Ganar nunca fue el plan 2
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Yo creo que no lo sabes

Jordan

Es posible que me haya golpeado la cabeza demasiado fuerte en el último placaje y siga en el suelo inconsciente, porque eso tendría mucho más sentido que pensar en lo que acaba de decir Elly.

¿Se está ofreciendo a venir conmigo y a hacerse pasar por mi novia?

Me quedo mirándola como si le hubiera salido un tercer ojo.

Ni siquiera había tomado en serio su comentario de llevar a alguien y jamás se me habría ocurrido que ella fuera ese alguien. Mucho menos que se ofreciera voluntaria.

La miro esperando a que se ría. Sí, seguro que es eso, me está tomando el pelo. ¿En qué hora le he dicho nada? Sin embargo, Elly no se ríe, solo me mira.

¿Está hablando en serio?

Lo pienso un momento. Así de desesperado estoy, que hasta me lo planteo.

No, imposible. Nadie se lo creería por un millón de razones.

La más evidente: Elly está fuera de la liga de cualquiera.

Y, además, tenemos cero en común. O eso creo, porque esta es la conversación más larga que hemos tenido que no incluya salario y número de temporadas.

Podría ser una asesina en serie que se come a sus víctimas; yo podría ser el siguiente. Vale, no creo que ese sea el caso, pero sigue sin tener ningún sentido.

Después de sufrir casi una embolia, reacciono:

—¿Hablas en serio? —me oigo decir.

—Si no quieres ir solo, sí —responde tan tranquila, como si estuviera hablando del tiempo en vez de una total y absoluta locura—. Y ahora vuelve al campo y empieza a jugar de verdad, porque me estás poniendo de los nervios.

Sin embargo, no me muevo. Tiene que ser una broma, seguro que se está quedando conmigo y ahora es cuando se echa a reír. Pero no lo hace. Solo vuelve a mandarme al campo con un movimiento de su mano. Así que hago justo eso: vuelvo al césped sin tener ni puta idea de cómo he llegado a este punto.

No presto atención a lo que sea que Mike me cuenta.

En serio, ¿ir con Elly es una posibilidad? ¿Quiero que Maya piense que estoy con alguien? Quizá sería la manera de cerrar de una vez lo que hay entre nosotros; bueno, ella ya lo ha cerrado, me recuerdo.

Un nuevo placaje me devuelve al suelo y me quedo ahí tirado, mirando el cielo azul, cuando oigo la voz de Elly a lo lejos:

—¡Jordan, por el amor Dios!

Vale, eso sí que me espabila. Me levanto corriendo e intento centrarme en lo que queda de partido. Luego pensaré en lo que ha dicho Elly y en lo que es más importante aún: si querría que me acompañase.

Para cuando acaba el entrenamiento estoy molido. Llego al vestuario de milagro y me doy una ducha mucho más larga de lo necesario. Al salir, busco el coche de Elly, no hay ni rastro; vuelvo a pensar que no iba en serio, que solo me lo ha dicho para que espabilase.

Siento a la vez alivio... y decepción.

No tiene sentido darle vueltas porque Elly me ha tomado el pelo: que viniera a pasar el fin de semana con mis amigos y con Maya es la idea más absurda del universo. Elly no tiene nada que ver con ellos, seguro que ella es más de fiestas sofisticadas que de cabañas en el lago.

—Tío, ¿qué ha sido eso?

La voz de Mike me saca de mis pensamientos; había dado por hecho que ya se habría ido él también. Lo veo acercarse al aparcamiento.

Mike es un buenazo, y un tío tan grande como inofensivo.

Llevamos cerca de dos años jugando juntos en los White Sharks y, desde el principio, nos hicimos amigos.

Quizá porque ambos pasamos de las fiestas y de la fama.

Él es un par de años mayor que yo y ya llevaba una temporada en el equipo cuando yo llegué.

Está casado con Beth, su novia del instituto; justo como esperaba yo que fuese mi vida.

—¿El qué?

—¿Cómo que el qué? Elly. ¿Qué quería y por qué parecía que quería arrancarte la cabeza?

—Ah, eso… —Busco cómo responder sin mentir. Se me da fatal y Mike me va a pillar al instante—. Quería saber por qué estaba haciendo un partido de mierda.

El resto me lo guardo.

—La verdad es que estabas haciendo un partido de mierda, menos mal que solo estábamos entrando. Ya puedes concentrarte el sábado.

Joder… Al menos mi actuación lamentable en el campo desvía el foco de Elly.

—Ya lo sé, tío. El sábado te prometo que voy a estar al ciento diez por ciento.

—Más te vale…

Seguimos caminando en silencio hasta nuestros coches. Pienso en el partido del sábado; no puedo cagarla, tengo que hacerlo bien…

Mike ha dicho algo.

—¿Qué?

—Elly cabreada está todavía más buena.

No me apetece hablar de Elly, asiento sin decir nada más.

—¿En serio? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? Tío, por muy colgado por tu ex que sigas, tienes ojos, ves lo buena que está, ¿no?

—Claro que lo veo, Mike. Tendría que estar ciego para no hacerlo.

—El próximo día voy a hacer un entrenamiento de mierda yo también, a ver si me grita como a ti —dice muy serio.

Niego con la cabeza.

—Mike, estás casado —le recuerdo, aunque sé que está bromeando, siempre está hablando de Elly pero adora a Beth y jamás haría nada que pusiera en peligro lo que ellos tienen.

Además, puede que le dé morbo Elly cabreada, pero no creo que quiera ver a su mujer cabreada porque ella sí que da miedo.

—A Beth también le encanta. ¿Crees que querría hacer un trío con nosotros? Me refiero a Beth y a mí, no a ti y a mí.

—Estás fatal, tío.

—Tú eres el que está fatal.

No digo nada. Llegamos a los coches y nos despedimos.

—¿Jordan? —Me llama cuando estoy abriendo la puerta del mío.

—¿Sí?

—Tienes que superarlo ya. Lo de Maya.

Suspiro. Él es el único que sabe mis movidas y que voy a verla en dos semanas. Bueno, ahora también lo sabe Elly.

—Ya lo sé.

—Yo creo que no lo sabes…