Ganar nunca fue el plan 26
87%

26

Sí está interesado, corazón

Elly

No soy ninguna ilusa. Sé lo que tengo que hacer y voy a hacerlo. Pero hace dos días que le dije a Jordan que no volviera a llamarme ni a venir a mi casa y han sido los puñeteros dos días más largos de mi vida.

Jordan ha intentado hablar conmigo, pero yo me he cerrado en banda.

Como lo hace la gente para superar una ruptura, pienso.

Luego me doy cuenta de que nosotros ni siquiera hemos roto porque nunca hemos estado juntos, y me siento aún peor, pero es que es justo así como me siento, como si lo hubiéramos dejado.

Y sé que debería estar cabreada con él. Lo miro y tiene un aspecto lamentable, y está entrenando de pena. Y en vez de alegrarme —porque me ha hecho daño—, lo único que quiero es abrazarle y decirle que todo va a estar bien.

—¡Elly!

Alejo mi mirada del campo —y cuando digo campo , me refiero de Jordan— y me centro en Jake, que me está hablando.

—Perdona, ¿qué?

—Te estaba preguntando qué te pasa, porque andas muy dispersa. Y de repente, se me ha ocurrido algo: ¿es posible que el receptor del equipo al que no le quitas ojo y que lleva dos días igual de disperso que tú tenga algo que ver?

—No sé a qué te refieres —respondo demasiado rápido.

Jake se ríe.

—¿Te traes algo con Jordan?

—No. Claro que no.

—Oh. Claro que sí.

—Que no, de verdad. Además, él ni siquiera está interesado.

—Eso no me lo creo.

Suspiro.

—Pues así es.

—¡Jordan! —grita Jake.

—¿Qué haces?

—Comprobar si está interesado.

—Jake, por favor.

Jordan mira en nuestra dirección y Jake le hace un gesto con la mano para que venga.

—Jake... —suplico.

Viene hasta nosotros, se quita el casco mientras nos mira, pero se queda callado.

—Jordan —le saluda Jake muy serio.

—Jake, ¿pasa algo?

Mira de Jake a mí sin entender nada.

—No sé, dímelo tú. O preguntamos mejor a Elly.

Me mira y creo que se pone blanco, y yo miro al suelo.

—Elly, ¿le puedes explicar a Jordan de qué estamos hablando?

Miro a Jake suplicando. Jake deja pasar unos segundos sin decir nada y creo que estoy al borde del infarto.

—¿Qué cojones te pasa? Estás haciendo un entrenamiento de mierda —dice al fin.

Jordan respira y yo también. Jake me mira y creo ver media sonrisa.

—Lo siento, Jake, para el partido del sábado estaré al ciento veinte.

—Más te vale, espero que no sea ningún lío de faldas.

Me mira un segundo y luego mira a Jake.

—No, señor.

—Vuelve al campo.

—Sí, señor.

Jordan me dedica una última mirada y sale trotando hasta el centro del campo.

—Sí está interesado, corazón. Así que deja de sufrir.

—Dios, Jake, casi me da un ataque.

—Ha sido gracioso veros a los dos a punto de cortocircuitar. Jordan es un buen chico. No le vuelvas muy loco.

—¿Y por qué soy yo la que le va a volver loco y no al revés?

—Porque os conozco a los dos.

Se aleja sin darme tiempo a responder y yo me quedo ahí parada, todavía temblando.

Vuelvo a mirar al campo y veo que Jordan me está mirando. Joder, ya puedo tranquilizarme si no quiero que se dé cuenta todo el equipo.

«Elly, céntrate», me reprendo. Cojo el móvil y me pongo a revisar emails.

—Elle.

Pego un gritito. Joder, qué susto. Alzó la cabeza y veo a Jordan.

—Tenemos que hablar.

Estoy a punto de responder que no cuando algo llama mi atención en el campo. ¿En serio? Lo que me faltaba...

—Creo que tienes una conversación más urgente.

Sigue mi mirada y ve lo mismo que yo.

Me doy la vuelta y me voy. No le voy a permitir que me haga lo mismo dos veces seguidas, ni tengo intención de verlos juntos. No creo que mi corazón lo resista.

Mientras Maya se acerca al campo, yo me doy la vuelta y camino hacia el aparcamiento. Mike me intercepta. ¿Es que aquí no entrena nadie o qué?

—Elly, ¿estás bien?

—Perfectamente.

Mike me mira sin saber cómo continuar. Yo suspiro.

