Ganar nunca fue el plan 12
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La diosa Afrodita

Jordan

Salimos de la habitación y volvemos a la cocina, pero ya no queda nadie ahí; se han pasado al porche trasero de la casa, así que vamos a buscarlos.

Fuera no se está del todo mal, el porche está medio cerrado y tiene una chimenea grande en el centro, con lo que espero que Elly no se muera de frío.

Ya es de noche, y Son ha colocado guirnaldas con lucecitas por todas partes —imagino que habrá sido idea de Cat—. La verdad es que está muy bonito. Miro en dirección a Elly y creo que, por muy pija que sea, a ella también se lo parece.

Nos acercamos al grupo de chicas, que está junto a la chimenea. Cojo dos cervezas y le ofrezco una. Me quedo con ellas convencido de que va a haber un silencio incómodo, pero, una vez más, Elly empieza a hablar.

—Caray, esto es precioso. Casi se me olvida el frío que hace.

—¿Verdad? Las guirnaldas han sido idea mía —dice Cat, orgullosa.

—Quedan genial —comenta Elly mientras le da un sorbo a la cerveza—. Jope, qué fría está, yo casi que preferiría un café calentito.

—¿Quieres que te prepare uno?

—No, no quiero ser la rarita —responde con una sonrisa—. Anda, vete con tus amigos, no tienes que quedarte aquí conmigo.

Me medio empuja para hacerme girar y me coloca las manos en los hombros, para lo que imagino que se habrá puesto de puntillas. Y así de fácil me ha quitado de en medio con un movimiento que podría parecer cercano y hasta tierno.

Elly es muy buena en esto de mentir. ¿Lo hará con nosotros en el equipo?, me pregunto mientras echo un vistazo hacia ella y veo que me está sonriendo de nuevo.

Me voy medio confundido hasta donde están Son y Dan preparando la barbacoa.

—Eh, Jordan, perdona por lo de antes —se disculpa Dan al verme llegar.

—No pasa nada, tío, pero compórtate porque si no o ella o yo vamos a patearte el culo.

Dan asiente.

—Está muy muy buena y tiene un culo increíble —dice mirándola.

—Deja de mirarla ya.

—En serio. ¿De qué la conoces?

—Era mi agente.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Y cómo es que nunca nos has hablado de ella?

Lo pienso un momento, la verdad es que no lo sé.

Durante el tiempo que fue mi agente no hablábamos demasiado, siempre era todo tan profesional y por teléfono.

.., y cuando dejó de serlo, todavía menos.

Quizá mis meteduras de pata cuando nos conocimos tuvieron algo que ver.

Si lo pienso cada vez tiene menos sentido que esté aquí conmigo.

—No lo sé —respondo con sinceridad mientras miro en su dirección, sigue hablando animadamente con las chicas. Veo que Maya la observa con atención.

—¿Y el novio de Maya? —me oigo preguntar.

—No ha venido —dice Son.

Giro la mirada y me centro en mis amigos.

—¿Por qué?

—Creo que han discutido o algo así.

Mi corazón vuelve a martillearme el pecho.

—Tío, no hagas eso. —El tono de Son es muy serio.

—¿El qué?

—Ya sabes el qué. Lo vuestro se ha acabado y tú has venido con la diosa Afrodita. No la cagues.

Asiento, tengo el corazón a mil por hora. Mis amigos cambian de tema, pero yo ya solo puedo pensar en que Maya no ha traído a nadie.

Yo, todo rayado; he liado a Elly para no venir solo como un puto cobarde, y Maya no ha traído a nadie.

Al cabo de un momento siento unas manos alrededor de mi cintura y el olor de Elly me invade. ¿Desde cuándo sé cómo huele Elly?

Mis amigos se empiezan a reír y nos dejan solos:

—Tu chica ha venido sola —me susurra.

—Me lo acaba de decir Son.

—Podemos poner alguna excusa y me vuelvo mañana por la mañana.

—No tienes que irte —digo.

Elly echa un vistazo a nuestro al rededor para asegurarse de que nadie nos oye.

—Jordan, tus amigos parecen majos y eso, pero solo he venido para que no estuvieras solo; si no me necesitas prefiero volver al sol y a las palmeras.

Voy a protestar cuando ella me interrumpe:

—Mira, hacemos una cosa: cenamos y yo me voy a dormir pronto. Tú te quedas y aclaras las cosas con tu chica y, si te va bien, mañana me vuelvo; si no, pues aquí sigo atrapada en el frío. ¿Ok?

Voy a decirle que no tiene que irse y que seguro que el hecho de que el novio de Maya no esté no tiene nada que ver conmigo, aunque ojalá si lo tenga.

Pero entonces vuelven mis amigos para regañarme porque al parecer me habían dejado al cargo de la barbacoa y la comida se está quemando porque, evidentemente, a mí la cena se me ha olvidado porque a lo único que he prestado atención desde que he llegado es a Maya.