Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 59 #3
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Capítulo 59 #3

A mi espalda, Killian se acerca a mi loba. Levanta el brazo. Rodea la empuñadura de una espada hecha de sombra reluciente que palpita cuando la miro.

—Han corrompido a tu loba, Meryn. —Me lanza una mirada de pura tristeza y luego, sin previo aviso, hunde la hoja en el costado de Anassa.

Dolor.

Explota dentro de mí, como un brote estelar de fuego ardiente.

Mi loba aúlla de angustia, y yo caigo sobre su costado, presionando la mano contra la sangre que brota de su cuerpo.

Siento que se me rompe el corazón.

—Killian, ¿qué estás haciendo? —Mi voz está cargada de agonía, la misma que atraviesa el cuerpo de mi huargo. ¿Por qué le hace daño a Anassa? ¿A qué se refiere con que la han corrompido?

—Entrégame las Lágrimas, Meryn —me ordena. Tiene los ojos muy azules. Extiende la mano libre—. Dámelas y la salvaré.

La vida se me escapa mientras la sangre de Anassa se derrama sin cesar sobre el suelo. No puede morir. No sé qué está pasando, pero eso sí lo sé. No puede morir.

—Está bien —asiento, mareada—. Toma. Ayúdala.

Le ofrezco las dos gemas que aprieto con fuerza. Tengo la mano salpicada de sangre en los lugares en los que se me han clavado las puntas.

—Buena chica —responde con aprobación—. Ahora, las coronas.

Noto el cuerpo pesado, entumecido. ¿Por qué hace esto? ¿Qué está pasando? Siento el instante justo en el que Anassa pierde el conocimiento por la pérdida de sangre. Es como un puñetazo en el estómago. No lo entiendo.

¿Por qué Killian no se detiene?

Pero algo dentro de mí me obliga a extender la mano hacia él, a entregarle la corona solar de Astreona.

Killian se la coloca sobre la cabeza, y lo observo confundida mientras su rostro… se retuerce . Como si algo dentro de él luchara por salir a la superficie. Trato de buscar información al respecto en mi mente. Algo está mal. Sé que algo está mal. Pero ¿qué?

Y entonces, más allá de la niebla mental que me envuelve, percibo algo. Es oscuridad, sombra. Pero también es luz y calidez. Hay algo más. Un puente entre esa persona y yo. Está fuera de mi alcance, pero puedo sentir que me llama.

Killian vuelve a hablarme.

—Meryn, ahora tu corona. Vamos, sé buena chica. Dámela y ayudaremos a Anassa.

Incapaz de resistirme, levanto la mano, me quito la corona y se la ofrezco.

Pero mi consciencia está concentrada en ese punto de oscuridad cálida al fondo de mi mente. Hay alguien al otro lado. No sé quién. Si me acerco más a ese puente, a ese vínculo…

El vacío intenta oprimirme, detenerme.

«No».

No sé qué está pasando, pero sé que necesito esa conexión, a esa persona. Empujo con todas mis fuerzas, luchando para llegar hasta ese vínculo.

Algo se rompe .

Y, durante un segundo, su mente irrumpe en la mía.

La mente de Stark.

Mientras Killian me arrebata la última Lágrima, todo cobra sentido, aunque solo sea durante un momento. Stark. Las Lágrimas. Killian y Alistair. Lo recuerdo todo.

La voz de Stark es aterciopelada y violenta, una caricia que me prende fuego.

«Eres el poder de la sombra y la vida combinadas. Tu fuerza puede arrasar la tierra. No olvides quién eres. Eres Meryn Hielormenta, joder, y no dejarás que un debilucho como él gane».

Todo dentro de mí se une. El dolor, la rabia, el sufrimiento. El miedo.

Mi placer y amor con Stark frente a la retorcida y repugnante coerción del «amor» de Killian.

Mis amigos, mi manada, mi reino.

Mi loba, cuya vida se le escapa.

Toda mi existencia concentrada en un punto brillante, con un poder tan profundo y potente como mil Lágrimas de Diosa.

Se junta y se tensa, cada vez más. Y entonces lo libero.

Con un movimiento fluido, desenvaino la larga daga que llevo en la cadera, le corto la muñeca a Killian de un tajo y hago que la mano que porta el anillo de la Lágrima de Diosa ruede hacia un lado.

Él grita de dolor mientras se mira el brazo mutilado, incrédulo.

A medida que la magia de la Lágrima se desvanece, mi niebla mental se disipa.

Noemi jadea a mi lado cuando ella también recupera la claridad. Se le endurece la mirada al instante y saca su propia daga.

—Ocúpate de él —le digo, con la voz cargada de violencia.

No necesita que se lo diga dos veces.

—Esto es por lo que Cyril y Alistair me hicieron. —Le clava la daga en la entrepierna. Killian se desploma en el suelo, y sus gritos desgarradores resuenan por todo el campamento, que ahora ha enmudecido.

Noemi se aparta y yo doy un paso hacia él.

—Dile a Alistair que Lucien le manda saludos —escupo con frialdad.

Killian abre los ojos, tiene el rostro deformado en una expresión suplicante.

—Gatita —jadea—, ambos sabemos que no eres capaz de matarme. Nunca lo fuiste.

—Estoy hasta el mismísimo coño de que me digas quién soy, Killian —le espeto—. Pero sé perfectamente qué hacer con esa bocaza que tienes.

Y con un movimiento limpio, le hundo la daga en la boca, y veo cómo se le abren los ojos de par en par mientras se atraganta con el metal frío y el río de sangre que le sigue.

Después retiro la daga. Toda la furia y la indignación de mi vida están contenidas en el movimiento de mi brazo cuando deslizo el arma por su cuello, decapitándolo.