10
¿Tienes algún tatuaje?
Jordan
El despertador suena a las cinco y media. Odio madrugar.
A estas alturas debería estar ya acostumbrado con tantos partidos que jugamos fuera de casa, pero no lo estoy y no creo que lo esté nunca.
Me doy media vuelta y me concedo cinco minutos más. Anoche tardé mucho en dormirme, demasiadas cosas en las que pensar.
El despertador suena por tercera vez a las seis menos cuarto; ya no puedo alargar más lo inevitable, así que me levanto y me voy directo a la ducha.
Dejo que el agua caliente me caiga en la cara mientras intento ordenar mi cabeza.
Todavía no acabo de creerme que Elly vaya a venir a pasar el fin de semana conmigo y mis amigos.
No tengo muy claro cómo me he metido en este lío ni por qué Elly ha querido ser parte de ello.
¿Qué pensará Maya cuando nos vea? ¿Se lo creerá? ¿Le dará igual? Estoy bastante acojonado por la situación en general.
Termino de ducharme y me visto, debería afeitarme, pero ya se me ha hecho un poco tarde, así que salgo del baño y voy hasta el salón.
Ni me planteo desayunar, estoy demasiado nervioso, así que, solo cojo la maleta, que menos mal dejé preparada anoche, y hago un último repaso mental de todo lo que llevo.
Voy hasta la mesita de la entrada, me pongo el abrigo y cojo la cartera, las llaves, y cierro la puerta tras de mí.
Joder, en qué puto jaleo me he metido.
Me subo al ascensor todavía hiperventilando y bajo directo hasta el garaje para coger el coche.
Cuando llevo 10 minutos tras el volante, me tranquilizo un poco.
Me gusta conducir a estas horas en las que la ciudad todavía está durmiendo.
El color del cielo, las palmeras... Es como estar en un anuncio.
Sin lugar a dudas, es el mejor momento del día para disfrutar de la ciudad.
Demasiado rápido llego al aeropuerto y, cuando estoy aparcando, me doy cuenta de que soy un idiota que vive a dos manzanas de Elly y ni siquiera le he ofrecido pasar a buscarla.
Va a pasarse todo el fin de semana en un plan que no le apetece nada solo por ayudarme y ni se me ha ocurrido. ¿Cómo se puede ser tan cafre?
Estoy tentado de dar media vuelta e ir a por ella, pero ya habrá salido de casa.
Voy hasta el mostrador de facturación donde hemos quedado y rezo esperando que no me lo tenga en cuenta. Miro el reloj: las siete menos diez. Llego bien, odio llegar tarde.
Echo un vistazo, no se la ve por ningún sitio. Me siento en un banco a esperarla intentando que mi cabeza no saque lo peor de mí en estos momentos.
A las siete y cuarto sigue sin haber ni rastro de ella y empiezo a preocuparme. Por favor, que no se haya rajado porque he sido un capullo que no he pasado a buscarla.
La he llamado varias veces, tiene el móvil apagado. Lo intento una vez más y, de nuevo, mi llamada va directa al contestador automático. De verdad espero que no me deje tirado porque, si me parece una mierda de plan ir con ella, me parece mil veces peor hacerlo sin ella. Miro el reloj una vez más.
—Seis llamadas perdidas, ¿en serio?
Oigo su voz detrás de mí y siento un alivio demasiado grande. ¿Cómo soy así de acojonado? Me doy la vuelta y ahí está. Toda perfecta y preciosa.
—Pensaba que te lo habías pensado mejor —decido ser sincero.
—He pillado tráfico y estábamos en un túnel sin cobertura.
Vale, puede que se me haya ido un poco la olla.
—Perdona —le digo totalmente avergonzado.
Elle me mira con algo que se asemeja bastante a la lástima:
—Sí que estás jodido.
Resoplo. Me echo mi mochila al hombro y cojo el asa de la maleta con ruedas de Elly.
—Venga, vamos a hacer el check-in .
Me sigue sin añadir nada más.
No sé muy bien cómo, pero en algún momento ha conseguido que me cambien a primera y vayamos juntos en el vuelo.
—¿Me explicas cómo lo has hecho?
—Ya te lo he dicho, siendo educada —dice con una sonrisa deslumbrante.
No me extraña que me hayan movido a primera; y tampoco lo haría que nos hubieran dejado entrar en la cabina del piloto.
Para pasar el control de seguridad hay una cola enorme; nunca entenderé por qué es tan difícil subirse en un avión. Nos quitamos los zapatos, los cinturones y, finalmente, conseguimos llegar a tomarnos un café rápido antes de embarcar.
En la cafetería, me doy cuenta de que un par de tíos no dejan de comerse a Elly con la mirada.
