Ganar nunca fue el plan 21
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Mierda, mierda, mierda

Jordan

Pasado un rato empieza a llover. Todos se levantan corriendo, sin embargo, a mí la lluvia no me molesta. Al contrario, me gusta.

Elly también se levanta corriendo como si fuera el fin del mundo mojarse el pelo. Me hace mucha gracia lo pija que es. Tiro de su mano para no dejarle ir.

—Jordan, que nos estamos mojando.

—Es solo un poco de agua.

Elly pone los ojos en blanco.

—Vengaaa...

Todos han entrado ya, me pongo de pie, pero no me muevo ni tampoco suelto su mano.

—Jordannn.

Dejo que tire un poco más de mí y terminamos muy cerca el uno del otro.

El pelo se le está empezando a mojar y tiene la cara llena de gotitas de agua.

Cometo el error de mirar sus labios; también hay gotitas de agua ahí.

Vuelvo a mirarla a los ojos y puedo ver cómo se le acelera la respiración.

Y, sin registrar el pensamiento en mi cerebro, mi mano vuela hasta su cuello y tiro de ella con suavidad hasta que nuestros labios se unen.

Y no sé si son las ganas que tenía o la lluvia, pero me parece mágico.

Elly tira de mi jersey para acercarme más a la vez que profundiza el beso y tengo que controlarme para no soltar un gemido.

Un golpe nos asusta y nos separamos corriendo, como si estuviéramos haciendo algo malo. Miro y veo una silla tirada, un móvil en el suelo y a Maya salir corriendo.

Recojo el móvil y salgo detrás de Maya. No pretendía que nos viera besándonos, ni siquiera pretendía besar a Elly.

—Maya, espera.

Ella entra en la casa y yo la sigo, todos nuestros amigos nos miran. Son tiene cara de «¿por qué cojones la estás cagando?», pero yo no miro a ninguno, solo a Maya, que va directa a su habitación... La misma habitación que compartíamos cuando veníamos juntos.

Mil recuerdos me invaden de repente: nosotros en la cama, nosotros hablando de futuro, nosotros riéndonos.

—Lo siento, Jordan. No quería... Me había dejado el móvil, he salido a cogerlo y estabais besándoos. Me he tropezado con la silla y yo…

—No pasa nada, Maya. No tienes que disculparte.

Se sienta en la cama y se echa a llorar. Odio verla llorar y la he visto hacerlo demasiadas veces.

—No llores, por favor, sabes que lo odio —le digo mientras me arrodillo a su lado y le aparto un mechón de pelo mojado, no sé si por la lluvia o por las lágrimas.

Maya intenta tranquilizarse.

—Siento si verme con Elly te ha puesto... triste. No era mi intención.

—Jordan, yo... Sé que no está bien, pero... Tengo que intentarlo. Por favor, dame otra oportunidad. Por favor, dime que no estás enamorado de Elly.

Me quedo mirándola, como si estuviéramos en un sueño, uno que llevo soñando ya casi dos años.

—Maya, ¿esto es por mí o por Elly? Hasta hace nada tenías pareja.

—No, no. Jordan, de verdad, cuando supe que venías rompí con Graham.

Quería volver contigo, siempre he querido volver contigo, antes de saber que estabas con alguien.

Y sé que esto me convierte en una persona horrible porque sois la pareja perfecta, ella es perfecta, pero no me lo perdonaría jamás si no lo intentase.

Por favor, vamos a darnos otra oportunidad.

Me quedo mirándola, preguntándome si esto es real. Es todo lo que quería y más y, sin embargo, no estoy abalanzándome sobre ella para besarla, estoy pensando en el beso con Elly. ¿Qué cojones pasa conmigo?

—Maya...

Maya me interrumpe y empieza a hablar atropelladamente sobre los celos que ha sentido con cada detalle entre Elly y yo.

Esto es lo que yo quería, ¿no? Salvo que los detalles de los que habla han sido momentos de verdad entre Elly y yo; al menos yo los he sentido así.

—Piénsalo al menos —oigo que me dice.

Me quedo callado durante demasiado rato; no tengo ni puta idea de lo que está pasando por mi cabeza. Estoy tentado de decirle la verdad, pero no quiero humillar a Elly. En su lugar, me siento a su lado y le doy un abrazo.

—¿Te acuerdas de las veces que hemos estado aquí? —le digo—. Cuando le rompimos la cama a Son y le tuve que comprar otra.

Ambos nos reímos, luego nos quedamos en silencio un rato.

—¿Qué tal te va? ¿Cómo va el trabajo?

Maya respira hondo.

—Bien, por fin he dejado de ser becaria y ya tengo un contrato de verdad.

—Maya, eso es genial.

—Sí. ¿Y tú? ¿Estás contento en el equipo?

Lo pienso un momento. Ser jugador profesional no es lo que esperaba, aunque tengo que reconocer que me encanta. La presión es muy grande, pero salir al campo es una sensación que no puede compararse con nada.

—Sí, estoy muy contento.

—Te he echado mucho de menos —dice Maya.

—Yo también.

—¿Me odias?

—Claro que no, nunca podría.

—Lo siento tanto por no haber luchado más...

Maya se pone a llorar otra vez.

—Ey, no llores.

—¿La quieres?

No quiero mentirle, pero decirle la verdad sobre Elly y yo me parece traicionar a Elly.

—No lo sé...

Nos quedamos un rato más sentados juntos.

—Debería irme.

Maya asiente, nos levantamos y nos miramos sin saber qué decirnos.

—¿Hablamos pronto? —le digo.

Maya vuelve a asentir.

Salgo de la habitación para buscar a Elly, ya no queda nadie en el salón, todo el mundo ha debido de irse a dormir, creo que he pasado más tiempo con Maya del que he sido consciente.

Vuelvo a buscar a Elly sintiéndome culpable una vez más este fin de semana; ya no sé ni a quién estoy traicionando.

Abro la puerta sin saber qué me voy a encontrar, quizá una Elly cabreada por haberla besado, aunque ella me ha devuelto el beso.

.. Pero, al entrar, me doy cuenta de que no hay nadie en la habitación.

Me asomo al baño, tampoco está ahí y entonces veo que no está su maleta en el suelo al lado de la cama, ni su jersey en la silla, ni nada suyo.

Me asomo por la ventana y veo que tampoco está el coche que alquilé.

Mierda.

La llamo y me salta el contestador; le escribo, no aparece disponible. Miro la hora. Joder, seme ha hecho tardísimo con Maya. Vuelvo a llamar, vuelvo a escribir, pero nada.

Al rato me llega un mensaje:

Elly

He cogido un vuelo antes. Me alegro de que hayas resuelto las cosas con Maya.

Mierda. La llamo corriendo, pero el teléfono vuelve a estar apagado.

Mierda, mierda, mierda.