Ganar al límite (Gold Rush Ranch nº 2) 8 En el pasado
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8 En el pasado

Violet

Ayer dejó de responder en cuanto rechacé su oferta de… de hacer lo que sea su rollo. ¿Darme órdenes mientras mira cómo me masturbo?

Es de lo más raro.

Entonces, ¿por qué estás apretando los muslos solo con pensarlo?

¿Cómo sabe siquiera que va a encontrarme atractiva? ¿O yo a él? ¿Por qué alguien querría hacer semejante cosa con un desconocido? ¿De verdad es un genio del orgasmo?

Cojo el teléfono, decidida a llegar al fondo de todo esto.

Chica_de_Púrpura: ¿Por qué iba alguien a aceptar ese acuerdo?

Lanzo el teléfono sobre la cama y me visto, preguntándome por qué estoy tan obsesionada con entender este rollo cuando ni me va ni me viene. Tampoco es que vaya a hacerlo…

Buscadordeoro85: Has estado pensando en mí, ¿eh?

Chica_de_Púrpura: ¿Qué pasa si soy la típica mujer gamba?

Buscadordeoro85: ¿Mujer gamba?

Cuando el teléfono vuelve a sonar, prácticamente me lanzo sobre la cama para cogerlo. Pongo los ojos en blanco. ¿Quién no conoce esa expresión?

Chica_de_Púrpura: Por eso de que se aprovecha todo menos la cabeza. Te ha gustado la foto, pero ¿qué pasa si mi cara es horrible?

Buscadordeoro85: No tienes que mostrarme la cara.

Chica_de_Púrpura: Vale, Señor Literal. ¿Y qué pasa si eres tú el hombre gamba? A lo mejor a mí me importan las caras. No sé si me gustaría enseñarle todo a través de internet a alguien sin nombre y sin rostro.

Buscadordeoro85: ¿Estás segura de eso?

Al imaginarme haciendo lo que me pide, una oleada de excitación me recorre por entero hasta instalarse en mi pelvis; al imaginar cómo me toco ante la cámara; al imaginar el sonido de su voz.

Siento un escalofrío, y dejo los pulgares bailando sobre la pantalla del teléfono.

No estoy segura, pero no pienso reconocerlo.

Lo que sí estoy es cachonda. Eso es todo.

Chica_de_Púrpura: Sí.

Los tres puntos parpadean en la pantalla y, de pronto, aparece una foto. Un selfie .

Buscadordeoro85: Está bien. ¿Y ahora?

Paso los dedos por la foto, contemplando parte de una nuca bien rasurada y de una mandíbula cuadrada.

Lleva un sombrero que oculta la parte superior de su rostro y deja en sombras todo lo que hay sobre su nariz recta y afilada.

Ni siquiera puedo ver el color de sus ojos por mucho que la amplíe.

Está tan oscura que parece que la ha sacado en un sótano.

Probablemente en el mismo en el que esconde los cadáveres.

Reduzco de nuevo la foto y mi mirada se queda clavada en su boca, casi demasiado bien formada y demasiado bonita para lo duros que son sus rasgos.

Su labio superior tiene esa forma de arco perfecta y, mientras dejo caer los dedos me doy cuenta de que su boca no es lo único bonito, porque no lleva camisa.

Sus hombros son anchos y redondeados, y puedo ver la forma de su bíceps porque sostiene el teléfono con el brazo extendido.

La imagen se corta justo bajo el pecho, pero me permite ver el vello que lo salpica y la línea entre los pectorales.

Se me seca la boca. Buscadordeoro85 está muy cachas. Y me siento incómoda de repente. Nerviosa. Y me salgo por la tangente como hacía cuando mis hermanos me preguntaban por mis novios.

Chica_de_Púrpura: Hasta un hombre gamba está guapo con sombrero.

Buscadordeoro85: ¿Acabas de decir que estoy guapo?

Salgo de la aplicación a toda prisa y me guardo el móvil en el bolsillo trasero de los vaqueros.

Esa no es una pregunta a la que quiera responder.

En la actualidad

—Venga, escúpelo. —Billie se echa hacia delante con una mirada traviesa—. ¿Cómo es vivir con la bestia?

Billie y Vaughn viven en una casita en el otro extremo de la propiedad que es el epítome de lo acogedor.

Espacios abiertos, madera cara vista y un gran salón tipo loft .

Es pequeño y sencillo, pero les encanta y les cuadra a la perfección.

Además, tienen un corral junto a la entrada para que DD esté cerca de ellos.

El caballo está bien: la caída lo asustó y estuvo bastante nervioso, pero ya se encuentra bien, gracias a Dios.

Billie dice que no va a correr hasta que esté preparado, así que tendremos que recuperar el tiempo perdido aunque eso signifique participar en más carreras.

Mientras tanto, disfruta del tiempo libre y entrena con Billie, su jinete favorita.

No puedo comparar mi relación con DD con la que tiene con ella. Bastante suerte tengo con que me deje pasear con él de vez en cuando… y con que Billie sea demasiado alta para ser jockey.

Lleva toda la semana dándome la lata para que venga a visitarla.

Nada más llegar me ha llenado la primera copa de vino, y ahora vamos por la tercera.

La razón por la que me he dejado convencer es que hoy es viernes y estoy harta de leer las tórridas novelas románticas que dejó en mi porche delantero.

Y esto es lo que he conseguido a cambio.

—Bruja cotilla —murmuro, poniendo los ojos en blanco. Ella se limita a reírse—. ¿Eso me convierte en la Bella?

