Ganar nunca fue el plan
© inepub.com
1
Tu alguien
Jordan
Recibo otro placaje que me deja sin aire por un momento y acabo de nuevo en el suelo.
Joder, estoy haciendo un entrenamiento lamentable. Resoplo todavía con la espalda sobre la hierba. Tengo que dejar mis mierdas fuera del campo y concentrarme de una vez.
—¡Jordan!
La voz cabreada de Elly me devuelve a la realidad.
Me levanto a duras penas y miro en su dirección, está de pie al lado del banquillo.
Lo primero que veo es la melena rubia recogida en una coleta alta, lleva unos vaqueros desgastados, unas botas militares y una sudadera del equipo; nada del otro mundo, pero en ella es, simplemente, espectacular.
Sin duda es la tía más impresionante con la que me he cruzado, o con la que cualquiera del equipo lo haya hecho.
Sin embargo, yo no tengo ojos para ella. En lo único en lo que puedo pensar es en Maya, como llevo haciendo durante los dos últimos putos años.
Elly vuelve a gritar mi nombre cada vez más cabreada. No solemos hablar mucho, por eso me sorprende aún más que lo haga en medio del campo y en ese tono.
Es la relaciones públicas del equipo. Se encarga de todas nuestras ruedas de prensa, entrevistas y, sobre todo, de mantenernos a raya para que no nos metamos en problemas con la locura que son hoy en día las redes sociales.
Ahora mismo cualquiera tiene una cámara y un altavoz inmenso llamado internet, y el más mínimo desliz, por tonto que sea, puede acabar con nuestra carrera o con la del equipo.
Yo suelo portarme bien, rara vez salgo de fiesta o me meto en líos, así que no tiene que ir detrás de mí, como sé que ocurre con otros de mis compañeros, que lo único que quieren es emborracharse y ligarse a alguna chica nueva en cada ciudad.
Miro a Mike, mi mejor amigo en el equipo, quien me devuelve la mirada con cara de «por qué la tía buena de Elly te está llamando». Me encojo de hombros y me acerco trotando hasta ella. Me quito el casco para saludarla.
—¿Qué pasa, Ell… —No me deja terminar.
—¿Qué te pasa a ti?
Parpadeo sin comprender esperando que diga algo más, pero no lo hace, solo se queda calla mirándome.
—Eh..., no sé a qué te refieres —respondo.
—Estás haciendo un entrenamiento de mierda.
Eso no se lo puedo negar.
—Estoy cansado —miento.
—No, te he visto jugar estando cansado y esto es diferente. ¿Qué te pasa?
—Nada —vuelvo a mentir—. Solo tengo un mal día.
Se me da fatal mentir, así que, por supuesto, no la engaño.
—Y una mierda. Tienes suerte de que ni Jake ni el entrenador Hanks anden cerca. Cuéntame qué pasa.
Dudo un momento y ella lo nota. Estoy perdido.
No suelo hablar con Elly de cosas personales. En realidad, apenas hablamos a pesar de que nos conocemos desde hace tiempo.
Fue mi agente cuando aún estaba en la universidad y gracias a ella estoy aquí. Luego pasó a ser relaciones públicas del equipo y tuve que cambiar de representante, y aunque no tengo quejas de Eddie, nadie es comparable a ella.
Sin embargo, desde entonces nuestra relación no ha evolucionado mucho... Trato profesional y poco más.
Así que sí, esto es raro.
Al ver que no respondo, vuelve a presionar:
—O me lo cuentas a mí o a ellos…
Sé que es mejor hablar con ella, solo de imaginarme lloriqueando a Jake me dan escalofríos.
Aun así, no acabo de decidirme, va a pensar que soy idiota, probablemente porque lo soy.
Elly continúa esperando, así que suspiro y empiezo a hablar:
—Dentro de dos fines de semana voy a celebrar Halloween con mis amigos.
—Ajá… —Elly asiente sin entender cuál es el problema.
—Y voy a ver a mi ex.
Creo ver que sus pupilas se dilatan por un segundo y luego enmascara su sorpresa con su cara más profesional. O quizá me lo estoy inventando y a ella no le puede dar más igual lo que pase en mi vida personal.
Hace un movimiento con la mano, como instándome a continuar.
—Hace mucho que no nos vemos… y yo todavía no lo he superado.
Elly me observa durante un rato:
—¿Y por qué vas?
Buena pregunta. ¿Por qué cojones voy?
—Pues porque soy un gilipollas.
Mi respuesta consigue suavizar su mirada, parece que ya he empezado a darle pena. Genial.
—Un poco sí —dice al fin—. ¿Es la misma que te había dejado cuando empecé a ser tu agente?
Joder, ¿por qué se acuerda de eso?
—Sí —respondo mirando al césped.
¡Dios!, debe de pensar que soy patético...
—Han pasado cerca de dos años… —deja caer.
—Sí…
Elly vuelve a observarme.
—Y todavía no lo has superado.
No es una pregunta, pero yo contesto de todos modos:
—No.
—¿Con la de chicas que tienes detrás?
Eso sí lo es. Suspiro. «Créeme, lo he intentado, pero ninguna es Maya», me dan ganas de decirle. Por supuesto, no respondo nada de eso; hasta yo tengo un límite.
—Ya te he dicho que soy un gilipollas.
—Bueno, pues ve e intenta recuperarla.
—No puedo, ella va a ir con alguien...
Maya sí lo ha superado. Eso también me lo guardo solo para mí.
—Pues no vayas.
Creo que estoy acabando con su paciencia; la verdad es que mucho ha durado.
—No quiero que piense que no he pasado página.
—Es que no lo has hecho —me recuerda, quizá en un tono demasiado alto.
—Ya, pero ella no lo tiene que saber.
En ese momento me doy cuenta de dos cosas: una, que no puedo seguir así, y dos, que Elly está a punto de mandarme a la mierda.
Claro, ella no lo entiende, a ella nunca le pasaría algo así, todos los tíos del equipo pierden el culo por ella, y ella ni los mira, como si estuviera en otra liga. Porque es evidente que ella está en otra liga.
—Pues lleva a alguien tú también —termina diciendo.
—Claro, me la saco de la chistera. —Esta vez el que suena enfadado soy yo.
—Jordan, de verdad, pareces idiota. Hay un club de fans esperándote a la salida de cada partido, tienes donde elegir. ¿Ves? Problema resuelto.
Cada vez está más cabreada, como si el hecho de que le hubiera contado mis problemas fuera una ofensa, cuando ha sido ella la que ha insistido en saber qué me pasaba.
Me quedo mirándola un poco confundido y ella, de nuevo, me hace un gesto con la mano, solo que esta vez es para que vuelva al campo; veo que nuestra conversación ha acabado.
Me doy la vuelta, no sin antes echar un último vistazo en su dirección: ¿por qué se ha enfadado tanto?
Entro en el campo sin tener muy claro qué acaba de pasar y sitiándome aún más idiota por haberle hablado de Maya.
Antes de que pueda llegar al resto de mis compañeros, que han reanudado el partido sin mí, Elly me llama de nuevo.
Me giro y me hace señas para que vuelva a acercarme; voy corriendo hacia ella. Por un momento creo que va a disculparse por el tono con el que se ha dirigido a mí, así que me plantó delante de ella y espero a que hable, lo que tarda un buen rato en suceder.
—Yo iré contigo —termina diciendo.
—¿Qué?
—Que, si no quieres ir solo, yo te acompaño a ver a tus amigos y a fingir que soy..., ya sabes, tu alguien…