Ocho #10
—¡Ah! —dice Lili, cogiendo su pequeño bolso de mano—. Mira, eso me recuerda a…
Le da la Polaroid —borde blanco; brillo oscuro— que le pidió a Amina.
Y qué sonrisa se le dibuja al verla: está ligeramente torcida, desigual de forma casi imperceptible, como si no hubiera tenido la oportunidad de darse cuenta de que está esbozándola antes de que esta le ilumine el rostro. La expresión le recuerda a sus mañanas tranquilas, a los momentos que pasan en la cama, juntos, enredados.
—Gracias —dice él.
Se saca la cartera del bolsillo del pecho y Lili lo mira deslizar la foto tras las tarjetas de crédito negras, antes de volver a guardarla.
Hay una tensión que crece y crece tras sus costillas.
Lo ha echado de menos.
Lo ha echado mucho de menos.
—¿Cuánto tiempo nos queda? —le pregunta, acariciándole el traje por delante.
—Depende de lo que tengas en mente —responde él con una sonrisa.
—Pues verás…
Se oye el «ding» del ascensor, seguido de unos pasos severos.
—En marcha. Ahora no es momento —dice Michael—. Andrew nos está esperando en el coche. Vamos a llegar tarde.
Aleksandr suspira y se vuelve hacia él.
—No podemos llegar tarde a una cena en la que somos los homenajeados.
—Sasha… —Michael hace una mueca y señala el cuello de Aleksandr, que no lleva corbata—. Un poco de respeto. Es una cena de etiqueta.
Él enarca una ceja.
—No.
—¡Aleksandr!
—Lo siento, no negocio con terroristas.
Lili reprime una sonrisa y mira a Michael, apoyando la barbilla en el hombro de Aleksandr. Pero Michael, en lugar de fulminarla con la mirada o insultarla, se limita a asentir.
Una única vez. Mirándola. No le sonríe, pero parece… conforme, aunque sea a regañadientes.
—Vamos —dice Aleksandr. Coge a Lili de la mano para ayudarla a bajar de la encimera. Él no se ha percatado del intercambio. Lili aterriza con suavidad sobre sus zapatos de tacón de aguja prestados. Le ofrecen unos centímetros más de altura, pero Aleksandr sigue siendo mucho más alto que ella, sigue contemplándola desde las alturas—. Vámonos, antes de que Michael decida dónde va a enterrar nuestros cadáveres.
Este suspira, molesto. Masculla algo ininteligible e intercepta las puertas del ascensor antes de que se cierren. Lili lo sigue, pero mira atrás al no oír los pasos de Aleksandr.
Sigue junto a la isla de la cocina, contemplando su espalda, la extensión de piel que su vestido deja expuesta.
—Perestani pyalitsya —le espeta Michael en ruso—. U tebya net styda?
Lili disimula una sonrisa cuando Aleksandr acude antes de que las puertas se cierren. Michael pulsa el botón de la planta baja con brusquedad.
Siente la caricia de Aleksandr sobre la piel desnuda de su espalda.
—Este vestido… —murmura.
Lili siente una punzada de emoción —eléctrica, excitada, expuesta— que se desliza entre sus vértebras, y cómo desea que hubieran tenido más tiempo…
—Estoy aquí —murmura Michael.
Aleksandr se ríe y atrae a Lili hacia sí.
Cuando Aleksandr mencionó la gala, Lili pensó que se refería a una recaudación de fondos: un evento social para el trabajo, una aparición estelar a la que Michael lo obligaba, una repetición de la fiesta de los Greene.
Pero cuando le envió un correo con los detalles después de que se quedara dormida —después de la llamada telefónica, del cigarrillo junto a la ventana—, se le pusieron unos ojos como platos.
9.05. Madre mía, esto es un evento de verdad
9.11. Gracias, Lili. Agradezco la insinuación de que el resto de mi trabajo es, de algún modo, de mentira.
09.12. Ya sabes a qué me refiero
Releyó el mensaje que la esperaba en la bandeja de entrada mientras se mordisqueaba las cutículas.
EL COMITÉ NACIONAL DE RELACIONES
ENTRE CHINA Y ESTADOS UNIDOS
presenta su
CENA DE GALA ANUAL
La gala anual proporciona un apoyo significativo para el Comité Nacional, organización independiente que promueve el entendimiento entre los Estados Unidos y China a partir de la creación de oportunidades para un diálogo informado sobre asuntos críticos de relevancia global y bilateral. La corporación homenajeada este año es BlackRiver, Inc., líder global en gestión de activos.
Durante la última década, BlackRiver ha logrado unos resultados extraordinarios en China, entre los que se incluye el haberse convertido en la primera corporación de gestión de activos extranjera en recibir la aprobación para un negocio de fondos mutuos en China, y haber impulsado colaboraciones estratégicas clave, como la empresa conjunta con el Banco Chino de Construcción y Temaek, para el desarrollo de soluciones innovadoras de gestión del patrimonio adaptadas a las necesidades de los inversores chinos. La firma, para la que China está considerada una prioridad estratégica, se ha convertido en uno de los principales actores de la región.
9.12. ¿Estás seguro de que quieres que te acompañe a esto?
