Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 58
95%

Capítulo 58

Meryn

La atmósfera del campamento es pesada, expectante.

Incluso el tiempo ha cambiado para reflejar nuestros sentimientos.

El aire húmedo se pega a los mechones de pelo y hace que las correas de cuero rocen la piel y el pelaje de forma incómoda.

Demasiado húmedo para estar a gusto, pero demasiado frío como para quitarse capas: un punto intermedio que detesto.

Anassa y yo hemos estado consultando el plan con Stark y Cratos desde el amanecer. Estamos seguros, pero quiero hacer una cosa más antes de ponernos en marcha.

Me siento cerca de las brasas de nuestra hoguera, cierro los ojos y despejo la mente para buscar ese lugar donde habita mi poder de clarividencia.

Permanezco con la mente en blanco un buen rato antes de que empiecen a llegar las imágenes.

Imágenes de mí montada sobre Anassa mientras me dirijo hacia el campamento de Killian.

De mí al entregarle a Stark, tal y como le prometí.

De mí enfrentándome a Killian, con las Lágrimas de Diosa ardiendo y las sombras arremolinándose… Y entonces las imágenes se detienen.

Abro los ojos de golpe y gruño con frustración antes de volver a cerrarlos. Busco de nuevo la clarividencia. Anassa, conmigo sobre su lomo. Nos encaminamos al encuentro de Killian, con Stark atado detrás de mí. Killian sale a recibirnos, ambos recurrimos a mi poder, nos enfrentamos… y luego nada.

«¿Qué está pasando? —le pregunto a Anassa—. ¿Por qué no me muestra lo que ocurre después o algún camino alternativo?».

Resopla.

«Puede que no haya caminos alternativos… y aun así el resultado siga siendo incierto».

«Genial —suspiro—. Pues eso no me ayuda en nada».

Percibo la diversión de mi huargo en su respuesta.

«¿Acaso habría algo que pudieras haber visto que te hiciera cambiar de idea?».

«No, probablemente no», admito con una mueca.

«Pues ahí lo tienes. Por eso solo hay un camino delante de ti. —Anassa se levanta y bosteza, estirando primero las enormes patas delanteras y luego las traseras—. Vamos a encontrarnos con nuestro enemigo».

Es hora de moverse.

Le hago una señal a Noemi para que se acerque. Ya está despierta y casi lista, revisando los bultos y asegurando todo en los lomos de los lobos para el viaje.

—Puede que vayamos directos a la boca del lobo, pero no lo haremos sin un plan —digo con ironía, y veo que todos están de acuerdo dadas sus expresiones: la boca de Noemi se curva ligeramente en una sonrisa; Stark me observa con firmeza, a la espera de que ordene ponernos en marcha.

—¿Qué estás pensando? —pregunta Noemi al dejarse caer a mi lado junto a las brasas.

Me remuevo y me froto la parte baja de la espalda antes de acomodarme de nuevo y cruzar las piernas. Stark sigue en pie, alerta y listo.

—Anoche pude establecer una conexión con Killian a través de nuestra magia —resoplo, y sueno igual que Anassa al hacerlo.

A mi loba le brillan los ojos con diversión mientras nos observa—.

Necesitamos acercarnos todo lo posible para acabar con él.

Todavía cree que corro hacia él con los brazos abiertos, que lo quiero y que le entregaré las Lágrimas. Pero tenía que sonar convincente…

Asiento en dirección a Stark y Cratos y hago una mueca por lo que estoy a punto de decir.

—Le dije que le entregaría a Stark atado.

Cratos y Anassa sueltan ambos un gruñido ante eso, pero enseguida se tranquilizan. Noemi frunce el ceño mientras usa un palo largo para esparcir los restos de la hoguera y mover las últimas brasas de la noche hasta que se consumen.

—Podemos usar sombras para atar tanto a Stark como a Cratos y arrastrarlos dramáticamente detrás de mí —me río un poco—. Lo que Killian no sabe es que Stark es quien me ayuda a controlar las sombras con precisión. Puede deshacerse de sus propias ataduras llegado el momento.

Anassa se ha arrimado a Cratos y se rozan con el hocico.

Su conversación privada me zumba en la mente, fuera de mi alcance a través del vínculo.

Sé que a mi loba le duele secundar este plan, aunque se trate de una farsa: ver a su compañero, una criatura salvaje, humillado de esta manera, atado como una presa.

Yo siento lo mismo por Stark.

Aprieto los labios, me concentro de nuevo en el plan y prosigo.

La idea es simple: ocultaré a Noemi usando mi magia de fisura para que entre antes que nosotros y encuentre a Tormun.

Le «entregaremos» a Stark, tal y como prometí.

Después, en cuanto me acerque lo suficiente a Killian para atacar, Stark y Noemi dejarán la farsa y le tenderán una emboscada a Tormun.

De ese modo, él y el Phylax vinculado no podrán interferir.

Stark interviene:

—Puede que Tormun esté bajo la influencia de Killian, ya sea por el anillo de la Lágrima o incluso mediante un brazalete de sumisión como el que lleva Meryn. Pero, aun así, haremos lo que sea necesario para neutralizar la amenaza.

Los tres lobos gruñen con ferocidad en señal de afirmación, y se me eriza el vello de los brazos. A veces se me olvida que nuestros lobos también fueron traicionados por sus camaradas, igual que nosotros.

