, aunque no parece que esté mirando nada en concreto. Cojo aire y voy hasta ella.

—No sé por qué he venido.

Abro la puerta del copiloto y espero a que Maya entre.

—Puedes venir siempre que quieras. No necesitas un motivo.

—Estabas con Elly. Lo siento, no he pensado. Claro, trabajáis juntos.

—Maya, no pasa nada. De verdad.

Según estamos en el coche sin saber qué decirnos, termino de entender lo que sabía desde Halloween: que esto ya no es lo que quiero.

No sé cómo ha pasado.

Sé por qué ha pasado, o mejor dicho por quién. Y, desde luego, sé que odio hacer daño a Maya, pero ya no puedo dar marcha atrás.

—Maya... —empiezo.

—No quieres volver conmigo.

La miro, creo que lo mínimo que merece es la verdad.

—Hace una semana habría dado todo lo que tengo por que estuvieras aquí conmigo, diciéndome esto, pero las cosas han cambiado. No pretendía que pasase, no sé ni cómo ha pasado.

—¿Hace una semana?

—Elly y yo no estamos juntos. A decir verdad, ni siquiera somos amigos.

Maya me mira sin comprender.

—Elly sí que fue mi agente y sí que trabaja para el equipo.

Todo eso es verdad. Pero ella y yo rara vez hablamos.

Antes del viaje habríamos hablado un par de veces en el último año —suspiro—.

Yo, estaba hecho una mierda pensando que te iba a ver y que tú habías pasado página y tenías una relación.

Estaba haciendo unos entrenamientos lamentables.

Elly se dio cuenta y me preguntó qué me pasaba, y yo estaba tan jodido que se lo conté y ella se ofreció a venir conmigo.

Al principio pensé que estaba de broma y le dije que no, pero, según se acercaba el viaje, empecé a agobiarme y al final le pedí que me acompañara.

No sé qué pasó, la conocí de verdad, imagino, y algo cambió.

—Y te has enamorado de ella.

Asiento porque todavía es demasiado nuevo y demasiado increíble como para decirlo en voz alta.

—Lo siento mucho, Maya.

—Y ella siente lo mismo...

—No lo sé, las cosas terminaron un poco mal, supongo.

—Yo me interpuse y ahora estoy haciéndolo de nuevo.

—Ni siquiera sé si Elly siente algo parecido, pero no sería justo para ti si volviera contigo sintiéndome así; tampoco lo sería para mí.

—Ella está enamorada de ti, lo sé porque te mira como yo te miro a ti.

A Maya le cae una lágrima por la mejilla, que se limpia con rapidez.

—Lo siento muchísimo, Maya. Lo último que quiero en el mundo es hacerte daño. Lo has sido todo para mí, mi primer amor... La persona más importante de mi vida.

—Pero ya no.

Me quedo callado un momento.

—Anda, vamos a cenar, ¿tienes hambre?

Maya niega con la cabeza.

—Creo que es mejor que me vaya.

—Ni hablar, vamos a cenar. Conozco un mexicano muy rico.

—De verdad, Jordan, no pasa nada.

—Sí pasa. Si quieres vamos a casa, pedimos comida y vemos una peli.

—En serio, Jordan.

—Maya, no vas a estar en mi ciudad sola. Fin.

—Tú tienes que arreglar las cosas con Elle.

—Puede esperar.

Arranco el coche y conduzco hasta casa.

Una vez llegamos, le enseñó a Maya el apartamento y le cedo mi habitación.

—¿Qué te apetece cenar?

—Lo que quieras.

Pido a un italiano que sé que le va a gustar mientras ella se cambia.

Me siento en el sofá y enciendo la tele. No me puedo creer cómo me ha cambiado la vida en un par de semanas.

Cuando Maya sale del baño, lleva un pantalón de pijama y una sudadera.

Se sienta en el extremo opuesto del sofá y se la ve muy triste y de verdad que se me rompe el corazón.

Intento que la situación sea lo menos rara posible.

Hablamos de casa, de su trabajo en el laboratorio, de la familia. .., pero está hecha polvo.

Le ofrezco poner una peli y niega con la cabeza. Nos damos las buenas noches y ella se va a dormir mientras que yo me quedo en el sofá. No quiero ni pensar en la noche que va a pasar sola en mi habitación, pero creo que ir tras ella solo complicaría más las cosas, así que me quedo donde estoy.

