Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 57 #2
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Capítulo 57 #2

Se me escapa un gemido. Noto lo cuidadoso que es a la hora de medir su fuerza; he conocido a Stark en su peor momento, en su violencia más brutal. Esto es un hombre fuerte fingiendo ser bruto, y saberlo hace que aumente el calor húmedo que siento entre los muslos.

Stark acaricia el lugar donde me dio la palmada y después desliza los dedos hacia abajo y nota lo mojada que estoy. Mientras lo observo, se lleva sus dedos gruesos a la boca y los lame.

—Otra vez —suplico. Noto como se le pone dura y me retuerzo contra él.

Stark levanta la mano y me pega de nuevo. Suelto otro gemido y él responde con un gruñido.

—¿Estás lista para ser una buena chica? —pregunta con firmeza. Frunce el ceño al mirarme, pero lo único que siento es su deseo palpitar contra mi estómago.

—¡No! —respondo de mala manera, y entonces me da otro azote. Me retuerzo bajo su agarre, y lo hace otra vez.

Después me mantiene sujeta en el sitio con un brazo mientras con el otro me quita las botas y las lanza al suelo.

Los calcetines van después, y al final tira de mis pantalones y mis bragas hasta desprenderlos del todo y dejarme completamente desnuda de cintura para abajo.

Me propina un último manotazo y cambia el brazo con el que me sostiene.

Me arranca la chaqueta y me saca la camisa por la cabeza de un tirón.

Por último, se deshace de la venda que me cubre el pecho.

Para cuando termina de desnudarme, estoy temblando de necesidad. Quiero darme la vuelta, sentarme a horcajadas, hundirme en él y no soltarlo nunca.

Pero también quiero ver hasta dónde puedo provocarlo.

Me coge en brazos y da varias zancadas hacia el borde de la fuente termal. Entonces me deja en el suelo.

—Métete —gruñe—. Ahora.

Antes siquiera de que pueda parpadear, me doy la vuelta y echo a correr. Me late el corazón en los oídos mientras mis pasos crujen sobre las hojas heladas esparcidas a nuestro alrededor. Stark maldice en voz alta y lo oigo quitarse la ropa con rapidez. Sonrío para mí misma y sigo corriendo.

Es emocionante, es justo lo que necesito: la distracción perfecta de lo que sea que nos espera mañana. Una última noche para perder el control con seguridad.

Entonces me llega el sonido de su enorme cuerpo persiguiéndome a través del bosque oscuro. El deseo me recorre de la cabeza a los pies.

Soy rápida, pero él lo es más; tiene las piernas largas y fuertes. No tarda en alcanzarme. Consigue rozarme los dedos, pero sigo avanzando. Lo oigo lanzarse y me agarra por el tobillo.

Me caigo de bruces. Pero incluso entonces, es más rápido que yo. Me da la vuelta y coloca una mano detrás de mi cabeza para que no me la golpee contra el suelo duro del bosque.

Rodamos juntos.

Me quedo atrapada debajo de él, con su pecho tatuado y lleno de cicatrices apretado contra el mío, y ambos jadeamos con fuerza. Su polla dura late contra mi estómago, y la sensación hace que se me endurezcan los pezones.

—Criatura sucia y salvaje —gruñe. Desliza una mano entre nosotros y me acaricia; deja escapar un jadeo cuando se da cuenta de lo húmeda que estoy—. Te encanta desobedecerme, ¿eh?

Intento frotarme contra su mano con el propósito de aliviar esta necesidad incontenible que me devora por dentro, pero no me lo permite. En cambio, sube la mano hasta mi pelo y me tira de él lo justo.

—Dilo —exige.

—Me encanta desobedecerte, alfa —gimo—. Oblígame a obedecer.

Se mueve, y de pronto la punta de su polla presiona con fuerza contra mi entrada. Gimo otra vez y le doy mi consentimiento mentalmente.

Stark se desliza dentro de mí con brusquedad, hasta el fondo. Jadeo ante la repentina apertura, la sensación de plenitud. Siempre me parece demasiado, pero es perfecto; logra borrar cualquier pensamiento coherente que me ronde por la cabeza y eliminar cualquier preocupación.

Nuestros ojos se encuentran, y su mirada exigente se suaviza un poco. Se inclina y me besa, sus labios suaves en hermoso contraste con la barba que me rasca la cara. Respondo con fervor y le rodeo el cuello con los brazos para atraerlo más hacia mí.

Me la saca casi por completo y vuelve a metérmela con fuerza.

Gimo contra su boca y lo hace otra vez. Después se echa hacia atrás y tira de mí hasta sentarme sobre su regazo.

Sigo rodeándole el cuello con los brazos y él me abraza la espalda para mantenerme pegada a él.

Enrosco las piernas alrededor de su cintura.

Y entonces apoya los pies en el suelo y se levanta. Giro la cabeza y lanzo una ojeada al bosque.

—¿Qué…?

—Mírame —ordena. Obedezco, y su mirada severa hace que se me enrosquen los dedos de los pies—. No ibas a meterte en esa fuente termal por tu cuenta, princesa. Así que haré que me obedezcas, tal y como me has pedido.

Echa a andar de vuelta por donde vinimos, llevándome como si no pesara nada.

Mientras nos movemos, me va embistiendo, entrando y saliendo de mí con un control increíble.

Cada paso nos mueve y nos hace rebotar de una forma distinta, e intento no retorcerme demasiado entre sus brazos porque, joder , me está llevando al orgasmo con demasiada facilidad.

Por fin llegamos a la fuente termal. Stark se inclina para coger una pastilla de jabón de entre su ropa, sin desprenderse de mí.

Esta vez ni siquiera se molesta en bajarme; no está dispuesto a dejar que me vuelva a escapar.

En lugar de eso, entra directamente a la poza conmigo.

El agua humeante me quema la piel fría. Entre el escozor de la temperatura y la presión de Stark dentro de mí, estoy demasiado sensible.

Aun así, no me suelta. Alcanzamos el saliente de una roca y me sienta en la parte más plana.

Sale despacio de mí, y gimo ante la sensación indecente en el calor húmedo del agua.

—¿Puedo confiar en que no te irás corriendo? —me pregunta con voz grave.

Excitada ante el desafío, me aparto de él, lista para moverme.