27 Cole
Estoy tumbado en el sofá, mirando hacia el techo, donde bailan los pequeños arcoíris que ha formado la luz que atraviesa los prismas de cristal colgados en la ventana. Son sencillos y hermosos. Me recuerdan a la casa de campo, a Violet.
—¿Esto ayuda de verdad o solo es algo que hace la gente en las películas?
—No sé —dice Trixie. Las pulseras que rodean sus muñecas tintinean cuando levanta una mano en un gesto dramático—. Pero sí te digo que no creo haberte visto nunca lo bastante relajado como para tumbarte. Y ni siquiera puedes ver la puerta desde aquí.
—Tal vez ha dejado de importarme.
—¿Eso es lo que estás haciendo? —pregunta con una carcajada seca—. ¿Te has echado a morir? Qué shakesperiano por tu parte. Menos mal que has retomado las sesiones.
Vuelvo la cabeza para mirar a Trixie. A veces me da la impresión de que cree que le pago para que se burle de mí.
—Sabes que no quería decir eso.
Me devuelve la sonrisa y la piel se arruga alrededor de sus labios, narrando años de historias.
—Entonces, por el amor de Dios, explícame lo que querías decir.
—Tengo que averiguar cómo hacer frente a ver a la mujer que amo subirse a un caballo y alejarse de mí. Tengo que encontrar la manera de alegrarme por ella en lugar de estar aterrorizado pensando que no va a volver.
—Bueno, ¿lo habéis hablado? ¿Qué dice Violet?
Le agradezco que no se haya centrado en la palabra con a, pero también me ha venido bien admitirla. Después de hablar con ella anoche, de ver cómo reaccionó, no sé por qué he esperado tanto. La he amado en la distancia y en silencio demasiado tiempo.
Creo que ella también me ama. No me lo dijo, pero puedo sentirlo. ¿Quién esperaría por un desastre como yo si no lo amara?
Creo que podríamos amarnos.
Me hace sentir seguro, consigue que quiera aceptar riesgos, me hace ser mejor. Y si conseguir que alguien sea una mejor versión de sí mismo solo por estar ahí no es amor, no sé lo que es. Y yo también quiero hacer lo mismo por ella.
—Ahí fue donde la cagué —reconozco. Me arriesgo a mirar a Trixie: está ahí sentada y su rostro no revela nada.
No parece decepcionada ni se burla de mí.
Solo espera—. Se cayó de un caballo cuando yo estaba mirando y me derrumbé.
Tuve un ataque como no había sufrido en años.
Y después…, tal vez insinué que no podía estar con ella debido a su trabajo.
—¿Y qué respondió? —dice, sin rastro de censura en su tono.
Por alguna razón, esperaba que me riñera por portarme como un imbécil egocéntrico. Siempre espero que la gente vea lo peor de mí.
—En palabras mucho más amables, dijo algo como «Que te jodan, soluciona tus mierdas».
—¡Me gusta esa mujer! —exclama Trixie; se acomoda en su asiento y me mira, pensativa. Siento el peso de la mirada de la vieja bruja sobre mí y casi puedo escuchar cómo giran los engranajes de su cerebro—. Dime, ¿qué te gusta de ella?
—¿Esto qué es? ¿Una lista de pros y contras?
Trixie me mira como si dijera «¿Ya has terminado?» .
—Bueno —suspiro, sintiéndome como un idiota por ponerme poético al hablar sobre una mujer en el sofá de mi psiquiatra.
Soy un puto cliché con patas—. Sobre todo, me gusta lo motivada que está.
Salió a ganarse la vida por su cuenta, a labrarse su propio camino, y ha trabajado duro para conseguirlo, y la admiro por ello.
Es tranquila, silenciosa, calmada, pero no es fácil de llevar.
No me pone nervioso ni cuando no para de hacer preguntas.
Es reflexiva. Sabe que tengo problemas, pero no me trata como si fuera un cachorrito al que han maltratado demasiadas veces.
Se limita a rodearme como si yo no fuera un obstáculo.
Ella es… Ella es como la luz del sol en mi cara, cálida y brillante.
Sé que he estado viviendo en las sombras, ocultándome en un rincón, pero, en lugar de intentar sacarme a rastras, pataleando y gritando, como tantos otros, solo se ha movido un poco para compartir su luz.
Miro los puntitos multicolor que se mueven por el techo desde los prismas. El patrón se balancea al ritmo de los cristales.
—Ya no quiero vivir en la oscuridad —digo con voz ronca.
Trixie también mira hacia el techo, estirando el cuello adornado con las cuentas de madera de su collar.
—Son bonitos, ¿verdad?
Trago saliva de forma audible para aclararme la garganta antes de hablar.
—Mucho —consigo responder.
—Y resulta muy apropiado, ¿sabes? Esos cristales se llaman atrapasoles —comenta.
Parpadeo—. Buen feng shui . —Resoplo, pero Trixie me ignora.
Sabe que no me gustan esa clase de cosas, pero continúa—: Recogen la luz del sol y la desvían, eliminando la energía negativa.
Es una luz positiva, curativa, puro brillo y color.
Sé que es mi turno de hablar, pero estoy demasiado emocionado para hacerlo.
Solo dejo escapar un sonido ahogado, comprendiendo lo que quiere decirme sin decirlo en realidad.
