Games Ocho #5
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Ocho #5

El cielo está despejado y azul; asoma a través de las ventanas. La camisa que se pone para dormir es suave y cómoda. Mientras se hace el café, Lili echa un vistazo a su colección de discos. Revisa los lomos gastados y saca uno que conoce. Lo pone en el tocadiscos y se oye un chisporroteo antes de que empiecen las guitarras, a las que pronto empieza a acompañar el golpeteo de la percusión. Sonidos claros y frescos, como la luz blanca del sol.

Aleksandr la mira desde la isla de la cocina, donde está hojeando los periódicos, y sonríe, negando con la cabeza.

—¿Qué pasa? —pregunta Lili con una sonrisa, mientras se mece al ritmo de la música.

—Nada —contesta, sentándose en el sofá. Ha elegido The Guardian—. Solo estaba preguntándome lo que pensaría mi yo de dieciséis años sobre la vida que tengo ahora.

—¿Te refieres al materialismo? ¿Al capitalismo exacerbado? —bromea Lili, tratando de que se ponga de pie.

—No exactamente —responde él, y, en lugar de levantarse, tira de ella para acomodársela en el regazo. Ella abre los muslos, sentándose sobre él a horcajadas—. No, me refiero a la mujer, y a la canción, y a la mañana.

—Es una buena canción —opina Lili.

Le acaricia la camisa con las manos, metiéndolas bajo la chaqueta del traje. Hoy es oscuro, gris carbón.

—Era una de mis preferidas cuando era niño.

—¿Escuchabas a los Stones en Leningrado en los noventa?

—Bueno, los discos tardaban un poco en cruzar el telón de acero —bromea.

Lili se ríe y apoya una mano en su mejilla sin dejar de tararear la música, y nota cómo su barba le rasca la piel. Aleksandr la coge de la muñeca y le da la vuelta a su mano para darle un beso en la palma.

—Hoy ibas a California, ¿no? —murmura, acurrucándose contra él, inmersa en el aroma del café, el disco, la sensación de querer quedarse justo ahí, el halo ámbar de ese momento.

—San Francisco —la corrige él—. A finalizar una adquisición que se integrará en las oficinas de allí.

—Ya has estado, ¿no?

—Voy una o dos veces al año. Es una de nuestras oficinas principales, así que me gusta pasarme por allí a menudo. Estar en persona.

—Habrá mucha niebla. Siempre hay más niebla en verano.

Las canas que le señaló hace unas semanas siguen ahí, en sus sienes. Ella le dijo que le gustaban. Todavía no se las ha teñido.

—¿Has ido de visita últimamente? —le pregunta él.

Lili niega con la cabeza.

—No, no voy desde el primer año de universidad. No he salido de la ciudad desde entonces. Tenía intención de ir este verano, pero no ha podido ser. —Se encoge de hombros. La cafetera sisea en la cocina—. Ya está el café —anuncia con una sonrisa. Se inclina hacia delante y le acaricia la nariz con la suya—. ¿Cuánto tiempo has dicho que tenías antes de irte al aeropuerto?

—No, ahora en serio. Ya sé lo que es un puto perro boca abajo. No necesito que una cría que acaba de terminar la formación venga a decirme que mi chaturanga no es lo bastante profunda.

—Así se habla, Ami —dice Jackie, dando un sorbo de agua.

—Y, por el amor de Dios, no pienso pagar treinta dólares por una clase de yoga si vamos a estar hacinadas como en una lata de sardinas —prosigue Amina, peleándose con su bolsa de tela—. No me he apuntado para comerle el culo a una modelo de Instagram, he venido para limpiarme los putos chakras, o como se llame esa mierda.

—Amina… —la advierte Jackie—. Yo aquí no tengo ninguna autoridad, pero estoy bastante segura de que eso es ofensivo.

—Ay, sí, perdona, pobres modelos de Instagram, la clase más discriminada de nuestra sociedad…

—No, idiota, el comentario sobre los chakras.

—No creo que vaya a parar —comenta Lili, mirando por las ventanas del estudio.

Lluvias torrenciales de verano.

El aire es húmedo, denso con el paso de los coches, las bocinas, los peatones que corren buscando dónde cobijarse. El suelo resbala; la basura se arremolina en las bocas de alcantarilla.

—No me importa tragar con los precios inflados —replica Amina mientras mira Uber en su móvil—. Pero necesito salir de aquí antes de que algún expat de Connecticut me acabe arrastrando a un Matchaful.

Lili se muerde el labio. El loft está al doblar la esquina. Él lleva ya varios días fuera.

—A ver… Venid conmigo —dice.

Se aventura a salir a la lluvia y echa a correr bajo los andamios de Walker Street. No mira atrás, pero al cabo de unos segundos oye que la siguen: gritos amortiguados; Jackie, tratando de protegerse el pelo de la lluvia.

Al cabo de unos minutos, llegan a su apartamento.

—¿Os ha pillado la tormenta? —les saluda Louis con una sonrisa cuando irrumpen en el recibidor.

Lili asiente, avergonzada.

