Ganar nunca fue el plan 18
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Me gusta tu pintalabios

Jordan

Al llegar, Elly se va directa a la ducha, dice que todavía no ha conseguido entrar en calor, y yo aprovecho para ponerme mi disfraz: he cogido una equipación vieja y le he hecho unos cuantos agujeros a la camiseta.

Me tumbo en la cama a esperar a Elly. Creo que ya se le ha pasado el cabreo. Vuelvo a pensar en la conversación con Maya. ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Por qué le habré dicho eso? ¿No es eso justo lo que hago? Esperar por si ella decide volver conmigo.

Sigo dándole vueltas al tema cuando la puerta del baño se abre y me llega la voz de Elly:

—Eh..., no sé si me he pasado un poco con el disfraz.

Me apoyo sobre los codos.

—¿Por?

—Porque hace mucho que me lo puse por última vez y ahora creo que me queda demasiado ajustado y un poco corto.

—Venga, sal, no será para tanto.

Elly aparece en el marco de la puerta con un disfraz de animadora con el que no puede estar más cañón. Es la fantasía de cualquier tío. Me quedo sin palabras.

—Di algo —me insta ella.

Suelto la primera gilipollez que se me viene a la cabeza:

—No vas a poder quitarte a Dan de encima.

—Lo sabía. Voy a cambiarme.

—No, Elle, estás increíble.

Elly va hasta su maleta y saca una camiseta de manga larga negra y unas medias negras.

—Ahora salgo.

Vuelve al baño y, cuando regresa, veo que se ha puesto la camiseta negra por debajo del disfraz, y las medias negras, a las que ha hecho varios rotos.

—¿Mejor?

—Ahora, en vez de la animadora zombi más sexy del universo pareces la animadora zombi más sexy del mundo tratando de ser recatada.

—Ni siquiera sé qué has querido decir.

—Que estás increíble, pero ahora tengo muchas preguntas sobre cuándo has usado ese disfraz antes.

—No te lo voy a contar.

Elly vuelve al baño y sale al cabo de un rato con la cara pintada; es una especie de Harley Queen supersexy; a Mike le daría un infarto si la viera, pero me callo y no le digo nada, no vaya a cambiarse.

—Venga, te toca convertirte en un zombi.

Obedezco sin rechistar. Me siento en la silla que me señala y ella se coloca entre mis piernas. De repente, el ambiente en la habitación cambia, o soy yo el que lo hago, me es imposible no ser hiperconsciente de lo cerca que estamos.

Me pican las manos de las ganas que tengo de tocarla, así que me aseguro de dejarlas muy quietas, apoyadas en mis piernas.

Elly está concentrada en pintarme la cara y yo aprovecho para mirarla. Tiene las pestañas superlargas y me doy cuenta de que no puedo ver ninguna de las pequitas que tiene aquí y allá porque están tapadas con el maquillaje. Se ha pintado los labios negros y me encanta.

—¿Qué?

Joder, me ha pillado del todo, así que hago un comentario sobre lo que encuentro más inocente.

—Me gusta tu pintalabios.

Elly me mira entornando los ojos.

—¿Te va ese rollo?

Sé que me está tomando el pelo y yo suelto una carcajada, creo que de los nervios. Sin querer, me muevo de la silla y mi mano izquierda roza su muslo y, literalmente, nos damos calambre. Nos quedamos mirándonos unos segundos de más, hasta que Elly empieza a moverse:

—Bueno, ya está.

Va hasta el baño para guardar el maquillaje y, cuando vuelve, ha debido de echarse perfume porque su olor invade toda la habitación y otra vez me pican las manos.

Me voy derecho a la puerta antes de decir o hacer alguna tontería, y le cedo el paso.

En el salón, todos están disfrazados. Dan va de momia, se ha enrollado en papel higiénico; Son y Cat van de vampiro y vampiresa; Lisa y Jess de brujas, y Maya va de calabaza sexy. No puede ir más adorable.

—¿En serio? Habéis elegido un disfraz en el que no podéis estar más buenos —se queja Cat cuandoentramos.

—Elly ha intentado taparse con la camiseta y las medias.

Mi comentario me hace recibir un codazo de la aludida en las costillas.

—Pues como no se ponga un saco que la cubra hasta los tobillos no va a dejar de estar buenorra —replica Dan.