9.14. Por supuesto que lo estoy. No estaba enterado de que estuviera saliendo con nadie más.
09.15. Bueno, pero yo tengo mis opiniones
09.15. Sobre China y su estado de vigilancia
09.15. Y sobre cómo tratan a los uigures
09.15. Y sobre el constante estado de ansiedad de los Estados Unidos por perder su papel de policía global
09.15. Y, la verdad, sobre el concepto general de cooperación bilateral independiente
9.16. No esperaba menos de ti.
La gala es en la parte alta de la ciudad, en el Plaza. Los coches negros resplandecen en la noche al pasar junto al verdor del parque. Los diplomáticos, los políticos y los empresarios están rodeados de miembros de la seguridad y del personal.
Cuando Lili ha entrado en el coche, Andrew le ha sonreído, saludándola con amabilidad. Ella se ha ruborizado y se ha disculpado por su comportamiento la noche que se conocieron y él le ha preguntado por sus últimos avances en su tesis. A su lado, Aleksandr viajaba con la mano apoyada en su muslo, mientras Michael y él repasaban un informe en un iPad.
En cuanto salen del Maybach, una mujer —pelo rizado y brillante, un elegante traje negro, aspecto de ejecutiva senior— se les acerca y le susurra unas palabras a Aleksandr con el semblante serio. A Lili le suena vagamente su cara del día que fue a sus oficinas.
Michael, que ha oído lo que le dice, frunce el ceño. Hace ademán de hablar, pero Aleksandr niega con la cabeza.
—Ya me encargo yo —decide—. Andrew, ven conmigo. Lili, Michael te acompañará dentro. Luego voy a buscarte.
—Cómo te gusta el riesgo —lo chincha Lili, y le aprieta la mano antes de soltársela.
—Pórtate bien, Misha —le advierte Andrew.
—¿Yo? —gruñe Michael mientras los otros dos hombres se marchan. Tras ellos, su coche se va también, sustituido por otro de inmediato—. ¿Yo tengo que portarme bien?
—Te han dejado tirado. —Lili niega con la cabeza—. ¡Peor aún! De niñero.
—Vamos —replica Michael con el ceño fruncido. Señala el hotel con la cabeza—. No te duermas en los laureles.
—Ten cuidado —responde ella mientras lo sigue a través de la multitud— o empezaré a pensar que te caigo bien.
—Me caerías menos mal si no te esforzaras tanto por poner mi empresa en peligro. ¿Quieres explicarme por qué Petrov reorganizó nuestra última tarde de trabajo para estar en comunión con la naturaleza?
Lili frunce el ceño.
—¿Cómo? —Los sonidos que les rodean cambian cuando entran en el hotel: el tráfico de la Quinta Avenida se apaga para dar paso al abrumador murmullo del abarrotado vestíbulo.
—Se fue a no sé qué ensenada —replica, guiándola hacia el salón de baile y sus enormes puertas abiertas—. No tenía nada de cobertura. Absurdo.
Entonces lo comprende: fue a Tennessee Cove. Paseó por esos cabos, sintió la arena negra bajo los pies, escuchó las olas del Pacífico rompiendo en la playa. Recorrió los pasos que ella dio cientos de veces cuando era adolescente y estaba sola.
Una sonrisa, casi estúpida de puro radiante, le ilumina el rostro cuando lo imagina en un lugar tan importante para ella.
—¿Y bien? —la apremia Michael—. Dime. ¿Estaba intentando encontrar a Dios? ¿Es esto un complejo ardid para convertirlo?
Lili se echa a reír y niega con la cabeza.
—¿Qué he hecho yo para que me tengas tanta manía? ¿No estás acostumbrado a la retahíla de chicas jóvenes que han ido colgadas de su brazo a lo largo de los años? ¿Qué tengo yo que sea tan malo?
—No suele salir con niñas. De hecho, no suele salir con mujeres más jóvenes.
Ella frunce el ceño, perpleja.
—¿En serio?
—La última mujer con la que salió Petrov era una de las neurocirujanas más respetadas del mundo.
—Pues es una pena que no te lobotomizara.
—Estoy de acuerdo —masculla—. Y antes de que te conociera… Dios, que te caes. En fin. Venga, cógeme del brazo.
Lili reprime una sonrisa cuando él la ayuda a recuperar el equilibrio. En el salón de baile, la gente se entremezcla; suena una música tranquila. Los rodean fastuosos arreglos de flores, mesas adornadas y ostentosas y cubertería de plata, risas que suenan a reducción de aranceles y nuevos acuerdos comerciales.
—¿Tienes edad para beber? —le pregunta, cogiendo dos copas de champán de la bandeja de un camarero que pasa por su lado.
—Casi —contesta Lili, cogiendo una.
—Era para Andrew.
—Andrew te ha dicho que te portes bien —replica dando un sorbito.
Si hubiera parpadeado, se habría perdido la fugaz sonrisilla que se le escapa.
—¡Michael!
Un hombre alto y con el cabello oscuro se acerca desde el otro lado del salón. Es apuesto, con el pelo muy corto. Gritos, saludos; la mujer a su lado —es Kara; Lili la reconoce— pone los ojos en blanco y va directa hacia ellos abriéndose paso entre la multitud.
—Sálvame, señor —masculla Michael entre dientes mientras se les acercan.
—Michael, ¿has visto a Petrov? —pregunta el desconocido.
—Está en una llamada.