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Mudarme a Alaska

Elly

Cuando bajo del taxi, me doy cuenta de que voy con la maleta y todo. Antes de que me dé tiempo a llamar, Mike me abre la puerta.

—¿Estoy soñando? —murmura.

—¡Mike, puedo oírte! —oigo a Beth de fondo.

—¡¿Elly se muda con nosotros?! —grita este.

—No, solo vengo a ver a Beth un momento.

Beth aparece en la puerta.

—Mike, vete un rato, anda.

—Sí, señora.

Sale por la puerta y Beth me guía a la cocina sin dejar de interrogarme.

—¿Cómo es que vienes de estar con Jordan? ¿Estáis juntos? Y lo más importante: ¿por qué no sé nada de eso cuando llevo escuchándote babear por él más tiempo del que recuerdo?

—No es nada de eso, es mil veces peor —digo mientras me siento en uno de los taburetes de la cocina y me cubro la cara con las manos.

Beth me da un par de segundos antes de pedirme que se lo explique:

—Arranca.

Le hago un resumen de cómo me he metido en este puto lío.

—¿Me quieres decir que llevas tres días jugando a ser la novia de Jordan y tres noches durmiendo con él y no ha pasado nada de nada?

—Si vieras lo colgado que está de su ex... No tengo nada que hacer.

—Ya sé lo colgado que está de su ex, y tú también, por eso no has intentado nada con él nunca. ¿Cómo se te ocurre, Elly?

—Es que estaba muy agobiado… Y me puso la carita de perrito abandonado.

—Elly, ¡por el amor de Dios!

—Ya, ya lo sé. Al día siguiente fui a su casa a decirle que no hablaba en serio, y no hizo falta porque él me dijo que no quería ir con nadie. —Me guardo la parte en la que lo vi casi desnudo y volví a ofrecerme a ir con él—. Pero el domingo apareció en mi casa y no me pude negar.

—¿Habéis estado en casa el uno del otro? ¿Cómo no me lo has contado?

—No lo sé... Me daba vergüenza, pero es que eso no es todo.

—¿Qué has hecho? Por favor, dime que no te has declarado.

—No.

—Vale.

—Nos hemos besado.

—¿Qué? Pero eso es bueno, ¿no?

—No, porque entró su maldita exnovia y el salió corriendo detrás de ella.

—Joder, Elly.

—Sí, joder.

—¿Y qué pasó después?

—Pues que esperé una hora a que volviera y no lo hizo, así que me fui al aeropuerto.

—Jodeeer, Elly.

Vuelvo a ponerme las manos en la cara. Y me apoyo en la encimera. Siento la mano de Beth acariciando mi pelo.

—Cariño, yo creo que ya es hora de que pases página.

—Ya lo sé, y te prometo que lo voy a hacer, solo que ahora va a ser mil veces más difícil porque lo conozco mejor y me ha encantado todo lo que he visto.

—Ay, Elly...

Suspiro.

—Solo tengo que mudarme a Alaska —digo todavía con la cabeza apoyada en la encimera.

Beth se ríe.

—Elly, tú no eres una cobarde, habla con él.

—No hay nada que hablar. Me ha llamado cuando he aterrizado; no va a declararme su amor.

—¿Cómo ha podido cagarla tanto Jordan? No es propio de él, nunca te besaría para poner celosa a Maya. Aunque él no sepa cómo te sientes, no creo que haya querido utilizarte.

—Esa es la cosa, que me ha besado cuando no había nadie delante, cuando estábamos solos él y yo. —Por fin me atrevo a mirar a Beth, pero en seguida vuelvo a la protección de la encimera—. Yo tampoco creo que haya querido utilizarme, creo que se nos ha ido de las manos la mentira.

Beth sigue acariciándome el pelo.

—Vale, sé que estás en momento drama total y necesitas desahogarte, pero tienes que explicarme cómo te has metido tres noches en la cama con él y no ha pasado nada.

Miro a Beth y —a quién quiero engañar— estoy deseando hablar de cada minuto que he pasado con él, así que me incorporo y empiezo a hablar:

—Tía, es que es tan mono... Hasta le pidió a su amigo que me comprara las galletas que me gustan.

—Elly, céntrate.

—Vale, vale. A ver, la primera noche sus amigos me emborracharon, me hicieron jugar al típico juego este de hacer pruebas y beber, solo que cada vez que alguien no quiere hacer una prueba, eliges quién bebe, y los muy cabritos estaban compinchados para hacerme beber a mí todo el rato.

—Qué cabrones. ¿Y Jordan les dejó hacer?

—Jordan fue el primero que me hizo beber, pero es que me miró de una forma que...

—¡Elly!

—Ok. Me fui antes que ninguno a dormir para que él pudiera hablar con Maya.

—Tía, eres masoca.

—Ya lo sé… Te prometo que lo he hecho todo bien y he intentado que hablasen.

—¿En serio? ¿En vez de aprovecharte de la situación?

—No es así como quería conseguirlo. De verdad quería ayudarlo, pero claro, no soy de piedra…

Vuelvo a cubrirme la cara con las manos.

—Vale, ya volveremos a ello. ¿Qué pasó?

—Cierto. Pues que iba prácticamente gateando, así que Jordan me acompañó.

Aun así, yo le pedí que se fuera y me metí en el baño para ponerme el pijama, y cuando salí se había quedado dormido en la cama.

