11
Sol y palmeras
Jordan
Elly se queda dormida durante la última hora de vuelo y termina babeando en mi hombro. No puedo evitar sonreír y pensar en Mike: es posible que no volviera a lavar la sudadera.
Intento relajarme y dormir un poco yo también, pero estoy demasiado nervioso. Casi dos años sin ver a Maya.
Por fin, el piloto anuncia el aterrizaje y debemos abrocharnos los cinturones. Intento ponérselo a Elly sin despertarla, pero fracaso.
—¿Me estás metiendo mano? —me dice bajito.
Me río porque sé que se está quedando conmigo. Ya empiezo a pillar su humor.
—Esperaría a que estuvieras despierta.
—Guau, todo un caballero.
—Ya te lo dije.
—¿Sabes que el aterrizaje es la segunda parte más peligrosa de un vuelo?
—Recuérdame que no vuelva a volar contigo.
Oigo la risa de Elly.
Al bajar del avión nos dirigimos a la zona de alquiler de coches. He reservado uno para poder llegar hasta la cabaña y, cómo no, Elle consigue que nos den uno mejor.
—Qué pija eres.
—La palabra que buscas es gracias —dice, y me saca la lengua.
Antes de subir le ofrezco conducir, pero niega con la cabeza.
—No, yo voy de copiloto. Y soy uno muy malo, no sé dar indicaciones. ¿Cuánto has dicho que falta para llegar?
—Unas dos horas.
—¿Estás nervioso?
—Mucho.
—¿No te importa plantarle cara a tíos que te doblan en tamaño y tienes miedo de ir a ver a tus amigos? —pregunta, incrédula.
—Sí.
Tengo la mirada fija en la carretera, pero puedo sentir que me observa.
—¿Qué? —le digo, echando un vistazo rápido en su dirección.
—Nada.
Ella ya ha dejado de mirarme. La veo temblar, así que subo la calefacción. Aquí hace un frío de narices.
—¿Qué miras tanto en el móvil? —le pregunto curioso.
—Estoy trabajando.
—¿Sí?
—Sí.
—¿Todo el tiempo que estás con el móvil estás trabajando?
—Claro, ¿qué pensabas que hacía?
—No lo sé, ¿mirar Instagram?
—No sé cuánto tiempo hace que no entro en mi cuenta.
Continuamos en silencio durante un rato. Dios, qué nerviosos estoy.
—¿No deberíamos... no sé, hablar de qué vamos a hacer cuando lleguemos?
—¿A qué te refieres?
—Pues a que tenemos que fingir que somos pareja.
—¿Y?
Miro a Elly por el rabillo del ojo.
—¡Deja de tomarme el pelo!
Elly sonríe.
—Tú solo se tú mismo y yo seré la novia adorable y simpática que le cae bien a todo el mundo.
—¿Puedes hacer eso?
Me da un puñetazo en el hombro:
—Auch.
—Soy adorable, lo que pasa es que tú no lo sabes todavía.
—¿Vas a ser adorable conmigo?
—Si te portas bien…
—¿Por qué no tienes novio?
—¿Perdona?
Vaya un bocazas estoy hecho.
—Vale, no ha sonado bien y no es asunto mío. Es solo que... no sé, quiero decir… Bueno, que podrías tener a cualquier tío que quisieras.
—¿Y quién te dice que no lo tengo?
—¿Lo tienes?—pregunto, sorprendido. Nunca la he visto con alguien, pero claro, eso no quiere decir nada.
— Si lo tuviera, no estaría aquí jugando a las casitas contigo por mucha pena que des.
—Cierto.
Continuamos el resto del camino en silencio y, a medida que nos acercamos, mi ansiedad crece.
Tomo la salida que he cogido tantas veces antes para llegar hasta la casa y, cuando veo los coches de mis amigos y el de Maya, mi corazón empieza a martillear muy fuerte en mi pecho, como me pasa antes de un partido donde un estadio lleno de gente nos está esperando.
Apago el motor y, en vez de moverme, me quedo donde estoy. Siento la mano de Elly en el brazo.
—Ey, no te preocupes, ¿vale? Va a salir bien. Soy experta en esto. Si te agobias, déjame hablar a mí.
Asiento.
—Gracias por hacer esto.
—No pasa nada. Ahora coge aire y sal al campo —dice mientras me dedica una sonrisa bastante adorable.
Hago lo que Elly me pide y me bajo del coche. Ella se enrosca en su abrigo mientras abro el maletero para sacar las maletas.
—Qué frío hace aquí, ¿por qué no venís mejor en verano?
—¿Qué pasa, Jordan?
Veo las caras curiosas de mis amigos. Desde lo de Maya nunca les he hablado de nadie, así que no tengo muy claro que están pensando. En menudo lio me he metido.