Elly vuelve a enseñarle el dedo corazón mientras yo cojo un par de cervezas y le tiendo una.

—¿Nos hacemos una foto? —dice Jess.

—Yo la hago —se apresura a responder Elly.

—No, venga, ponemos el temporizador para que salgamos todos.

Elly acepta un poco a regañadientes. Cuando se acerca a mí la miro para que me lo explique, pero me ignora.

—Jess, por favor, no la subas a redes sociales, que nadie sabe lo de Jordan y yo y me pondría las cosas un poco difíciles en el trabajo si la gente se entera que estoy saliendo con uno de los jugadores del equipo.

—¿Está prohibido o algo así? —pregunta Cat.

—No, no es nada de eso. Pero habría muchos comentarios sobre el tema y la mayoría no serían buenos; las mujeres tenemos que cuidarnos más.

Las chicas asienten, como sabiendo de lo que habla Elly, y yo ni había pensado en que esto podría afectarle.

—Jope, con lo bien que habíamos salido. Quería presumir en insta —se queja Jess.

—Venga, hacemos otra. Esta la hago yo y la subes donde quieras, ¿vale?

Cuando nos hace la foto me acerco a ella.

—Perdona, no había pensado en nada de eso —le susurro sintiéndome culpable.

Elly se ríe.

—Ya estas con carita de perrito abandonado.

La miro extrañado.

—Sí, esa es la cara que tenías cuando me metiste en este lío.

—Yo no pongo cara de perrito abandonado —protesto.

—Sí que la pones —dice negando con la cabeza, y después le da un trago a su cerveza.

Me vibra el móvil que llevo en el bolsillo, lo saco y veo un mensaje de mi madre:

Mamá

¿Por qué no sale ninguna chica a tu lado en la foto? Por favor, no me digas que no ha ido.

Resoplo, madre mía con mi madre, es como un perro sabueso.

Yo

¿Tienes a Jess de amiga en insta? Mejor dicho: ¿tienes insta?

Mamá

No cambies de tema, jovencito. ¿Por qué no hay una chica contigo? ¿No te la habrás inventado?

—¿Todo bien? —me pregunta Elly.

—Sí, solo tengo una madre demasiado cotilla.

Elly me mira sin entender y estoy a punto de decirle que no pasa nada cuando mi móvil vuelve a sonar; esta vez con una llamada de mi madre.

—¿Qué te parecería que nos hiciéramos una foto y se la mandase a mi madre?

—¿Qué? ¿Le has contado a tu madre esto? —El esto lo susurra.

—No, yo no, fue la madre de Cat. Y ahora ha visto la foto de Jess en Instagram, y como no sales, está dudando que seas real.

—No le falta razón. —Elly se empieza a reír—. Pero ¿por qué tenemos que convencer a tu madre también?

—Da igual —le digo.

Ni muerto le explico que mi madre está feliz pensando que por fin he superado lo de Maya.

Y como si me leyera el pensamiento, Elly suma dos más dos:

—Espera. Le has dado una alegría porque cree que estás con alguien y ya no vas como alma en pena por la vida, ¿es eso, no?

No contesto e intento alejarme de ella, pero me detiene; el tema parece que le hace mucha gracia.

—Espera, espera. Venga, vamos a hacernos la foto, no seré yo la que le rompa las ilusiones a una madre.

—Que no, Elle, da igual. No pasa nada.

—Que sí, ven. —Me quita el móvil de las manos. Apoya su espalda contra mi pecho y se pone de puntillas—. Sonríe. Pero que no se la enseñe a nadie o vamos a tener que dar muchas explicaciones.

La miro justo cuando hace la foto.

Elly echa un vistazo al móvil y me lo tiende. Miro la pantalla: ella sale preciosa y yo con cara de bobo, mirándola. ¿Esa es la cara que tengo cuando la miro?

—¿Ves? Justo esa es tu cara de perrito abandonado —me dice mientras se va a por otra cerveza.

Me quedo mirando la foto y se la mando a mi madre copiando las palabras de Elly.

Yo

No se la enseñes a nadie o vamos a tener que dar muchas explicaciones.

Mi madre contesta al momento:

Mamá

Es preciosa, no me extraña que tengas esa cara de tonto.

Yo

Gracias, mamá, por tu sinceridad. En serio, no se la enseñes a nadie, ¿vale?

Mamá

Claro, cariño, disfruta, te lo mereces.