Me levanto mientras jugueteo con la empuñadura de uno de mis cuchillos.

—Espero…, es decir, estamos relativamente seguros de que, con Tormun fuera de juego, el resto de Phylax podrá entrar en razón. Intentaremos evitar una matanza. Las fuerzas vinculadas ya son bastante escasas.

—¿Y Killian? ¿Alistair? —pregunta Noemi, logrando insinuar todo un mundo de violencia con solo esas palabras.

Le tiendo una mano para ayudarla a levantarse y mantengo mi agarre en su brazo.

—Haré todo lo posible para asegurarme de que tengas la oportunidad de plantarle cara antes de que acabemos con él. Te lo mereces —le prometo.

Después de eso, ya no hay mucho más que decir. Se me encoge el estómago de nervios mientras ajusto las correas de cuero que sujetan mis bolsas al lomo de Anassa, pero en cuanto monto, esa sensación se calma.

Pase lo que pase, estamos juntos en esto. Hasta el final.

El viaje pasa como un borrón. Estamos demasiado concentrados en nuestro objetivo, en lo que viene después, como para prestar atención a mucho más.

Egith pudo detallarnos la ubicación del campamento de Killian, ya que no hicieron ningún esfuerzo por ocultar su llegada.

Nuestros lobos están igual de emocionados por la lucha que se avecina que nosotros.

Le pregunto a Anassa a través del vínculo si deberíamos reducir la velocidad para asegurarnos de conservar energía.

«El cachorro no enseña al alfa a correr», me espeta ella. Me río y lo dejo pasar.

Miro a izquierda y derecha, y lo único que siento es admiración por mis compañeros. Ambos son letales a lomos de sus lobos, cada uno a su manera.

Pero Stark especialmente…

Sobre Cratos, casi no parece humano. Es como si los dos fueran héroes de leyenda. O algún oscuro dios de la venganza que se encamina directo hacia su presa.

Pienso en mi propia postura segura sobre Anassa. Ha pasado menos de un año desde que nos conocimos. Ahora estoy más cómoda sobre su lomo que en cualquier otro lugar.

Hacía mucho tiempo que no estaba tan concentrada. Conozco esta sensación: es la que solía tener antes de una pelea contra un oponente al que ya me había enfrentado en el cuadrilátero.

Alguien cuyos movimientos ya conocía. Alguien a quien sabía que podía vencer.

«Es lo correcto —murmura Anassa en mi mente al percibir mi estado de ánimo—. Ha durado demasiado. De una forma u otra, es hora de que termine… antes de que los vinculados sean destruidos. Antes de que Nocturna entera sea destruida».

Nos detenemos a una buena distancia del feudo de Caída Floral, y todos hacemos una rápida comida con provisiones frías antes de que Noemi parta a explorar en busca del campamento de Killian.

Stark y yo estamos discutiendo la mejor forma de atarlo a él y a Cratos para que parezca realista pero sin llegar a causarles ninguna lesión cuando Noemi regresa con noticias.

—No me ha costado encontrarlos —dice Noemi con la voz cargada de disgusto—. La verdad es que no han sido nada sutiles. Parece que Tormun se ha vuelto un comodón como general de Killian. Su tienda es enorme, y tiene los colores brillantes de Phylax.

—Lo hará para compensar —bromeo, y Noemi se ríe—. ¿Estás segura de que puedes llegar hasta él sin que te vean?

Asiente.

—¿Bajo la cobertura de tu magia? No debería haber problema.

Stark y yo intercambiamos miradas.

—Bueno, pues creo que estamos listos.

Una energía crepitante llena el pequeño claro donde estamos reunidos mientras cada uno se empapa del momento. Stark y yo montamos, y Cratos y Anassa agitan la cola y arañan el suelo.

Entonces, con una eficiencia brutal, Noemi gira a Ephyse en dirección al campamento y dice:

—Acabemos con esto.

No tardamos nada en llegar al campamento de guerra a lomos de los lobos.

Hacemos una pequeña parada para asegurarnos de que el velo de sombras de Noemi esté completo. Saco la corona lobuna de mi bolsa y me la pongo en la cabeza para obtener poder adicional, porque necesitaré usar varios tipos de magia a la vez.

Me concentro en el canal de poder que protege a Noemi y a Ephyse de la vista, memorizo su sensación para poder mantenerlo en la distancia.

Cuando estamos seguros de que es lo más invisible posible, Noemi se desvía hacia un lado del perímetro del campamento, tras haber identificado un punto vulnerable en las defensas por donde planea colarse. Con mi magia Kryptos cubriéndola, Ephyse y ella no son más que una sombra, un juego de la luz.

Sonrío con satisfacción. He mejorado mucho.

—¿Listo? —Miro a Stark.

Tiene la mandíbula sin afeitar apretada y los ojos en llamas.

—Como nunca antes.

Entonces dejamos que nuestras mentes se encuentren.

Solo hace falta un parpadeo, y él está conmigo y yo con él.

Nuestros corazones laten juntos, nuestros pulmones respiran juntos.

Me muerdo el labio inferior, y sé que él puede sentir su suavidad como si fueran sus propios dientes los que se hunden en la carne.

Solo de pensarlo hace que el corazón me dé un vuelco.