25
Estaba claro
Jordan
Por fin el avión aterriza. Decir que ha sido el peor vuelo de mi vida se queda bastante corto.
Recojo mi coche del aparcamiento y conduzco hasta casa, dejo las cosas y voy a buscar a Elly. Estoy cruzando el vestíbulo hacia el ascensor cuando el portero me detiene.
—La señorita Evans me ha pedido que no le deje subir.
Me quedo mirándolo con cara de gilipollas.
Necesito unos segundos para reaccionar y darme media vuelta. No quiere verme. No es que la culpe, pero, joder, prohibirme la entrada en su edificio me parece demasiado.
Sin embargo, no me voy; me quedo en la entrada y la llamo al móvil. Por supuesto, no lo coge, pero no pienso irme de aquí hasta que hable con ella. La llamo sin parar como ocho o diez veces hasta que responde.
—¡¿Puedes no ser un pirado?! —me grita desde el otro lado de la línea.
Y, entonces, toda la rabia contenida —que no es con ella, sino conmigo mismo— estalla:
—¿Yo soy el pirado? ¿Y qué eres tú? Te largas en medio de la noche y ahora me prohíbes entrar en tu edificio y necesito llamarte quince veces para que me cojas el puto teléfono.
Silencio. Y luego me cuelga.
Estoy tentado de entrar de nuevo, partirle la cara al portero y luego tirar su puerta abajo. Claro está, no hago nada de eso, solo empiezo a caminar en dirección a casa.
No llevo ni diez pasos cuando oigo su voz:
—Jordan.
Me doy la vuelta y la veo. Tiene cara de cansada, aun así, está preciosa. Se me pasa el enfado al momento.
—Ya me tienes delante. ¿Qué quieres?
Elly se cruza de brazos, ella sí está enfada.
—Quiero saber cómo estás —digo en un tono mucho más suave.
—Estoy bien.
—¿Y por qué te fuiste en mitad de la noche?
—Ya te lo dije: me iba si no tenía sentido seguir allí.
—¿Y a quién le preguntaste para saber si tenía sentido o no? —Oigo mi voz mucho más alta de lo que debería.
—¡No lo sé, quizá al hecho de que saliste corriendo detrás de tu ex después de besarme y necesitaste dos horas para darte cuenta de que me había ido! —Elly también está gritando.
Joder, ¿cómo no se iba a ir si la estaba besando y me fui detrás de Maya? Intento ordenar mis pensamientos.
—Elle, lo siento, de verdad. La situación se me ha ido de las manos. Yo…
—¿Te refieres a besarme?
No sé cómo responder a eso sin cagarla más. No me arrepiento de haberla besado, cómo podría. Como no digo nada, Elly se da la vuelta.
—Adiós, Jordan.
—Espera, Elle.
Ella para y suspira:
—¿No ves que no tienes nada que decirme?
Intento protestar, pero ella me corta.
—Te sientes mal porque la has cagado. Pues bien, siéntete mal porque sí la has cagado. Ya que eso es todo lo que tienes que decir, es momento de volver a nuestra situación anterior, en la no vienes a mi casa ni me llamas porque, como tú mismo dijiste, no somos tan amigos.
Se da la vuelta y se va y esta vez no intento pararla porque tiene razón. Lo único que puedo decirle es que lo siento. No puedo decirle que me gusta cuando no tengo claro si quiero volver con Maya.
Sus palabras se me clavan en el pecho.No quiero pensar en que ya no puedo hablar con ella, en que ya no vamos a salir más a correr o en que no puedo ir a verla.
Me vuelvo a casa hecho una mierda y, por supuesto, no pego ojo en toda la noche.
Segunda noche seguida sin apenas dormir.
Al día siguiente tengo entreno y, para sorpresa de nadie, hago un entrenamiento de mierda. Pero está vez Elly no viene a llamarme; solo hace como que no existo.
Me acerco a ella intentando no llamar mucho la atención y Elly, muy correcta, me dice que está ocupada y se larga.
No insisto, me voy a la ducha y, al salir, Mike me intercepta camino del aparcamiento.
—Tío, tienes un aspecto lamentable. ¿Tan mal ha ido el finde con tu ex?
No digo nada. Veo a Elly hablando con Jake a lo lejos. Me quedo mirándola.
—¿Sabes? Ayer vino a mi casa. Casi me meo encima cuando abrí la puerta.
No sé de qué habla Mike, tampoco es que me importe.
—¿Mmm?
—Elly.
Y ahí ya empieza a importarme.
—¿Qué?
—Que ayer Elly vino a casa por la mañana a ver a Beth.
—¿Por qué?
Mike se encoge de hombros.
—Ella y Beth son amigas.
—¿Desde cuándo?
—Desde siempre. Tenía mala cara. A ver, no es que Elly pueda tener mala cara, pero no estaba como siempre.
—¿Y qué dijo?
Oigo mi corazón martilleándome en el pecho.
—Nada, me echaron de casa y, cuando volví, ya se había ido.
—¿Y Beth no te contó qué le pasaba?
—No, ni una palabra. ¿Por qué te interesa tanto?
Y sé que es una pésima idea, de esas que tengo muchas últimamente, pero necesito hablar con alguien o me va a estallar la cabeza.
—Vamos a tomar una cerveza.
Mike asiente y se sube en mi coche. Conduzco hasta un bar cercano donde vamos algunas veces después de los entrenamientos.
Le cuento a Mike todo lo que ha pasado desde que Elly gritó mi nombre en el campo.
—¿Has dormido en la misma cama que Elly tres noches seguidas y no has intentado acostarte con ella?
Asiento.
—¿En serio? ¿La has besado y la has dejado plantada para irte detrás de tu ex? Es decir, ¿tenías tu lengua en la garganta de Elly y tú, por voluntad propia, te has dado media vuelta y te has ido?
—Sí, Mike, todo lo que has dicho. Asimílalo ya, necesito consejo.
—¿Cómo voy a asimilarlo? Joder, acabo de caer en que eso es lo que vino a contarle a mi mujer, y la cabrita de Beth no me ha dicho nada.
—Mike, ¿podemos dejar tus problemas de comunicación con tu mujer? De verdad que necesito ayuda aquí.
—Vale, vale. Pues, tío, es que es fácil: o quieres volver con Maya o quieres empezar algo con Elly. Aunque no veo a Elly perdonándote después de cagarla tanto con la mala hostia que tiene.
—No es así, tío. Es totalmente diferente; es así en el campo con nosotros porque somos unos capullos con ella.
—¿Y cómo es?
—Es muy divertida, todo el rato me está tomando el pelo, pero luego puede ser adorable y dulce también, tendrías que verla con su vecina de nueve años. Y muy muy pija.
Y muchas otras cosas que no quiero contarle a Mike.
—Tío, te gusta.
—¿Tú crees que si no me gustase estaría dudando sobre volver con Maya? Claro que me gusta.
—Pues estás jodido.
—Muy jodido.
—Joder. Te has enrollado con Elly... Si lo supieran en el equipo serías un puto héroe.
—No lo puede saber nadie, ¿me oyes?
—Ya, ya. No te preocupes, si no me matas tú, me mataría Beth.
Nos quedamos callados un rato.
—¿Y cómo es? —me pregunta Mike.
—¿El qué?
—Joder, qué va a ser, besar a Elly.
—Una puta pasada.
—Estaba claro.