Me acerco a ellos y les doy un abrazo. Qué bien se siente verlos. Elly se da la vuelta para saludarles y, antes de que pueda decir nada, el bocazas de Dan empieza a hablar.
—Joder, ¿está preciosidad es tu amiga? ¿No habrás alquilado una prostituta? Es demasiado para ti.
Me quedo congelado en el sitio.
—Y tú debes de ser el bocazas de Dan —oigo decir a Elly.
—Ese soy yo —dice el muy idiota riéndose.
—Si vuelves a llamarme prostituta voy a patearte el trasero y a hacer que te comas las pelotas.
Dan se queda blanco y a mí me da un ataque de risa; creo que es de los nervios. Me acerco a Elly y le paso un brazo por el hombro sin parar de reír.
—Esta es Elly. Y es muy capaz de patearte el culo.
Son también se ríe.
—Encantado de conocerte, Elly, yo soy Son.
Elly ignora a Dan y se dirige a él.
—Encantada, Son. Oye, ¿podemos entrar? Aquí hace mucho frío.
—Por supuesto.
Nos guía hacia el interior. Dejamos las maletas en la entrada y vamos hasta la cocina, donde están las chicas.
Cruzo el umbral de la puerta y se me para el corazón al ver unos rizos castaños.
Maya está de espaldas. Me acerco a saludarlas, les doy un abrazo a todas, hasta que llego a ella y hago lo mismo.
Me separo de ella todo lo rápido que puedo y me obligo a volver junto a Elly, más por mi salud mental que por ella, la verdad.
—Os presento a Elly.
Cat es la primera en acercarse, le da un breve abrazo y luego Elly se acerca a saludar al resto.
Si tiene alguna opinión de Maya no lo parece, las trata a todas por igual, comentando el frío que hace aquí y lo bonita que es la casa.
—Tendrías que verlo en verano —dice Cat.
—Lo hubiera preferido mil veces, odio el frío.
Y sigue hablando con ellas como si nada. Echa alguna mirada en mi dirección, más que porque ella necesite ayuda, para asegurarse de que yo estoy bien.
—Elly ya ha puesto en su sitio a Dan —les informa Son—. Ha sido genial.
—No sé si quiero saberlo —interviene Cat.
—Mejor no —contesto yo. No quiero que nadie haga sentir incómoda a Elly.
—Me ha llamado prostituta —les aclara ella como si hablase del tiempo.
—Era un cumplido —se intenta defender Dan.
—¿En qué mente retorcida llamar prostituta a alguien puede ser un cumplido? —le recrimina Cat.
Las chicas se ríen y no puedo evitar fijarme en Maya. Está preciosa, igual que siempre. Tiene la vista fija en Elly, a quién observa con curiosidad.
No veo por ninguna parte a su nuevo novio. Me muero de ganas de conocerlo, pero no puedo preguntar nada.
—Jordan, vosotros os quedáis en la habitación del fondo, por si queréis ir a dejar las maletas ya. Luego vamos a preparar la barbacoa y nos ponemos al día con unas cervezas —me dice Son.
Asiento y voy hasta Elly.
—Elle, ¿vamos a instalarnos?
—Claro. Ahora os veo, chicas —se despide de ellas como si fueran amigas de toda la vida mientras se acerca a mí.
Siento que se hace un silencio tras nosotros cuando salimos. Cojo las maletas y guío a Elly hasta la que va a ser nuestra habitación.
Son ha tenido el detalle de dejarme una distinta a la que solíamos usar Maya y yo cuando veníamos.
Entramos y creo que respiro por primera vez desde que hemos llegado.
—¿Qué tal vas? —Elly me mira preocupada.
—Siento lo de Dan.
—No pasa nada, estoy acostumbrada a lidiar con capullos.
—No deberías tener que acostumbrarte a eso.
—Gajes del oficio —contesta, metiéndose las manos en los bolsillos de sus vaqueros. Cuando vuelve a hablar lo hace con un tono más bajo—. Creo que deberíamos tener una palabra clave por si te agobias.
—Estoy bien.
—No, no lo estás. No te he visto tan nervioso nunca.
Empiezo a pensar que Elly me observa más de lo que yo había notado.
—Vale, si te agobias, di que te ha llamado Mike, que necesita hablar conmigo, y salimos de donde estemos, ¿te parece?
—Ok. ¿Quieres volver con ellos o prefieres quedarte un rato y descansar? Llevamos todo el día sin parar entre el vuelo y el coche...
—¿Y arriesgarme a que te dé un ataque al corazón? En serio, no sé qué hubieras hecho aquí solo.
Elly coge su maleta, la abre y saca un jersey bien gordo. Se quita la sudadera que ha llevado en el camino y se lo pone. Luego coge un chaleco y se lo pone encima también.
—¿En serio vamos a hacer una barbacoa fuera con el frío que hace?
Me río.
—Chica de sol y palmeras...
—¿Quién en su sano juicio preferiría esto?