—¿Te lo ha contado Beth?

—No, mi mujer te es más fiel a ti que a mí. Solo sé la parte que me ha contado Jordan. Pero, viéndote, creo que hay mucho más y él no tiene ni idea.

—No le digas nada, por favor.

—¿Por qué no se lo cuentas tú?

—Si has hablado con él, ya sabes cómo acabó.

Mike se retuerce incómodo.

—Jordan está enganchado al recuerdo de algo que no existe, que no es real. En cambio, tú le gustas, lo sé, me lo ha dicho él.

—Yo creo que es bastante real si tenemos en cuenta que Maya está ahora mismo con él. —Mike va a responder, y antes de que lo haga le corto—. Mike, te lo agradezco, de verdad, pero esta conversación solo me hace más daño.

Mike asiente y yo subo a mi coche.

¿Por qué me ofrecí a acompañarle? Al menos antes no tenía nada que olvidar. No sabía cómo olía, ni lo que se siente al besarle ni al abrazarle, ni los saltos que da mi corazón cuando me llama pija...

Suspiro.

Necesito una cita. ¿No dicen que un clavo saca a otro clavo? Vamos a ver si es verdad. Llamo a Beth.

—Hola, Beth. ¿Tu compañero de trabajo sigue libre?

—Eh…

—Llevas meses intentando que acepte salir con él.

—Sí, pero no quiero que lo utilices para poner celoso a Jordan.

—No es eso.

—¿Seguro?

—Maya está aquí.

—Aquí, ¿dónde?

—En el campo.

—¿Hoy a las siete te viene bien?

—Perfecto.

—Lo siento, cariño.

—No te preocupes, se me pasará.

A las siete y diez estoy entrando por la puerta de un restaurante mexicano al que llevaba tiempo queriendo ir. Beth ha llamado a su compañero de trabajo, Carter, y le ha dado mi número de teléfono. Nos hemos enviado unos cuantos mensajes y me ha dicho que yo eligiera el sitio.

La verdad es que no me acuerdo mucho de él. Sé que era alto y moreno. He estado cotilleando su Instagram, y no tiene apenas fotos suyas, son todo paisajes, lo que es algo bueno porque nadie quiere estar con un egocéntrico que solo hable de sí mismo. Pero ahora me vendría bien saber qué esperar.

Escaneo la barra y veo un chico alto y moreno que viene hacia mí. La verdad es que es más guapo de lo que recordaba.

—Hola, Elly. Me alegro mucho de que al final hayamos podido quedar —Me dice mientras se acerca a mí y me da un beso en la mejilla.

Huele muy bien, no como Jor...

¡Para, Elly!

—¿Llevas mucho esperando? —me obligo a decir para sacarme a Jordan de la cabeza, mientras me quito el abrigo e intento prestar atención al chico que tengo delante.

—No. No te preocupes. Guau... estás preciosa.

Acompaño una sonrisa con un gracias.

—¿Quieres tomar algo antes de que nos den la mesa?

—Sí, una Coronita, por favor.

Carter hace un movimiento con la mano para llamar al camarero y pide mi bebida. Aprovecho para mirarlo: lleva unos dockers, una camisa blanca y una americana azul marino; va demasiado bien peinado para mi gusto, aunque no es momento de ponerme exquisita con un chico que es, por lo menos, un nueve.

«Por favor, que me guste, que sea divertido, que me guste, aunque solo sea un poco».

El camarero me trae mi cerveza y nos indica que nuestra mesa está lista.

Vamos hasta ella y pedimos. Carter es muy divertido, y la verdad es que paso un buen rato, aunque no hay ninguna química entre nosotros, por lo menos por mi parte, básicamente porque soy idiota y en lo único en lo que puedo pensar es en Jordan.

Después de la cena me ofrece ir a tomar algo, pero declino la invitación poniendo la excusa de que mañana tengo que madrugar.

Pido un taxi y Carter me acompaña hasta la puerta, cuando nos despedimos, le doy un beso en la boca. Un intento desesperado de buscar algo que no voy a encontrar.

Carter se sorprende. No me extraña, no he sido la mejor compañía durante la cena. Aun así, me devuelve el beso, y tengo que reconocer que es un buen beso, pero... ¿A quién quiero engañar? No siento nada ni parecido a lo que sentí cuando me besó Jordan.

Carter me dice que espera volver a verme pronto y yo me meto en el taxi sabiendo que no va a ser el caso.

Estoy bien jodida.