10 En el pasado
Violet
Como hoy.
Sonrío al ver la única palabra del mensaje. No le gusta mucho hablar, eso me ha quedado claro, pero siempre está ahí, siempre responde. Si le molestara, dejaría de contestar. Creo que necesita esto tanto como yo.
Ese aire tranquilo y gruñón forma parte de su encanto, y supongo que le importo lo suficiente como para mantener el contacto, así que también le respondo siempre.
Si no, lo único que haría sería trabajar en el Gold Rush Ranch de sol a sol.
Ser la chica nueva en el rancho significa que no tengo influencia ni contactos, lo que me convierte en una trabajadora solitaria.
Y conste que me gusta: nadie me mima ni me saca las castañas del fuego.
Chica_de_Púrpura: Buenos días, Hombre Gamba. ¿Qué tal has dormido?
Buscadordeoro85: Como siempre.
Sé lo que eso significa: que no ha dormido bien.
Me ha contado que se despierta a menudo, y también que es un veterano de guerra, así que asumo que ambas cosas están relacionadas.
No le he preguntado porque me ha dado la impresión de que no quiere que lo haga, y no es difícil darse cuenta de que Buscadordeoro85 es un hombre muy reservado.
Al que le gusta mi… ¿compañía? ¿Lo que tenemos puede llamarse «compañía»?
No sé… Le gusta que yo sea de fiar, aunque no esté dispuesto a contarme sus secretos más oscuros. Y está bien, no hace falta que lo haga.
Eso no impide que yo le cuente cosas sobre mí. Creo que también le gusta.
Chica_de_Púrpura: Yo he dormido como un bebé. Trabajo fuera todo el día, así que cuando vuelvo a mi apartamento estoy agotada.
Buscadordeoro85: No me acuerdo de lo que es dormir una noche entera.
Me estremezco. Habla igual que mi hermano cuando volvió de Afganistán.
Chica_de_Púrpura: Tengo un hermano que también lo pasó fatal. Sufría narcolepsia.
Buscadordeoro85: ¿Y cómo lo solucionó?
Frunzo los labios ante esa pregunta porque no sé la respuesta.
Chica_de_Púrpura: No estoy segura de que lo haya solucionado.
Buscadordeoro85: Gracias por reafirmarme.
Ay, Dios. Tengo que cambiar de tema.
Chica_de_Púrpura: ¿ Has probado a masturbarte antes de dormir? A mí me ayuda.
Los tres puntos parpadean y se detienen.
Buscadordeoro85: ¿Estás ofreciéndote a echarme una mano?
—Ja.
Mi carcajada resuena en la tranquilidad de la habitación.
Chica_de_Púrpura: Te llevas puntos por el intento, pero eso no va a pasar jamás.
Es una broma habitual entre nosotros, pero cuanto más nos conocemos y más cómoda me siento con él, más me pregunto qué tendría de malo.
En la actualidad
No tengo ni idea de adónde se ha ido Cole , y me da igual. Solo puedo pensar en la potrilla baya que está comiendo heno en silencio frente a la puerta. Es pequeña, sí, pero su constitución es la ideal. Billie tiene muy buen ojo para los caballos y sin duda también se ha dado cuenta de eso.
Cojeo hasta la puerta principal y me siento en el banco de madera de la entrada para meter el pie dentro de la bota de goma que me quité cuando Cole me llevó en brazos.
Otra vez.
Pero en esta ocasión lo recuerdo a la perfección: cómo me sujetaba en sus brazos fuertes pero suaves; cómo sentía sus abdominales contra mis costillas al estrecharme contra él; su aire dominante mientras me llevaba a través de la lluvia sin esfuerzo.
Cada milímetro en que su cuerpo rozaba el mío era una provocación.
Lo deseaba antes de saber cómo era. Lo deseaba incluso cuando sabía que no iba a corresponderme, cuando solo era un avatar en la pantalla.
Estúpida . Y he llegado a asumirlo, a superarlo desde el día en que me prometí no volver a mirar nuestro chat.
No he vuelto siquiera a iniciar sesión: eliminé la aplicación sin más.
¿Dejó algún mensaje ahí esperando a que lo abriera?
¿Se preguntó por qué me había ido? ¿O asumió sin más que mi silencio era una despedida?
Nunca lo sabré porque nunca voy a molestarme en descubrirlo.
Atravesé la fase-de-obsesión-con-un- crush -de-internet y la dejé atrás. Superé mis límites, probé algo nuevo y ya, eso fue todo.
Ahora estoy en una nueva etapa de mi vida: soy más vieja, más sabia, más independiente.
Salgo hacia el establo riéndome de mí misma, porque vivir con ese hombre y dormirme pensando en las duras líneas de su cuerpo no son precisamente pruebas de sabiduría o de independencia.
Lo estás haciendo genial, Violet.
—Eh, chica guapa —arrullo a la yegua, acercándome a la valla.
Pipsqueak levanta la cabeza sin sobresaltarse y mueve las orejas hacia mí con una expresión alegre vistiendo sus rasgos delicados.
Mi llegada no la ha perturbado lo más mínimo; de hecho, cuando me acerco lo suficiente, se olvida por completo del heno y se acerca a la valla para llamar mi atención.
