16
No hagas tanto ruido
Jordan
Me despierto desubicado. Hago memoria: me había tumbado un momento en la cama a esperar a que Elly volviera, y debí de quedarme dormido, porque la luz del sol se cuela por los cristales de la ventana.
Parpadeo. Algo se mueve debajo de mí. Miro en esa dirección y veo a Elly, que está hecha un ovillo en la cama y yo la estoy abrazando.
Mi brazo izquierdo reposa cómodamente entre los suyos; para ser más exactos, sobre su estómago, por debajo de su camiseta. Su camiseta con mi nombre.
Mi pierna izquierda también descansa sobre la suya. Ella está metida debajo de las sábanas y yo encima, pero nuestros cuerpos han encontrado la forma de enredarse.
Aparto mi pierna despacio para no despertarla. Quitar el brazo es más complicado y, cuando lo intento, Elly se mueve y a mí me entra el pánico. Me quedo congelado, pero no se despierta, solo cambia de postura, lo que me permite sacar el brazo.
Me levanto de la cama y salgo corriendo hacia el baño. Me miro en el espejo. A ver, que no cunda el pánico. No es como si nos hubiésemos enrollado ni nada; solo hemos dormido abrazados. Y sí, tengo un empalme del quince, pero no tiene nada que ver con Elly... O eso me digo.
Necesito una ducha bien fría.
Cuando llevo un rato debajo del agua, me convenzo de que no hay nada de qué preocuparse; además, Elly estaba dormida. No ha visto cómo hemos amanecido.
Para cuando salgo de la ducha, ya me he tranquilizado por completo. Mierda. no he traído ropa limpia. Me enrosco una toalla a la cintura y vuelvo a la habitación, donde Elly sigue durmiendo. Me pongo lo primero que pillo y salgo disparado. Soy un cobarde.
Entro en la cocina como si viniera de cometer un crimen y me encuentro de frente con Maya.¿Es normal mirar a Maya y sentirme culpable por haber dormido abrazado a Elly? Se me está yendo la olla por momentos.
—Hola, Jordan.
Uff, me encanta su voz…
—Hola.
Me acerco a la cafetera. Hay café recién hecho, imagino que lo ha hecho ella, lo toma sin una gota de leche y sin azúcar. No sé cómo es capaz de beber eso.
Tardo mucho más de lo necesario en prepararme uno, no tan fuerte como el suyo, mientras un silencio incómodo se instala entre nosotros.
Al final es Maya quien lo rompe:
—¿Está muy enfadada?
Por un momento no sé a qué se refiere. Maya debe leerlo en mi cara y me lo aclara.
—Elly, por el juego de la bebida.
—Ah, no. Sabe que solo era una broma. —No me apetece hablar de Elly con ella.
Nos volvemos a quedar en silencio.
—Pensaba que ibas a volver…
¿Quería que volviera? Se me acelera el pulso.
—Iba a hacerlo, pero me quedé dormido.
Parece que va a decir algo, aunque al final se lo piensa mejor. El silencio sigue flotando entre nosotros.
—¿Qué tal todo?—pregunto.
—Bien —dice desviando la mirada.
—Siento lo de... Bueno, no sé cómo se llama. Solo espero que estés bien.
—Graham.
Odio que nos sintamos así de incómodos el uno con el otro, que no podamos hablar como antes, que no seamos los Jordan y Maya del pasado. Como sigue sin decir nada, insisto:
—¿Y estás bien?
—Supongo. A ti y a Elly se os ve muy bien juntos.
Asiento. ¿Qué cojones debería responder a eso?
—Tiene una confianza en sí misma que ojalá la tuviera yo.
Me quedo mirándola sin entender.
—¿A qué te refieres? —Elly va pisando fuerte por la vida, pero nunca presume de nada, aun sabiendo el aspecto que tiene.
—No lo digo a malas ni nada —intenta excusarse—. Es solo que... No sé cómo explicarlo, se la ve muy segura de sí misma.
Lo pienso un segundo.
—Está acostumbrada a lidiar con estrellas, supongo que tratar con gente normal es pan comido para ella.
Ahora es Maya la que asiente.
—Se os ve bien juntos —repite, y vuelve a mirar para otro lado.
—¿Qué querías que hiciera, Maya? ¿Que esperara para siempre?
No sé porque le contesto así, es que, por un momento, vuelve a mí ese sentimiento de los últimos meses antes de cortar, esa misma angustia. Maya me mira sorprendida.
—No, claro que no. Es solo que...
Deja la frase a medias y yo estoy a punto de decirle que lo siento y que entre Elly y yo no hay nada.
—De verdad me alegro por ti.
Se da media vuelta y sale de la cocina. Tengo ganas de dar un puñetazo a algo. Me giro y veo en la otra puerta a Son y Cat.
—Hola —digo muy seco, aunque ellos no tienen la culpa.
—Ey. ¿Es mal momento para decirte que Elly os ha visto en la cocina y se ha vuelto a la habitación?
Paso de largo sin responder y me voy a buscarla, entro y cierro de un portazo.
—Dios, no hagas tanto ruido —dice Elly; está sentada en la cama con las piernas cruzadas y sujetándose la cabeza.
Voy directo a pagar mi enfado con ella, pero afortunadamente me doy cuenta de que no tiene la culpa de nada.
—Espera.
Salgo de nuevo y vuelvo a la cocina, donde Cat y Son se han sentado en la isla y están tomando café.
—¿Tienes algo para el dolor de cabeza?
—Pobre Elly, anoche os pasasteis —nos regaña Cat.
Son va hasta un armario y me da una pastilla. Cojo un vaso de agua y vuelvo a la habitación.
—Tómate esto.
Elly lo coge y se lo toma. La miro mientras bebe: aun con resaca y despeinada está preciosa.
—¿A ti qué bicho te ha picado? ¿Es porque te quedaste dormido? Intenté despertarte, lo prometo, pero fue imposible. Creo que ni, aunque hubiera caído una bomba lo habrías hecho.
—No, no es eso. Es que he estado hablando con Maya.
Elly pestañea y se pone recta.
—¿Habéis arreglado las cosas?
—No.
—¿Por qué? Está claro que ella siente lo mismo que tú.
No tengo muy claro por qué su comentario me pone todavía de peor humor, lo que sí sé es que al final sí lo pago con ella y contesto de la peor manera:
—¿Y tú lo sabes todo cuando no nos conoces de nada?
Elly da un respingo y se levanta de la cama.
—Ahórrate ese tono de mierda conmigo.
Suspiro, soy gilipollas.
—Elle, perdona —empiezo a decir, pero ella se gira y me cierra la puerta del baño en las narices.
Joder, de verdad que soy gilipollas.