19 En el pasado
Violet
Me duele la cabeza y me siento como si estuviera al borde de la muerte. Apenas puedo moverme. No sé si fue por la cantidad de copas que me tomé con Billie en el Neighbor’s anoche o que me siento mal por culpa de mi puñetero amigo de internet.
Se me revuelve el estómago y, una vez más, no sé cuál es la causa.
Estoy muy enfadada conmigo misma. Ni siquiera con él, porque tenía razón: fue muy sincero conmigo acerca de sus límites y sus reglas, pero seguí pensando que yo iba a ser quien pudiera cambiarlo.
Sacudo la cabeza y me aprieto los ojos con las palmas de las manos para intentar calmar la jaqueca.
Mi hermano mayor, Cade, me dio un montón de consejos sobre relaciones, pero ahora mismo recuerdo uno de lo más pertinente : «No elijas a un hombre que tenga que cambiar o adaptarse para satisfacer tus necesidades.
O te quiere o no te quiere, y si debes convencerlo, no te quiere como te mereces».
Detestaba el modo en que mis hermanos se entrometían en mi vida amorosa.
Los tres me tenían en un pedestal, supongo que porque pasaron más tiempo con nuestra madre que yo.
A ella la perdieron, y no querían perderme a mí también, pero me asfixiaron y terminaron por alejarme.
No podía quedarme ahí. Pero en este momento daría cualquier cosa por volver, por recibir un abrazo de mi padre, una colleja de Rhet, una sonrisa de Beau o unos cuantos consejos profundos y poéticos de Cade.
Los cuatro son buenos hombres, y creo que no me he dado cuenta hasta ahora.
Sé lo que me dirían esta mañana, y también sé lo que me dijo Billie anoche.
Es hora de seguir adelante. Merezco algo más. Merezco algo mejor.
Elimino la aplicación del teléfono y me siento en el suelo de la ducha, donde el chorro de agua tibia enjuga mis lágrimas silenciosas.
En la actualidad
Me envuelve el ruido de las pistas mientras preparo a Brite Lite.
Es el segundo año que la monto. Es una yegua de carreras firme, inteligente y con un buen número de victorias en su haber.
Pero hoy la hermosa yegua gris está tan inquieta como yo, que me muero de ganas de volver a donde estaba hace un mes.
Me coloco los auriculares y me pongo a trabajar para distraerme, tarareando para intentar calmar sus nervios y los míos.
Pero en lugar de reproducir la carrera en mi mente, revivo las veinticuatro últimas horas.
El descenso de la montaña y el posterior viaje a casa fueron tranquilos. Extraños. No sabía qué decirle a Cole, pero, de todos modos, estaba tan ocupada reuniendo las piezas en mi cabeza que no podría haber encontrado un tema de conversación intrascendente para llenar el silencio.
Cuando entré en su dormitorio para coger la prótesis, intenté no cotillear, pero no lo conseguí.
Soy humana, al fin y al cabo. Y daba igual, porque el lugar estaba escrupulosamente limpio al estilo militar.
Todo bien ordenado e impecable. Me pregunté si pulía los suelos con un cepillo de dientes, como hacen en las películas, pero ni siquiera me atreví a comentárselo, porque cuando cerré el cajón de la cómoda en el que guardaba la prótesis de repuesto, moví el ratón que estaba junto al portátil.
El portátil que estaba abierto. El portátil que estaba abierto con nuestro chat en pantalla.
Los mensajes de hace más de un año estaban ahí, mirándome a los ojos.
Y para demostrar que, de hecho, soy humana, no pude apartar la mirada ni dejar de desplazarme por la pantalla, preguntándome por qué demonios tenía el chat abierto en el ordenador cuando yo no había respondido en un año. Hasta que me di de bruces con la respuesta.
Buscadordeoro85: ¿Cómo estás?
Buscadordeoro85: ¿Todo bien?
Buscadordeoro85: Oye, creo que debes de estar enfadada conmigo. Lo siento, no pretendía hacerte daño. Esa no era mi intención. Yo solo… Es complicado. Es una larga historia. Una que me gustaría contarte si vuelves.
Buscadordeoro85: Creo que voy a seguir escribiéndote aunque nunca vayas a contestar de nuevo. Lo necesito.
Buscadordeoro85: Hablar contigo ha sido lo más terapéutico que me ha pasado en años. Por favor, responde. Quiero corresponderte. Compartir mis secretos me aterroriza, pero voy a intentarlo.
Buscadordeoro85: No creo que vayas a volver, pero, si lo haces, mi oferta sigue en pie. Quiero volver a tener un «nosotros» o lo que quiera que sea esto.
Buscadordeoro85: A veces sueño con conocerte en la vida real, con las cosas que te haría.
Buscadordeoro85: Te echo de menos.
Ha estado enviándome mensajes desde que le hice ghosting . Incluso cuando me mudé. Como un diario dedicado a mí. El aliento abandonó mi cuerpo con un silbido sordo y la sangre me palpitaba en los oídos.
Buscadordeoro85: Esta noche he llevado tu cuerpo inerte a mi casa.
Sé que estabas noqueada por los analgésicos, pero de todos modos me he sentido mal.
