Ganar nunca fue el plan 15
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De cabeza y sin frenos

Maya

Desde que supe que Jordan venía al viaje no he dejado de buscar excusas para discutir con Graham. Es imposible pasar página; cada vez que lo intento algo me devuelve a él: algún recuerdo, alguien dice su nombre, encuentro algo suyo entre mis cosas, pongo la maldita tele y hay un partido suyo...

Y Graham es estupendo, es un tío listo, divertido y guapo. Pero da igual si es Graham o cualquier otro, porque todos tienen el mismo problema: ninguno es Jordan.

Ya me había acostumbrado a vivir echándolo de menos.

Casi dos años sin saber apenas nada el uno del otro, pero llegó el maldito viaje y me dije «¿por qué no?

», sabiendo perfectamente que no lo había superado, que no era una buena idea y que lo único que estaba haciendo era engañarme a mí misma con el único fin de volver a verlo.

Y cuando ya no pude mentirme más, tomé la decisión y rompí con Graham.

Al menos tuve la decencia de sentirme mal por lo poco que me dolía nuestra ruptura, pues mi mente solo podía pensar en una cosa: hacer todo lo posible por conseguir una última oportunidad con Jordan.

Él había sido el que más había luchado siempre por nosotros y ahora me tocaba a mí.

Lo iba a hacer todo bien esta vez. Incluso estaba dispuesta a dejar mi trabajo, aunque por fin había conseguido dejar de ser la becaria, pero ya no me importaba: estaba dispuesta a mudarme a Miami con él. Lo que hiciera falta.

Me compré ropa nueva, fui a la peluquería, hice mil listas mentales de lo que le iba a decir... Y cuando solo quedaban unos pocos días para el viaje, Jordan soltó la bomba de que no venía solo, que estaba saliendo con una chica.

No sé por qué me sorprendió. Por supuesto que un tío como él iba a estar saliendo con alguien. El chico más increíble del mundo, ahora además convertido en un jugador de futbol profesional rico y famoso. ¿Cómo no iba a tener pareja?

En cuanto escribió en el chat con todos, el otro grupo con mis amigas empezó a arder. Ellas tampoco sabían nada y ya estaban dispuestas a odiar a Jordan y a quien quisiera que me lo hubiera arrebatado.

Solo que nadie me lo había arrebatado; lo había perdido yo solita a base de muchos intentos.

Estuve tentada de cancelar el viaje, pero mis amigas no me dejaron. Así que, aquí estaba, de nuevo en la casa del lago, donde tantos recuerdos tenía con Jordan, intentando no parecer nerviosa por volver a verle.

Y entonces oí un coche. Ya solo faltaba él.

Escuché su voz y algo se revolvió en mi interior.

Cuánto tiempo sin oírla. Y luego me llegó el sonido de su risa, una risa con ganas, y el corazón se me hizo un poco más pequeño; el ritmo de mis latidos me ahogaba y yo no podía ni articular palabra, y él estaba riendo con sus amigos, feliz y tranquilo, con su nueva chica.

Y como la cobarde que soy, no me atreví a salir a saludar; me quedé escondida en la cocina, atrincherada con mis dos amigas a cada lado hasta que su voz volvió a sonar, esta vez más cerca.

Pero ni siquiera entonces me atreví a darme la vuelta.

Seguí de espaldas, como si no me hubiera dado cuenta de que había llegado, como si no fuera el momento más importante de los dos últimos años.

Al final fue él quien vino a saludarnos, me dio un abrazo y volví a sentir su olor.

Me hubiera quedado entre sus brazos toda la vida.

Y menudos brazos..., estaba todavía más grande que la última vez que nos vimos, cuando todavía no era un jugador profesional, sino solo un universitario que intentaba salvar una relación que hacía aguas por todos lados desde hacía demasiado tiempo.

Tampoco tuve tiempo de recrearme demasiado, porque en seguida se separó de mí para volver junto a su chica, que es la mujer más preciosa del universo.

Y ella ni siquiera reparó en mí más de dos segundos, como si no hubiera nada de qué preocuparse por el hecho de que Jordan y yo estuviéramos hablando.

Porque él y yo solo somos agua pasada, y ella es la que ocupa su corazón ahora.

Y por mucho que me duela, es posible que lleve razón y de verdad no tiene de qué preocuparse.

Pronto se ha convertido en el centro de atención y quiero que me caiga mal y odiarla, pero no puedo porque, además de ser preciosa, parece simpática y lista y todo lo que él se merece. Y no dejan de mirarse.

Un frío oscuro se anida en mi pecho cuando veo cómo se miran y me doy cuenta de que lo he perdido para siempre.

Por la noche, después de la barbacoa, nos ponemos a beber y a jugar. Lo único que quiero es irme a la habitación a llorar, pero Lisa no me deja y tampoco quiero que piense que no lo he superado, así de tonta soy.

Me quedo como un pasmarote, sin poder apartar la vista de ellos dos, como si fuera una polilla volando sin remedio hacia la luz que va a quemarla, dolorosamente consciente de que Jordan y yo nos evitamos con cuidado, sin que la situación parezca rara en exceso, pero sin que me pasen desapercibidas las miradas del resto y la cautela con la que todos se comportan.

Todos menos Elly, claro, que parece la dueña del mundo. ¿Cómo no va a serlo si tiene a Jordan a su lado?

No puedo evitar pasarme toda la noche analizando sus comportamientos; cómo él, cuando habla de ella, dice Elly, pero cuando se dirige a ella la llama Elle.

No sé si significa algo, pero ya se me ha quedado grabado.

Veo cómo se miran, y a veces me parece que son demasiado perfectos para ser reales, que tiene que haber gato encerrado.

Y luego pienso que eso es lo que quiero que pase, porque no quiero que sean reales y felices.

Todos intentan emborracharla y Jordan les deja; de hecho, es el primero que la hace beber. No creo que les hubiera dejado que lo hiciesen conmigo cuando salíamos, no sé si eso quiere decir algo; quizá con ella tiene más confianza de la que tuvimos nunca nosotros.

Quizá simplemente me estoy ahogando en detalles sin importancia.

Dan le pregunta si está enamorado de ella y Jordan no responde, una pequeña esperanza. Puede que no estén enamorados o quizá no se lo han dicho aún porque llevan poco tiempo juntos.

Dios, me estoy volviendo loca.

Cuando Dan me pregunta por qué no ha venido Graham, digo la verdad mirando al suelo.

Cuando por fin levanto la vista, Jordan también está mirando al suelo.

Observo a Elly y veo que ella tiene la mirada fija en él.

Por una fracción de segundo me parece verla dudar, como si al final sí tuviera algo de lo que preocuparse.

Dios, soy una persona horrible por pensar así, y peor aún por dejar que mi corazón se haga ilusiones.

Al poco, Elly se va a dormir. Parece enfadada y, de nuevo, una pequeña esperanza calienta mi corazón. Voy a ir al infierno de cabeza y sin frenos. Pero Elly no se va sola; Jordan, por supuesto, la acompaña, y aunque promete que va a volver. No lo hace.

Y yo sigo bebiendo cervezas con mis amigos, como si todo estuviera bien, como si no fuera el peor día de mi vida.

Me quedo ahí parada, sin escuchar ni una palabra de lo que dicen, retorciéndome por dentro, pensando que el amor de mi vida está en la cama con otra, que la estará besando como me gustaría que me besara a mí.

Y lo peor de todo es que es por mi culpa.