—No sé. ¿Vas a librar una batalla de bolas de nieve y a enamorarte de la gran Bestia?

Se ríe como si fuera la cosa más absurda del mundo y me esfuerzo por no reaccionar. Si me hubiera preguntado hace un año, habría suspirado como una adolescente enamorada y habría seguido soñando con conocer a Buscadordeoro85 en persona.

Niveles de sonrojo aumentando exponencialmente.

Llegué tan lejos únicamente porque estaba convencida de que era especial para él, y no solo una mujer cualquiera a la que conoció en internet, así que es fácil imaginar mi sorpresa cuando me recordó que eso era justo lo que yo significaba para él.

Ese recuerdo se me clava en el corazón mucho más de lo que me gustaría admitir: me hizo daño, y yo fui la única culpable. Le pedí más de lo que podía darme.

Niego con la cabeza y tomo un sorbo del vino tinto que me ha servido Billie. Con un poco de suerte, así podré ocultar mis sentimientos encontrados detrás de la gran campana de cristal.

—Apenas lo he visto en toda la semana. Trabaja muchas horas. Y yo no tengo nada que hacer, así que no me molesto en levantarme temprano.

—Eso no es cierto. Hace unos días viniste a pasar el rato conmigo en el establo.

—Sentada en una silla y con la pierna apoyada en un balde. Y tuve que ver cómo todos se divertían mientras yo me quedaba al margen y de mal humor.

Es el turno de Billie para poner los ojos en blanco.

—Míralo de esta forma: ya llevas una cuarta parte de tu período de reposo. ¡No está nada mal!

Está acurrucada frente a mí en una esquina del enorme sofá, con las piernas dobladas bajo el cuerpo, cómoda y despreocupada…

, y la miro mal. He estado intentando mostrar mi mejor cara y mantener una actitud positiva, pero debo reconocer que me estoy viniendo abajo.

Estoy aburrida. Estoy triste. Y un poco resentida.

Enfadada, quizá. Se suponía que esta temporada iba a ser la oportunidad para ponerme a prueba a mí misma.

—¿Estás bien, Vi? —Billie frunce el ceño.

Dejo escapar el aliento en un sonoro suspiro.

—Sí.

No se deja convencer.

—¿Qué pasa?

No quiero que Billie se ponga nerviosa ni que se preocupe por mí, y es tan mamá gallinita que sé que eso es justo lo que va a pasar.

—Nada —respondo con una sonrisa falsa.

Me mira, dubitativa. Odio cuando se comporta así, como si pudiera leerme la mente.

—¿Ha pasado algo con Cole?

Resoplo y bajo la vista, paseando el índice por el borde de la copa de vino.

—Violet —protesta—. ¿Alguna vez vas a contarme qué ha pasado entre vosotros? Estoy intentando comportarme como una adulta, pero me está matando la curiosidad. Ser adulta es muy difícil.

Enarco una ceja, escéptica.

—Yo te veo bien.

Deja escapar un gruñido y mira las vigas de madera del techo. Frunzo los labios, barajando mis opciones. Podría hablarle sobre Cole o sobre mi tristeza y decepción profundas, lo que haría que me pusiera a llorar. Por una vez, va a ser mejor hablar de Cole.

Bebo un gran sorbo de vino: coraje líquido.

—Está bien. A ver… Cole y yo nos conocimos por internet.

Ella se echa hacia delante como una niña pequeña que se prepara para escuchar una historia alrededor de la hoguera de un campamento.

—En un… mmm… Ay, Dios. Decirlo en voz alta es más difícil de lo que pensaba.

—¿Una página web de citas? —sugiere.

La idea de Cole en una página de citas me arranca una carcajada.

—No, más bien en… ¿un foro?

—Vale… —dice, confusa, y me arden las mejillas.

Es mejor soltarlo de golpe y acabar de una vez.

—Un foro donde la gente publica desnudos —digo a toda prisa, y vuelvo a esconderme detrás de la copa.

Enarca las cejas.

—¿Cole publicó fotos desnudo en internet? Si no fuera mi futuro cuñado, sería digno de verse.

—No, fui yo.

Billie se atraganta con el vino y abre esos ojos felinos de par en par. Se pone la mano sobre el pecho y jadea.

—¿Tú? —Asiento—. ¿La dulce y pequeña Vi?

Me pongo roja como un tomate. De pies a cabeza. Escucho un clic, pero no puedo apartar la mirada de Billie.

—¿Publicaste fotos tuyas desnuda en internet?

Y como tengo la peor suerte de la galaxia, en ese momento Vaughn entra como un vendaval por la puerta principal.

Nos mira a Billie y a mí, con una expresión forzadamente neutra, y alza las manos.

—No estoy aquí.

—¡Solo fue una foto! ¡Una vez! —anuncio, intentando explicarme.

Que gente a la que conozco y respeto haya descubierto esto sobre mí me hace sentir fatal. Billie es una cosa, pero ¿Vaughn? Puaj.

—No he escuchado nada —replica con un tono demasiado alegre, ya dirigiéndose escaleras arriba—. E incluso si lo hubiera escuchado, estoy a favor de que las mujeres disfruten de su sexualidad.

Dejo caer la cabeza contra el respaldo del lujoso sofá y suelto un gemido. Ojalá me tragaran los cojines. Ojalá desapareciera dentro del relleno de plumón para no tener que volver a ver a nadie.

—Lo siento —dice Billie con un estremecimiento—. Ha ido a casa de Hank a resolver algunos asuntos. Creí que estaría fuera más tiempo.