He cargado antes con cuerpos inertes, y no puedo soportar la idea de que el tuyo pudiera ser uno de ellos.
Me he quedado dormido en el pasillo escuchando el sonido de tu respiración.
Buscadordeoro85: Hoy me has convencido de ir a tomar algo a ese pub de mierda. Ha sido lo más divertido que he hecho en años.
Buscadordeoro85: Hoy te has mudado. No esperaba que fuera a hacerme tanto daño.
Las lágrimas brotan de mis ojos cuando termino de leerlos. Cada mensaje es como un puñal clavado en mi corazón. El hombre más reservado y distante del mundo ha convertido mi corazón en una puta diana con sus palabras, y ni siquiera sé cómo decírselo.
Me he quedado total y absolutamente muda.
He pasado un mes encerrada con él, un hombre al que he llegado a pensar que ni siquiera le caía bien, y todo ese tiempo ha estado escribiéndome.
Me he flagelado porque desear a Cole Harding iba en contra de toda lógica, porque estaba convencida de que iba a defraudarme y a avergonzarme de nuevo, y él ha estado escribiendo cartas de amor que sabe que jamás veré mientras yo intento ser su amiga.
Cualquiera se habría desmayado. Los mensajes son dulces, tan dulces que me duelen los dientes, pero me confunden: podría habérmelo dicho.
Tampoco es que no hayamos hablado de nuestro pasado.
Ahora me siento como una niña tonta por este crush que he mantenido en secreto, sorteando sus estados de ánimo.
Si hubiera sabido que me echaba de menos, que me deseaba, habría saltado a su regazo mucho antes y lo habría besado.
Desato el cabestro de Brite Lite, que pasa la cabeza por la brida al momento, y le coloco el bocado con facilidad. Normalmente es muy educada, pero hoy es como si quisiera devorar el bocado. Como si quisiera hacerse con él como vamos a hacernos con la carrera.
Es hora de dejar de pensar en el enorme soldado melancólico y de concentrarme en machacar a Patrick Cassel en esta segunda ronda.
Brite Lite también está lista. Juraría que se ha dado cuenta de que esta es una oportunidad para vengarnos, una revancha.
Las mujeres tenemos el instinto muy aguzado para esas cosas, especialmente con tipejos como Patrick.
Salimos a la brillante luz del sol, muy diferente a ese día lluvioso de hace poco más de un mes. Las condiciones son perfectas.
Billie aparece de ninguna parte con Mira a su lado.
—¿Va todo bien? ¿Cómo está Brighty? —pregunta, y sus ojos dorados me escudriñan como si supiera que algo está pasando. Nadie lee a la gente mejor que Billie.
Nadie.
—Sí. Estamos listas. —Asiento, con el instinto competitivo que viene con lo de ser la única niña y la menor de cuatro hermanos.
Billie me ayuda a meter el pie en el estribo con la facilidad que nace de la práctica y me da una palmadita en el trasero antes de echar a andar, pero se frena en seco cuando escuchamos una voz suave y con un leve acento.
—Buena suerte hoy, señorita Eaton.
Stefan Dalca. Nuestro gran competidor de la zona de Ruby Creek en el circuito de las carreras de caballos.
Todos piensan que no juega limpio, y Billie lo odia a muerte después de que tratara de sobornar a Vaughn para que le vendiera a DD.
Lo que habría sido un gran error, y no solo porque el rancho se habría quedado sin su semental ganador, sino también porque Vaughn habría perdido a Billie.
—Dalca, pedazo de…
Me enderezo en la silla, preocupada por si a Billie se le va la olla por culpa de ese genio vivo suyo. Pero Mira se coloca frente a nosotras con su expresión neutra y mira hacia el hombre vestido de traje.
—Stefan, vamos a dar un paseo. —Dobla el dedo y va en dirección opuesta sin siquiera mirar atrás, convencida de que él va a seguirla.
Tengo que reconocerle que ha hecho que ese hombre, habitualmente sereno, parezca un poco conmocionado. Se coloca las solapas de la chaqueta del traje y se aclara la garganta antes de dar media vuelta y marcharse.
Billie finge una arcada y yo me echo a reír, porque sé cuánto lo detesta.
Pero, dadas las circunstancias, creo que debería tenerle más miedo a Mira.
Billie puede ser una bomba de relojería, pero Mira es inteligente, astuta y sagaz.
A Billie la ves venir porque arrasa con todo para acabar contigo, pero ¿Mira?
Mira te dejaría fuera de combate antes de que pudieras darte cuenta de que está ahí.
Esta noche voy a canalizar mi Mira interior y a apartar a la dulce y tranquila Violet.
Voy a derribar a Patrick Cassel del único modo que sé: en la pista.
Entro en el rancho y aparco justo enfrente del corral de Pipsqueak.
No podía dormir porque estaba demasiado emocionada con mi victoria, así que me he calzado un par de sandalias, me he puesto una chaqueta de punto sobre el pijama floreado de pantalón corto y camiseta de tirantes y me he escabullido del apartamento.
Todavía está oscuro y hace mucho tiempo que ha pasado mi hora habitual de acostarme.
Confiaba en mantener mi llegada en secreto, pero la yegua es como una guardiana que hace sonar la alarma en cuanto me ve.