Ganar al límite (Gold Rush Ranch nº 2) 24 Cole #3
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24 Cole #3

Tendré que aprender a sobrellevarlo si Violet y yo vamos a estar juntos. Billie y ella guían a sus monturas hasta los cubículos de salida. Hoy no hay puertas, solo el carril abierto. Supongo que eso vendrá más adelante.

—¡Preparadas! —grita Hank, y su voz resuena en dirección a las dos jinetes—. ¡Listas! —Pippy hace unas cabriolas como si supiera que algo se avecina y no pudiera esperar—. ¡Ya!

Billie y DD salen volando por la puerta, como tantas veces han practicado, pero Pippy se sobresalta.

Los ojos se le salen de las órbitas, dejando ver el blanco y, en lugar de salir corriendo hacia delante, la pequeña potranca se alza sobre sus patas traseras y agita las delanteras en el aire.

Veo horrorizado cómo Violet intenta agarrarse al cuello de Pipsqueak y aguantarse sobre ella.

Los estribos son demasiado cortos para que pueda usarlos de apoyo.

Todo se mueve a cámara lenta cuando su boca dibuja una línea sombría y una expresión concentrada aparece en su rostro. Sé que Violet no es una novata en las travesuras de un caballo joven, pero eso no impide que el pánico me inunde el pecho.

Y cuando la veo caer del lomo de la potra, echo a correr.

Bajo las escaleras, atravieso la hierba y salto la cerca como si pudiera llegar a tiempo para cogerla.

Billie me ve, se detiene y por fin mira hacia atrás.

Pippy trota hacia mí, alejándose de las puertas, con la confusión reflejándose en su mirada.

Levanto la tierra bajo mis pies cuando corro por la pista.

La bilis se me sube a la garganta y me detengo a unos metros de la forma inmóvil de Violet, atrapado en mi peor pesadilla.

No puedo volver a pasar por esto.

No puedo respirar.

Se me nubla la vista y el suelo se mueve bajo mis pies.

Me agacho y pongo las manos en las rodillas, dejando caer la cabeza, e intento obligar a mi cuerpo a que vuelva a moverse.

Me siento como un coche viejo que necesita un empujón, una chispa.

Estoy demasiado jodido como para ayudarla, incluso aunque esté inmóvil en el suelo.

Pero no puedo hacer que mi cuerpo coopere. Un grito nace en mi garganta y levanto la mano para contenerlo. Si está herida… Si está muerta… No puede ser. Acabo de encontrarla. Acabamos de encontrarnos.

—¡Por el amor de Dios!

Levanto la vista para ver cómo da un puñetazo en la tierra y sus pequeños pies dan patadas en el suelo como si tuviera una rabieta. Y el aire vuelve a mis pulmones. Doy unos pasos más y caigo de rodillas a su lado. Mis dedos se aferran a ella y las lágrimas brotan de mis ojos.

Siento alivio. Un alivio inmenso como nunca había experimentado.

—¿Estás bien? ¿Estás bien? —No puedo parar de preguntarlo.

Repito la pregunta una y otra vez, como si hubiera cortocircuitado y entrado en bucle.

De pronto, vuelvo al calor seco de Irak y a ese día en la pista, todo a la vez.

Me siento de nuevo como si respirara arena.

Me rasca la garganta, me oprime los pulmones.

Compruebo su pulso con un zumbido en los oídos.

Los ojos de Violet no están apagados ni vacíos: son dos pozos azul claro que reflejan las nubes blancas y algodonosas sobre nosotros. Su expresión cambia de enfadada a preocupada.

—Oye, oye, estoy bien. —Intenta sentarse, pero mi entrenamiento en primeros auxilios se pone en marcha y mis brazos salen disparados para retenerla. ¿Y si tiene una lesión en la columna? ¿O una hemorragia cerebral? Podría estar en shock. Cuando vi caer a mi padre, no volvió a levantarse.

—Cole, deja que me levante. Estoy bien —dice sin aliento.

Podría tener colapsado un pulmón.

Me dan un empujoncito en el hombro y veo a Pippy detrás de mí, con una mirada tímida y amable reflejada en sus ojos negros. Billie está detrás de ella y también me contempla con tristeza. Ha visto lo jodido que estoy y ahora se compadece de mí. Fantástico.

—Tómate un minuto, Violet —dice Billie para que yo no tenga que hacerlo.

Le agradezco infinitamente que ella no me haya puesto en evidencia diciéndome que me relaje. En su lugar, está intentando ayudar, algo que la mayoría de la gente no hace, en especial, con alguien que ha sido tan cascarrabias como yo con Billie.

—¡Basta! —Violet me aparta las manos y se sienta, frustrada—. Si digo que estoy bien, es que estoy bien. No necesito que me trates como si fuera una figurita de porcelana solo porque soy de ese tamaño.

Me echo hacia atrás y me siento sobre los talones mientras Violet se sacude y se pone de pie. Posa una mano sobre mi hombro con amabilidad y me tiende la otra para ayudarme a que me levante.

—Cole, cariño, me alegro de verte. Pero estoy trabajando. Iré a tu casa cuando acabe. Billie, vamos otra vez.

Su tono no es cruel, solo práctico. No está en estado de shock . Aunque podría estarlo a pesar de que parezca estar bien. Me tiemblan las manos y me siento como si estuviera a punto de salir de mi propio cuerpo, como si estuviera entumecido de pies a cabeza.

Salvo mi corazón.

El corazón me duele. Puedo sentir el daño que esto le ha hecho, como un guijarro insignificante que da un golpecito en el parabrisas y de pronto todo el vidrio se astilla sin control. Destruido .

Me pongo de pie y asiento, con los ojos fijos en el suelo, y me alejo de las puertas.

—¡Cole! ¡Espera! —Vaughn me llama, pero le hago una seña para que se marche y acelero el paso.

Escapo.

Todos me han visto enloquecer. Me he convertido en lo que tanto intento evitar: el centro de atención. Todos lo saben.

Pero no puedo concentrarme en eso ahora mismo. Mi mente bandea entre dos pensamientos.

Necesito estar solo.

No puedo estar con alguien que hace esto para ganarse la vida.