Miro el móvil y tengo un mensaje de Mike de hace un par de horas.

Mike

Tío, no sé qué te traes con Maya, pero, por si te interesa, Elly está ahora mismo en una cita con un compañero de curro de Beth.

No me jodas. Escribo a Elly.

Yo

Elly, tenemos que hablar.

Elly pasa de mí y estoy tentando de ir a buscarla a su casa, pero no puedo dejar a Maya sola, así que intento dormir teniendo bien claro que eso no va a pasar. Ya no sé ni cuántas noches llevo sin apenas pegar ojo.

Por la mañana, cuando Maya se levanta, tiene tan mal aspecto como yo, y un sentimiento de culpabilidad me come por dentro. Le ofrezco ir a desayunar por ahí, pero me dice que ha adelantado su vuelo de vuelta y que se va al aeropuerto.

Joder. En la última semana he hecho que dos chicas cambien sus vuelos para no tener que pasar más tiempo conmigo; un récord de dudoso mérito del que nunca me hubiera creído capaz.

Llevo a Maya al aeropuerto. Despedirme de ella se convierte en una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer, porque es más definitivo de lo que lo ha sido nunca y porque Maya está tan triste que se me rompe el corazón verla así.

De vuelta en el coche llamo a Elly como cuatro o cinco veces sin respuesta. Tampoco puedo acercarme a su casa porque no tengo permitido entrar.

Dios, me voy a volver loco.

Por la tarde, me voy al entrenamiento con la esperanza de verla allí, pero no aparece por ningún lado.

El que sí que está es Mike con una cara de perro hasta el suelo.

—Suéltalo —le digo.

—¿El qué?

—Lo que sea que tengas que decirme, y luego cuéntame todo lo que sepas de Elly y su cita.

Mike me mira de arriba a abajo.

—¿Te has pasado la noche sin dormir?

—Sí, y no por el motivo que tú crees. Le he dicho a Maya que quiero estar con Elly.

La cara de Mike se ilumina.

—¿En serio?

—No tengo claro por qué te ilusiona tanto lo mío con Elly, pero sí, eso es lo que ha pasado.

Mike duda.

—Ayer vi a Elly muy jodida, así que ya puedes ir cagando leches a arreglar las cosas con ella porque Carter es un buen tío y cualquiera haría lo que fuera para quedarse con Elly.

—Para. Primero: ¿quién cojones es Carter y por qué lo conoces?

—Ya te lo he dicho, es un compañero de Beth que conoció a Elly un día que Elly fue a buscarla al trabajo. Y que lleva meses intentando salir con ella. Pero ella siempre ha pasado de él... hasta ayer. ¿Por qué crees que justo ayer decidió aceptar y por qué crees que hoy no ha venido?

—Mike, no me agobies más de lo que ya lo estoy. ¿Y por qué dices que viste a Elly muy jodida? ¿Cuándo has hablado con ella? ¿Qué te ha dicho?

—Cuando apareció Maya en el campo. Y, tío, quizá no debería decírtelo, pero... a Elly le gustas desde antes de todo esto.

Me da un vuelco el corazón:

—¿Qué dices? ¿Desde cuándo? ¿Te lo ha dicho ella?

—Algo así. Además, luego me lo confirmó Beth, tuve que amenazarla con divorciarme.

—¿En serio? ¿A Elly le gusto? Si nunca hablamos.

—¡Porque siempre vas como alma en pena sin superar lo de Maya!

—Así que no es tan buena mentirosa... Es que yo le gusto de verdad. Joder... Pobre Elly. Y yo perdiendo el culo por Maya en el lago. Ha debido de pasarlo fatal. Me voy a buscarla.

—¿Y el entrenamiento?

—Tengo que hablar con ella.

Salgo corriendo y me encuentro de frente con Jake.

—Jordan, ¿dónde crees que vas?

Me quedo congelado. A la mierda.

—Tengo que hablar con Elly.

Jake me mira durante mucho rato y luego asiente.

—Yo te cubro con el entrenador, pero más te vale arreglarlo porque estoy harto de tener a mi jefa de relaciones públicas y a mi receptor como si no estuvieran.

O sea, que sí que lo sabía el otro día. Asiento y salgo corriendo, pero Jake me vuelve a llamar:

—Jordan, Elly es como mi hermana pequeña... Creo que no hace falta que termine la frase.

Vuelvo a asentir y está vez sí salgo corriendo.