Ella no parece ser consciente, por lo que yo tampoco le digo nada para no incomodarla.
Sin embargo, pasado un rato, me da la impresión de que sí se da cuenta.
Me quedo mirándola y me viene a la mente la de veces que los chicos del equipo la miran y que siempre pensamos que, como está por encima de todo, no nos ve.
Pero ahora, aquí… Quizá sí que se da cuenta, solo opta por ignorarlo.
—¿Qué? —dice al final.
—¿Quieres que le parta la cara a los tíos que no dejan de babear?
—Creo que no será necesario, pero gracias por ofrecerte. —Elly sonríe. Como todo en ella, su sonrisa es preciosa—. ¿Vamos a la puerta de embarque? —me dice.
Asiento y ambos nos levantamos y salimos de la cafetería.
—En serio, sigo sin entender cómo me has conseguido que me pasen a primera —le digo para cambiar de tema.
—Puede que me haya aprovechado un poco de quién eres.
Alzo una ceja sin tener muy claro si quiero saber lo que ha hecho.
—Tienes que firmar un autógrafo para el hijo de una de las azafatas.
Niego con la cabeza. Elly vuelve a sonreír mientras caminamos por el túnel que nos conduce al avión; siempre que llega este momento siento una especie de cosquilleo en el estómago. No es miedo a volar, y cojo demasiados aviones para que sea algo novedoso, pero siempre me pasa.
Al entrar en el avión, las azafatas nos saludan y nos indican cuáles son nuestros asientes. La verdad es que viajar en primera está muy bien, sobre todo si mides 1,90.
Miro a Elly, está pegada al móvil, como siempre. De verdad creo que tiene un problema.
—¿Qué vas a hacer cinco horas sin el teléfono? —la provoco.
—Ver series y aprovecharme de que viajamos en primera para pedir mucha comida gratis.
Me río, voy a contestar, pero las luces que avisan de que nos pongamos los cinturones de seguridad se encienden, así que hacemos lo propio mientras las azafatas nos explican qué hacer en caso de accidente; como si hubiera algo que hacer en caso de accidente aparte de rezar.
El avión toma velocidad y, en mitad del despegue, Elly se acerca a mí.
—¿Sabías que el despegue es el momento más peligro de un vuelo?
—Justo lo que uno quiere oír ahora mismo.
Elly sonríe y se acerca un poco más a mí.
—Ok, cambio de tema. ¿Tienes algún tatuaje?
—Mmm, no. ¿Tú?
—Sí —dice en un susurro, y se acerca todavía más a mí.
Sin darme cuenta me inclino hacia ella yo también.
—¿Dónde? —me sale por instinto.
Ella mira a su alrededor para ver si alguien nos está mirando y baja la mirada hacia su pecho. Yo trago saliva sin ser siquiera consciente y entonces se echa a reír.
—Qué fáciles sois los tíos. No tengo ninguno. Por cierto, ya hemos despegado —dice mientras llama a la azafata para que le sirva algo de beber.
Me quedo muy cortado, creo que hasta me he puesto rojo. Esto no va a salir bien.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —vuelve a decirme.
La miro dudando.
—¿Vas a volver a tomarme el pelo?
—No, esta vez va en serio. ¿Te has dejado barba de tres días porque a tu chica le gusta ese rollo?
La miro sorprendido.
—Ehh, no.
—¿Seguro? Porque no sueles ir así. Puedes decírmelo, no te voy a juzgar.
—No, simplemente se me ha hecho tarde.
—Ok.
—Ok, ¿pero…?
—Nada, te queda bien.
—¿Vuelves a tomarme el pelo?
—No.
—¿Puedo hacerte una pregunta yo a ti?
—Claro.
—¿El nombre de tu camiseta es Curtis?
No tengo ni idea de por qué se lo he preguntado.
—¿Por qué crees que es Curtis?
Por su cara no sé si le parece divertido o si le molesta mi comentario.
—Porque os vi hablando ayer.
—Ajá, ¿y?
—Pues eso, que os vi hablando ayer.
—Hablo con todo el equipo.
—Ya, es que Mike dijo... Da igual, no me hagas caso —digo mirando para otro lado.
—Estaba echándole la bronca. Ya sabes, cosas de estrellitas consentidas.
La miro y ella cambia de tema.
—Oye, no serás de esos superempalagosos, que va de la mano a todas partes y usa apodos supercursis, ¿verdad?
Me quedo descolocado por el cambio de conversación y luego pienso en Maya; quizá haya sido un poco así, pero nunca lo reconocería.
—Claro que no.
—¿Seguro? —pregunta sin creerme.
¿Soy tan mal mentiroso o es que ella es demasiado buena?