—Miro a mi amiga—. ¿Tú sabes lo difícil que fue portarme bien y hacer como si nada?

Con un esfuerzo sobrehumano me metí en la cama y ya está, no hice nada, solo verle dormir.

—En serio, Elly, estás fatal.

—Ya lo sé… Tardé la vida en dormirme entre tenerle al lado y el mareo que llevaba.

Y, al despertarme, estábamos abrazados, muy abrazados, pero no me dio tiempo a disfrutar del momento porque Jordan se despertó y se fue al baño y yo me hice la dormida para que la cosa no fuera más rara de lo que ya era.

Y luego fui a buscarle a la cocina, y ahí estaba hablando con su ex, y todo mi subidón. .. a la mierda.

Llegados a este punto estoy otra vez abrazando la encimera.

—Tía, te has metido en la boca del lobo. —Pero Beth no me deja que me regodee—. ¿Y la segunda?

—Después de la borrachera del día anterior, por la mañana decidieron hacer una ruta por la montaña. Beth, yo una ruta por la montaña… Y entre que no dormí nada la noche anterior y el cansancio, me quedé dormida encima de Jordan mientras tomábamos algo después de la cena y...

—Espera, espera. ¿Cómo que estabas encima de Jordan?

—Porque hacía frío y me trajo su sudadera y, mientras me la ponía, me quitó el sitio y luego me sentó encima de él.

Y al final terminé quedándome dormida. Se estaba tan a gusto acurrucada en ese pedazo de cuerpo.

.. Pero una vez más... jarro de agua porque le oí hablar con sus amigos y seguía hablando de su ex.

—Creo que a Jordan también se le ha ido un poco de las manos… ¿Y cómo acabó? ¿Volviste a hacerte la dormida?

—Me llevó en brazos a la cama. ¿Se puede ser más mono? Y luego intentó quitarme la sudadera y me desperté y ahí tuvimos un momento de tensión, los dos acurrucados en la cama... Y yo me compré un disfraz de animadora que no me probé antes y me iba muy pequeño...

—Tía, la mitad de las cosas que dices no tienen sentido. ¿Por qué llevabas un disfraz de animadora?

—Porque nos disfrazamos de jugador de rugby y de animadora zombis.

—Vale, olvidémonos de los disfraces. ¿Estuvisteis en la cama juntos hablando y no pasó nada?

—No.

—Tía, eres muy dura. ¿Cómo te has resistido?

—No lo sé, y hubo muchos momentos en los que Jordan parecía interesado de verdad. Por ejemplo, esa noche estábamos otra vez jugando al jueguecito este de las narices y pidió beso y le dijeron que me besara. Y yo creo que quería besarme.

—¿Y os besasteis? ¿No has dicho que estabais solos?

—No, no quería que nuestro primer beso fuera mentira y delante de todos sus amigos.

—¿Y qué hiciste?

—Le mandé beber porque la segunda noche dije que a mí no me liaban más, que si me tocaba beber, bebía Jordan.

—Tía, tenía que haber hecho palomitas, esto es mejor que una película. ¿Y la tercera noche?

—Empezó a diluviar cuando estábamos fuera y todos se fueron corriendo adentro, menos Jordan.

Yo estaba sentada encima de él y no me dejaba irme.

Y cuando por fin nos levantamos, me tenía cogida de la mano y no se movía, y nos estábamos mojando.

Y de repente me estaba besando, y parecía real.

No había nadie delante y, no sé, llevábamos tres días tonteando, aunque fuera mentira, y…

—Y os teníais muchas ganas —termina Beth por mí.

—Yo sí que le tenía muchas muchas ganas.

—Elly, pero por todo lo que cuentas es como si a él también le gustaras; no creo que él fingiera todas esas cosas. Miente de pena.

—Ya...

—¿Y qué piensas?

—Creo que le gusto, pero no al nivel de su ex. Tendrías que haber visto lo nervioso que estaba por volver a verla y cómo la miraba...

—No te tortures. ¿Qué vas a hacer?

—Lo que debería haber hecho hace tiempo: olvidarme de él.

—Lo siento mucho, Elly. ¿Quieres que Mike intente sonsacarle?

—No, no, no. Por favor, dile a Mike que no diga nada.

—Pero quizá Jord...

—Beth, si Jordan estuviera interesado en mí de verdad, no habría salido corriendo detrás de otra. Tengo que aceptarlo y asumirlo. No hay más.

—Cariño, lo siento mucho.

—Gracias por escucharme.

Me levanto y le doy un abrazo.

—Me voy antes de que vuelva Mike. Voy a pedir un taxi.

—¿Quieres que te acerque?

—No, ya te he robado demasiado tiempo.

Me acompaña a la puerta y ambas esperamos a que venga el taxi sentadas en los escalones del porche.Cuando llega, le doy un último abrazo y salgo de su casa.

—Elly.

Me giro.

—Si Jordan estos días ha visto a la Elly de verdad y no ha caído rendido a tus pies, es él el que pierde.

Le sonrió y me subo en el taxi. Ojalá fuera así de fácil.

Entro en el edificio y saludo a Carlos, voy hacia el ascensor, pero se me ocurre algo y vuelvo hasta mi portero:

—Carlos, si vuelve el chico del otro día no le dejes subir, ¿vale?

—Claro, señorita Evans.

—Gracias.

Me doy media vuelta y me voy a casa. Dejo la maleta en la entrada y me dejó caer en el sofá.