19
Bebe Jordan
Jordan
Cenamos, bebemos y nos lo pasamos bien. Elly es muy divertida, me doy cuenta de que no tiene nada que ver con la Elly inaccesible del trabajo. Empiezo a pensar que esa versión suya solo existe porque los tíos, en general, somos unos idiotas y esa es su manera de protegerse.
—¿Jugamos otra vez a beso, atrevimiento o verdad?
—Yo paso —dice Elly.
—Venga, que hoy jugamos con las reglas de siempre. Si no quieres hacer alguna prueba, puedes beber o quitarte ropa.
—No. Bueno... Juego, si cuando alguien me mande beber, bebe o se desnuda Jordan en mi lugar, yo elijo.
Lo dice con una sonrisa de esas que nunca había visto y que empiezan a encantarme.
—Me parece justo —respondo.
—Eres un calzonazos —oigo decir a Dan.
Elly y yo le enseñamos el dedo corazón a la vez y nos empezamos a reír. Estoy encantado de que Elly ya no esté enfadada conmigo, así que si el precio es beber, no veo ningún problema.
Salimos al porche y yo entro un momento a la habitación a coger algo de ropa para ella; con lo friolera que es, seguro que va a tener frío.
Cuando vuelvo, todos están sentados alrededor de la chimenea, incluida Elly. Le lanzo la sudadera y me sonríe. Se levanta para ponérsela y aprovecho para quitarle el sitio.
La sudadera le queda enorme, aunque igual de sexy que el disfraz. La verdad es que estaba su jersey gordo en la silla, solo que me ha gustado más la idea de verla con mi ropa.
Elly me mira y cambia la sonrisa por un puchero.
—Ey, ese era mi sitio.
No sé cuándo lo he pensado, ni siquiera sé si lo he pensado solo un poco, pero lo siguiente que sé es que la cojo de la mano y tiro de ella para sentarla sobre mí.
Y otra vez me siento como cuando me ha maquillado: me pica todo el cuerpo.
Los ojos de Elly me miran con sorpresa durante unos segundos y luego sigue hablando como si nada, pero siento su cuerpo en tensión. Quizá me he pasado.
—¿Quién empieza?
—Yo —dice Maya.
Y entonces me acuerdo de que Maya está aquí. ¿Qué me pasa? En serio, ¿qué cojones me pasa?
—¿Qué eliges? —pregunta Dan.
—Beso.
Se hace un silencio. ¿Qué pretende?
—Jugando fuerte… —dice Dan—. Venga pues besa a...
Lo miro muy serio, en plan «no me toques los cojones». Dan me devuelve la mirada y al final dice:
—Elly.
Se hace otro silencio y Maya mira a Elly, a quien no puedo ver porque está sentada sobre mí. Maya está a punto de levantarse. ¿Qué cojones?
Elly empieza a hablar:
—No me entendáis mal, pero yo no beso a nadie si no lo decido yo.
—Pues entonces bebes tú —dice Dan.
—Querrás decir Jordan.
—También puedes cederle el puesto a Jordan para que bese a Maya —suelta, y estoy a punto de mandarle a la mierda.
Elly vuelve a enseñarle el dedo corazón y de nuevo nos quedamos en silencio. Aquí están los temidos silencios incómodos, solo que no me los esperaba así.
Miro a Maya y, siendo sincero, no sé qué veo. ¿Qué pretende? Elly nos está mirando también.
Dan vuelve a hablar:
—Venga, no tenemos todo el día.
Su comentario nos hace reaccionar a todos.
Elly se inclina para coger la botella de tequila y pasármela.
Joder, no he pensado bien lo de tenerla sentada encima de mí.
La cojo mientras me mira como si nada hubiera pasado.
Doy un buen trago; sabe a rayos, pero me sienta bien.
Se la devuelvo y ella se inclina otra vez para dejarla en el suelo.
—Deja de moverte —le susurro al oído.
Elly me mira, esta vez sin ocultar la sorpresa, y yo ya no sé qué estoy haciendo, pero, en vez de parar, tiro de ella hacia mí para que se recueste sobre mi pecho.
No presto atención a las siguientes rondas hasta que dicen el nombre de Elly.
—Verdad.
—¿Estás enamorada de Jordan?
Es Maya quien ha preguntado. ¿Qué está haciendo?
—Jordan bebe —dice Elly sin pestañear.
Dan se ríe.
—Estaba claro, tío, está fuera de tu liga.
Elly me sonríe y vuelve a inclinarse para coger la botella. No sé si me lo estoy imaginando, pero creo que tarda mucho más de lo necesario en hacerlo. Doy un trago y Elly me tiende la mano para que le pase la botella, pero, en su lugar, la dejo yo en el suelo. Sé dónde está mi límite.
