Cuatro #8
—Trabajar, sobre todo. —Empieza a vibrarle el móvil.
Lili suspira y se deshace de sus brazos para cogerlo de su bolsa de tela, que está tirada en el suelo. Un aluvión de mensajes en el chat de los amigos de la universidad y unas cuantas llamadas perdidas de Jackie y Amina.
—Por Dios —masculla.
Echa un vistazo al chat (21.45. Trae más mezcal, nos hemos quedado sin!!!) y siente una irritación injustificada. Esta noche tiene trabajo.
—¿Todo bien? —pregunta Aleksandr.
—Solo mis amigos —dice; se aparta y se cuelga la bolsa al hombro—. Están bebiendo en casa y se está convirtiendo en una fiesta.
—Se te ve contentísima.
Suspira.
—No pasa nada, es solo que… Tengo que trabajar. Mi tutor me ha enviado hoy las correcciones de la tesis, y he de entregarle la versión revisada en dos semanas, que es un plazo ajustadísimo, y tengo que encontrar a alguien que me cubra en un montón de turnos en la granja.
Él frunce el ceño.
—¿Granja?
—Sí, es mi trabajo.
—¿Trabajas en una granja? —repite.
—Una granja urbana —aclara ella—. Revitalizamos espacios urbanos infrautilizados: lofts vacíos, azoteas… Trabajamos con granjas verticales, acuaponía, educación, empoderamiento económico local… Yo me encargo de las operaciones, la recaudación de fondos y la estrategia de expansión.
—¿No estabas estudiando un máster?
—El capitalismo exige que trabajemos para sobrevivir —le pincha—. Es un trabajo a media jornada, y durante el curso, cuando la temporada del cultivo baja, trabajo como ayudante de cátedra en la universidad, así que está equilibrado.
—Entonces ¿eres… granjera? —Parece expresar más confusión que desaprobación, pero Lili siente que se pone a la defensiva, como suele pasarle en estos casos.
—En realidad, la inseguridad alimentaria es un problema grave —asevera—. Será uno de los problemas más importantes de nuestro tiempo. Se trata de asegurar la agricultura en el futuro, para cuando, inevitablemente, las cadenas de suministro globales actuales colapsen debido a la crisis climática. La comida local no puede ser solo forraje para yuppies, metido en recipientes caros de ensalada artesanal que se vendan en los supermercados pijos. Necesitamos una resiliencia real, que se base en unos sistemas de alimentación locales más fuertes, dentro de nuestras comunidades. Eso es seguridad económica. Hay muchísimo potencial en esa intersección entre viabilidad comercial, una colaboración con la ciudad y la clase de inversión adecuada, si eres capaz de escalar el modelo correctamente. La verdad es que tenemos en camino trabajos muy emocionantes en este tema.
Él la mira fijamente.
—¿Estás haciendo todo esto mientras estudias un máster?
—Me gusta. Un máster en economía te abre muchas puertas, solo tengo que graduarme primero. Con esto me sostengo hasta entonces.
Le vuelve a vibrar el teléfono. Exhala, frustrada, mientras lee los nuevos mensajes: vienen más amigos (21.49: hielo, trae hielo también!!).
—¿Consigues avanzar algo de trabajo en casa? —pregunta Aleksandr.
Parece escéptico. Lili se encoge de hombros.
—No pasa nada. Normalmente voy al campus.
—¿Por qué no vives en el norte de la ciudad?
—¿En el norte?
—Estarías más cerca de la universidad.
—Ah. Prefiero estar cerca de mis amigos.
«No me sienta bien estar sola».
Aleksandr echa un vistazo a su reloj.
—Puedes trabajar aquí esta noche, si quieres. Voy a estar aquí unas horas más antes de irme al aeropuerto.
Lili parpadea, desconcertada.
—¿Adónde vas?
—A Hong Kong, Frankfurt, Roma y luego Londres. A trabajar. Quizá vaya también a Washington, ya veremos.
Ella se ríe por la nariz. Al ver que él se limita a mirarla, empalidece.
—Ay, Dios, ¡hablas en serio! —comprende—. ¿Cuánto tiempo te vas?
—Dos semanas.
—Ah, bueno, vale… O sea…
Aleksandr sonríe al verla tartamudear.
—Puedo verte el domingo, cuando vuelva.
Claro. Sin compromiso. Cuestión de conveniencia, de cuadrar horarios. Nada más.
Lili asiente.
—El domingo.
En el metro, de camino a casa —ha declinado su oferta de trabajar en su despacho—, un brillo metálico llama su atención mientras busca sus auriculares en la bolsa.
Un llavero de cuero negro, una llave delgada y plateada.
Frunce el ceño.
22.15. ¿Estas llaves son tuyas?
22.19. No, son para ti.
22.19. ¿Qué?
22.21. No es posible que seas capaz de trabajar en casa.
22.21. Te lo he dicho, voy al campus y ya está.
22.23. Mi casa está más cerca.
22.24. Esto es absurdo.
22.24. No puedes darme tus llaves así, sin más.
22.25. Úsalas o no, como tú quieras. A mí me da igual. Voy a estar fuera dos semanas. Termina tu tesis.
22.26. En fin, vale.
Lili sostiene las llaves en la palma de la mano unos segundos y luego vuelve a lanzarlas a la bolsa. Se mete los auriculares en las orejas y contempla la ciudad iluminada por la noche, a través del agua, cuando el tren se dirige al puente de Williamsburg.
Sin compromiso. Es una relación sin compromiso.