Está decidida a hacer caso omiso de la reacción de sus amigas, sea cual sea.

—¿Es aquí? —pregunta Jackie cuando están en el ascensor.

—Sí —responde ella. Las puertas se abren—. Podemos esperar aquí a que amaine. —Se quita la bolsa y la deja junto al ascensor—. Tengo ropa de recambio y algunas otras cosas. Dadme un segundo y os traigo unas toallas. Servíos agua, o lo que os apetezca; los vasos están en ese armario.

Se aleja por el pasillo y va a buscar toallas limpias —blancas, mullidas, bien dobladas— al cuarto de baño principal. Antes de volver a la cocina, se detiene en su estudio; se ha dejado allí el cargador de recambio y no tiene mucha batería. En la estancia reina el silencio y una suave oscuridad.

Se sienta en la silla de cuero del escritorio de Aleksandr y, tras ponerse el montón de toallas sobre las piernas, busca su cargador para enchufar el móvil. Lo deja sobre un montoncito de papeles pulcramente ordenados que hay sobre la mesa y echa un vistazo a sus notificaciones: varios mensajes de Jamie sobre unas entradas para un concierto que va a comprar para todos, algunos correos rutinarios de la universidad. Responde a Jamie en cuanto su móvil empieza a cargarse —(11.43. ¡¡¡Gracias!!!) y borra algunos de los emails de Columbia innecesarios que le llegan a todo el departamento. Vuelve a coger las toallas y se levanta para salir del despacho, pero entonces la letra en negrita, las fechas y las horas de los papeles de su escritorio llaman su atención: son emails impresos.

Resiste al imperioso y casi incontrolable impulso de poner los ojos en blanco al pensar en que alguien imprima, física y literalmente, correos electrónicos. Y, cuando está a punto de apartar la vista —no es asunto suyo, sino de él— lee sin querer unas palabras: «obstrucción de la acción climática por parte de los consejos de administración, resoluciones de inversores activistas, planes de desinversión por fases».

Lili frunce el ceño. Coge los papeles.

De: Aleksandr Petrov

Enviado el: viernes, 15 de julio de 2022, 5.43

Para: Andrew Vasiliev

Asunto: Planificación

Andrew:

¿Puedes encargarte de diseñar una estrategia de desinversión progresiva en combustibles fósiles?

Quiero una estrategia de salida clara. Bien estructurada. Con criterios iniciales de exclusión por sectores, una hoja de ruta de desin-versión con planes definidos, mecanismos de refuerzo, un desglose reciente de nuestra cartera en lo relativo a nuestra exposición, riesgos clave, etc. Echa un vistazo al análisis de riesgos de gobernanza en nuestra cartera; puedes usar los objetivos del acuerdo de París como indicador. Habla con Jia y con Paul sobre las posibles modificaciones en la política de delegación del voto.

Con que esté esta noche me sirve.

Aleksandr Petrov

Presidente & CEO

BlackRiver, Inc.

55 East 52nd Street, Nueva York, NY 10055

De: Andrew Vasiliev

Enviado el: viernes, 15 de julio de 2022, 6.33

Para: Aleksandr Petrov

Asunto: Re: Planificación

¿Eh?

Andrew Vasiliev

Director General en Inversión Sostenible

BlackRiver, Inc.

55 East 52nd Street, Nueva York, NY 10055

De: Aleksandr Petrov

Enviado el: viernes, 15 de julio de 2022, 6.45

Para: Andrew Vasiliev

Asunto: Re: Planificación

¿Sí?

De: Andrew Vasiliev

Enviado el: viernes, 15 de julio de 2022, 6.47

Para: Aleksandr Petrov

Asunto: Re: Planificación

Nada, nada, por un momento he pensado que tu email era una alucinación de mis sueños más salvajes.

Por supuesto. Me pongo ahora mismo.

¿Qué nivel de cobertura de prensa quieres? ¿Cuál es el objetivo a nivel de RR. PP.? Puedo partir de ahí.

De: Aleksandr Petrov

Enviado el: viernes, 15 de julio de 2022, 6.48

Para: Andrew Vasiliev

Asunto: Re: Planificación

No hay ningún objetivo de RR. PP.

Céntrate en lo que provocará un cambio real y no en obtener una cobertura de prensa positiva.

Demasiada exposición lo devalúa. Limítate a hacer el trabajo.

De: Andrew Vasiliev

Enviado el: viernes, 15 de julio de 2022, 6.50

Para: Aleksandr Petrov

Asunto: Re: Planificación

Genial. Entendido.

Pero, Aleksandr, ya que hablamos de esto… Si de verdad queremos hacerlo a lo grande, conseguir cambios conductuales relevantes, podríamos alinear nuestros planes de incentivos con los objetivos ESG. En lugar de un desempeño financiero a corto plazo, ¿por qué no introducimos estructuras de retribución ejecutivas que vinculen la compensación directamente a los resultados ESG obtenidos? Por ejemplo, podemos establecer un objetivo global de reducciones verificadas en emisiones financiadas que active el pago de los bonos.