—Tío, no ha querido responder. Eso es lo mismo que decir que no, y tú estás ahí, sonriéndole como un tonto —me dice Dan, pero yo no le presto atención, simplemente le enseño el dedo corazón sin dejar de mirar a Elly.
—Te toca, Jordan.
Y de nuevo no pienso:
—Beso.
—Bueno, pues ya que te mueres por besarla, bésala —dice Son.
Me acerco a Elly y le doy tiempo para que decida, entonces ella se mueve hacia mí como si fuera a besarme y siento su aliento en mi boca, pero, en su lugar, lo que hace es agacharse para coger la botella de tequila y me la planta en la cara.
—Jordan bebe —dice con una sonrisa preciosa.
Niego con la cabeza y lo hago. De nuevo soy yo quien deja la botella en el suelo. Luego me acerco a su oído.
—Si sigues emborrachándome no respondo de mis actos.
Elly me sonríe y a mí me pica todo el cuerpo. Creo que el resto comenta algo, pero no presto atención.
Siguen las rondas y Elly se acomoda cada vez más en mi regazo. Tiene la cabeza apoyada al lado de mi cuello y su pelo me hace cosquillas. Al final se queda dormida.
—¿Por qué no la llevas a la cama? —me pregunta Cat.
Niego con la cabeza.
—Me sirve de mantita.
Al cabo de un rato, dejamos el juego y las chicas se van a dormir. Nos quedamos solo Son y Dan; bueno, y Elly dormida.
—Es muy maja —dice Son.
—Y está muy buena —añade Dan.
—Eso ya lo has dicho —le digo con mala cara.
—Creo que Maya tenía otros planes —comenta Son con cautela.
—Y tanto... —le contesta Dan.
Intento parecer tranquilo.
—¿Por qué?
—Venga, hombre, porque está rabiando. —Dan no se anda con reparos.
—¿Qué dices?
Miro a Son, que asiente.
—No la cagues, tío.
—¿Qué quieres decir?
—Pues que esta mañana estabas en la cocina con Maya y Elly te ha visto.
Luego, en el coche, teníais un mal rollo de la hostia, y con lo bien que se te ve con Elly, sería una pena que lo jodieras por seguir en círculos que no llevan a ningún sitio con Maya.
Hay cosas que se terminan y es mejor dejarlas ir.
—¿Tú dejarías ir a Cat? —le respondo enfadado.
—De verdad que no lo pillas. Elly es tu Cat.
Esta noche te he visto con ella como eras antes; creo que ni siquiera te he visto así con Maya.
Y no sé si eres consciente, pero estás pendiente de cada uno de sus movimientos.
Y, por muy poco que le hayas hablado de Maya y por mucha confianza que tenga la tía en sí misma, no creo que su plan favorito sea verte tontear con tu exnovia.
No digo nada porque, desde fuera, debo de parecer un auténtico cabrón.
Y es posible que lo sea, porque esta noche estaba disfrutando con Elly y la hubiera besado; y la tengo aquí, encima de mí, por el mero hecho de que me gusta sentir su cuerpo contra el mío.
Y no he pensado en Maya ni en si mi comportamiento de esta noche le ha hecho daño.
Por supuesto que no es lo que pretendía. .. Ya no sé qué estoy haciendo.
—No es tan fácil —digo, y creo que es la única verdad que he soltado desde que he llegado.
Nada de esto está siendo fácil y no esperaba que lo fuera. Tenía asumido que el fin de semana sería un puto infierno lleno de silencios tensos; con lo que no contaba, sin embargo, era con pasármelo demasiado bien con Elly.
—Puede —concede Son.
—Sí que lo es —responde Dan.
Los dos lo miramos. Saca una moneda del bolsillo.
—Maya cara, Elly cruz.
Y la lanza al aire. La coge, tapándola con la otra mano, y me mira. Luego vuelve a guardarla en su bolsillo sin comprobar el resultado.
—Pero ¿qué ha salido? —pregunta Son.
—Da igual. Lo importante es lo que Jordan ha sentido cuando ha visto la moneda girar en el aire.
Nos quedamos los dos mirándolo como si nunca lo hubiéramos visto de verdad hasta ese momento.
—Puede que sea lo más razonable que has dicho en toda tu vida. —Son lo mira con cara de asombro.
Yo pienso en sus palabras porque, joder, sí que he sentido algo cuando he visto volar la moneda.
—La mayor parte del tiempo me hago el tonto —dice encogiendo de hombros—. Ahora, si dejas pasar a una tía como Elly, eres gilipollas.
—La conocéis desde hace 48 horas —digo a la defensiva.
Son niega con la cabeza, como si de verdad me estuviera perdiendo algo, antes de contestar:
—Pero te conocemos a ti, ¡idiota!