Eso no es nada raro en un caballo que ha debido de estar rodeado de gente que lo tocaba a todas horas por culpa de su mala salud.
Tan pronto como llego a la puerta, apoya la cabeza en el listón superior y me empuja como si estuviera exigiendo un abrazo. Su cálido y húmedo aliento acaricia el vello de mis antebrazos cuando acurruca la cabeza en ellos.
Dejo escapar una risa alegre. Es como si la potra pensara que es un cachorrillo. Le acaricio la testuz, justo donde tiene la mancha blanca con forma de estrella, y ella parpadea feliz.
Adoro a esta yegua, y ni siquiera me importa si corre bien o no.
Lo único que me importa es que su contacto es terapéutico, y, cuando esté segura de que no voy a llorar, voy a darle las gracias a Billie desde el fondo de mi corazón por darse cuenta de que esto era justo lo que necesitaba: terapia con caballos.
Al fin y al cabo, Billie siempre está parloteando sobre que DD es su terapeuta. Pipsqueak podría ser la mía.
—¿Qué me dices, Pip? —pregunto, restregando la mejilla por su mandíbula como si fuera un gato.
¿Qué más da? Cuando te gustan los caballos, te gustan y punto.
El olor, el polvo, el roce de su pelaje desarreglado no me molestan en absoluto; al contrario, me consuelan.
Me emociono al pensar en su cambio de imagen y, cuando miro más allá de la puerta, veo la caja de aseo rosa que ha dejado ahí Billie, y que contiene todos los cepillos y aerosoles que podría necesitar.
Hay incluso aceite para los cascos. ¿Billie ha cargado la caravana para traerla o ha venido caminando? Me da igual.
—¿Estás lista para ir al spa, cariño?
Pipsqueak resopla y sacude la rebelde crin negra.
Supongo que eso es lo más cercano a un asentimiento que puede ofrecerme, así que agarro el asa de la caja y entro en el potrero.
No me molesto en ponerle el cabestro: si quiere apartarse, que lo haga; estamos empezando a conocernos, y no quiero presionarla.
Le paso un cepillo de goma grande por el cuello; lo muevo en círculos y veo cómo salen la suciedad y el pelo muerto a medida que voy avanzando hasta el anca.
Cuando llego a la cruz, suspira y cierra los ojos, disfrutando del masaje.
Me dejo llevar por el ritmo de los movimientos circulares con los que recorro su cuerpo.
Para cuando alcanzo el otro lado, está tan relajada que ha doblado una de las patas, que descansa laxa en el suelo. Adora que la cepille y yo adoro cepillarla. Estoy flotando en una nube de relax y felicidad absolutos, ajena a todo lo que me rodea.
Por eso doy un respingo cuando escucho un coche que se detiene cerca de mí.
Me vuelvo para ver la vieja camioneta azul, la que Dermot le dio a Hank y que todavía funciona.
Me calienta el corazón que este siga siendo un rancho familiar, que el legado de Dermot y Ada los haya mantenido a todos unidos, incluso cuando las cosas iban mal.
—¡Hola, Vi! —exclama al salir con cierta dificultad—. ¿Te gusta tu regalo?
Cuando esboza su sonrisa contagiosa las arrugas se concentran alrededor de sus brillantes ojos verdes.
Hank es sabio, amable y reconfortante, y he le he cogido muchísimo cariño en estos dos años que hemos pasado trabajando juntos.
Ha sido el padre sustituto de Billie desde que era una adolescente, pero creo que también ha asumido ese papel con todos los demás que trabajamos en el rancho.
—No es que me guste, es que la adoro. —Sonrío con tantas ganas que me duelen las mejillas.
Mete la mano en la camioneta y saca un ramo de tulipanes rosados que me tiende por encima de la cerca.
—Siento no haber estado más pendiente de ti desde el accidente. Los demás me han mantenido informado, pero no quería agobiarte.
Cojo las flores, me las llevo a la nariz e inhalo ese olor a hierba fresca matizado con un toque de miel. Pip me imita y pasa los ollares por los suaves pétalos con curiosidad.
—Gracias por las flores. Y no te preocupes. La verdad es que no he sido una buena compañía.
Hank no profundiza en el tema. Se ríe y extiende una de sus fuertes manos para acariciar a la potranca.
—Es una monada, ¿verdad? Muy curiosa. Me gusta mucho.
Suspiro, feliz, y me vuelvo en su dirección.
—A mí también. Creo que vamos a llevarnos estupendamente.
Hank asiente y se acoda en la cerca. Mira hacia la casa azul con un aire de tristeza dibujado en su rostro.
—¿Qué tal con Cole?
¿Qué tal con Cole? Pues básicamente nos comunicamos con gruñidos y miradas e intentamos ignorar lo incómodos que nos sentimos.
Y yo intento no mirarlo como si fuera una bebida fría en un día caluroso.
Vamos, que la convivencia es una tortura.
Así que me limito a darle una respuesta poco comprometida.
—No es Pippy.
Hank echa la cabeza hacia atrás y suelta una carcajada que retumba en su pecho.
—No, está claro que no lo es. Me recuerda a Dermot. Es la clase de hombre que haría cualquier cosa por aquellos a quienes quiere, pero que no se abre con facilidad. Es severo, silencioso. Sensible.