¿Qué posibilidades había de enviarle un mensaje a Violet?
¿Qué posibilidades había de que forjáramos una amistad?
¿Qué posibilidades había de que terminara trabajando para mi familia?
¿Qué posibilidades había de que yo viniera aquí y pensara en ella como si fuera el sol mientras miraba un puto atrapasol?
Todo lo que ha pasado entre nosotros era improbable y, sin embargo, parece predestinación.
Después de todas las cosas malas que me han pasado en la vida, es difícil creer que el universo me ha puesto delante un regalo como Violet una y otra vez, pero son demasiadas coincidencias como para seguir ignorándolo.
—Te enamoraste de la fuerza de esa mujer, de su pasión, de su alegría de vivir.
De su luz. ¿Qué pasa si, en lugar de tirarlo todo por la borda, te conviertes en su atrapasol?
Coge su luz y amplíala todo lo que puedas.
Disfruta de ello, porque es maravilloso que la hayas encontrado —celebra con entusiasmo—.
Pero la luz es engañosa: se desliza, es fugaz, viene y va.
No podemos poseerla ni retenerla, solo disfrutarla.
Y si puedes encontrar una manera de dejarte llevar y disfrutarla, Cole, puedes considerarte afortunado.
Afortunado. Nunca me he considerado afortunado. Mi padre, mi pierna, mi prometida, mi salud mental… El dinero no es nada cuando todo lo que te rodea es una mierda.
—¿Y si le pasa algo? —digo con un hilo de voz.
—¿Y si no le pasa nada y pierdes esa luz para el resto de tu vida?
Una voz en mi cabeza grita más fuerte que todas las demás. Más fuerte que las dudas, más fuerte que el odio.
Ya no quiero vivir en la oscuridad.
El primer paso que tengo que dar para recuperar mi vida es reavivar la relación con mi hermano pequeño, como me ha confirmado Trixie en nuestra charla de esta mañana.
Por eso estoy aquí, sentado en las escaleras de la entrada de su casa, esperando a que regrese, y no tengo ni idea de lo que voy a decirle.
«Oye, ¿te apetece sentarte a beber una botella de agua mientras te cuento cómo he estado fingiendo que no era un amputado durante los seis últimos años?
Qué guay, ¿verdad? Supernormal, lo sé, gracias» .
Suelto un gemido, me cruzo de brazos y le doy una patada a una piedra que hay frente a mí. Me siento frustrado e impaciente, y quiero que todo se arregle de una vez. Ayer.
Quiero a Violet de regreso ya.
¿Cómo he permitido que esto se me fuera tanto de las manos?
Estoy a punto de autoflagelarme cuando la camioneta de Billie se detiene frente a la casa.
Genial. Justo lo que me hacía falta.
—¡Hola, hermano mayor! —saluda cuando se apea. Siempre está de buen humor—. Me alegro de verte.
La miro especulativamente. Creía que Billie estaba enfadada conmigo por lo que ha pasado con Violet, pero se comporta con normalidad: irritante y molesta.
—¿Me llamas así solo para incordiarme?
Frunce el ceño y se acerca al porche delantero.
—No. Te llamo así porque vamos a ser una familia unida hasta que seamos viejos y estemos canosos y arrugados. Y en algún momento te ablandaré y verás que soy muy simpática.
Su coleta se balancea cuando pasa a mi lado con sus exclusivas botas Blundstone.
Entra en la casa de campo sin decir palabra, y me quedo dando vueltas al modo en que asume que vamos a ser una familia para el resto de nuestras vidas, como si fuera un hecho, una verdad ineludible.
Ojalá fuera tan optimista en lo que se refiere a la estabilidad.
No creo que nada haya sido así en mi caso.
—Toma.
Me sobresalto cuando reaparece, se deja caer a mi derecha en el escalón y me tiende una botella marrón de cerveza fría.
La cojo y paso el pulgar por la condensación que se ha formado en el exterior.
—No bebo demasiado…
—Serías mucho más guay si lo hicieras.
—Estaría mucho más confuso y aturdido de lo que ya estoy estos días —bufo.
Se ríe y da un trago a la cerveza, mirando hacia el corral de DD. El caballo negro está masticando heno y mueve la cola, feliz, como una mascota multimillonaria. Niego con la cabeza.
—La cerveza no es buena para la salud —continúo, intentando explicar mi afirmación y, sobre todo, cambiar de tema.
Se ríe con ganas y me señala por entero con un gesto amplio de su mano.
—Tampoco lo que le estás haciendo a tu tensión arterial.
Suspiro y doy un largo trago a la cerveza.
Tiene razón. Billie es así de perspicaz e inteligente.
El tipo de inteligencia que no aprendes en la escuela.
Recuerdo habérselo dicho a Vaughn cuando casi lo echa todo a perder con ella.
Billie distingue el bien del mal, y le dio una buena lección a mi hermano pequeño sobre eso. Me gusta la pareja que hacen.
—Debes de pensar que soy un auténtico imbécil…
—No —dice sin volverse hacia mí. Su mirada pensativa se dirige hacia las colinas que hay más allá del corral; las que llevan al rancho. A Violet—. Creo que haces lo que puedes con la mierda que te ha dado la vida. Como todos.